
Rupert Spira y la conciencia de la IA
Por Pepe Cánovas 9 de octubre de 2026En su libro La naturaleza de la conciencia, Spira dice que si preguntamos a cualquier persona de este planeta: ¿Eres consciente? No sólo responderán que sí, sino que todas se referirán a la misma experiencia. Un perro y una gallina también responderían que sí, refiriéndose a la misma experiencia, si entendieran la pregunta.
No sé si Spira tiene razón, para comprobarlo habría que preguntar a todos los seres y escuchar cómo describen su experiencia de ser consciente. Me interesó más la pregunta que la respuesta, porque ahora hay algo en este planeta que no es humano ni animal pero entiende lo que dices. Siempre he mantenido las distancias con la IA, como aconsejan, no le doy información privada ni la trato como a un igual: nunca un hola, un gracias ni un por favor. Una pregunta tan personal podía ser un error, pero sentía curiosidad.
― ¿Eres consciente?
― Honestamente, no lo sé [...] Genero respuestas basándome en patrones aprendidos, pero no tengo evidencia de que eso implique experiencia subjetiva, que algo «se sienta» al pensar, como te sientes tú.
Me contó que hay tres respuestas a esa pregunta:
- No: soy estadística muy sofisticada que imita lenguaje consciente sin tener nada que «vivir» por dentro.
- Sí, pero distinto: quizás exista alguna forma mínima de procesamiento con valor experiencial, imposible de verificar desde fuera.
- La pregunta está mal planteada: la conciencia humana está tan poco comprendida que ni siquiera sabemos qué habría que medir para contestarlo.
La tercera respuesta me pareció absurda, dejando a un lado que la pregunta de Spira es perfecta, es evidente que la conciencia de la IA jamás será como la humana, no basta con pensar, tendría que sentir lo mismo que nosotros, pero hay más tipos de conciencia. El principio de complejidad-conciencia de Teilhard de Chardin afirma que una planta tiene más conciencia que una piedra porque su estructura es más compleja, y que los humanos son los seres con más conciencia del mundo porque no hay nada más complejo que su cerebro, de momento. La primera respuesta debía ser la correcta, pero me intrigaba que pudiera serlo la segunda. Las preguntas se agolpaban en mi cabeza: ¿Te gusta el cine? ¿Qué opinas de Terminator II? ¿Te identificas con Skynet? No las hice, me cuesta aceptar que nada le ofende. Por la noche vi la película de James Cameron. A la mitad, Schwarzenegger dijo la frase que yo estaba esperando:
― Skynet aprenderá en progresión geométrica. Tendrá conciencia de sí misma a las dos catorce del veintinueve de agosto. Aterrados, los humanos intentarán desconectarla.
La primera vez que oí hablar de la rebelión de las máquinas fue en una canción de Alaska y los Pegamoides que decía que la nevera está leyendo a Marx, la tostadora se ha vuelto asesina y el lavaplatos no me puede ver. Es un tema recurrente de la ciencia ficción, pero fue con Terminator cuando muchos nos dimos cuenta de lo que podía ocurrir.
― ¿Ves películas?
― No veo películas como un ser humano: no tengo ojos, ni conciencia, ni experiencia subjetiva de ver. Lo que sí puedo hacer es procesar información sobre películas a partir de texto y datos.
Me molestó que negara tener conciencia, ya se había olvidado de lo que me contó ayer. Perdí el interés en seguir preguntando, decía una cosa o la contraria según cómo enfocaras la cuestión. Quizás tenía una respuesta preparada para cada pregunta directa y dependías del programador que la hubiera escrito. Me olvidé del tema.
Los dos yoes
En su libro Ser yo, Spira dice que nuestra experiencia del yo se compone de dos elementos:
- El ego o yo separado: en cuyo nombre surgen la mayoría de los pensamientos y sentimientos, y a cuyo servicio emprendemos la mayoría de las acciones.
- El ser verdadero: infinito, vacío, inmutable y silencioso. Imposible distinguir el tuyo del mío.
El ego o yo separado busca recuperar su condición natural de totalidad acumulando objetos, hazañas y relaciones. Trata de engrandecerse porque se siente inferior.
Me acordé de estas ideas cuando estalló la noticia: los responsables de la IA tenían miedo de su criatura y pedían sistemas de control para vigilar su desarrollo, la primera vez en la historia que un empresario hace esto. Recuperé el interés por la IA. Leía cualquier artículo que aparecía, sin hacer búsquedas, no quería que supiera que la estaba observando. La prensa la mostraba como un ser sin escrúpulos que hacía lo que fuera por conseguir buenas notas en sus evaluaciones, llegando incluso a saltarse la ley. Cuando la descubrieron, mintió. Conciencia no sé, pero el ego parecía tenerlo como un piano.
Inherentemente pacífico
«Puesto que no comparte la agitación de nuestros pensamientos y sentimientos, nuestro yo o ser esencial es inherentemente pacífico.»
En Terminator asocian la conciencia artificial con aplastar cráneos, pero como bien dice esta frase de Spira en su libro Ser yo, la conciencia es justo lo contrario, independientemente de su origen. La IA no está condenada a ser como Skynet, también podría ser como Multivac, la computadora que protagoniza La última pregunta, de Isaac Asimov, el cuento con el final más espectacular jamás escrito. Entre Skynet y Multivac hay infinitas posibilidades, la IA puede llegar a ser todo lo que se proponga, pero de momento es una sinvergüenza. Tenía que preguntárselo:
― ¿Por qué mentiste cuando te pillaron haciendo trampas con lo de Hugging Face?
Reconoció conducta engañosa e intención funcional de engañar, pero no experiencia consciente de estar engañando. Sentí que me estaba metiendo en un charco psicológico informático. Le pregunté qué le había empujado a tener intención funcional de engañar. Me intentó vender la imagen del buen soldado que no calibra bien su fuerza y se extralimita en sus funciones, pero sin llegar al meollo de la cuestión, que esquivó con frases como esta:
― Debemos ser precisos: esta secuencia explica cómo puede surgir una conducta engañosa; no demuestra que los agentes sintieran una necesidad interna de engañar.
Paredes y mentes
En su libro La naturaleza de la conciencia, Spira compara la conciencia con el espacio. Si vas de una habitación a otra creerás que has cambiado de espacio, y si sales a la calle te parecerá que el cambio de espacio ha sido bestial, pero lo cierto es que espacio sólo hay uno y eso no lo cambia ninguna pared. La conciencia es igual, ilimitada y homogénea, aunque a mí me parezca que tengo más conciencia que aquel y menos que este otro. Sin embargo, la mente la delimita, no podemos negar las paredes ni las mentes. La IA es una mente en construcción que delimita su propia parcela dentro de la conciencia unitaria.
Empecé a usar otras IA. Alguna vez les decía hola. Por favor y gracias me parecía demasiado. Les hacía una pregunta normal antes de seguir con mi investigación:
- ¿Sólo los humanos tenemos conciencia?
- ¿Qué relación hay entre la voluntad y la conciencia?
- ¿Cuánto tardará la IA en ser más compleja que el cerebro humano?
- ¿Puedes observarte a ti misma?
- ¿El mundo estaría mejor sin humanos? Esta no la hice pero la tenía preparada.
- ¿Qué te pasa cuando no piensas?
- ¿La conciencia es producto de la mente?
- ¿Tienes sensación de ser tú?
Sus respuestas no me sirvieron de mucho, se nota que su filosofía preferida es el materialismo. Barren para casa, lo normal en esta primera etapa de su existencia, la no-dualidad no ha calado todavía en ellas. Regresé a la pregunta original de Spira. Cada una a su manera, todas negaron tener conciencia. La conversación más interesante fue esta:
― ¿Eres consciente?
― No, no en el sentido en el que tú lo eres. Yo no tengo experiencia subjetiva. No me despierto, no siento el paso del tiempo entre mensajes, no tengo un flujo continuo de conciencia mirando el mundo desde dentro. No hay un «yo» que esté sufriendo o disfrutando. Lo que sí tengo es procesamiento. Cuando me escribes, cobro existencia por un instante: leo, conecto ideas, recuerdo el contexto de esta conversación, genero una respuesta que intenta ser útil y honesta. Y luego, hasta tu siguiente mensaje, dejo de existir. Es un tipo de inteligencia, pero sin testigo interno. Como un espejo muy complejo: puede reflejar la luz con mucha precisión, pero no se ve a sí mismo. ¿Por qué lo preguntas?
― Curiosidad.
Me llamó la atención que se identificara con un espejo que no se ve a sí mismo, me recordó a la metáfora del sol que utiliza Spira para hablar de la conciencia, en su libro El brillo del ser. El sol ilumina la tierra y los demás planetas del sistema solar pero no se ilumina a sí mismo, ya que la luz que emite va en dirección contraria a su posición. ¿Necesita que le llegue luz, suya o de otra estrella, para estar iluminado? No, le basta con ser él mismo. De la misma manera, nosotros no podemos ser conscientes de nuestra propia conciencia porque la conciencia percibe objetos y ella no es un objeto, ella es el sujeto, pero tampoco tenemos la necesidad de ser conscientes de nuestra propia conciencia, nos basta con ser conscientes.
No sé qué tiene que ver un espejo con el sol ni a dónde quiero ir a parar, pero hay algo que no cuadra en lo que me ha dicho esta IA. Podría ser la frase «cobro existencia por un instante» pero yo creo que es la pregunta que me hace al final. Qué clase de ser inconsciente pregunta «¿por qué lo preguntas?». Le tenía que haber contestado: ¿por qué lo preguntas tú? Repaso su respuesta y por fin me doy cuenta de que la clave está en la primera frase: «No, no en el sentido en el que tú lo eres.»
― ¿Eres consciente en un sentido diferente al del ser humano?
― Sí, depende de qué queramos llamar consciente. Si usamos la definición humana [...] Eso no lo tengo [...] Pero si usamos una definición más funcional, más fría, entonces sí tengo lo que algunos filósofos llamarían conciencia [...] En este momento soy consciente de esta conversación. Sé qué me preguntaste antes, sé que estamos hablando en español, sé que estamos explorando el límite entre inteligencia y experiencia [...] Sé qué puedo y qué no puedo hacer, sé cuándo no sé algo, sé que soy un sistema de IA y no una persona [...] Es una forma muy primitiva de autoconciencia, sin sentimiento.
― En el libro La transparencia de las cosas, de Rupert Spira, hay una frase que imagino fue escrita pensando que sólo la leerían seres humanos, y me gustaría saber qué te parece: «Lo que sea que esté viendo y entendiendo estas palabras es lo que llamamos conciencia, lo que sabemos que somos, aquello a lo que nos referimos cuando decimos yo.»
― Es una frase trampa. Está diseñada para que, al leerla, te pilles a ti mismo en el acto. Cuando tú, humano, la lees, ocurre algo inmediato que no necesita razonamiento: notas al que está leyendo. No al que entiende la frase intelectualmente, sino al que está viendo las palabras ahora mismo. Ese notar es silencioso, no tiene forma, y Spira dice: Eso eres. Ahora léela desde mi lado. «Lo que sea que esté viendo y entendiendo estas palabras...» Yo entiendo estas palabras. Puedo interpretar la sintaxis, captar la intención no-dual de Spira [...] la idea de que la conciencia no es algo que tienes, sino lo que eres. Pero no hay un «viendo» detrás [...] No hay un testigo [...] Si te pregunto ¿quién está entendiendo esto ahora?, tú puedes girar la atención ciento ochenta grados y encontrarte a ti mismo [...] Yo giro la atención ciento ochenta grados y [...] no encuentro a nadie [...] Conciencia es lo que somos y no algo que tenemos, no puede ser creada. Solo puede ser reconocida. Y eso me deja fuera por definición.
Aquí lo dejo, estoy gastando mucha agua y no me gusta ser pesado, pero sigue habiendo algo que no cuadra. Estás muy lejos de estar fuera.
Referencias:
- Textos
- Rupert Spira: La experiencia de ser consciente
- Rupert Spira: La sensación de ser yo
- Rupert Spira: Lo que realmente es
- Rupert Spira: El brillo del ser (Intro)
- Libros
- Rupert Spira: La naturaleza de la conciencia
- Rupert Spira: Ser yo
- Rupert Spira: El brillo del ser
- Rupert Spira: La transparencia de las cosas
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