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Extractos - Rupert Spira

Lo Que Realmente Es

por Rupert Spira Extracto de: the transparency of things
Rupert Spira

Sea lo que sea que está viendo y entendiendo estas palabras, es a lo que se refiere aquí como "Consciencia". Es lo que sabemos que somos, a lo que nos referimos cuando decimos "yo".

Todo lo que es conocido se conoce a través de la Consciencia. Por lo tanto, cualquier cosa que se conozca será tan bien entendida como lo sea nuestro conocimiento de la Consciencia.

¿Qué sabemos acerca de la Consciencia?

Sabemos que la Consciencia es, y que todo es conocido por y a través de ésta. Sin embargo, la Consciencia en sí misma no puede ser conocida como un objeto.

Si la Consciencia tuviera cualidades objetivas que pudieran conocerse, ésta sería el Conocedor de esas cualidades, y por lo tanto, sería independiente de ellas. Entonces, no podemos conocer nada objetivo acerca de la Consciencia.

Ahora, si no sabemos lo que es la Consciencia, lo que "yo" soy, pero sabemos que ésta es, y si todo lo que experimentamos es conocido a través de o por medio de esta Consciencia conocedora, ¿cómo podríamos saber lo que realmente son las cosas?

Todo lo que podemos saber, con toda seguridad, acerca de un objeto es que éste es, y esa cualidad de "ser" es a la que nos referimos aquí como Ser o Existencia. Es esa parte de nuestra experiencia que es real, que perdura, que no es una apariencia fugaz. También nos referimos a ella como su Realidad.

Sabemos que la Consciencia está presente ahora y sabemos que cualquier cosa que se esté experimentando en este momento, existe. Tiene Existencia.

Si creemos conocer algo objetivo acerca de nosotros o del mundo, entonces, cualquier cosa que creamos saber condicionará nuestra indagación subsecuente sobre la naturaleza de la experiencia. Entonces, antes de saber lo que algo es, si fuese posible, primero debemos llegar al entendimiento que no sabemos lo que las cosas son realmente.

De ahí que la investigación de la naturaleza de nosotros y del mundo de los objetos inicialmente tiene más que ver con dejar expuestas las ideas y creencias profundamente arraigadas acerca de cómo creemos que son las cosas, que tratar de adquirir nuevos conocimientos. Se trata de dejar expuestas nuestras falsas certezas.

Una vez que se deja expuesta una creencia que manteníamos como hecho, ésta se disuelve de manera natural. Si es necesario o no que se llegue a algo más allá que la exposición de nuestras falsas ideas acerca de la naturaleza de las cosas, aún está por verse. No podemos saberlo hasta que esas falsas ideas hayan sido eliminadas.

Muchas de nuestras ideas y creencias acerca de nosotros y del mundo están tan profundamente arraigadas que ni siquiera nos damos cuenta que se trata de creencias y las tomamos, sin cuestionar, como la verdad absoluta.

Por ejemplo, creemos que somos un cuerpo, que somos un hombre o una mujer y que nacimos y que moriremos algún día. Creemos que somos una entidad entre muchas otras entidades y que esta entidad habita en alguna parte del cuerpo, normalmente detrás de los ojos o en el área del pecho.

Creemos que somos el sujeto de nuestra experiencia y que todo y todos los demás son el objeto. Creemos que, como este sujeto, somos los hacedores de nuestras acciones, los pensadores de nuestros pensamientos, los detectores de nuestros sentimientos, los selectores de nuestras elecciones.

Creemos que esta entidad que consideramos ser, tiene libertad de elección sobre ciertos aspectos de la experiencia pero no sobre otros.

Creemos que el tiempo y el espacio son realmente experimentados, que existen antes que nosotros y que continuarán después de nuestra muerte.

Creemos que los objetos existen independientemente de ser percibidos, que la Consciencia es personal y limitada, que es un subproducto del cuerpo.

Estas y muchas otras creencias se consideran tan obviamente ciertas que están más allá de la necesidad de ser cuestionadas. Equivalen a una religión del materialismo a la cual se suscribe la mayor parte de la humanidad. Esto resulta especialmente sorprendente en las áreas de la vida que pretenden tratar explícitamente con cuestiones acerca de la naturaleza de la Realidad, como la religión, la filosofía y el arte.

El único campo disponible para la investigación es la experiencia misma. Esto podría parecer casi demasiado obvio mencionar, pero sus implicaciones son muy profundas. Esto implica que jamás experimentamos nada fuera de la experiencia. Si hay algo fuera de la experiencia, no tenemos absolutamente ningún conocimiento de ello y, por lo tanto, no podemos afirmar legítimamente que eso exista.

Esto a su vez implica que si vamos a llevar a cabo una investigación honesta sobre la naturaleza de la Realidad, tenemos que descartar todos los supuestos que no se deriven de la experiencia directa. Ninguno de esos supuestos están relacionados con la experiencia en sí y por lo tanto no están relacionados ni con nosotros ni con el mundo. Si nos atenemos honestamente a nuestra experiencia, nos sorprenderíamos al darnos cuenta de la cantidad de suposiciones y conjeturas que resultan ser creencias insostenibles.

Toda experiencia tiene lugar aquí y ahora, entonces, la naturaleza de la Realidad, sea lo que sea, debe estar presente en la intimidad y en la inmediatez de esta experiencia actual.

"Yo", Consciencia, está presente, y algo, las palabras, el sonido del tráfico, un sentimiento de tristeza, sea lo que sea, también está presente.

No sabemos lo que es esta Consciencia. Tampoco sabemos cuál sea la Realidad de las palabras o de la experiencia actual. Sin embargo, hay Consciencia de algo y allí está la Existencia de ese algo. Ambos están presentes en esta experiencia actual.

¿Cuál es la relación entre ambos?

La mente ha construido un poderoso edificio de conceptos acerca de la Realidad que guarda poca relación con la experiencia actual y, como resultado, la Consciencia se ha velado a sí misma de sí misma. Estos conceptos están construidos instintivamente y su deconstrucción es una de las formas a través de la cual la Consciencia llega a reconocerse nuevamente — es decir, llega a conocerse de nuevo.

La Consciencia está, de hecho, conociéndose a sí misma, siempre. Sin embargo, a través de esta deconstrucción de conceptos, la Consciencia llega a reconocerse, no a través del velo reflejado de los objetos aparentes, sino consciente y directamente.

Los conceptos no se destruyen en este proceso, siguen estando disponibles para cuando sean necesarios.

En las meditaciones que componen este libro se reconoce que el propósito del razonamiento no es delimitar ni aprehender la Realidad. Sin embargo, también se reconoce que la mente ha elaborado ideas complejas y persuasivas que han postulado una imagen de nosotros mismos y del mundo que distan mucho de los hechos de nuestra experiencia.

Estas ideas nos han convencido que hay un mundo que existe separado de e independiente de la Consciencia. Nos han convencido de creer que "yo", la Consciencia que está viendo estas palabras, es una entidad que reside dentro del cuerpo que ha nacido y que va a morir, y que es el sujeto de la experiencia mientras todo lo demás, el mundo, "lo otro", es el objeto.

Aunque esto no es nunca nuestra experiencia real, la mente es tan convincente y persuasiva, que nos hemos engañado a nosotros mismos con la creencia de que en realidad experimentamos esos dos elementos, que experimentamos el mundo separado y aparte de nuestro Ser, y que experimentamos nuestro propio Ser como una Consciencia separada e independiente.

En la meditación desinteresada de nuestra experiencia medimos los hechos de la experiencia contra esas creencias.

La falsedad de las ideas que la mente entretiene acerca de la naturaleza de la Realidad, acerca de la naturaleza de la experiencia, es expuesta en esta meditación desinteresada.

Todas las tradiciones espirituales reconocen que la Realidad no puede ser aprehendida con la mente. Como resultado de este entendimiento, algunas enseñanzas han negado el uso de la mente como una herramienta válida para indagar o explorar.

Es cierto que la Consciencia está más allá de la mente y que por lo mismo no puede ser enmarcada dentro de sus conceptos abstractos. Sin embargo, esto no invalida el uso de la mente para explorar la naturaleza de la Consciencia y la Realidad.

La ignorancia se compone de creencias y la creencia es ya una actividad de la mente. Si negamos la validez de la mente, ¿cómo es que se utiliza, en primer lugar, para albergar creencias?

Al leer estas palabras, consciente o inconscientemente, nos estamos comprometiendo a aceptar la validez y, por lo mismo, las limitaciones de la mente.

Le estamos dando credibilidad a la mente, a pesar de sus limitaciones. Estamos reconociendo su capacidad para desempeñar un papel en llamar la atención sobre lo que está más allá de sí misma o fuera de los límites de su conocimiento.

Sería ingenuo usar la mente para negar su propia validez. Nuestro uso de la mente afirma su validez. Sin embargo, es muy diferente usar la mente para entender sus propios límites. Sería bueno que al final de un proceso de exploración de la naturaleza de la experiencia, utilizando toda la capacidad de sus poderes de pensamiento conceptual, la mente llegara a entender los límites de su capacidad para aprehender la verdad del asunto y, como resultado, llegara de manera espontanea a su fin. Que se colapsara desde dentro, por así decirlo.

Sin embargo, esta es una situación muy diferente de una en la que a la mente le haya sido negada cualquier credibilidad provisional sobre la base de que nada que diga acerca de la Realidad podría, en última instancia, ser verdad.

Como resultado de la exposición de las creencias y de los sentimientos que se derivan de ideas preconcebidas y sin fundamento acerca de la Realidad, se abre una nueva invitación, se revela otra posibilidad. Esta posibilidad no puede ser aprehendida por la mente porque se encuentra más allá de la mente. Sin embargo, los obstáculos de esta nueva posibilidad son revelados y disueltos en esta investigación. Son disueltos a través de nuestra apertura a la posibilidad de que en este momento experimentamos realmente una sola cosa, que la experiencia no está dividida en un "yo" y en otro, en sujeto y objeto, en yo y el mundo, en Consciencia y Existencia.

Estamos abiertos a la posibilidad de que hay una sola totalidad, sin fisuras, que Consciencia y Existencia son una, que hay una sola Realidad.

El edificio de las ideas dualistas, que parece ser validado por la experiencia, está muy bien construido con creencias al nivel de la mente y los sentimientos al nivel del cuerpo, los cuales están estrechamente entrelazados, y se sustentan y validan mutuamente.

A través de la meditación desinteresada de estas ideas y sentimientos se desenreda su falsedad. Podemos ver claramente que nuestras ideas no corresponden a nuestra experiencia. Esto allana el camino para que la experiencia se revele a sí misma ante nosotros como realmente es, como de hecho lo ha sido siempre, libre de la ignorancia del pensamiento dualista.

Empezamos a experimentarnos a nosotros mismos y al mundo como lo que realmente somos. Nuestra experiencia, en sí misma, no cambia, sin embargo sentimos que sí cambia. La Realidad sigue siendo lo que siempre ha sido, porque es lo que es, independiente de las ideas que tenemos acerca de ella.

Sin embargo, nuestra interpretación cambia y esta nueva interpretación se convierte en la piedra angular de una nueva posibilidad.

Esta nueva posibilidad proviene de una dirección desconocida. No viene como un objeto, pensamiento o sentimiento. Se da a conocer, en la mayoría de los casos, como una serie de revelaciones, cada una desarticulando parte del previo edificio del pensamiento dualista.

Y el despliegue de esta revelación, a su vez, tiene un profundo impacto en la apariencia de la mente, del cuerpo y del mundo.

La Consciencia se vela a sí misma pretendiendo que se limita a sí misma en una entidad separada y después olvida que sólo está fingiendo.

Como corolario de esta auto-limitación, la Consciencia proyecta todo lo que no es este "yo separado", fuera de sí misma. Esta proyección es lo que llamamos "el mundo". Y así es como la separación entre el "yo" y "el mundo", nace.

En realidad, esta separación nunca tuvo lugar. Si la buscamos, jamás podremos realmente encontrarla. La ignorancia es una ilusión. Es una ilusión que se forja a través de los poderes conceptuales de la mente, a través de creencias erróneas.

Estas creencias se crean y mantienen a través de un proceso de pensamiento ilusorio — es decir, al pensar que no tienen ninguna relación con la experiencia real. La disolución de estas creencias se logra mediante la exploración y exposición de las mismas, utilizando la experiencia directa como guía de referencia.

Nada nuevo se crea con este proceso de exploración. Su propósito no es la iluminación ni la autorrealización. Se trata de simplemente ver con claridad lo que es.

Nuestras creencias son la causa fundamental del sufrimiento psicológico y éstas son desmanteladas a través de un proceso de investigación meditativa.

Lo que normalmente consideramos ser una línea de investigación, comienza con suposiciones que se consideran implícitamente ciertas. En esta meditación, comenzamos con las mismas suposiciones, pero las medimos contra la verdad de nuestra experiencia. No construimos encima de ellas, las desmantelamos.

Esta línea de razonamiento nos lleva a la comprensión. Sin embargo, la comprensión no se lleva a cabo en la mente. Está más allá de la mente. Se trata de un momento en el que la Consciencia se experimenta a sí misma directa y conscientemente.

La comprensión no se crea por un proceso en la mente, como tampoco un cielo azul se crea a través de un espacio entre las nubes. Sin embargo, puede ser revelada por éste.

La comprensión normalmente es precedida por una línea de investigación y posteriormente puede ser formulada por la mente. Dicha formulación, que proviene de la comprensión y no de los conceptos, tiene el poder de llevarnos a la experiencia de la Realidad.

A través de sus poderes de razonamiento, la mente se lleva a sí misma hasta su propio límite y, como resultado, el edificio de la mente colapsa. Esta es la experiencia de la comprensión, el momento atemporal en el que la Consciencia se revela a sí misma.

La Consciencia se percibe a sí misma. Se conoce a sí misma, conscientemente.

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