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Extractos - Osho

Sobre la verdad, la ilusión y la ignorancia

por Osho
Osho

"...el objetivo es la realización de Brahman (Dios), la realidad última, que tiene miles de nombres diferentes, como Visnu y Brahma." - ( Nirvan Upanishad )

El objetivo es conocer la verdad. Solo conociendo lo-que-es puede uno liberarse de la desdicha y de la infelicidad; únicamente entonces pueden acabar todas las ansiedades y el dolor. Solo conociendo lo-que-es puede uno ser realmente libre. Tan solo conociendo lo-que-es puede experimentarse la verdad, y con ella la inmortalidad. Conocer lo-que-es equivale a conocer lo inmortal.

Pero lo-que-es tiene muchos nombres. Tiene que ser así, porque no te sientes cómodo si no das nombre a todo. Por eso el sabio dice que el objetivo es conocer eso que está detrás de mil nombres. Hay quienes lo llaman Brahma, otros Visnu, Rama o Rahim, y otros Dios. El objetivo es conocer esa verdad que está más allá de los miles de nombres.

En realidad, la verdad no tiene nombre, y por eso se le pueden otorgar miles de nombres. Recuerda, si tuviera un nombre, no se le podrían dar miles. Como no tiene nombre, se le puede atribuir cualquier nombre. Pero los seres humanos, en distintas lenguas, en distintos momentos y a través de distintas experiencias le han dado gran cantidad de nombres. Todos apuntan hacia lo mismo, aunque las palabras sean diferentes.

Semejante diversidad ha generado muchos problemas; ha provocado que se luche en las cruzadas. La insistencia de los fanáticos con respecto al nombre se hizo tan rígida que ya nadie se molestaba por el Uno en cuyo nombre luchaban. La persona que lo llamaba Rama luchó contra la que lo llamaba Rahman. Se afilaron las espadas; alguien que lo llamaba Alá mató a otro que lo llamaba Bhagwan. Los que viven en la mente pueden llegar a imaginar falsos dioses; empiezan a ver serpientes en las cuerdas, y la verdad en un nombre.

Un nombre no es más que un nombre; solo es una indicación. Todas las indicaciones se vuelven innecesarias cuando se conoce aquello que indicaban. Si apunto con el dedo para indicarte dónde está la luna, y tú ves mi dedo y lo llamas luna, ¡esto creará muchos problemas! Mi dedo no tiene valor, lo importante es aquello hacia lo que apunta. ¡Olvídate del dedo y mira la luna! Pero la gente ve primero el dedo, y no quieren ver la luna. Así es como te quedas atrapado en los nombres. En la India, los que han sabido nos han advertido del peligro de los nombres, pero incluso a día de hoy muchos no se han dado cuenta de ello.

Los sabios indios (hindúes) dijeron insistentemente que la verdad tiene cientos de nombres. Dale un nombre, está bien. Ningún apelativo es suficiente y todos ellos son funcionales; los nombres también pueden ayudar.

Esta es la única razón por la que los hindúes nunca han estado interesados en convertir a otras personas a su religión; no hay ninguna otra razón para ello. Cuando todos los nombres pertenecen al Uno, entonces alguien que lo llama Alá está invocando la misma verdad que alguien que lo llama Rama. La verdad indicada en el Corán es la misma verdad que se indica en los Vedas, de modo que no tiene sentido desviar a una persona que ama el Corán para que ame los Vedas. Si el Corán funciona para ella, ya es suficiente No puede haber una actitud más liberal y tolerante que la del hinduismo. Pero esta actitud ha demostrado ser calamitosa para los hindúes, y tenia que ser así. En este mundo durmiente, cuando la gente que está dormida empieza a usar las palabras de los que están despiertos, puede ser desastroso

Todos los nombres pertenecen a la verdad. No hay oposición, de modo que no hay necesidad de friccionar. Todos los indicadores son útiles. El sabio dice: llámalo Brahma, Visnu o Shiva, lo que te guste; el objetivo es el mismo. Lo que ha de ser conocido es eterno, inmutable y permanente; era lo mismo ayer, es lo mismo hoy y será lo mismo mañana. No es viejo ni nuevo. Cualquier cosa que pueda cambiar puede ser nueva o vieja, pero lo eterno no puede ser nuevo ni viejo. Lo que no puede envejecer no puede llamarse nuevo. Simplemente es.

El único objetivo consiste en conocer lo-que-es. Pero, para conocerlo, tendrás que abandonar tus ideas y conceptos. Miras al mundo con ojos llenos. Tendrás que mirarlo con ojos vacíos. Miras al mundo con ideas que llenan tu mente; tendrás que mirar con la mente vacía. Te aproximas al mundo con tus prejuicios y ves a través de la pantalla que ellos crean.

Si realmente quieres ver lo que es ―la existencia, la verdad― tendrás que quedarte vacío, en silencio, desnudo. Tendrás que deshacerte de toda la ropa que son los conceptos, de todos los revestimientos de los pensamientos. Solo el que se alza en silencio, sin pensamiento, vacío, es capaz de experimentar la verdad, esa verdad que es eterna, inmutable y permanente.

 

La totalidad del mundo no es sino una pantalla; toda la objetividad solo es una pantalla, y el proyector está dentro. Continuamos proyectando imágenes en la pantalla del mundo y entonces empezamos a creer. Empezamos a creer aquello que vemos en la pantalla. Esto es maya, la capacidad de proyectar imágenes en la pantalla del mundo. Si detienes esas proyecciones, todo el mundo se marchita, simplemente desaparece. Y cuando el mundo desaparece con tu maya ―con tu mecanismo proyector―, cuando la pantalla sigue siendo solo una pantalla sin imágenes, estás cara a cara con Brahman.

Brahman es la pantalla. Pero no hemos visto nunca la pantalla porque hay un flujo continuo de imágenes. A una imagen le sigue otra; una imagen es reemplazada por otra. Hay una brecha, pero nos preocupan tanto las imágenes que nunca la sentimos. Ralentiza la proyección. Ralentiza tu maquinaria de proyección. A veces ocurre en una sala de cine..., hay algún defecto en el mecanismo y la película se ralentiza, y entonces ves estas brechas. Una imagen se va, la otra aún no ha venido, y hay una brecha repentina: se ve la pantalla.

Con la meditación tratamos de ralentizar el mecanismo de las proyecciones. Si ralentizas el mecanismo, aunque solo sea por un momento empiezas a ser consciente de la pantalla, tienes un vislumbre. De repente sabes que has vivido sueños que tú mismo has creado, y que lo que has conocido como el mundo, en realidad no era el mundo, era tu mundo.

Pearl Buck escribió su autobiografía y le dio el nombre de My Several Worlds [Mis varios mundos]. Es bueno, el titulo es bueno. Todo el mundo está viviendo en varios mundos, en varios sueños, en varias proyecciones. Y puedes continuar eternamente. Por eso los momentos de sufrimiento a veces se vuelven dichosos; algunas veces los momentos de sufrimiento de repente crean una situación en la que el mecanismo se detiene, falla, y ves la brecha.

Alguien ha muerto, tú le amabas. De repente hay una brecha; de repente, ahora, no puedes proyectar, la persona está muerta, no puedes seguir proyectando sobre ella. Necesitarás algún tiempo para encontrar otro objeto en el que proyectar el mismo sueño; hay una brecha. De modo que a veces la muerte, a veces el sufrimiento profundo, a veces la enfermedad, a veces los peligros repentinos... El mecanismo falla y se produce una brecha.

Pero somos astutos. Somos tan astutos que simplemente cerramos los ojos. En el momento en que hay una brecha, cerramos los ojos. Alguien ha muerto y te echas a llorar, tus lágrimas producen un fenómeno de pantalla y no puedes ver la brecha. La brecha está ahí, alguien ha muerto; ahora sé consciente y ve que el objeto ha desaparecido y tus sueños están en el vacío, ¡no pueden hallar un objeto! Sé consciente en ese momento y es posible que veas la brecha, la pantalla, en lugar de tu mundo.

Sin embargo, no ocurre así, la mente es astuta. En el momento en que se produce una brecha repentina, nuestros ojos se llenan de otra cosa. Una vez más no somos capaces de mirar el intervalo. Estamos llorando, y seguiremos haciéndolo a menos que podamos encontrar otro objeto para volver a reír, para volver a vivir, para recrear la vieja ilusión.

Buda dice que cuando haya muerte, medita; medita sobre ella. Este es el momento. Cuando hay sufrimiento, medita sobre él. Cuando hay desilusión, medita sobre ella. ¡Ese es el momento! No pierdas este instante haciendo cualquier cosa que te haga desviarte de la brecha.

Este mecanismo, esta capacidad, este poder de crear ilusiones es maya. Está ahí, y es muy real porque funciona. Muy real y muy patente porque funciona, y nosotros estamos dentro de él. Esta auto-hipnosis tiene que romperse, nunca veremos la realidad de otro mundo cara a cara. A menos que estemos cara a cara, a menos que uno tenga un encuentro con lo real, uno no es.

Solo puedes soñar si estás dormido, y solo puedes proyectar si estás en la ignorancia. De modo que ignorancia significa sueño espiritual, sonambulismo espiritual. No puedes destruir esta ignorancia aprendiendo más y más. Esta ignorancia no puede ser destruida por ninguna información, por ninguna acumulación de conocimiento, porque esta ignorancia no es falta de conocimiento. Esta ignorancia es una capacidad positiva que tenemos. No es una ausencia negativa de aprendizaje o conocimiento. De modo que uno puede ser un hombre con muchos aprendizajes a sus espaldas y aun así estar en la ilusión, en el trance hipnótico, estar dormido.

Esta es la diferencia entre el conocimiento y la sabiduría. La sabiduría sobreviene cuando no hay ignorancia; ignorancia concebida como la fuerza positiva de maya, no solo como una ausencia de aprendizaje, información, no solo una ausencia. Y la sabiduría solo viene cuando no hay ignorancia; esta energía positiva que está creando ilusiones simplemente deja de crear.

El conocimiento significa que la ignorancia sigue estando ahí, pero oculta, oculta en la información. Y tú puedes esconderla, puedes encubrirla, puedes crear una falsa sensación de saber sin saber nada en absoluto. Las escrituras pueden ayudar, los profesores pueden ayudar, las religiones pueden ayudar, los sistemas filosóficos pueden ayudar. La meditación es lo único que no te ayudará, solo la meditación puede destruir toda la estructura de la ignorancia y del supuesto conocimiento. Y entonces se produce un brote repentino de sabiduría. Entonces estás cara a cara, te encuentras con lo real.

La meditación es una técnica para destruir la otra técnica natural de auto-hipnosis, maya. Solo la meditación puede destruir maya, porque detiene el mecanismo de la proyección. Si puedes profundizar, llega a detenerse completamente. En cuanto se detiene completamente, la totalidad cambia; estás transformado y estás en un nuevo mundo, en una nueva conciencia. Esa conciencia es Brahman.

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