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upanishads
su historia y enseñanzas

Upanishads

Detalles del libro:

Título: UPANISHADS
Subtítulo: Su historia y enseñanzas
Autor: Osho
Nº de páginas: 144
Editorial: Gaia Ediciones
Año de edición: Noviembre 2014
ISBN: 978-84-8445-536-3

Descripción:

Los Upanishads nacieron hace unos cinco mil años. Se trata de una comunión secreta, una transmisión más allá de las escrituras, una comunión más allá de las palabras. En eso consisten los Upanishads: tú sentado en silencio, no solo escuchando mis palabras, sino escuchando también mi presencia. Las palabras solo son excusas en las que colgar el silencio. El silencio es el verdadero contenido, la palabra solo es el envase. Si te interesas demasiado por la palabra, te pierdes el espíritu.

OSHO

Osho es uno de los místicos más conocidos y más provocadores del siglo xx. Su sabiduría es legendaria, como también lo es su habilidad para guiar a su audiencia hacia la comprensión de complejos conceptos filosóficos mediante el humor y el arte de contar historias. En Upanishads, su historia y enseñanzas, Osho acompaña al lector en un viaje de comprensión que no puede ser enseñado, que solo puede ser experimentado.

Prólogo

La palabra Upanishad significa enseñanza esotérica, oculta, secreta. Upanishad significa el comino secreto, la clave secreta: lo esotérico, lo oculto, lo desconocido. Upanishad significa el misterio.

He optado por tratar sobre los Upanishads porque, para mí, representan una de las expresiones más puras de lo trascendente, si es que tal cosa es posible. Verdaderamente resulta difícil, en cierto sentido imposible, transmitir a través de la mente aquello que se conoce más allá de ella. De alguna manera, es sumamente difícil explicar lo que se siente cuando estás en el más profundo de los silencios. Cuando no hay palabras dentro de ti, cuando la verbalización cesa completamente, cuando el intelecto deja de funcionar, cuando la mente ya no está allí en absoluto para memorizar..., entonces ocurre, entonces lo experimentas. Y cuando la mente vuelve, la memoria empieza a funcionar y el intelecto vuelve a tomar posesión de ti, la experiencia ya ha pasado. Ahora la experiencia no está allí, solo quedan sus ecos, solo quedan algunas vibraciones. Tan solo pueden captarse estas ondas, y únicamente pueden expresarse a través de la mente.

Por eso mismo, a quienes lo han conocido, siempre les ha resultado imposible, muy difícil, decir algo al respecto. Los que no lo conocen, pueden hablar y hablar. Pero, para los que lo conocen, se hace cada vez más difícil decir algo, porque cualquier cosa que digan parece falsa. Al tener una experiencia viva, pueden comparar la experiencia con sus expresiones y sentir lo que el lenguaje le hace: la falsifica.

Cuando una experiencia vivida se vuelca en palabras, parece muerta, pálida. Si una experiencia vivida que es total, en la que todo tu ser danza y celebra, se expresa a través del intelecto, parece gris, carente de significado.

Los que no saben pueden hablar mucho, porque no tienen nada con qué comparar. No tienen la experiencia original; no pueden saber qué están haciendo. Una vez que alguien lo conoce, también sabe lo problemático de expresarlo. Muchos se han quedado totalmente en silencio, y muchos han permanecido como completos desconocidos debido a que solo podemos saber de alguien si se comunica. En cuanto una persona habla, entra en la sociedad. Cuando alguien deja de hablar, sale de la sociedad, ya no forma parte de ella. El medio por el cual existe la sociedad es el lenguaje. Es como la sangre; la sangre circula en ti y tú existes. El lenguaje circula dentro de la sociedad y la sociedad existe. Sin lenguaje no hay sociedad. De modo que los que guardan silencio se han desgajado de ella. Les hemos olvidado. En realidad nunca llegamos a conocerles.

En algún lugar Vivekananda dijo ―y es muy cierto― que en realidad los Budas, Krishnas y Cristos que hemos conocido no son representativos. En realidad no son centrales, están en la periferia. Los acontecimientos más esenciales se han perdido para la historia. Quienes permanecían tan silenciosos que no podían comunicarse con nosotros no son conocidos. No pueden serlo; no hay modo de conocerlos. En cierto sentido Vivekananda tiene razón, pero esos que se han quedado tan en silencio que no han dicho ni palabra de su experiencia no nos han ayudado. En realidad, no han sido suficientemente compasivos. De algún modo han sido totalmente egoístas. Es cierto que resulta difícil transmitir cualquier cosa sobre la verdad, pero aun así hay que intentarlo. Hay que intentarlo porque incluso una verdad diluida ayudará a los que viven en la ilusión total. Algún mensaje que les lleve un eco muy lejano les ayudará a cambiar.

No es que Buda se sienta muy feliz con lo que dice. Diga lo que diga, él siente que no es verdad. Siente lo mismo que sintió Lao Tse cuando dijo: Lo que puede ser expresado no puede ser verdad. En el momento en que se expresa, se falsifica. Pero, aun así, para quienes viven en mundos de muchas ilusiones, los que están profundamente dormidos, para ellos incluso un despertador falso puede ser de ayuda. Si pueden salir de su sueño, si pueden ser llevados a una nueva conciencia, a un nuevo comienzo, incluso un despertador falso es bueno. Por supuesto, cuando hayan despertado sabrán que era falso, pero les habrá ayudado.

En cierto sentido, dondequiera que estemos y quienesquiera que seamos, somos tan falsos que, en realidad, en modo alguno necesitamos la verdad absolutamente pura. No puede penetrarte. No tendrá ningún punto de contacto contigo; no podrás entenderla. Solo una verdad muy diluida, modificada ―en cierto sentido, falsificada― puede tener algún atractivo para ti, porque entonces eres capaz de entender el lenguaje; ha sido traducida para ti.

Los Upanishads son muy simples; hablan de corazón a corazón. No son filosóficos, sino religiosos. No se preocupan de conceptos, teorías, doctrinas; les interesa la verdad vivida: lo que es y cómo puede ser vivido. No puedes pensar en ello, no puedes filosofar sobre ello, solo puedes entrar en ello y permitir que ello entre en ti. Solo puedes estar embarazado de ello, totalmente absorto en ello. Puedes fundirte en ello.

Hablaremos sobre los Upanishads, y yo aportaré mi propia experiencia como respuesta a ellos. Pero esto solo es un trampolín/peldaño. A menos que entres en la dimensión misma, no te servirá de mucho. A menos que avances y des el salto a lo desconocido, no te ayudará. E incluso es posible que te resulte dañino, porque tu mente ya está muy cargada, pesa demasiado. No hace falta que la cargues más. Estoy aquí para descargarla.

No voy a enseñarte un nuevo conocimiento. Solo voy a mostrarte un tipo de ignorancia pura. Cuando digo ignorancia pura me refiero a inocencia. Me refiero a una mente totalmente vacía, abierta. Una mente que sabe que nunca está abierta, está cerrada. El sentimiento mismo de yo sé te cierra. Cuando sientes yo no sé, estás abierto; estás preparado para moverte, para aprender, para viajar.

Te enseñaré ignorancia, desaprendizaje, no conocimientos. Solo desaprender puede ayudarte. En el momento en que desaprendes, en el momento en que te vuelves ignorante, te vuelves como un niño, te vuelves inocente. Jesús dice: Solo los que son como niños entrarán en el Reino de los Cielos. Intentaré hacer que seáis como niños pequeños.

Sé valiente. Tendrás que hacer esfuerzos. Es el mayor reto que se te puede plantear. Y a menos que aceptes el desafío, no podrás entender los Upanishads, ni a mí.

Para afrontar este reto, tienes que entender que hay algunos requisitos básicos. El primero es dejar a un lado todos tus conocimientos. Durante estos días sé amablemente ignorante. No perderás ese conocimiento. Si después de estos pocos días sientes que aún es bueno, puedes retomarlo. Pero durante estas jornadas, por favor, deja en el suelo todas las cargas de tu mente. No permitas que cualquier cosa que sepas interfiera aquí, porque si permites que interfiera, no podré crear la comunión a la que te he convocado.

Va a ser un gran experimento.

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