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Extractos - Scott Kiloby

Capítulo 10 ― Las sombras (2ª parte)

por Scott Kiloby
Scott Kiloby
Adueñarse de nuevo de la Sombra

Una vez que has dialogado con la sombra, puedes volver a adueñarte de ella. ¿Qué significa volver a adueñarte de la sombra? Significa dejar de fingir que existe un yo y el otro. En concreto, esto significa mirar tu propia historia, lo que sucede en tus pensamientos, y ver que el mismo rasgo de carácter contra el que estás reaccionando en la otra persona es un rasgo que está operando dentro de tu propia historia. Significa realmente volver a poseer el rasgo. Significa decir: "Yo soy controlador". "Yo soy codicioso". "Yo soy cualquier historia contra la que reacciono". Esto significa darte cuenta de los momentos en que has exhibido el mismo rasgo que estás atacando en los otros. Siente lo que se siente ser dueño de lo que has estado negando. Mira cuándo estás o has estado controlando o has sido codicioso. Al volver a ser dueño de ello, el autoengaño termina. El rasgo ya no se coloca al otro lado de la frontera del yo ― ahí fuera en el imaginado "otro".

Una vez que eres dueño de nuevo de la sombra, y ves que es una parte de tu propia historia, la conciencia ―tu verdadera identidad― ahora puede ver que tanto el yo como el otro son pensamientos. Ya no estás poniendo tu identidad en un rasgo dualista y repeliendo su opuesto. Yo y el otro, y los rasgos dualistas que mantenían esa división, ahora se ven como apariencias iguales de la conciencia. Mientras estás repeliendo las sombras, las apariencias no son vistas como iguales. La separación parece real.

En el ejemplo anterior, Juan se adueña de nuevo de la sombra mirando dentro de su historia basada en el pensamiento y ve que el mismo pensamiento que dice que las personas controladoras no deberían controlar es en realidad un pensamiento controlador. Si Juan mira un poco más, probablemente encontrará que tiene todo tipo de pensamientos acerca de querer que otros sean diferentes. Eso es control. Él piensa que sabe lo que es mejor para todos los demás. Se parece mucho el rasgo que Juan estaba rechazando en su jefe, ¿no? Eso no es una coincidencia. Juan estaba repeliendo la sombra.

La razón de volver a ser dueño de la sombra debe ser obvia cuando miramos hacia atrás en una declaración del capítulo llamado "La Historia Central":

La invitación en este capítulo es similar a encender una linterna en un cuarto oscuro para ver los muebles. No queremos mover los muebles de lugar. No estamos tratando de contar una historia diferente. Estamos iluminando la historia ― alumbrando con la luz en la habitación para ver el contenido. Una vez que es visto el contenido de tu historia central, se ve que es una apariencia en lo que eres. Lo que eres es la pura conciencia desnuda que ve la historia central.

Mientras estamos repeliendo las sombras, la luz de la conciencia no puede ver la historia central. Las historias centrales se mantienen, en parte a través de repeler la sombra (así como al abrazar la sombra, de la que hablaremos más adelante). El contenido dualista dentro de la conciencia se repele a sí mismo. Todo está basado en una crisis de identidad. No sabemos quién o qué somos. Por ejemplo, la gente buena repele a la gente mala. Las personas poco inteligentes repelen a las personas inteligentes. Las personas espirituales repelen a las personas no espirituales. La lista es interminable. En el ejemplo anterior de Juan, la cuestión no es que Juan debería contar una historia diferente. No es que él deba empezar a ser controlador. Se trata sólo de ver que todos los opuestos son igualmente apariencias de nuestra verdadera identidad como conciencia.

Las sombras son como piezas de mobiliario que son demasiado oscuras para ser vistas cuando dirigimos la linterna por la habitación. Reconocer la conciencia presente, simplemente no es suficiente. Al volver a ser dueño de las sombras, la luz les llega finalmente. Son vistas. Al ser vistas como apariencias de la conciencia, nuestra identidad real como conciencia es reconocida. Dejamos de ubicar nuestra identidad en las historias dualistas, de un solo lado. Las sombras son vistas como apariencias en la conciencia en lugar de la lente a través de la cual repelemos y abrazamos otras.

Para resumir el proceso 3-2-1, reconocemos la sombra, dialogamos con ella, y luego volvemos a ser su dueño. Puedes hacer el proceso 3-2-1 con cualquier rasgo de carácter contra el que reaccionas fuertemente en otra persona.

Abrazar la Sombra

También puedes hacer el proceso 3-2-1 cuando abrazamos la sombra. Así como podemos reprimir o repudiar aspectos negativos de nuestras historias personales, también podemos reprimir o repudiar aspectos positivos. El abrazo de la sombra sucede cuando rechazamos rasgos o atributos positivos y luego los proyectamos hacia afuera como "otros". A continuación, sentimos una fuerte atracción a esos otros. Un caso clásico es el buscador espiritual que repudia o rechaza el amor, la paz y la sabiduría inherente a su verdadero Ser (es decir, la conciencia) y en su lugar los proyecta en un maestro. El maestro entonces parece extraordinario, "iluminado". Otro ejemplo es la obsesión sexual o romántica. Idealizamos a otros de diversas maneras, sin darnos cuenta de que estos otros son realmente sólo aspectos reprimidos y proyectados de nuestra propia historia. Estos aspectos positivos son demasiado poderosos, demasiado bellos, demasiado amorosos de poseer. Se hace más fácil, así lo creemos, proyectarlos en los demás.

Las víctimas siguen siendo víctimas cuando constantemente idealizamos (abrazamos la sombra) a otros que parecen más afortunados o que parecen poseer grandes cualidades que faltan dentro de la identidad de víctima. Realizando el trabajo con la sombra y volver a ser dueño de estos rasgos positivos proyectados, es imposible que la víctima siga siendo una víctima. El yo separado, no importa cómo se manifieste, se ve que está hecho de imágenes mentales vacías. En el trabajo con la sombra, tanto lo bueno como lo malo (y todos los demás opuestos) salen completamente a la luz, como apariencias iguales de la conciencia. No hay más idealización. No más abrazar sombras.

Otros ejemplos de abrazar la sombra incluyen obsesionarse por la inteligencia, la personalidad, el éxito o la riqueza de otro. La envidia y los celos son proyecciones clásicas. Nos encontramos obsesionados con otras personas que parecen tener todo lo que nos gustaría tener en nuestro interior. La realización de la conciencia como nuestra verdadera identidad resuelve este deseo de proyectar. Bueno y malo, atractivo y no atractivo, agradable y desagradable, espiritual y no espiritual, y todos los otros opuestos son vistos como iguales apariencias de la conciencia. El "otro" que estás abrazando se ve que no es más que lo que tú eres. Conciencia. En otras palabras, no hay ningún yo ni ningún otro. Pueden seguir apareciendo estos rasgos. En otras palabras, algunos pueden parecer más inteligentes o más atractivos. Simplemente ya no te molestará más. No será algo personal.

Sombras y Emociones

Las sombras no aparecen solamente como rasgos o características del carácter. ¿Alguna vez te has encontrado diciendo: "¿Por qué esa persona está tan enojada?" ¿Te molestan las personas enojadas? Hemos sido condicionados a creer que la ira es mala. Nuestras enseñanzas espirituales y religiosos a menudo refuerzan este condicionamiento. Nos han enseñado a reprimir la ira o "presenciarla" de lejos. Sin embargo, la ira es una expresión natural de la conciencia. Todos los movimientos dentro de la conciencia son apariencias naturales, inseparables de la conciencia. Negar o reprimir cualquiera de ellos es negar este hecho fundamental y evidente de nuestra existencia. Esto no es una invitación a salir y lastimar a la gente con la intención de "expresar" tu "ira natural". El mensaje aquí es que la ira aparece y desaparece de forma espontánea, inseparablemente, sin dificultad y de forma dinámica dentro de la conciencia. Nosotros no elegimos. Sólo aparece. Represión es negar lo que aparece de forma natural. Presupone la existencia de una persona a quien la ira le sucede, alguien que debe hacer algo con ella, deshacerse de ella, o reprimirla. En nuestra experiencia directa, vemos que no hay ninguna persona. "Persona" es sólo un pensamiento que aparece dentro de la conciencia. La ira surge directamente dentro de la conciencia pura desnuda. La invitación en Living Realization, como siempre, es ver todas las apariencias como no separadas de la conciencia.

Si te encuentras fuertemente reaccionando hacia otras personas que parecen enojadas, sólo significa que la ira ha sido reprimida dentro de ti. En lugar de "yo estoy enojado", la ira es empujada hacia el otro lado de la frontera del yo. De repente, es el "otro" el que está enojado. "¡Él está enojado. No yo!" "Aparece la ira, pero no es mi ira!"

Al hacer el proceso 3-2-1, en lugar de proyectarla en otro, la ira ya no se ve como que es la ira de otra persona. Adueñarse de ella significa decir, "estoy enojado" ¡y lo digo en serio! Al ver que esta ira es "mía", se ve entonces que en realidad no es la ira de nadie. Así como no hay otro que está enojado, tampoco hay un yo que está enojado. Sólo hay ira apareciendo en la conciencia impersonal. La ira es inseparable de la conciencia. No hay ninguna persona entre la ira y la conciencia que deba mitigar o hacer algo con la ira. No hay intermediario. Ningún yo. Sólo hay ira. En ese ver, la ira ya no es el enemigo. No es algo que necesitas reprimir y proyectar hacia el exterior como un "otro". Se siente totalmente, siempre que aparece. En ningún yo u otro. Sólo ira. No es casualidad que la ira tiende a aparecer menos cuando se ve que aparece a nadie.

El proceso 3-2-1 se puede aplicar a cualquier emoción, no sólo a la ira. ¿Las personas tristes te molestan? ¿La gente realmente feliz te pone de los nervios? Averigua dónde está tu gancho. Dialoga con la sombra y vuelve a ser dueño de ella. Todas las emociones son apariencias iguales de la conciencia. Ellas no pertenecen a nadie. ¡La vida no es personal! Adueñarse de nuevo de las sombras simplemente significa reconocer nuestra naturaleza no-dual y dejar de alimentar la separación ilusoria y el conflicto. La no-dualidad es amor.

Sombras y Creencias / Posiciones

¿Reaccionas con fuerza a las posiciones o puntos de vista que difieren de los tuyos? Es difícil ver que a menudo estamos repeliendo nuestra propia duda cuando nos encontramos con un fuerte desacuerdo en el ámbito de la religión, la política, la ciencia, la moral, la cultura, la espiritualidad y otras visiones del mundo. Las creencias y posiciones no son en última instancia ciertas. Están basadas en el pensamiento. No hay tal cosa como un pensamiento absolutamente cierto (incluido ese pensamiento). El pensamiento es relativo y dualista. Cuando buscamos en el pensamiento la verdad última, a menudo no vemos la duda escondida, reprimida que subyace en nuestras propias posiciones y creencias. Pero la duda está ahí. Sale a gritar a la superficie cuando atacamos los puntos de vista de los demás.

Todos los puntos de vista son puntos de vista iguales de la conciencia indivisa que es nuestra verdadera identidad. Atacamos los puntos de vista que hemos reprimido dentro de nosotros mismos. Para convencernos de que estamos en lo correcto sobre cualquier tema, tenemos que reprimir todos los argumentos internos contra esa posición. Tenemos que reprimir nuestra propia duda. Esta represión se basa en la división entre saber y no saber mentalmente, otro par de opuestos. La atención se centra en lo que pensamos que sabemos o nos gustaría saber como verdad. Estamos en busca de la certeza mental. Reprimimos ese aspecto de nosotros mismos que no sabe. Pero los opuestos en realidad nunca se dividen. Los argumentos opuestos están todavía dentro de nosotros. Aparecen como otros "ahí fuera" que están equivocados. Entonces nos encontramos en conflicto con los demás. Los repelemos, sin darnos cuenta de que estamos luchando contra nuestra propia duda, por así decirlo. De esta manera mantenemos una falsa división entre yo y el otro. En el reconocimiento de que nuestra verdadera identidad es la conciencia, este tipo de repulsión se ve como el espacio luchando contra el espacio. Es innecesario y basado en una ilusión de separación.

A través del proceso 3-2-1, vemos que todos los puntos de vista, creencias, posiciones, opiniones, rasgos, emociones e historias son apariencias inseparables de la única conciencia indivisa. La certeza que hemos estado buscando no se encuentra en las posiciones mentales. La conciencia es nuestra verdadera identidad. Este reconocimiento proporciona un conocimiento inquebrantable, una certeza. La certeza de la conciencia como nuestra verdadera identidad nunca tiene que ser defendida porque no se encuentra dentro de la mente dualista. No es una posición mental.

Exterior es Interior

Esta es otra área donde las sombras aparecen. A menudo no vemos que, cuando otros nos hacen frente y nos ponemos a la defensiva, los otros están simplemente presentando un aspecto reprimido no visto de nuestra historia personal.

La presión externa de los demás es un impulso interno. Llamaremos a eso la sombra de la presión. La crítica externa de los demás es realmente auto-crítica interna. Llamaremos a eso la sombra de la crítica. En esta discusión, la línea entre exterior e interior debe verse como un producto del pensamiento dualista, de una vez más la elección de un lado y la negación de su contrario. Vamos a entrar en más detalles acerca de la sombra de presión y la sombra crítica.

La Sombra de la Presión

Puede no parecer obvio al principio, pero toda presión externa es un impulso interno. Vamos a ilustrar esto con un ejemplo:

Durante los últimos años, Juan ha tenido la intención de pintar su casa. En el último año, pintar la casa se cayó de la lista de prioridades de Juan. Otras cosas se volvieron más importantes, como el trabajo y sus aficiones. Su impulso de pintar la casa en realidad nunca se fue. Simplemente lo ha pasado por alto, lo ha reprimido. Dejó de aparecer como una historia o impulso en la conciencia. Un día, la esposa de Juan le dice: "Pensé que ibas a pintar la casa. ¡Se ve horrible! ¿Alguna vez vas a hacerlo?"Juan se pone automáticamente a la defensiva. "Deja ya de darme la lata", responde.

Juan no ve esto como una sombra. Para Juan, es un problema de su esposa. Ella lo está molestando de nuevo. "Si ella dejara de molestarme, todo iría bien". Él no se da cuenta de que su actitud defensiva entraña gran sabiduría. La presión externa que siente por parte de su esposa es realmente un impulso interno. La presión externa de su esposa le está revelando o trayéndole de nuevo a su conciencia su propio impulso interior de pintar la casa. Su impulso de pintar la casa desapareció. Fue reprimido. Otras cosas se volvieron importantes. La esposa de Juan sólo le está recordando a Juan su propio impulso o intención de pintar la casa. Pero como Juan no lo ve como lo que es ―un impulso interior― lo siente erróneamente sólo como una presión externa. Es experimentado como un "otro". Así que en lugar de "Tengo el impulso de pintar la casa", se interpreta como "Mi esposa me está presionando de nuevo". Así es como el límite externo/interno de las relaciones sigue estando solidificado. Así es como la ilusión de la separación (y por lo tanto el conflicto) continua, a través de no ver lo que está sucediendo en estas situaciones.

Aquí está el problema: toda presión externa es un impulso interno. No hay excepciones. Sabemos que la declaración es correcta examinando algo evidente en nuestra propia experiencia. Nunca nadie nos molesta cuando nos presionan para hacer cosas que no tenemos ningún deseo interno de hacer. Por ejemplo, imagínese que la esposa de Juan haya dicho: "¡Pensé que ibas a pintar la casa del vecino! ¡Se ve horrible! ¿Alguna vez vas a hacerlo?" Pero... Juan nunca tuvo un impulso de pintar la casa del vecino. Es probable que el vecino no le pidiera a Juan que lo hiciera. No hay un impulso interno dentro de Juan de pintar la casa de su vecino. Y por lo tanto no surge una actitud defensiva cuando su esposa le pregunta sobre pintar la casa del vecino. Él no experimenta su petición como presión, porque no hay un impulso interior.

En el reconocer, dialogar, y adueñarse de nuevo de la sombra de la presión, toda presión externa se ve que es un impulso interior.

La Sombra de la Crítica

Del mismo modo, toda crítica externa es autocrítica interna. Si alguien te llama gordo y te pones a la defensiva, eso parece una crítica externa. Del mismo modo, si alguien te llama codicioso y te pones a la defensiva, eso parece una crítica externa. Podría ser cualquier rasgo: egocéntrico, materialista, arrogante, o poco inteligente. La actitud defensiva siempre entraña una gran sabiduría. Tu defensiva te revela que llevas contigo una historia de autocrítica. Tienes una historia de que tú eres gordo. Tienes una historia de que eres codicioso. Es por eso que estás a la defensiva. Si no existiera la identificación con el pensamiento, "yo soy codicioso", entonces alguien que te llamara codicioso no provocaría ninguna reacción defensiva en ti. La próxima vez que alguien te critica, dale las gracias por haberte revelado tu historia de autocrítica. Reconoce la sombra. Dialoga con ella para ver exactamente cómo te hace sentir cuando escuchas la crítica externa. Entonces vela como lo que realmente es ― una autocrítica interna. Aduéñate de nuevo de ella.

Al adueñarte de nuevo de la sombra de la crítica, no hay nadie ahí que resulte herido. Sólo hay un ver de la historia "yo soy codicioso" y cualquiera otros sentimientos que vengan con esa historia. Tanto "codicioso" y "no codicioso", "gordo" y "flaco", e "inteligente" y "poco inteligente" son vistos como apariencias iguales de tu verdadera identidad ― la conciencia inmutable, inmóvil, atemporal y no-dual.

La invitación clave en este capítulo:

  1. Reconocer la sombra
  2. Dialogar con la sombra
  3. Adueñarte de nuevo de la sombra

Una vez que te has adueñado de nuevo de la sombra, reconoce la conciencia presente. Ve que tanto tu historia personal como tu sombra son apariencias de la conciencia. No trates de manipular ninguna apariencia. Ve que ambas apariencias son inseparables de la conciencia.

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