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Extractos - Javier Ruiz Calderón

Sankara

¿Qué es el vedanta advaita?

De la Introducción al libro: Tattvabodha

Por Javier Ruiz Calderón

Los cuatro Vedas (Rigveda, Sāmaveda, Yajurveda y Atharvaveda) son las escrituras más antiguas del hinduismo. Compuestos aproximadamente entre los siglos X y III a.C., recogen el pensamiento y la espiritualidad de las etapas iniciales de esa tradición. Los textos védicos más antiguos, las samhitās, contienen más de mil himnos en verso dedicados a decenas de dioses que gobiernan los distintos aspectos del cosmos y de la vida humana. Se trata de una religiosidad politeísta, en la que se ofrecen a los dioses sacrificios de productos animales y vegetales pidiéndoles a cambio la satisfacción de deseos mundanos, como que llueva, vencer a los enemigos, tener descendencia, etcétera.

Los textos védicos inmediatamente posteriores, los brāhmanas, están en prosa. Son una especie de manuales en los que se describen prolijamente los sacrificios y se exponen los mitos y las correspondencias cósmicas que justifican la eficacia de aquellos. En esa fase del hinduismo, el sacrificio, aún más poderoso que los dioses, se convierte en el centro de la religión, y los sacerdotes, únicos conocedores de la técnica sacrificial, llegan a ser los personajes más importantes.

Los últimos textos védicos que se compusieron son las upanisad. Como están al final (anta) de la revelación védica, se los llama «el final del Veda», es decir, el vedānta. El vedānta es, pues, ante todo la enseñanza de las upanisad.

Hay cientos de upanisad, pero las más importantes son las doce upanisad védicas o tempranas, compuestas entre los siglos VI y III a.C. En su mayor parte están situadas al final de los manuales sacrificiales. Las más antiguas de ellas (Brhadāranyaka, Chāndogya, Taittirīya, Aitareya, Kausītaki y la parte en prosa de la Kena), compuestas en prosa, todavía contienen mucho material relacionado con los sacrificios; pero en ellas aparecen novedades que les hacen trascender la cosmovisión sacrificial. En las upanisad, el hinduismo pasa de ser una religión de bienes mundanos o relativos a ser una religión de salvación. Ya no solo se acude a lo divino buscando satisfacer las necesidades mundanas, sino que se aspira a un bien absoluto, definitivo: la salvación o, más precisamente, la liberación del sufrimiento. La religión ritualista, exterior, se convierte en espiritualidad interior. Y en esos mismos textos surge por primera vez en la India la filosofía propiamente dicha como reflexión racional autónoma. Este proceso de interiorización y espiritualización, que Karl Jaspers llamó «la era axial» (Jaspers 2017), no solo se dio en la India, sino también al menos en Grecia, Israel, Persia y China. Las upanisad antiguas son el primer testimonio de la era axial en la India.

Las últimas upanisad védicas (la parte en verso de la Kena, Katha, Īsā, Mundaka, Svetāsvatara, Prashna y Māndūkya) ya son más independientes de la religiosidad sacrificial antigua. En su mayor parte están compuestas en verso —excepto las dos últimas—, y los restos de ritualismo son mucho más escasos. El sacrificio ritual, que era lo central en la fase anterior del hinduismo, sigue presente, pero subordinado a los nuevos horizontes religiosos.

Las upanisad son una colección de textos doctrinales y relatos muy heterogéneos y desordenados en los que dialogan maestros y discípulos, sacerdotes y reyes, unas pocas mujeres y hasta demonios y otros personajes no humanos. En ellas se reflexiona sobre la realidad y sus aspectos, el ser humano y su destino, la forma correcta de vivir, etcétera. Es decir: se plantean problemas metafísicos, antropológicos, éticos... Ya es, pues, verdadera filosofía, aunque todavía con un carácter arcaico, nada sistemático, comparable en parte al pensamiento de los presocráticos en Grecia.

Algunas de las ideas más novedosas y características que encontramos en las upanisad son:

  • La reencarnación: esta no es nuestra única vida; hemos vivido anteriormente en otros cuerpos y seguiremos reencarnándonos posteriormente.
  • La ley del karman (acción): nuestras acciones presentes determinan nuestro futuro; nuestras circunstancias actuales dependen de nuestras acciones pasadas.
  • La esclavitud: esta existencia cíclica es limitada y, por tanto, insatisfactoria. Estamos atados a ella por el apego, procedente de la ignorancia de nuestro verdadero yo (ātman).
  • La identidad ātman - brahman: el verdadero yo o sí mismo de todas las cosas es brahman (1), la realidad absoluta, única, inmutable, infinita y perfecta, que se manifiesta como el universo.
  • La liberación: la comprensión directa —no meramente intelectual sino mística— de nuestra identidad con brahman nos permite superar la ignorancia y el apego y liberarnos del ciclo de las reencarnaciones.

Esta forma presistemática de filosofar también la encontramos en otros textos indios algo posteriores, como la Bhagavadgītā hindú y los sūtras más antiguos del budismo y el jainismo. Concretamente, la Bhagavadgītā, el texto más popular del hinduismo, compuesto alrededor del siglo II a.C., retoma los temas de las upanisad, profundiza en algunos que en aquellos estaban poco desarrollados —como el dualismo del sāmkhya, la disciplina mental del yoga y el monoteísmo— y les añade algunos nuevos, como la reflexión sobre el dharma, o deber, y el karma yoga, o yoga de la acción. Es una continuación natural de las upanisad, y, por eso, la tradición posterior también lo ha considerado un texto fundamental del vedānta.

En los primeros siglos de nuestra era, la época clásica de la civilización india, se establecieron los darsanas («puntos de vista») clásicos del pensamiento indio, tanto ortodoxos (āstika) —es decir, hindúes—, como heterodoxos (nāstika: las escuelas budistas, el jainismo y el materialismo de los cārvākas), y se redactaron los tratados fundamentales de las diferentes escuelas. Entre los seis darsanas ortodoxos se encuentra el vedānta clásico, cuyo manual principal, los Brahmasūtras o «Aforismos sobre brahman», se acabó de redactar alrededor del siglo V de nuestra era. Los Brahmasūtras intentan organizar en 555 breves aforismos agrupados en cuatro capítulos las doctrinas de las upanisad y la Bhagavadgītā. Estas tres obras —upanisad, Bhagavadgītā y Brahmasūtras— se consideran las «tres fuentes» (prasthānatraya) de todas las escuelas del vedānta.

Porque, en efecto, los Brahmasūtras eran tan oscuros que no se podían entender sin un comentario, y, a lo largo de la Edad Media india (siglos VI-XVI), fueron apareciendo diferentes interpretaciones de aquel texto que dieron lugar a múltiples corrientes dentro del vedānta. Todas ellas comparten algunas ideas (reencarnación, ley del karman, liberación, brahman como la realidad suprema), pero difieren en otras, como, por ejemplo, la naturaleza de brahman, su relación con las almas y el mundo y el camino que lleva a la liberación.

La mayor parte de las escuelas vedánticas son teístas: para ellas, brahman es Vishnu, es decir, un Dios personal soberano del universo, omnipresente, omnipotente y omnisciente, capaz de salvar a sus devotos del ciclo de las reencarnaciones. Por eso, para estas corrientes, el camino principal hacia la salvación es la devoción (bhakti), es decir, la entrega confiada y amorosa en manos de la Divinidad. Una de estas escuelas, el vedānta dualista, afirma la diferencia radical entre el mundo material, las almas individuales y Dios. La mayor parte de las escuelas devocionales, por el contrario, consideran que el mundo y las almas son partes o aspectos de la Divinidad.

Pero una de las tradiciones más importantes del vedānta no es teísta. Se trata del vedānta advaita o vedānta adualista. Es adualista toda concepción de la realidad que niega la realidad última de las diferencias, separaciones o distinciones; es decir, de las «dualidades» (dvaita). Entre las filosofías de Asia, son adualistas, además del vedānta advaita, por ejemplo, la escuela trika y otras cuantas en el hinduismo, varias corrientes del budismo mahāyāna y el daoísmo chino. En Occidente el adualismo es menos frecuente, pero lo hallamos, por ejemplo, en Parménides, Spinoza, la filosofía de la identidad de Schelling y algunos místicos tanto cristianos como judíos y musulmanes. (2)

Aunque se conserva algún texto anterior a él, se considera a Śamkarācārya, «el maestro Śamkara» (c. siglo VIII d.C.), el verdadero fundador de la escuela adualista del vedānta. Además de varios tratados y obras poéticas originales, se le atribuyen sendos comentarios (bhāsya) de las «tres fuentes». Estos comentarios han acabado convirtiéndose en los textos más importantes de la escuela, una especie de «canon» del vedānta advaita ortodoxo.

Según el vedānta advaita, brahman es lo único que existe; por eso es «adualista», porque niega que la multiplicidad que creemos percibir sea real en último término. Brahman es la Realidad-Conciencia-Felicidad (saccidānanda) absoluta. Es inmutable, infinito e indivisible, el paramātman o verdadero yo de todo. El mundo y los individuos son apariencias insustanciales y transitorias de brahman. Como creemos que somos individuos limitados, desconocemos nuestra verdadera naturaleza absoluta. Esa ignorancia (avidyā) hace que sintamos que nos falta algo y nos apeguemos a las cosas finitas y, en consecuencia, nos reencarnemos una y otra vez sin hallar satisfacción. Por eso, el conocimiento (jñāna) de nuestra identidad esencial con brahman es lo único que puede proporcionarnos la liberación (moksa) del ciclo de nacimientos y muertes. Como se ve, la doctrina general es muy parecida a la de las upanisad, aunque mucho más detallada y sistemática. Además, se detecta en ella una importante influencia de las escuelas adualistas del budismo mahāyāna, hasta el punto de que otras corrientes hinduistas acusaron a Śamkarācārya de ser un budista disfrazado.

A lo largo de sus más de mil años de historia, fueron apareciendo diferentes interpretaciones de los textos fundamentales del vedānta adualista, y, además, esta tradición se fue enriqueciendo con aportaciones de otras corrientes medievales y modernas del pensamiento y la espiritualidad hindú, como el yoga, el sāmkhya, el tantra, las escuelas devocionales y las diferentes sectas del hinduismo.

Por último, desde el siglo XIX, y a partir sobre todo de Svāmī Vivekānanda (1863-1902), el vedānta advaita no pudo sustraerse a la imparable influencia de Occidente y nació lo que a veces se llama, con un término que no gusta a todos, «neovedānta». El neovedānta combina las ideas del vedānta adualista precolonial con ideas típicas de la racionalidad occidental moderna: cientificidad, derechos humanos, igualdad, libertad de pensamiento... Buena parte de los más grandes maestros espirituales indios contemporáneos (como Swami Shivananda o Mata Amritanandamayí) y de los filósofos académicos más distinguidos (como Krishna Chandra Bhattacharyya y Sarvepalli Radhakrishnan) han asumido este vedānta advaita contemporáneo que intenta combinar lo mejor de la India y de Occidente en una espiritualidad y una filosofía «de fusión» que sigue muy viva en el siglo XXI.

El Tattvabodha

El estudio de los comentarios samkarianos bajo la dirección de un maestro competente —empezando por la Gītā, siguiendo con las upanisad en un orden determinado y terminando por los Brahmasūtras— es la parte más importante de la práctica espiritual vedántica tradicional. Pero, antes de sumergirse en los grandes textos de la escuela, el alumno debe irse familiarizando con la terminología y las ideas principales mediante el estudio de prakarana granthas, manuales introductorios que explican con claridad las nociones fundamentales del vedānta no dualista.

El prakarana grantha más completo y reconocido para introducirse en el vedānta advaita es el Vedāntasāra («La esencia del vedānta»), escrito en el siglo XV por Sadānanda Yogīndra. Hace unos años publicamos una edición bilingüe de ese texto, con amplia introducción y comentario (Ruiz Calderón 2009), que va a reeditarse dentro de poco. Sin embargo, a pesar de su carácter introductorio, es un texto exigente, excesivo para la mayoría de los principiantes en el estudio del vedānta. Eso es lo que nos ha decidido a preparar esta edición de otro prakarana grantha más elemental: el Tattvabodha.

El Tattvabodha («El conocimiento de la Realidad») es uno de los prakarana granthas más simples. La tradición lo atribuye —como otros varios cientos de obras— a Samkarācārya, pero sus contenidos demuestran que no se debe a la pluma del gran maestro, sino que se trata de una obra tardía de la escolástica vedántica (3). A pesar de ello, su concisión, claridad y sistematicidad excepcionales lo convierten en el texto ideal para iniciarse en los rudimentos del vedānta advaita.

Esta función de manual inicial la ha solido desempeñar otro texto atribuido erróneamente a Samkara, el Ātmabodha («El conocimiento del Yo»), escrito en verso, lleno de bellas comparaciones e indudablemente más atractivo que el Tattvabodha; pero este texto es mucho más claro y sistemático y, por eso, más adecuado para empezar a estudiar las nociones fundamentales del sistema. El conocido maestro de vedānta advaita Swami Dayananda (1930-2015) se dio cuenta de ello y lo introdujo como el primer texto que se estudia en los cursos residenciales de vedānta de dos o tres años, tanto en la Chinmaya Mission, de la que formaba parte, como en Arsha Vidya, la organización que fundó posteriormente. A raíz de esa iniciativa, el texto ha ido adquiriendo una popularidad que ha acabado por desbordar los límites de esas organizaciones.

Notas:
  1. Las palabras que designan lo Absoluto neutro del vedānta y el dios creador, masculino, del panteón hindú son idénticas cuando están sin declinar: brhaman. Para distinguirlos, se suele emplear el segundo término en nominativo: brhama.
  2. Véase, sobre al adualismo, Loy 1999.
  3. «Aunque se le suele atribuir a Adi Shankaracharya, es probable que el autor del Tattvabodha sea un discípulo de Vasudevendra Saraswati, un acharya del linaje de gurús y discípulos de los Shankaracharyas del Kanchi Pitham» (Ramakrishnananda 119s)