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Extractos - John Levy

La Naturaleza del Hombre

según el Vedanta

por John Levy

Tercera Parte:  El Sí mismo

XXII
EL ORIGEN DE LA MEMORIA, Y EL TESTIGO

1. El pensador un objeto de consciencia

Sólo puedo recordar lo que he conocido. (1) Yo recuerdo no sólo mis pensamientos, sino que recuerdo también el haber pensado. De ello se desprende que yo, como el pensador o individuo, soy el objeto de la consciencia; pero como el conocedor de este y de todos los demás objetos, se desprende que yo soy la consciencia misma.

2. El egoísmo y el acto de recordar

Cada vez que el principio de la consciencia se identifica con el cuerpo, surge la falsa noción de que yo soy el pensador. Eso que afirma que es consciente de un acontecimiento en el que no estaba presente es el ego, o el pensamiento-yo. Así que el ego sólo puede reclamar lo que ha ocurrido antes y la experiencia reclamada es un recuerdo.

3. Memoria e identificación

Como se acaba de decir, la falsa noción de que yo soy el pensador surge cuando el principio impersonal de la consciencia se identifica con el cuerpo. El efecto de esta identificación es dividir la consciencia no-dual en la aparente dualidad de un sujeto consciente y su objeto.

Puesto que los objetos de la consciencia aparecen de manera discontinua; y puesto que, por otra parte, el sujeto consciente, que se hace objetivo en la forma del pensamiento-yo que reclama (lo ocurrido) también aparece de forma discontinua, entonces la consciencia que los ilumina a ambos parece ser también discontinua. Cuando la consciencia no-dual parece de esta manera estar condicionada por el tiempo, parece que asume la forma de una facultad de recordar que da cohesión a lo que de otra forma sería un estado de flujo total, inimaginable e imposible porque no podría ser conocido por un conocedor que, al no tener continuidad, debe por fuerza cambiar en cada percepción: él ni siquiera podría conocerse a sí mismo. La memoria y la consciencia de existencia individual son por lo tanto sinónimos.

4. La memoria y el testigo

La consciencia de una existencia individual y la memoria son en realidad sinónimos. Pero miramos tanto al futuro como al pasado. Ahora bien, aunque es cierto que al mirar al futuro hacemos uso de la experiencia pasada, sería sin embargo más preciso y comprensible si hablamos de un testigo que observa la corriente de la experiencia objetiva como un todo y no de una facultad que sólo recuerda, ya que la retención simplemente refleja el testigo. Este testigo es lo que he llamado hasta ahora la consciencia en la que aparecen los objetos. No debe, como tal, identificarse con el principio de la consciencia.

5. La doble naturaleza del ego, y el testigo

La existencia aparente de una facultad consciente que atestigua es posible gracias a la doble naturaleza del ego. El ego, o pensamiento-yo, que es engendrado por una combinación ilusoria del yo (o sí mismo) y el cuerpo, participa de ambos, afirmando a veces ser uno y a veces el otro. Cuando reclama lo que pertenece al cuerpo, hace que el yo aparezca como activo (yo soy el hacedor, el pensador o el disfrutador). Cuando reclama lo que pertenece al yo, hace que éste aparezca como inactivo (dormí profundamente y no conocía nada, o yo era inconsciente). Pero el yo trasciende tanto la acción como la inacción, ya que trasciende al individuo (XVII, 2). Y es por eso que cada vez que aparece la individualidad, el yo asume el papel de un testigo impasible.

XXIII
LA DISOLUCIÓN DEL EGOÍSMO Y LA RESTITUCIÓN DEL SÍ MISMO

1. El ego y el Sí mismo no-dual

El ego no es una entidad ― es la muy compleja noción de una existencia encarnada, que surge de la combinación ilusoria del yo (o sí mismo) y el cuerpo. Como se indicó anteriormente, participa de ambos, reclamando a veces ser uno y a veces el otro. Llamo a la combinación del yo y el cuerpo ilusoria, porque el cuerpo, siendo cambiante, es irreal. (2) Si el aspecto corporal y cambiante del ego es negado, el ego, como tal, se disuelve, y lo que queda es el yo inmutable, el sí mismo que es la parte verdadera del complejo que es uno con el principio de la consciencia. Esta afirmación se hace desde un punto de vista que todavía es relativo, con el fin de mostrar el camino, porque nosotros realmente no podemos cambiar nuestra naturaleza. Nunca ha habido una encarnación ― para darnos cuenta de esta verdad última, sólo tenemos que reconocer qué es lo que había escapado hasta ahora a nuestra atención. Ahí está la belleza y la eficacia del método Vedántico.

2. La restitución del Sí mismo

La naturaleza no-dual del yo (sí mismo) es inalterable. Sin embargo, aparece como el testigo de los pensamientos cada vez que aparecen pensamientos. (3) La identificación del yo y el cuerpo coincide con la noción, Yo soy el pensador (XIX, 3). Pero puesto que recuerdo haber pensado, es evidente que soy la consciencia testigo ante la cual toda experiencia objetiva, incluyendo la idea de que yo soy el pensador, va y viene (XXII, 1). Cuando esto se comprende bien, la identificación cesa.

Ahora bien, aunque la identificación con el cuerpo cese, el pensamiento-yo, siempre que aparece un cuerpo, continuará surgiendo como una parte integral del cuerpo-idea, es decir, mi cerebro continuará automáticamente presentándome la noción de que yo soy el agente, el perceptor, o el disfrutador. Pero sabiendo que yo soy en realidad el sí mismo no-dual, ya no seré afectado por las vicisitudes del cuerpo, ni la aparente dualidad sujeto-objeto me alejará de mi verdadero centro. El egoísmo se ha convertido en una forma vacía; y la vida, en toda su variedad, en un juego que se jugará de acuerdo a sus propias reglas.

3. La esencia del método

Acabamos de ver cómo la adopción del punto de vista del testigo impide la identificación. Pero este método tiene una consecuencia adicional. Es imposible prestar atención al mismo tiempo a la consciencia y a su objeto ― la atención, no importa cuánto pueda vacilar, no tiene nunca más de un solo objeto en un momento dado. Cuando presto atención a un objeto, solo ese objeto está presente (XX, 2). Pero tarde o temprano, pensaré que el objeto estaba presente para . Esto implica que yo también estaba presente como el testigo, a pesar de que es el ego el que afirma erróneamente haber estado presente. Si entonces presto atención a mí mismo, es decir, si me veo a mí mismo como la consciencia testigo ante la que apareció el objeto, solo la consciencia es percibida, sin embargo no como el testigo, porque no hay entonces ningún objeto que atestiguar, sino como el sí mismo no-dual. Este es el tipo más elevado de pensamiento introvertido, o subjetivo, mencionado en el Capítulo IV. Con diligencia y comprensión, la adopción del punto de vista del testigo no sólo nos permitirá superar el hábito erróneo de la identificación, sino que nos permitirá darnos cuenta, de una vez por todas, que nuestro verdadero sí mismo descansa en la no-dualidad.

4. La superioridad de este método

Si nuestros sentidos interiores y exteriores pudieran estar tan restringidos como para evitar la aparición de los objetos, es posible que la identificación con el cuerpo, en sí mismo un objeto sensorial, podría ser detenida. El único medio práctico que está a nuestra disposición para poner fin a la identificación consiste sin duda en adoptar el punto de vista de la consciencia testigo, según los principios establecidos anteriormente. Cuando se hace esto, los sentidos, que sólo sirven para llevar a cabo el deseo, ya no pueden engañarnos. (4)

En resumen, el conocimiento de que las circunstancias afectan al cuerpo y no al yo da libertad absoluta a aquel que lo ha alcanzado. Sabiendo que nunca nació, no puede temer a la muerte del cuerpo. Él es sin miedo. (5)

5. Una advertencia en cuanto a la aplicación personal del método

Me gustaría hacer especial hincapié en que nadie debe intentar aplicar estos principios por sí mismo: el método es diferente para cada caso individual. Por lo tanto una guía personalizada por parte de alguien que haya realizado totalmente la no-dualidad es esencial. Ni este ni ningún otro libro puede ocupar su lugar. Mi objetivo aquí es indicar una posibilidad práctica, que algunos felices miembros de la especie humana siempre deben haber conocido y experimentado. La misma advertencia ya se dio anteriormente (XVI, nota 5): No me disculpo por la repetición, porque esto es un asunto de suprema importancia.

XXIV
LA EXPRESIÓN VERVAL DE LA NO-DUALIDAD

Comenté en un capítulo anterior (XVI, 3) que aunque la no-dualidad permanece como el sustrato y la realidad de la experiencia dualista, no podemos ser conscientes de ella cuando nuestra atención se vuelve hacia el exterior. Se podría preguntar entonces que cómo se puede hablar de la no-dualidad para transmitir su significado a los demás; porque para hablar de ella o incluso concebirla, debemos, como en realidad hacemos inconscientemente, fusionarnos con ella, al igual que para "recordar" un sueño, tenemos que volver a entrar en el sueño y dejar el presente estado de vigilia. Entre fusionarse en la no-dualidad y hablar de ella tan claramente como las palabras lo permitan, no existe una relación causal, pero lo que puede describirse mejor como pura reciprocidad uniendo distintos niveles: podría de alguna manera compararse al reflejo del estado de ánimo de una persona en su rostro. Pero este poder de transmitir la verdad, sin esfuerzo y en perfecta armonía con la aspiración de un buscador, no lo poseen todos aquellos que han suprimido el ego y encontrado el verdadero yo. Sólo aquel que por naturaleza es elocuente y amoroso, ha realizado la no-dualidad y descartado el cuerpo, que por lo tanto no tiene nada que ganar o perder por la enseñanza, sí, sólo ese ser excepcional es capaz de hablar de la realidad y así guiar a los demás.

XXV
EL PROBLEMA DE LA RELACIÓN

1. La consciencia y el cerebro

La relación entre la consciencia y el cerebro a menudo se expresa como la relación entre la mente y la materia, materia que tiene una ubicación pero la mente no. (6) Podemos preguntar, por ejemplo, cuándo pero no dónde ha ocurrido un pensamiento. ¿Dónde ocurrió tal o cual pensamiento? sólo podría significar, ¿Dónde estaba el cuerpo en el momento de ocurrir un pensamiento? En otras palabras, la materia es espacial y la mente como tal es temporal. Pero, ¿qué es la mente como tal? No es más que una noción basada en el recuerdo de pensamientos sucesivos, cada pensamiento es la consciencia de un algo condicionado por el tiempo y el espacio, que como tal es puramente sensorial, y esta noción se produce sólo cuando hay identificación con el cuerpo material (XIX, 3), que en sí mismo es una noción basada en el recuerdo de innumerables percepciones. No necesitamos por consiguiente preocuparnos más por los problemas de la mente y la materia. Sólo tenemos que tener en cuenta la percepción sensorial, una percepción sensorial que es la combinación aparente de la subjetividad y la objetividad.

El lado objetivo de una percepción sensorial es una ocurrencia en el cerebro. Siendo por así decirlo material, está desprovista de consciencia. Es irreal, porque sin consciencia no podría aparecer. La afirmación del individuo de ser el perceptor, aunque aparentemente subjetiva, pertenece también al lado objetivo irreal (XX, 2 ). ¿Qué principio es entonces el que da realidad a las percepciones sensoriales? Sólo puede ser el lado subjetivo consciente, que no se ve afectado por lo objetivo: este principio no puede ser otro que la consciencia no-dual. La no-dualidad y el cerebro son, por tanto, las condiciones últimas de toda relación posible. Que son mutuamente excluyentes es evidente.

2. El cerebro como el lugar (locus) de la experiencia objetiva

La intelección, la imaginación, la cognición, la conación, la emoción, la identificación, el egoísmo, la asociación, la retención de las sensaciones, y las propias sensaciones, están todos íntimamente relacionados y los varios aspectos de la actividad cerebral humana normal, de los que se componen el individuo y la totalidad de su experiencia objetiva como tal. Por lo tanto, todo lo que puede llamarse el objeto de la consciencia es una ocurrencia en el cerebro.

3. No hay interrelación directa de las percepciones

Al decir que los diferentes aspectos de la experiencia objetiva están íntimamente relacionados, me estaba refiriendo únicamente a los complejos procesos de la actividad cerebral. Las percepciones que resultan de estos procesos, tales como las nociones generales y particulares de los objetos sensoriales, del tiempo, el espacio, el movimiento y el cambio, no están directamente relacionadas entre sí: pero cada percepción está directamente relacionada con la única y sola consciencia que funciona a través de la experiencia objetiva como la cuerda a través de un collar. Cuando la consciencia aparece como memoria (XXII, 3), es entonces cuando las percepciones parecen estar conectadas entre sí. Aun así, su aparente conexión tiene lugar en y a través de la consciencia.

4. El problema

Una experiencia objetiva de un individuo constituye para él todo el campo objetivo. Si tratamos de desentrañar esta complejidad desde su propio nivel, nos encontraremos seguramente decepcionados, porque faltará el desapego necesario. Y si lo consideramos desde el punto de vista de la propia consciencia, que es el único factor invariable en toda nuestra experiencia, la objetividad como tal desaparecerá. Como ya se ha dicho (XXIII, 3), cuando me veo a mí mismo como la consciencia testigo ante la cual aparece un objeto, no puedo al mismo tiempo ver el objeto: sólo la consciencia será entonces aprehendida, no como el testigo, sino como el sí mismo no-dual. Esto es equivalente a decir que la relación aparente entre la consciencia y su objeto debe permanecer siempre ininteligible. Considerar los dos como distintos pero complementarios es no verlos verdaderamente, y considerar uno de ellos aparte del otro es eludir la cuestión. El problema de su relación, tal como está, es por lo tanto insoluble.

5. La disolución del problema

Aunque la consciencia no puede ser conocida como un objeto, es espontáneamente aprehendida como el yo (sí mismo) y aparece, cuando la objetividad parece aparecer, como el testigo de todo lo que es objetivo. En ello radica la solución al problema de la relación. Los muchos y diversos aspectos de la experiencia objetiva ocurren uno a la vez, cada uno, o cada grupo, de los cuales, es el objeto presente de una única consciencia testigo; y la transición desde el testigo a la consciencia no-dual es inmediata y espontánea, una vez que el punto de vista del testigo haya sido firmemente comprendido.

Nos ahorraremos una inmensidad de especulación infructuosa si audazmente reconocemos que la pretendida relación entre la consciencia y el cerebro es una imposibilidad; y que el problema en su forma actual es engañosa, al igual que el supuesto en el que tiene su origen, es decir la suposición de que una dualidad de sujeto y objeto realmente existe. (7) ¿Por qué cualquier relación entre la consciencia y su objeto es una imposibilidad se explicará en el siguiente capítulo: descubriremos que son dos aspectos de una realidad indivisa e indivisible.

Notas:
  1. No hay diferencia si el conocimiento o la memoria son correctos o incorrectos.
  2. Véase V, 4. "Defino la realidad como aquello que trasciende el cambio". La realidad también se puede definir como eso cuya existencia nunca puede ser puesta en duda (ver XXVI, 3), y como eso cuyo ser no depende de ningún otro principio.
  3. Véase XIX, 1, para la definición de "pensamiento".
  4. Déjenme advertirles que cualquiera que pueda estar tentado a encontrar en estas palabras una excusa para el abandono, es que entonces no ha comprendido su significado. Expresan un hecho importante, que se tratará más adelante en el capítulo XXIX, y en especial en la Sección 6 de ese capítulo.
  5. Aquí tampoco debe haber ningún malentendido: ¡no se trata de una escuela para exaltados! No me refiero al miedo mental o a los animales, sin el cual ningún individuo como tal podría existir ni por un momento, sino a una certeza suprema y totalmente privada, que puede o no puede reflejarse en el comportamiento de un sabio. Por otra parte, se verá a partir de la Parte Cuarta de este libro que el miedo es simplemente el aspecto negativo del amor a sí mismo.
  6. He tomado prestada esta definición del serio ensayo de R. O. Kapp, Mente, Vida y Cuerpo (Constable).
  7. Llamar al problema engañoso porque uno de sus términos es irreal no es menospreciar a los que están tratando de explicar todo lo que es explicable acerca de una objetividad irreal y, en particular, acerca de los complejos procesos de la actividad cerebral. Pero no debe haber confusión de niveles. Tal confusión está implícita, por ejemplo, en la esperanza común de que la ciencia empírica con el tiempo lo explicará todo, mientras que la ciencia empírica no tiene nada que ver con consideraciones de orden metafísico. Ilustración: el químico que encontró a su abandonada esposa llorando y esperaba descubrir la causa ¡tomando muestras de las lágrimas!
Fuente: John Levy. The Nature of Man according to the Vedanta
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