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Know yourself

Conócete a ti mismo

Una explicación de la unidad del ser

De manuscritos árabes atribuidos a Muhyiddin ibn ‘Arabi y también a Awhad al-din Balyani
Traducido del árabe por Cecilia Twinch

Sobre el significado de la frase del profeta Mahoma
(que Dios le bendiga y le conceda la paz)

Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor

En el nombre de Dios,
el Compasivo, el Misericordioso

 

La alabanza sea para Dios, ante cuya unicidad no hay «antes» a menos que ese «antes» sea Él, y tras cuya singularidad no hay «después» a menos que ese «después» sea Él. Él es, y no hay junto a Él ningún «antes» ni «después», ni arriba ni abajo, ni cercanía ni lejanía, ni cómo, ni dónde, ni cuándo, ni tiempo, ni instante, ni duración, ni existencia manifiesta, ni lugar. Y Él es ahora como siempre ha sido. Él es el uno sin unidad y el singular sin singularidad. No está compuesto de nombre y nombrado, pues Su nombre es Él y Su nombrado es Él, y no hay nombre ni nombrado más que Él. Él es el primero sin primacía y el último sin ultimidad. Él es lo manifiesto sin manifestación y lo oculto sin ocultamiento. Quiero decir que Él es la existencia misma de las letras de los nombres, el primero y el último, lo aparente y lo oculto. No hay primero ni último, aparente ni oculto, excepto Él, sin que las letras que forman estos nombres divinos se conviertan en Él y sin que Él se convierta en estas letras.

Comprende esto para no caer en el error de quienes creen en la encarnación. Él no está en nada y nada está en Él, ni entrando en Él ni saliendo de Él. Así es como debes conocerlo, y no a través del conocimiento teórico, la razón, el entendimiento o la conjetura, ni con los sentidos, el ojo externo o la visión o percepción internas. Nadie Le ve excepto Él mismo, nadie llega a Él excepto Él mismo y nadie Le conoce excepto Él mismo. Se conoce a Sí mismo a través de Sí mismo y se ve a Sí mismo por medio de Sí mismo. Nadie más que Él Le ve. Su velo es Su unidad, ya que nada Le vela salvo Él mismo. Su propio ser Le vela. Su ser está oculto por Su unidad sin ninguna condición.

Nadie más que Él Lo ve. Ningún profeta enviado, ningún santo perfecto ni ningún ángel al que se le haya permitido acercarse Lo conoce. Su profeta es Él, Su mensajero es Él, Su mensaje es Él y Su palabra es Él. Se envió a Sí mismo desde Sí mismo, a través de Sí mismo y hacia Sí mismo. No hay ningún intermediario ni medio más que Él. No hay diferencia entre el que envía, lo que se envía y aquel a quien se envía. La propia existencia del mensaje profético es Su existencia. No existe nadie más que pueda morir, tener un nombre o ser nombrado.

Por eso, el Profeta, que Dios le bendiga y le conceda la paz, dijo: Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor. También dijo: Conocí a mi Señor a través de mi Señor. Lo que el Profeta quería decir con eso es que tú no eres tú, sino que eres Él, y que no existe un tú. No es que Él entre en ti o que tú entres en Él, ni que Él salga de ti o que tú salgas de Él. Eso no significa que tengas existencia y que te definan con tal o cual atributo. Lo que significa es que nunca fuiste ni nunca serás, ya sea a través de ti mismo, a través de Él, en Él o con Él. No has dejado de existir ni tampoco existes. Tú eres Él y Él es tú, sin ninguna de estas imperfecciones. Si conoces tu existencia de esta manera, entonces conoces a Dios; y si no, entonces no.

La mayoría de quienes afirman conocer a Dios hacen que el conocimiento de Dios dependa de la desaparición de la existencia y de la desaparición de esa desaparición. Eso es claramente un error y una idea errónea. El conocimiento de Dios no requiere la desaparición de la existencia ni la desaparición de esa desaparición, porque las cosas no tienen existencia y lo que no existe no puede desaparecer. La desaparición implica la existencia previa de aquello que desaparece. Si te conoces a ti mismo sin existir y sin desaparecer, entonces conoces a Dios; y si no, entonces no.

Al hacer que el conocimiento de Dios dependa del fin de tu existencia y del fin de ese fin, se afirma la existencia de algo distinto de Dios. El Profeta dijo: Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor. No dijo: Quien aniquila su yo, conoce a su Señor.

Tu ser no es nada, y lo que no es nada no puede relacionarse con nada más, sea lo que sea capaz de perecer o no, y sea que exista o no. El Profeta aludió al hecho de que ahora no existes, al igual que no existías antes de la creación, porque el ahora es la eternidad sin principio, el ahora es la eternidad sin fin y el ahora es la atemporalidad. Dios es el ser mismo de la eternidad sin principio, la eternidad sin fin y la atemporalidad, aunque en realidad no exista eternidad sin principio, eternidad sin fin ni atemporalidad. Si fuera de otra manera, Él no estaría solo, sin ningún asociado. Sin embargo, es necesario que Él esté solo, sin ningún asociado, porque cualquier asociado existiría por sí mismo, y no a través del ser de Dios. Entonces ese asociado no necesitaría a Dios y, por lo tanto, sería un segundo Señor, lo cual es imposible. Dios no tiene ningún asociado, igual ni semejante.

Quien considere que hay algo junto a Dios —ya sea que surja de Él o resida en Él, pero que dependa de Él en virtud de Su señorío—, también habrá convertido a ese algo en un asociado, aunque dicho asociado dependa de Él en virtud de Su señorío. Quien admita que pueda haber algo junto a Dios —ya sea que subsista por sí mismo o a través de Él, ya sea en un estado de desaparición o en el proceso de desaparecer— está muy lejos de percibir el aroma del autoconocimiento.

Porque quien acepte que pueda existir algún ser distinto de Él, que sin embargo subsista a través de Él y en Él, y que luego desaparezca en sucesivas etapas de desaparición y desaparición de la desaparición —lo cual es politeísmo sobre politeísmo y no constituye en absoluto el conocimiento de uno mismo—, es un politeísta [que cree en muchos dioses] y no conoce a Dios ni a sí mismo.

Si alguien pregunta: ¿Cuál es el camino hacia el conocimiento de sí mismo y el conocimiento de Dios?

La respuesta es: Consiste en ser consciente de que Dios es, y que nada está con Él. Y Él es ahora como siempre ha sido.

Si alguien dice entonces: Me veo a mí mismo como distinto de Dios y no veo a Dios como a mí mismo.

La respuesta es: El Profeta se refería con la palabra «yo» a tu ser y a tu realidad esencial, y no al yo al que se denomina «yo acusador» o «yo inferior», ni al yo conocido como «yo seguro y tranquilo». Con yo, se refería a todo lo que no es Dios, como cuando dijo: Oh Dios, muéstrame las cosas tal y como son, refiriéndose con las «cosas» a todo lo que no es Dios; es decir: Hazme saber qué es lo que no eres Tú, para que pueda saber cómo son realmente las cosas—si son Tú o algo distinto de Ti, si son eternas y subsistentes, o si son de nueva creación y temporales.

Entonces Dios le mostró lo que es distinto de Él como si fuera Él mismo, sin que existiera lo que es distinto de Él. Así que vio las cosas tal y como son, es decir, las vio como la esencia de Dios, el Exaltado, sin tener en cuenta el cómo ni el dónde. La palabra «cosas» se aplica al yo y a otras cosas, porque la existencia del yo y la existencia de las cosas son iguales en cuanto a ser «cosas». Cuando conoces las cosas, te conoces a ti mismo, y cuando te conoces a ti mismo, conoces al Señor. Porque lo que crees que es distinto de Dios no es distinto de Dios, pero tú no lo sabes. Lo ves y no sabes que Lo ves.

Cuando se te revele este secreto, sabrás que no eres otra cosa que Dios, y que tú mismo eres el objeto de tu búsqueda. No necesitas deshacerte de tu yo. No has dejado de existir, ni dejarás de hacerlo, sin tiempo y sin momentos, como ya hemos mencionado. Verás Sus atributos como tus atributos, tu exterior como Su exterior, tu interior como Su interior, tu principio como Su principio y tu fin como Su fin, sin ninguna duda ni incertidumbre. Verás que tus atributos son Sus atributos y que tu esencia es Su esencia, sin que tú te conviertas en Él ni Él se convierta en ti en lo más mínimo.

Todo pasa, salvo Su rostro, tanto en lo exterior como en lo interior. Esto significa que no hay nada que exista salvo Él. Nada más que Él tiene ser y, por lo tanto, debe desaparecer para que Su rostro permanezca. No hay nada salvo Su rostro.

Es como si una persona que no sabe algo llegara a saberlo. Su existencia no desaparece, sino que desaparece su ignorancia. Su existencia permanece tal y como era, sin ser sustituida por otra, y sin que la existencia de la persona ignorante se sume a la de la persona que sabe ni se mezcle con ella: la ignorancia simplemente desaparece.

No pienses, pues, que necesitas desaparecer, porque si fuera necesario desaparecer, eso significaría que tú eres Su velo. Él estaría, por tanto, velado por algo distinto de Sí mismo. Esto implicaría que algo distinto de Él tuviera poder sobre Él, lo que le impediría ser visto. Eso es un error y una idea errónea. Como ya hemos dicho, Su velo no es otra cosa que Su unidad y Su singularidad. Por eso, a quien ha alcanzado la verdad esencial se le permite decir: Yo soy la verdad o Gloria a mí. Nadie Le ha alcanzado verdaderamente, a menos que vea que sus atributos son los atributos de Dios y que su esencia es la esencia de Dios, sin que su esencia o sus atributos entren jamás en Dios ni salgan de Él, y sin desaparecer en relación con Dios ni permanecer en Dios. Ve que su yo nunca ha sido propio, no es que fuera y luego desapareciera. Porque no hay yo salvo Su yo, y no hay ser salvo Su ser. A esto aludía el Profeta cuando dijo: No maldigáis al tiempo, porque Dios es el tiempo, y Dios, bendito y exaltado sea, no está mancillado por ningún asociado, igual o semejante».

También se cuenta que el Profeta dijo: El Altísimo dice: «Oh, hijo de Adán, estaba enfermo y no me visitaste; tenía hambre y no me diste de comer; te pedí y no me diste...». Esto alude al hecho de que el ser de la persona que pide es Su ser. Cuando se acepta esto, se acepta también que tu ser es Su ser, y que el ser de todas las cosas creadas, ya sean sustancias o accidentes, es Su ser.

Cuando se descubre el secreto de un átomo, se desvela el secreto de todas las cosas creadas, ya sean evidentes u ocultas. No ves los dos mundos como algo distinto de Dios, sin que existan los dos mundos, sus nombres y lo que designan; o mejor dicho, sus nombres, lo que designan y su existencia son Él, sin lugar a dudas. No ves a Dios como alguien que haya creado jamás nada, sino como alguien que se encuentra cada día en una configuración diferente que a veces lo revela y a veces lo oculta, sin ninguna condición, ya que Él es el primero y el último, lo aparente y lo oculto, y tiene conocimiento de todo. Él se manifiesta en Su unidad y se oculta en Su singularidad. Él es el primero en Su esencia y Su autosuficiencia, y el último en Su eternidad. Él es el ser mismo del nombre «el primero» y del nombre «el último», del nombre «lo aparente» y del nombre «lo oculto». Él es Su propio nombre y lo que es nombrado. Así como Su existencia es necesaria, la inexistencia de lo que es distinto de Él es necesaria. Lo que tú crees que es distinto de Él no es distinto de Él. Él está libre de que haya algo distinto de Él. De hecho, lo distinto de Él es Él sin ninguna alteridad, ya sea con Él o en Él, interior o exteriormente.

Quien alcanza esta condición posee innumerables atributos, sin límite ni fin. Del mismo modo que la persona cuya forma física fallece se ve privada de todos sus atributos, ya sean dignos de elogio o de reproche, así también a quien muere en una muerte mística se le retiran todos sus atributos, ya sean dignos de elogio o de reproche, y Dios ocupa su lugar en todos sus estados. La esencia de Dios ocupa el lugar de su esencia y los atributos de Dios ocupan el lugar de sus atributos. Por eso, el Profeta dijo: Muere antes de morir, es decir, Conócete a ti mismo antes de morir. También dijo: Dios dice: «Mi siervo sigue acercándose a Mí con actos libres hasta que Yo lo amo. Y cuando lo amo, soy su oído, su vista, su mano...», lo cual se refiere al hecho de que quien se conoce a sí mismo ve todo su ser como el ser mismo de Dios, sin ningún cambio en su esencia o atributos. No hay necesidad de ningún cambio, ya que esa persona no era la existencia de su propia esencia, sino que simplemente ignoraba el conocimiento de sí misma.

Cuando te conoces a ti mismo, tu egoísmo desaparece y sabes que no eres otra cosa que Dios. Si tuvieras una existencia independiente, no tendrías necesidad de morir ni de conocerte a ti mismo. Serías, por tanto, un señor aparte de Él, pero no hay ningún señor aparte de Dios, bendito y exaltado sea.

El beneficio del conocimiento de uno mismo es saber con certeza que no eres ni existente ni inexistente, que no eres, nunca has sido y nunca serás. De este modo, el significado de No hay más dios que Dios se hace claro: no hay otra divinidad que Él, el ser no pertenece a nadie más que a Él, no hay otro excepto Él, no hay más dios que Él.

Si alguien dice: Haces que Su señorío sea innecesario.

La respuesta es: no hago que Su señorío resulte superfluo, porque Él no ha dejado de ser a la vez gobernante y gobernado, del mismo modo que nunca ha dejado de ser a la vez creador y lo creado, y Él es ahora tal y como siempre ha sido. Su creatividad y Su señorío no necesitan de lo creado ni de lo que está sometido a Él. Cuando dio origen a las criaturas, ya estaba dotado de todos Sus atributos, y Él es ahora tal y como siempre ha sido. No hay diferencia en Su unidad entre lo nuevo y lo eterno: lo nuevo requiere Su manifestación y lo eterno requiere que permanezca oculto. Su exterior es idéntico a Su interior y Su interior es idéntico a Su exterior; Su principio es igual a Su fin y Su fin es igual a Su principio, y todo es uno y el uno es todo. Se le describía como si cada día adoptara una configuración diferente cuando no existía «nada» más que Él. Y Él es ahora tal y como siempre ha sido, ya que, en realidad, lo que no es Él carece de existencia. Al igual que en la eternidad sin principio y en la atemporalidad, Él era cada día de una forma diferente cuando nada existía, así es Él ahora tal y como siempre ha sido, aunque no haya nada ni ningún día, del mismo modo que desde toda la eternidad no ha habido nada ni ningún día. La existencia de las criaturas y su inexistencia son lo mismo. Si no fuera así, se requeriría el origen de algo que no estuviera ya en Su unicidad. Eso implicaría una imperfección, y Su unicidad es mucho más sublime que eso.

Cuando te conoces a ti mismo de esta manera, sin atribuirle a Dios ningún opuesto, semejante, igual o asociado, entonces te conoces realmente a ti mismo. Por eso dijo el Profeta, Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor, y no Quien se despoja de sí mismo, conoce a su Señor, porque él sabía y veía que no hay nada más que Él. A continuación, señaló que el conocimiento de uno mismo es el conocimiento de Dios. En otras palabras, conócete a ti mismo o conoce tu ser, porque tú no eres tú, pero no lo sabes. Es decir, sabe que tu ser no es ni tu ser ni otra cosa que tu ser. No eres ni existente ni inexistente, ni otra cosa que existente ni otra cosa que inexistente. Tu ser y tu no-ser son Su ser, sin ningún ser ni ausencia de ser, porque tu ser y tu no-ser son lo mismo que Su ser, y Su ser es lo mismo que tu ser y tu no-ser.

Así pues, si ves las cosas sin ver nada más con Dios o en Dios, sino que las ves como Él, entonces te conoces a ti mismo, y ese conocimiento de uno mismo es conocimiento de Dios, sin duda ni incertidumbre y sin mezclar lo temporal con lo eterno, ya sea en Él o a través de Él.

Si ahora alguien te preguntara: ¿Cuál es el camino hacia la unión, si afirmas que no hay más que Él, pero una cosa no puede unirse consigo misma?

Entonces, esta es la respuesta: No hay duda de que, en realidad, no existe ni unión ni separación, ni distancia ni cercanía, ya que la unión solo es posible entre dos cosas y, si solo hay una, no puede haber ni unión ni separación. La unión requiere dos cosas que sean o bien similares —en cuyo caso son iguales— o bien diferentes —en cuyo caso son opuestas—. Sin embargo, Él está muy por encima de tener cualquier opuesto o igual. Por lo tanto, la unión reside en algo distinto de la unión, la cercanía en algo distinto de la cercanía y la distancia en algo distinto de la distancia. Hay unión sin unión, cercanía sin cercanía y distancia sin distancia.

Si alguien pregunta: Entendemos la unión sin unión, pero ¿qué significa la cercanía sin cercanía y la distancia sin distancia?

Entonces, la respuesta es: Quiero decir que, en esos momentos de cercanía y de distancia, no eras otra cosa que Dios, pero no te conocías a ti mismo y no eras consciente de que siempre eras Él, sin «tú». Cuando llegas a Dios, es decir, cuando te conoces a ti mismo de una manera que trasciende toda condición, sabes que eres Él, y antes no sabías si eras Él o algo distinto de Él. Cuando te llega el conocimiento, sabes que es a través de Dios que conoces a Dios, no a través de ti mismo.

Supongamos, por ejemplo, que no sabes que tu nombre es Mahmud, o que lo que tu nombre designa (tu «nombrado») es Mahmud —pues el nombre y el nombrado son, de hecho, una y la misma cosa— y que crees que tu nombre es Muhammad. Si luego descubres que en realidad eres Mahmud, no dejas de ser quien eras. El nombre Muhammad simplemente te es quitado debido a tu conocimiento de ti mismo de que eres Mahmud y que solo eras Muhammad al dejar de ser tú mismo. Porque dejar de ser presupone la afirmación de la existencia de lo que es distinto de Él, y entonces quien afirma la existencia de lo que es distinto de Él le ha atribuido un asociado. A Mahmud no se le ha quitado nada: Muhammad no se disolvió en Mahmud y Mahmud no entró en Muhammad ni salió de él, ni tampoco se encarnó Mahmud en Muhammad. Cuando Mahmud se conoció a sí mismo, que era Mahmud y no Muhammad, se conoció a sí mismo a través de sí mismo y no a través de Muhammad. Porque Muhammad nunca existió, así que ¿cómo podría conocerse algo a través de él?

Por lo tanto, el que conoce y lo conocido, el que llega y aquello a lo que llega, y el que ve y lo visto son uno. «El que conoce» es Su atributo y «lo conocido» es Su esencia, y «el que llega» es Su atributo y «a lo que llega» es Su esencia. De hecho, el atributo y aquello a lo que se atribuye son uno. Esa es la explicación del dicho: Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor.

Quien comprenda este ejemplo sabrá que no hay unión ni separación. El que conoce es Él y lo conocido es Él, el que ve es Él y lo que se ve es Él, el que llega es Él y aquello a lo que llega es Él. Nadie más que Él alcanza la unión, nadie más que Él se separa de Él. Quien comprenda esto se libera del politeísmo del politeísmo, y quien no lo haya comprendido no ha respirado el aroma de esta libertad del politeísmo.

La mayoría de «los que saben», que creen conocerse a sí mismos y a su Señor, y que se creen libres de las ataduras de la existencia, afirman que el camino solo puede recorrerse mediante la desaparición, y luego mediante la desaparición de la desaparición. Esto se debe a que no comprenden las palabras del Profeta y, creyéndose libres del politeísmo, aluden a veces a la negación de la existencia, es decir, a la desaparición de la existencia; a veces, a la desaparición de la desaparición; y a veces, a la extinción o la aniquilación. Todas estas expresiones son politeísmo puro, porque quien acepta que podría haber algo distinto de Él que sea posteriormente capaz de desaparecer, y luego de desparecer de la propia desaparición, afirma que hay algo distinto de Él, y quien afirma eso es un politeísta. Que Dios los guíe a ellos y a nosotros por el camino recto.

Creías que eras tú,
pero no eres tú y nunca lo fuiste.
Porque si fueras tú, serías un señor
y el segundo de dos. Deja de pensar en lo que pensabas.
Entre Su ser y tu ser no hay diferencia.
Él no es diferente de ti ni tú de Él.
Si dices en tu ignorancia que eres otro, eres obstinado,
pero si tu ignorancia desaparece, eres sumiso.
Pues tu unión es separación, tu separación unión,
Y tu distancia es cercanía—a través de eso te vuelves apto.
Abandona el intelecto y comprende a la luz del desvelamiento,
Para que lo que estás salvaguardando no se te escape.
No te rebajes asociando a otro con Dios,
Pues asociar a otro con Dios es rebajarse.

Si alguien dice: Tú afirmas que el conocimiento de uno mismo es el conocimiento de Dios, pero quien se conoce a sí mismo es distinto de Dios. Entonces, ¿cómo puede lo que es distinto de Dios conocer a Dios y alcanzar la unión con Él?

La respuesta es: Quien se conoce a sí mismo sabe que su ser no es su ser, ni algo distinto de su ser, sino que es el ser mismo de Dios, sin que su ser se convierta en el ser de Dios, ni entre en Dios, ni salga de Él, y sin que su ser exista junto a Él o en Él. Ve su ser tal y como era antes de venir a la existencia, sin necesidad de desaparición, de desvanecimiento ni de que la desaparición misma desaparezca. Pues el desaparecer de algo implica que existía previamente y eso, a su vez, implica que existe por sí mismo y no por el poder de Dios, lo cual es claramente imposible. Es evidente que el conocimiento que el conocedor tiene de sí mismo es el conocimiento que Dios tiene de Sí mismo, porque su yo no es otro que Él.

Con la palabra «yo», el Profeta se refería al «ser». El ser de quien alcanza este nivel espiritual ya no es su propio ser, ni interior ni exteriormente, sino el ser mismo de Dios. Sus palabras son las palabras de Dios, sus acciones son las acciones de Dios y su pretensión del conocimiento de Dios es su pretensión del conocimiento que Dios tiene de Sí mismo a través de Sí mismo. Pero tú oyes esta afirmación como si proviniera de esa persona, ves sus acciones como si provinieran de ella, la ves como distinta de Dios, del mismo modo que te ves a ti mismo como distinto de Dios debido a tu ignorancia de tu verdadero ser. Pues el fiel es el espejo del Fiel, por lo que él es Él en Su ojo, es decir, a través de Su mirada. Porque si su ojo es el ojo de Dios y su mirada es la mirada de Dios, sin ninguna condición, él no es Él a través de tu ojo o de tu conocimiento, entendimiento, imaginación, pensamiento o visión, sino que es Él en Su ojo, Su conocimiento y Su visión. Entonces, si él dice Yo soy Dios, escúchalo, porque es Dios quien está diciendo Yo soy Dios, no él. Pero tú no has llegado al punto al que él ha llegado, ya que si hubieras llegado a él, comprenderías lo que él dice, dirías lo que él dice y verías lo que él ve.

En resumen, la existencia de las cosas es Su existencia, sin que ellas existan. Pero no caigas en la confusión y no dejes que estas alusiones te lleven a imaginar que Dios es creado. Uno de los sabios ha dicho: El sufí es increado. Así es tras el completo desvelamiento y la disipación de las dudas y las conjeturas. Pero este alimento espiritual solo es para quien tiene una naturaleza más amplia que los dos mundos. En cuanto a quien tiene una naturaleza tan limitada como los dos mundos, no es adecuado para él, pues es más grande que los dos mundos.

Por último, debes saber que el que ve y lo visto, el que encuentra y lo encontrado, el que conoce y lo conocido, el que crea y lo creado, el que percibe y lo percibido son uno. Él ve, conoce y percibe Su ser por medio de Su ser, más allá de cualquier forma de visión, conocimiento y percepción, y sin que exista la forma de la visión, el conocimiento y la percepción. Así como Su ser está más allá de toda condición, también la visión, el conocimiento y la percepción que Él tiene de Sí mismo carecen de condición.

Si alguien pregunta: ¿Cómo ves todas las cosas repulsivas y deseables? Por ejemplo, cuando vemos estiércol o carroña, ¿decimos que es Dios?

Entonces la respuesta es: Dios no permita que Dios, que es exaltado y santificado, sea tal cosa. Nuestra conversación es con aquellos que no ven el estiércol como estiércol, ni la carroña como carroña. Solo hablamos con aquellos que están dotados de visión interior y no con aquellos que son ciegos interiormente. Cualquiera que no se conozca a sí mismo es ciego y no ve. Hasta que su ceguera y su falta de visión desaparezcan, no comprenderán estos significados. Nuestra conversación es con Dios, no con otro que no sea Dios ni con los ciegos de corazón. Quien alcanza esta estación espiritual sabe que no es otro que Dios. Estamos hablando con aquellos que tienen determinación y energía en la búsqueda del conocimiento de sí mismos para conocer a Dios, y que mantienen fresca en su corazón la imagen de su búsqueda y anhelo de unión con Dios, y no con aquellos sin meta ni intención.

Si alguien objeta: Dios ha declarado que Los ojos no lo perciben a Él, pero Él percibe los ojos; Él es el sutil y el omnisciente, y sin embargo tú sostienes lo contrario, por lo que lo que dices no es cierto.

Entonces la respuesta es: Todo lo que estamos diciendo es el significado mismo de las palabras de Dios: Los ojos no le perciben, pero Él percibe los ojos, es decir, no existe nadie más, por lo que nadie tiene una visión capaz de percibirlo.

Si fuera concebible que existiera alguien distinto de Él, se deduciría que ese otro podría percibirlo. Pero Dios nos ha revelado en Su dicho Los ojos no lo perciben que no hay otro más que Él. Esto significa que nadie más que Él lo percibe; es decir, quien lo percibe es Él mismo. No hay otro más que Él. Él es quien percibe Su esencia, y no otro. Los ojos no lo perciben porque no son más que Su ser. Quien sostenga que los ojos no lo perciben porque son transitorios y lo transitorio no puede captar lo eterno y lo perdurable, aún no se conoce a sí mismo. Pues no hay nada, y no hay ojos que no sean Él. Él percibe Su propio ser sin la existencia de la percepción, sin condición y sin otro.

Conocí al Señor a través del Señor, sin duda ni incertidumbre.
Mi esencia es, en realidad, Su esencia, sin carencia ni imperfección.
No hay alteridad entre ellos, y mi ser es el lugar donde lo invisible se manifiesta.
Desde que me he conocido a mí mismo sin mezcla ni mancha, he alcanzado la unión con mi amado, sin distancia ni cercanía.
Recibí un regalo desbordante sin dar ni mezclar nada.
Mi ser no se desvaneció en Él, ni permanece quien se desvaneció.

Si alguien pregunta: Tú afirmas a Dios y niegas la existencia de todo lo demás, entonces ¿qué son estas cosas que ves?

La respuesta es la siguiente Estas palabras están dirigidas a quienes no ven nada más que a Dios. No entramos en discusión con quienes ven algo distinto de Dios, pues ellos solo ven lo que ven. Quien se conoce a sí mismo no ve nada más que a Dios, pero quien no se conoce a sí mismo, no ve a Dios. Cada recipiente solo irradia lo que hay en su interior. Ya hemos explicado mucho y, si explicáramos más, quien no ve seguirá sin ver, entender ni comprender; pero quien ve, ya ve, entiende y comprende. Una pista basta para quien ha alcanzado la unión. En cuanto a quien aún no ha alcanzado la unión, no la logrará mediante la enseñanza teórica, la instrucción, la repetición, la razón o el aprendizaje, sino únicamente poniéndose al servicio de un maestro eminente que ya la haya alcanzado y de un sabio instructor, siguiendo el camino espiritual para dejarse guiar por su luz y avanzar gracias a su voluntad espiritual, y alcanzando así lo que busca, si Dios quiere.

Que Dios nos conceda el éxito en lo que Él ama y en lo que Le complace, tanto en palabras como en obras, en el conocimiento y en la práctica, en la luz y en la guía. Él tiene poder sobre todo y es capaz de responder a toda petición. No hay poder ni capacidad salvo en Dios, el sublime, el magnífico.

Que la paz y las bendiciones sean con el Profeta,
su familia y sus amigos.