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Los resultados de ver lo que realmente somos (Parte 2)

por Douglas Harding
Extraído de: the toolkit for testing the incredible hypothesis

Resultados individuales

Douglas Harding

¿Qué puede hacer por nosotros esta meditación ordinaria de doble dirección? ¿En realidad, supone alguna diferencia? Dicho con otras palabras, ¿qué ventajas conlleva comenzar a implementar nuestra hipótesis en lugar de considerarla como algo meramente hipotético? No cabe duda de que la historia personal de cada practicante es única y de que debemos esperar muchas sorpresas. Por eso, el siguiente relato —escrito en el año 1970 y basado en la experiencia de casi una década de un grupo de practicantes limitado (pero en rápido crecimiento)— es, necesariamente, provisional y parcial y ha de ser verificado y completado por todos los que sienten que merece la pena seguir y practicar este mensaje.

En la medida en que seguimos viendo de manera clara y estable nuestra propia Naturaleza, eso que hay simplemente aquí y ahora, ocurre lo siguiente:

NUESTROS SENTIDOS DESPIERTAN
Colores, texturas, sonidos, sabores, olores y el resto de las sensaciones asumen un nuevo brillo, agudeza y novedad, que contrasta poderosamente con la simplicidad del Fondo. Por ejemplo, es normal (incluso al principio de la visión) que los colores —como las luces del tráfico, los cárteles de neón de las ciudades por la noche y sus reflejos sobre el pavimento mojado o los laterales de los taxis— nos resulten increíblemente resplandecientes y bellos.

EL CORAZÓN SE ABRE AL MUNDO
Cuanto más cuido de la Frescura aquí, mejor cuido también de la Calidez ahí. No es que sienta más amor (mi amor se dirige hacia ti porque no puede ser retenido aquí), sino que te veo más digno de ser amado. Mis sensaciones, que ahora se adhieren a los objetos en lugar de al Sujeto (quien no encuentra nada aquí donde poder adherirlas), se convierten en sensaciones reales y espontáneas y dejan de ser montajes o maquinaciones sentimentales. [Ese] descubrimiento... se extiende a todas las facetas de la vida. Al dejar de cultivar mis propios estados y de solazarme en ellos —un hábito absurdo, ansioso y autoderrotista— soy libre, a la postre, para disfrutar de las personas y del mundo tal y como aparecen, desde su Fuente Vacía. Dicho de otro modo, mi mente, con todos sus pensamientos y sentimientos, pasa a ser centrífuga. Cuando la mente deja de ser una pequeña posesión local, privada, personal y desgajada del universo que esta ahí y proyectada fuera de su caja cerebral (¡como si eso fuese posible!), se funde con el universo y es elevada a la altura de los cielos. Así visto, el mundo es el mismo viejo mundo y, sin embargo, completamente diferente, puesto que está lleno de una mente y de un significado que ya no abstraigo de él. Es una totalidad completa porque no intento apropiarme de ninguna de sus partes. Es sano. Tiene sentido. Es digno de amor.

LA MENTE DESPIERTA
Experimentamos las ideas, la inspiración, la guía constante y el flujo sin obstrucción, procedentes de la Fuente, como si careciesen de mente en sí mismas. Paradójicamente, para ser verdaderamente creativos, para poder ser perspicaces sobre las cosas de ahí, necesitamos ser conscientes aquí, vacíos de cabeza, sin cráneo, sin ideas, en blanco.

LOS PROBLEMAS COTIDIANOS VAN RESOLVIÉNDOSE
Éstos abarcan desde encontrar un sitio para aparcar hasta decidir dónde vamos a vivir, desde cómo deshacernos de los ratones hasta el modo de relacionarnos con nuestra suegra. La solución radica en ver Quién tiene esos problemas. En tal caso, son obviados más que abolidos, asentados más que resueltos. Pero en ese asentamiento reside, de hecho, su solución ya que nos desprendemos de todos ellos. Prestando atención a nuestro propio Negocio interno, apreciamos con mayor interés los eventos externos. El resultado puede ser sorprendente, misterioso e incluso chocante y absurdo pero, a la larga, evidencia una sabiduría y una extraña presciencia que sobrepasa a la comprensión humana. Cuando a la postre —confusos y agotados— tenemos el buen criterio de renunciar a nuestro ordenador humano (que sólo es capaz de computar una mínima fracción de datos relevantes) en favor del Ordenador Universal, del Vacío en sí (que puede procesar la totalidad de los datos), las respuestas que obtenemos son las correctas. Ningún ser humano, salvo Aquel que vive en todos los seres humanos, es capaz de saber qué es lo mejor. De ese modo, cuando renunciamos a nuestro yo imaginario descubrimos nuestro Yo real. La respuesta radical a todos los problemas reside en no perder de vista a este Yo bajo ninguna circunstancia.

Con independencia de cuál sea el problema que se manifieste ahí, la solución siempre está aquí, a una distancia de ciento ochenta grados del problema. Los enfoques unidireccionales nunca son válidos. Por ejemplo, el problema de Perseo era Medusa porque su mera visión convertía en piedra al espectador, de modo que se dio la vuelta y la miró de manera indirecta, reflejada en el escudo que le había proporcionado la Diosa de la Sabiduría, y así pudo salvarse. De igual manera, el mundo y sus caras dejan de petrificarnos —de convertirnos en la tercera persona, en una cara entre otras caras y en un objeto entre objetos— cuando nos volvemos a lo que es capaz de reflejar al mundo con toda claridad. Sólo la primera persona —la Vacuidad— puede relacionarse con la segunda y la tercera persona y con el resto de las cosas.

LE PRESTAMOS ATENCIÓN ESPONTÁNEAMENTE
Sólo la No-mente puede relacionarse con la mente, tanto consciente como inconsciente. Otro mito antiguo expresa esta cuestión de manera muy hermosa. Un rey oriental envió a su hijo a Egipto a la búsqueda de la Perla del Conocimiento. Pero cuando llegó allí y comió la comida y vistió la ropa de los egipcios, se olvidó completamente de Quién era y del motivo que le había llevado a Egipto. Al enterarse de la situación, su Padre le envió un ave mensajera para recordárselo y el Príncipe reemprendió la búsqueda de la Perla. Por último, supo que ésta se hallaba en el fondo de un lago, custodiada por una terrible serpiente. De modo que, después de engañar al monstruo, se zambulló en el lago, cogió la Perla y volvió con ella a la casa de su Padre, invistiéndose en el camino de la túnica azul del firmamento estrellado.

Adviértase que el Príncipe no ignora ni se enfrenta a la serpiente (su propia naturaleza inconsciente, demoníaca y animal) sino que utiliza una estratagema. Si luchamos con la serpiente (como ocurre con la disciplina moral directa), siempre estamos a punto de vencerla pero nunca lo conseguimos realmente. Si nos hacemos amigos de la serpiente y parlamentamos con ella (como en las muchas variedades de exploración y análisis psicológico), podemos aficionarnos al diálogo y mantenerlo indefinidamente, sentándonos mientras tanto cómodamente encima de la Perla. Pero si, al igual que nuestro héroe, cuando divisamos la Perla, engañamos a la serpiente hasta alcanzar finalmente nuestro objetivo, entonces, estamos dotados con el perfecto poder seductor capaz de domar dragones. La espada de la disciplina tan sólo le estimula y produce arañazos y, por su parte, las propuestas amistosas sólo sirven para seguir hablando sobre la vida. Sin embargo, el dragón respeta el Talismán del Conocimiento. Por eso, no permite que nadie lo ignore (muy al contrario), ni puede ser convertido de la noche a la mañana en un gatito (de hecho, puede ser muy violento si se percata de que ha perdido su Joya), pero sabe quién es su Dueño y el modo de servirle.

Tomemos cualquier problema psicológico, grande o pequeño, como por ejemplo la irritabilidad, la mezquindad, el miedo a las arañas, a las alturas o la ansiedad que me produce el no amar lo suficiente. La curación de ese problema no consiste en salir fuera de mí mismo, ni en esconderme de él dentro de mí mismo, sino en afrontarlo desde Uno mismo, observarlo desde Aquí, verlo conscientemente desde este Hogar libre de problemas cuyas ventanas permanecen despejadas y abiertas de par en par sobre la escena problemática. Como siempre, la solución reside en mirar en ambas direcciones al unísono, en ver simultáneamente lo que estamos mirando y a Aquel que está mirando, la cara y la no-cara, la cosa y la no-cosa, el problema y el no-problema. Esta terapia funciona porque se adecua a los hechos, porque en realidad nunca podemos abandonar nuestro Hogar, ni desviar la visión de nuestro Hogar, ni alejarnos de él.

DEJAMOS DE JUGAR
El impulso básico que anima los juegos tragicómicos en que nos implicamos es la pretensión de que hemos abandonado nuestro Hogar, situándonos imaginariamente fuera de él y volviéndonos hacia nosotros mismos para ponernos una cara encima o para ponernos la máscara de algún acto en particular en beneficio de la audiencia. La cura fundamental consiste en vernos a nosotros mismos en nuestro propio Hogar y vivir aquí sin rostro, vivir desde dentro hacia el exterior, es decir, vivir para expresar y no para impresionar. Lo que la gente haga con nosotros entonces es su problema; el nuestro es el Vacío y la gente que Lo llena. Para percibirlos como personas libres de juegos, sinceras, naturales y reales, sólo tenemos que atender a la Nada aquí dejando que el edificio —el desarrollo desde la Fuente Vacía aquí hasta sus efectos locales en las otras personas— se desarrolle por sí solo. Interesarnos por nuestra propia imagen equivale a expoliarla. Proyectar deliberadamente un yo equivale a proyectar un yo falso. Mientras vemos lo que realmente somos, estamos libres de juegos pero, cuando Lo obviamos, como mínimo estamos jugando el Juego de la Cara y, muy probablemente, también algunos de sus derivados.

ENCONTRAMOS LA PAZ MENTAL
En el Centro reside siempre la perfección y, fuera del Centro, siempre hay imperfección. En tanto que ser humano, el hombre es incompleto y la Visión de lo que realmente es no puede convertir a un ser humano en un ángel ni transformar la sociedad humana en una utopía y, mucho menos, en el Cielo. Si persistimos en ella, los efectos de la visión ciertamente se toman evidentes en nuestra personalidad y en nuestro entorno, pero varían considerablemente y, con frecuencia, nos parecen muy escasos. Sólo hay una cosa en la que podemos confiar en todas circunstancias y es el Centro de la Paz. El veedor puede encontrarse frecuentemente en un mundo problemático, desconcertante, triste y trágico pero nunca pierde (al menos mientras está viendo) la paz mental. La ansiedad básica se esfuma. Esa Visión es, de hecho, la Paz misma. Él permanece en reposo.