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Extractos - Yassine Bendriss

Shiva - el poder del Dios oculto

por Yassine Bendriss Introducción al libro: shiva - el poder del dios oculto
Shiva - el poder del Dios oculto

Encontramos claramente expresada en los Upanishads (y ampliada en los Puranas) la doctrina de la realidad suprema impersonal que es lo Absoluto exento de modalidades (Nirguna-Brahman) y la de su personificación en una Divinidad única y suprema, Ishvara, el Señor. Dios, siendo la causa primera que hace aparecer, mantiene y reabsorbe el Universo en su propia sustancia, es visto bajo una trinidad de aspectos principales, que constituye su "triple forma", Tri-murti. El Uno se divide en una trinidad de personas divinas: Brahma, el Creador; Vishnu, el Mantenedor y Rudra (Shiva), el Destructor del Universo manifestado.

Brahma es Ishvara en tanto que Principio proyector de los seres manifestados y productor de los elementos que constituyen el Universo. Es llamado así porque hace reflejar el principio supremo (Brahman) en el orden de la manifestación. Él es el autor de una manifestación que es expresión de sí y reflejo de lo no manifestado.

Vishnu, segunda persona de la trinidad, es Ishvara en tanto que Principio animador y conservador de los seres y del cosmos.

El tercer rostro de Dios, complementario de los dos precedentes, es Rudra, que es Ishvara en tanto que Principio transformador que reabsorbe los seres en sí mismo. Bajo su aspecto terrible es llamado Rudra; bajo su aspecto bienhechor y propiciatorio es llamado Shiva.

Él preside el paso "más allá de la forma", que no aparece como una destrucción más que desde el punto de vista limitado de los seres vivos. Es la disolución de lo manifestado en lo no-manifestado, por la cual se efectúa la vuelta a la inmutabilidad eterna del Principio supremo.

La comprensión y la adoración de estas tres funciones de la Potencia divina ―gracias a la cual el mundo llega a la existencia, permanece y vuelve a Dios periódicamente―, constituye la "triple ciencia" védica.

Brahman, la Realidad suprema, no puede ser definido, aprehendido por el lenguaje, ni siquiera concebido por el alma humana, aunque puede ser conocido unitivamente por la experiencia espiritual directa. En sí mismo es inconcebible, y tiene que ser aproximado por la ciencia apofática (neti, neti: no es esto, ni lo otro, ni nada que pueda ser afirmado). Pero con relación a la manifestación, Brahman es "aquello de lo cual todos los seres han surgido, aquello gracias a lo cual existen, y aquello a lo cual vuelven (en la muerte)". Esas son sus tres funciones cósmicas. Las tres funciones de creación, preservación y disolución están presentes a escala universal lo mismo que en cada ser vivo o en cada átomo.

En tanto que Brahma, Ishvara preside la liberación de las fuerzas constructoras del Universo a partir del Uno no manifestado.

En tanto que Vishnu, gobierna todo desde el interior, opera la integración y el sostenimiento de todas las fuerzas en un equilibrio estructurado y moviente.

En tanto que Rudra (Shiva), vigila la vuelta y reabsorción de la manifestación en su fuente original.

Cada uno de los tres Dioses representa una dimensión de lo sagrado. Cada Persona de la Trimurti puede llegar a ser objeto único de culto y de adoración, subordinando a ella las dos restantes. Cada uno de los Dioses puede ser contemplado como Ishvara trabajando en una de sus funciones providenciales.

El Shivaismo es la religión en la que la preeminencia se da a la tercera persona de la trinidad, Rudra-Shiva, y en la que Brahma y Vishnu son considerados como aspectos secundarios.

Shiva (la Consciencia) posee ocho características que son sus perfecciones:

  • Ser por sí mismo; independencia.
  • Inmutabilidad; no está sujeto al cambio.
  • Conocimiento directo; sin intermediación de ningún medio.
  • Omnisciencia; su conocimiento se extiende a todas las cosas.
  • Pureza absoluta, ausencia de imperfección, inaccesible a las limitaciones.
  • Benevolencia absoluta, o gracia.
  • Omnipotencia.
  • Felicidad.

En realidad, Shiva (la Consciencia) es el lugar y la fuente de todas las cualidades bellas, buenas y dichosas, de todas las excelencias, de todos los atributos benéficos. En Él todas las cualidades son llevadas a su perfección.

El término más general que se puede emplear para indicar su presencia es "Ser" (Sat). Sólo Dios "es", Él es plenitud del Ser, mientras que todas las otras entidades están movidas por el devenir y no hacen más que existir para a continuación perecer o desaparecer. Él es también "Consciencia" (Chit), Consciencia pura sin ninguna huella de inconsciencia. El Ser y la Consciencia son como el sol y su luz. No solamente Shiva es Chit, una Consciencia, sino que solamente es eso; Consciencia. El nombre de Shiva indica que Él es supremamente benéfico, la fuente de la Beatitud (Ananda). El nombre de Hara, "aquel que levanta", designa su naturaleza redentora: Él limpia todas las impurezas del alma y la salva del perpetuo retorno en la rueda de la transmigración (samsara).

A pesar de que usualmente se emplee la forma masculina Shiva, Dios no es masculino y no es sino por convención por lo que le llamamos "Él". Podríamos también llamarle "Ella" o "Ello", ya que en la manifestación aparece bajo las tres formas de "El", "Ella", y "Ello"; masculino, femenino y neutro; Shiva (m), Sivâ (f) y Sivam (n). El contiene en sí mismo la naturaleza masculina, la naturaleza femenina y lo que es neutro.

Shiva es calificado de Nirguna, "trascendiendo las cualidades", más allá de toda determinación, no porque esté desprovisto de atributos y de cualidades, sino porque no está afectado por las tres cualidades o gunas de la manifestación: Satva, Rajas y Tamas; inteligencia, dinamismo e inercia, o también, luminosidad, movimiento e inconsciencia.

Shiva es a la vez inmanente en el Universo y trascendente. Se manifiesta bajo la forma del Universo, y penetra todo pero, al mismo tiempo, es más que el Universo. Constituir la manifestación del Universo no agota su naturaleza. Transciende el Universo, siendo al mismo tiempo la base de este. En tanto que sobrepasa todo lo que es manifestado, no puede ser percibido por los sentidos ni captado por la mente. En tanto que trascendente, no tiene nombre, ni forma, ninguna marca ni ninguna característica que pueda definirlo o imponerle límites. No tiene comienzo ni fin. Está en calma, sin deseo ni cólera. Es el Absoluto indivisible, sin partes, siempre en unión con su Shakti, su Potencia.

Shiva detenta cinco funciones. Estas son: el oscurecimiento, la creación, la preservación, la destrucción y la gracia. De estas funciones, las cuatro primeras tienen por finalidad última la gracia. El plan grandioso del Universo es la liberación del alma por una lluvia de gracia divina. Los ciclos cósmicos que gobiernan la evolución del mundo son el resultado del libre juego (Lîlâ) de Shiva.

Las almas son por naturaleza infinitas, consciencia pura (Chit), sin forma, omnipresentes y omniscientes, pero esta naturaleza verdadera no aparecerá más que en el estado de Liberación, ya que las almas están asociadas con una impureza fundamental, que las vuelve ignorantes y constituye el primer apego que las esclaviza. Esta impureza innata, esencial, como la ignorancia metafísica fundamental (avidya) en el Advaita, tiene el efecto de atomizar la consciencia y velarle su verdadera naturaleza, hacerle verse como un átomo, una entidad finita, limitada, impotente. Esta impureza es una realidad efectiva sin comienzo que envuelve al alma, actúa como un velo y oscurece su visión. Recubierta de esta impureza, el alma está en un estado de aislamiento anterior a la entrada en la manifestación.

Para hacerla salir de ese estado de cerrazón y de impotencia, Shiva crea el mundo y hace entrar el Atman en un cuerpo y en un Universo producido por la Maya, siendo esta dinamizada por la Potencia (Shakti) de Consciencia del Señor.

El alma queda entonces encerrada por lazos suplementarios, causados por su asociación con la Maya. Pero, al mismo tiempo, el alma adquiere condiciones, un cuerpo y un espíritu que pueden servirle de instrumentos para su Liberación. Entra el alma en el ciclo transmigratorio.

Sin embargo, por el "desgaste" de las existencias sucesivas, la impureza va madurando, y la aspiración a la Liberación aparece. La iniciación hace entrar al ser humano en la vía shivaita y pone a su disposición una gran riqueza de medios de salvación. Esta abundancia de medios está repartida en cuatro tipos de disciplinas.

  1. Antes que nada el fiel shivaita debe adoptar un comportamiento justo, actuar de manera justa, leal y generosa. Debe poner en práctica las enseñanzas éticas. Eso implica también la frecuentación de las personas de bien y los trabajos humildes, como barrer el suelo en los templos, recoger flores para el culto y otros gestos benévolos. A esto se le llama dasa-marga, "la vía del servidor". El objetivo que se alcanza es salokya: "estar en el mismo mundo que Dios".
  2. La segunda etapa es la vía de la adoración ritualizada, que se caracteriza por los actos de adoración prescritos por los textos que tratan sobre el ritual. A pesar de que sean de naturaleza exterior, estos actos son acompañados de un sentimiento íntimo de la presencia de Dios, análogo al que un niño puede sentir hacia su padre. Esta vía, llamada sat-putra-marga, "la vía del verdadero hijo", nos lleva a samipya, "el sentimiento de la proximidad de Dios".
  3. La tercera disciplina es el yoga, palabra que significa "unión, "reunión". Este método pone en funcionamiento todos los medios yóguicos, que desembocan en la contemplación y en la adoración interior. El fiel en esta vía se acerca todavía más a Dios y llega a ser como un amigo con su amigo. Es por esto que es llamada "la vía del amigo" (sakha-marga), y su objetivo es sarupya: "alcanzar la misma naturaleza que Dios".
  4. Pero estos tres tipos de prácticas no constituyen más que estadios preparatorios en el camino del alma hacia la perfección. Ellas hacen al alma capaz de realizar el último salto hacia lo Absoluto que consiste en jñana, Conocimiento liberador. La realización de la doctrina metafísica es llamada sam-marga, porque lleva al alma directamente al Ser (Sat) que es Dios. Esta realización permite llegar al objetivo más elevado de la existencia humana: la unificación con la Divinidad. La liberación total sitúa al Atman en el estado de pureza en el que no se percibe ya diferente de Shiva.