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Extractos - Loch Kelly

Por qué no reconocemos la consciencia despierta

por Loch Kelly Extracto de su libro: salto a la libertad
Loch Kelly

Si la consciencia despierta es algo que todos hemos experimentado, si está tan cerca y es tan accesible, ¿por qué no estamos más familiarizados con ella? ¿Cómo podemos haberla pasado por alto? ¿Porqué no hemos sido capaces de acceder a ella voluntariamente? Si la consciencia despierta tiene tantos beneficios, ¿por qué no consideramos que sea el componente primordial de nuestra configuración psicológica?

La tradición budista tibetana shangpa kagyüí nos ofrece una respuesta poética a la pregunta de por qué no reconocemos la consciencia despierta. No la reconocemos porque:

Está tan cerca que no podemos verla.
Es tan sutil que la mente no puede conocerla.
Es tan sencilla que no podemos creerla.
Es tan buena que no podemos aceptarla.

Somos tan inteligentes, y nuestras vidas son tan complejas, que se nos hace difícil creer que el solo hecho de descubrir la consciencia despierta puede constituir la solución a nuestro sufrimiento. También nos cuesta creer que el descubrimiento más importante ya esté en nuestro interior; que no necesitemos emprender una odisea para encontrarlo, conseguirlo o desarrollarlo. Estamos tan acostumbrados a conocernos a nosotros mismos a través de nuestros problemas y dificultades, de nuestros dramas y obsesiones, que se nos hace difícil aceptar que la consciencia despierta ―la cual constituye nuestra verdadera naturaleza y nuestra bondad básica― sea nuestra verdadera identidad.

El obstáculo principal que nos impide aliviar nuestro sufrimiento es nuestra identidad actual, que Einstein llamó "ilusión óptica de la consciencia". Paradójicamente, esta misma identidad está intentando resolver el problema de nuestro sufrimiento. Parece una identidad muy real; la experimentamos como un yo separado que está ubicado dentro de la cabeza. Pero tanto la sabiduría antigua como la neurociencia moderna están de acuerdo actualmente en que no hay ningún lugar en el cerebro en el que se aloje la entidad separada que denominamos "yo". Se considera que el hecho de vivir como si existiera un yo separado dentro de la cabeza es tener una identidad equivocada, y esta es la causa del sufrimiento. Llamaremos identificación con el ego al procedimiento por el cual nos remitimos a este yo.

Nuestra falsa identidad mantiene la coherencia de las historias que nos contamos a nosotros mismos según las cuales somos unos inútiles que no merecemos ser amados ―historias que tienen su origen en la vergüenza―. Pero podemos liberarnos de los sentimientos de falta de valía por medio de acudir a la consciencia despierta. La identificación con el ego es solamente una forma limitada de organizar la propia identidad. La identificación con el ego no consiste en que "tú" te identificas con "tu ego"; es más bien un patrón de consciencia constituido por pensamientos y por las funciones del ego (como la búsqueda y la protección) que se forma durante nuestro desarrollo biológico temprano. Una vez que este patrón de identificación con el ego empieza a generar la sensación de que este tiene unos límites físicos, concebimos que nuestra identidad se aloja en un determinado lugar.

No hay que confundir la identificación con el ego con nuestra personalidad, ni con nuestra historia personal, ni con las funciones de nuestro ego. El hecho de confundir las funciones del ego (aquello que hacemos) y la auto-consciencia (la capacidad de pensar que estamos pensando) con nuestra identidad (quiénes somos) está en la raíz de este tipo de sufrimiento existencial. La identificación con el ego es un patrón mental de la consciencia que nos hace experimentar la sensación de que tenemos un "mini yo" dentro de nuestras cabezas. No hay que luchar contra este yo, ni reprimirlo, ni extinguirlo, ni negarlo, ni matarlo. Cuando descubrimos que la consciencia despierta es nuestra verdadera identidad, no pasamos a ser unos don nadie, o unos ángeles,o unos holgazanes. En lugar de ello, nuestro ego pasa a realizar las funciones que le corresponden, sin más; deja de extralimitarse y acaparar nuestro sentido de la identidad...

Cuando dejamos de identificamos con el ego y, posteriormente reconocemos que la consciencia despierta constituye el fundamento de lo que somos, sentimos que no hay nada que tengamos que conseguir ni nada de lo que tengamos que librarnos con el fin de sentirnos bien en cuanto a nuestra identidad. No descubriremos la libertad y el amor por medio de acotar nuestras necesidades físicas; ni por medio de cultivar una mente más fuerte, calmada y enfocada; ni por medio de intentar obtener seguridad y éxito en el mundo. El hecho de mover piezas por el tablero de ajedrez de nuestras mentes no acabará con nuestra confusión ni con nuestro sufrimiento; para lograr esto debemos dejar de identificamos con el ego y pasar a vivir desde la consciencia despierta...

Puede parecer que la consciencia despierta sea una experiencia nueva; sin embargo no es un estado alterado, ni trascendente, ni siquiera meditativo. Es nuestra naturaleza innata y verdadera, y siempre está aquí. Cuando estemos situados en la consciencia despierta nos daremos cuenta de que el estado alterado es, en realidad, la identificación con el ego. Al reconocer la consciencia despierta nos des-hipnotizamos del trance de la identificación con el ego.

 

Muchos de nosotros hemos intentado encontrar la consciencia despierta. Hemos intentado ser merecedores de ella por medio de buenas acciones, o hemos intentado alcanzarla por medio de la meditación, o hemos rogado que se nos concediese. Algunos creen que solamente está al alcance de los individuos muy evolucionados; otros creen que solo aparece por suerte o por medio de una especie de gracia que o bien se nos concede o bien está ausente de nuestras vidas. Cuando desaparece la ofuscación de la identificación con el ego, puede parecer que la gracia o la consciencia despierta han estado ausentes y luego han llegado desde algún sitio. Pero ¿y si la consciencia despierta no se consigue por medio de las buenas acciones ni le es dada solamente a unos pocos afortunados? ¿Y si nunca está ausente y, por lo tanto, no aparece y desaparece? ¿Y si está siempre aquí, inherente a cada uno de nosotros? Podemos crear las condiciones favorables a la gracia por medio de acostumbramos a abrimos a la gracia que siempre ha estado aquí, dentro de nosotros y a nuestro alrededor...

Muchos que han anhelado la consciencia despierta y se han esforzado por conocerla no lo han logrado, no por falta de deseo o compromiso, sino porque no sabían dónde buscar o con qué mirar. Una de las razones de que no podamos encontrarla, verla o conocerla es que la Consciencia despierta no es "algo". La consciencia despierta no es un objeto ni nada que pueda verse, oírse, tocarse, olerse o saborearse. No es un pensamiento ni una emoción, ni una imagen, ni una creencia, ni una sensación; ni siquiera es energía. La tradición zen afirma que "buscar la Mente con la mente discernidora es el mayor de todos los errores". Ninguno de los cinco sentidos, ni la mente pensante, ni el ego, ni la voluntad, ni la imaginación, ni la atención pueden conocer la consciencia despierta. Quien esté leyendo estas palabras e intente experimentar la consciencia despierta no podrá hacerlo hasta que abandone la manera de conocer que utiliza en las demás áreas de la vida. Solo la consciencia despierta puede conocer la consciencia despierta.

 

Hay un proverbio tibetano dzogchen que dice que el trayecto hacia el despertar es como ascender una montaña mientras caemos en picado desde la cima. Llegamos ahí mientras ya estamos allí. Esta es la paradoja de estar en casa mientras volvemos a casa: 1) En última instancia, ya estamos en casa con la consciencia despierta, y todo está bien así. 2) Sin embargo, por lo general no experimentamos esta realidad con nuestra mente ordinaria. 3) La consciencia despierta es como el Sol: no se va nunca; solamente puede ocurrir que lo tapen las nubes. 4) No saber que estamos en casa es el origen del sufrimiento. 5) Podemos dejar nuestra mente ordinaria, basada en el pensamiento, y volver a casa, a estar con la consciencia despierta. 6) En el nivel de la identidad, no hay nada que deba mejorarse. 7) En el nivel de la mente, podemos vislumbrar la consciencia despierta y, a continuación, conocerla y vivir desde ella.