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Extractos - Maurice Frydman

El Nisarga Yoga

Una forma sencilla de lograr la paz perfecta

por Maurice Frydman
Maurice Frydman

En la humilde morada de Sri Nisargadatta Maharaj, a no ser por las luces eléctricas y los ruidos del tráfico, sería difícil saber en qué período de la historia humana se encuentra uno. La pequeña habitación está imbuida de una atmósfera intemporal. Los temas comentados y discutidos son igualmente intemporales, válidos para cualquier época. Y la forma en que son expuestos y examinados es igualmente ajena al tiempo. Los siglos, los milenios y los yuga se disipan y uno se enfrenta a asuntos inmensamente antiguos y a la vez eternamente nuevos.

Los comentarios y las enseñanzas habrían sido idénticos hace diez mil años y serán los mismos dentro de otros diez mil. Siempre habrá seres conscientes que se pregunten por el hecho de su propia consciencia y que deseen saber su causa y su finalidad. ¿De dónde vengo? ¿Quién soy? ¿Adónde voy? Son preguntas que no tienen principio ni tampoco fin. Sin embargo, es esencial conocer las respuestas, ya que sin una total comprensión de uno mismo, tanto en el tiempo como en la intemporalidad, la vida no es sino un sueño, que nos es impuesto por poderes que desconocemos y con propósitos que no podemos captar.

Maharaj no es un hombre instruido. No hay ninguna erudición en él. No cita autoridad alguna y las escrituras las menciona muy raramente. La asombrosamente rica herencia espiritual de la India se encuentra en él de una forma implícita, más que explícita. Nunca se construyó un Ashram a su alrededor y la mayoría de sus seguidores son humildes trabajadores que agradecen la oportunidad de pasar una hora con él, de vez en cuando.

La sencillez y la humildad son las notas claves de su vida y de su enseñanza. Ni física ni internamente, se sitúa él en un lugar elevado. La esencia del ser, de la cual habla, la ve en los demás tan claramente como en sí mismo, aunque admite que mientras él es consciente de ella, otros todavía no lo son, pero esta diferencia es temporal y de poca importancia, salvo para la mente y su contenido siempre cambiante. Cuando se le pregunta por su Yoga, dice que no tiene ningún Yoga que ofrecer, que no propone ningún sistema, ninguna teología, ni cosmogonía, ni psicología, ni filosofía. Él simplemente conoce la verdadera naturaleza ―la suya y la de sus oyentes― y la muestra. El oyente no puede verla, porque no puede ver lo evidente de una manera simple y directa. Todo cuanto sabe, lo sabe con su mente, estimulada por los sentidos. El hecho de que la mente sea en sí misma un sentido, ni siquiera lo sospecha.

Nisargadatta Maharaj
Nisargadatta Maharaj

El Nisarga Yoga, o Yoga "natural" de Maharaj, es desconcertantemente sencillo: la mente debe reconocer y penetrar en su propio ser, no siendo esto o aquello, aquí o allí, entonces o ahora, sino simplemente, siendo de manera intemporal.

Ese ser intemporal es la fuente tanto de la vida como de la consciencia. En términos de tiempo, espacio y causalidad, es todopoderoso siendo la causa incausada, todo-penetrante y eterna, en el sentido de no tener principio ni fin y estar siempre presente. Al ser incausado, es libre. Siendo todo-penetrante, todo lo sabe. Al ser indiviso, es feliz. Vive, ama y se divierte eternamente, formando y reformando el universo. Todo hombre lo tiene, todo hombre lo es. Pero no todos se conocen a sí mismos tal como son, y por ello se identifican con el nombre y la forma de sus cuerpos y con el contenido de sus consciencias.

Para rectificar este malentendido acerca de la propia realidad, el único camino es reconocer las capacidades cognoscitivas de la propia mente y convertirla en un instrumento de auto-descubrimiento. Inicialmente la mente fue un instrumento para la supervivencia biológica. Tuvo que aprender las leyes y las formas de la Naturaleza a fin de conquistarla. Eso lo ha hecho y lo hace, pues la mente trabajando mano a mano con la Naturaleza, puede llevar la vida a un nivel elevado. Pero en ese proceso, la mente adquirió el arte del pensar y de la comunicación simbólica, el arte y la habilidad del lenguaje. Las palabras pasaron a ser importantes. Las ideas y las abstracciones adquirieron una apariencia de realidad. Lo conceptual sustituyó a lo real.

La consecuencia de todo ello es que ahora el hombre vive en un mundo verbal. Atiborrado de palabras y dominado por ellas.

Por supuesto, para tratar con las cosas y con la gente, las palabras son muy útiles, pero nos hacen vivir en un mundo totalmente simbólico y por ello, irreal. Para salir a la realidad desde esa cárcel de la mente verbal, uno debe ser capaz de cambiar el foco de la mente desde la palabra a la cosa a la cual se refiere.

La palabra más frecuentemente utilizada y más llena de sentimientos e ideas es la palabra "yo". La mente tiende a incluir en ella todo y cualquier cosa, el cuerpo al igual que lo Absoluto. En la práctica nos señala una experiencia que es directa, inmediata e inmensamente significativa. Ser, y saber que se es, es de lo más importante. Y para que sea de interés, una cosa debe estar relacionada con la existencia consciente de uno, que es el punto focal de todo deseo y de todo miedo. La finalidad última de todo deseo es potenciar e intensificar ese sentimiento de existencia mientras que todo miedo es, en su esencia, un miedo a la auto-extinción.

Permanecer en el sentimiento del "yo", tan real y tan vital, a fin de llegar a su fuente, es el núcleo del Nisarga Yoga. Al no ser algo continuado, el sentido del "yo" debe tener una fuente de la cual surja y a la cual retorne. Esa fuente intemporal del ser consciente es lo que Maharaj llama el ser, swarupa.

En cuanto a los métodos para realizar nuestra suprema identidad con el ser, Maharaj es peculiarmente poco explícito. Dice que cada uno tiene su propio camino hacia la realidad y que no puede haber una norma general. Pero eso sí, cualquiera que sea el camino que se elija, la puerta es para todos la misma: el sentido del "yo soy". Captando la profundidad del "yo soy" y yendo más allá de él, hacia su fuente, es como se realiza el estado supremo, el cual es también el estado primordial y el definitivo. La diferencia entre el principio y el final reside sólo en la mente. Cuando la mente está turbulenta u oscurecida, no percibe la fuente. Cuando es clara y luminosa, se convierte en un fiel reflejo de ella. Pero la fuente es siempre la misma, está más allá de la oscuridad y de la luz, más allá de la vida y de la muerte, más allá de lo consciente y de lo inconsciente.

Ese permanecer en el sentido del "yo soy" es el yoga sencillo, fácil y natural, el Nisarga Yoga. En él no hay ningún secreto y ninguna dependencia. No se requiere ningún tipo de preparación ni de iniciación. Quienquiera que se pregunte por su propia existencia como ser consciente y sienta un verdadero interés por hallar su propia fuente captará la importancia del "yo soy" y morará en él asidua y pacientemente hasta que se disuelvan las nubes que oscurecen la mente y se vea el corazón del ser en toda su gloria.

Cuando se persevera en el Nisarga Yoga hasta lograr sus frutos, uno se vuelve consciente y activo en lo que antes ocurría de manera pasiva e inconsciente. La diferencia no es de fondo, sólo de forma. Es como la diferencia entre una masa informe de oro y una maravillosa joya. La vida continúa pero ahora es espontánea y libre, feliz y llena de significado.

Maharaj describe de una manera totalmente lúcida este estado natural y espontáneo, pero al igual que el ciego de nacimiento no es capaz de visualizar la luz ni los colores, la mente no iluminada tampoco es capaz de captar el significado de tales descripciones. Expresiones como felicidad desapasionada, desapego afectuoso, intemporalidad y ausencia de causa en las cosas y en los seres, suenan muy extrañas y no generan respuesta alguna. Intuitivamente sentimos que deben tener un significado muy profundo e incluso pueden crear en nosotros un anhelo de lo inefable, pueden ser como un mensajero de lo que vendrá, pero eso es todo. Como bien dice Maharaj, las palabras son indicadores, simplemente muestran la dirección pero no van con nosotros. La verdad es el fruto de la acción seria, las palabras tan sólo nos indican el camino.

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