Extractos - Sadhu Om
La meta y el camino
Introducción a "El camino de Sri Ramana"
Por Sadhu OmLa meta
Bhagavan Ramana ha revelado que la única meta de toda la humanidad es el logro de la felicidad perfectamente íntegra y completa (paripūrna sukham). No existe nadie que no desee ser feliz. ¿No es la felicidad lo que desean alcanzar todos los seres (jīvas) por medio de todos sus esfuerzos? De modo que nadie negará la meta señalada por Sri Ramana. Por esta misma razón, las enseñanzas de Sri Ramana no pertenecen a una religión en particular, sino que, por el contrario, brillan como un camino común y abierto que ofrece refugio a todos los seres vivos. Por eso, la gente de cualquier país y de cualquier religión del mundo acepta las enseñanzas de Sri Ramana y las sigue con gran amor.
¿Qué es la felicidad? Como la gente no conoce la respuesta correcta a esta pregunta, pone sus esfuerzos en muchas direcciones diferentes para obtener felicidad. La felicidad, en verdad, es uno mismo (ātman, o la naturaleza real de uno). La naturaleza esencial de uno mismo es la felicidad. En verdad, somos solo ātman. Nuestra naturaleza es la felicidad misma. Sin embargo, como la gente no sabe que realmente es ātman y cree ser el cuerpo, sufre innecesariamente, como si hubieran perdido esa felicidad. Conocer nuestra naturaleza real, la que hemos olvidado, es suficiente para recuperar esa felicidad que hemos creído haber perdido.
Alguna gente se pregunta: «¿No es egoísmo (en inglés selfishness) tratar de alcanzar la felicidad para uno mismo?». Esta pregunta surge hasta en las mentes de la gente buena, pues no conocen el significado correcto del pronombre «uno mismo». El pronombre «uno mismo» (svayam) simplemente significa ātman. Entendemos la palabra selfishness como una cualidad baja solo porque no nos conocemos a nosotros mismos como el ātman ilimitado e indivisible, y porque nos percibimos a nosotros mismos desde el punto de vista limitado «yo soy solo este cuerpo». Sin embargo, en la experiencia de un ātma jñāni, uno que sabe «yo soy realmente el ātman, que brilla por igual en todos los seres vivos», ¿no indican las palabras selfishness o self-interest (svaya-nalam, literalmente «beneficio de uno mismo») el interés o beneficio de todos los seres vivos? Solo cuando se dé el conocimiento de uno mismo (jñāna) se conocerá la verdad de que solo uno mismo es la realidad de todos los seres vivos. Además, solo cuando nos conozcamos a nosotros mismos como ātman podremos hacer un bien real a todos los seres vivos en todos los mundos. No podemos experimentar amor verdadero hacia todos los seres del mundo simplemente predicando verbalmente «ama a tu prójimo como a ti mismo». Solo cuando, mediante el conocimiento de uno mismo, experimentemos que todos los seres son «yo», la primera persona del singular, alcanzaremos ese amor sin otro (ananya-priya). Dicho logro de uno mismo (ātma-siddhi) es el pilar principal que permite que la paz, el amor y la felicidad florezcan en el mundo. Por lo tanto, la investigación «quién soy yo», la medicina que destruye la maldad del ego [la falsa consciencia de uno mismo como algo distinto de lo que realmente somos], es la necesidad más inmediata y principal del mundo. ¡Solo el verdadero ātma jñāni puede hacer un bien real al mundo! La simple existencia de un verdadero jñāni, uno que conoce su naturaleza real, es suficiente para asegurar el bienestar de todo el planeta. Entonces, ¿no queda claro que, si el mundo desea obtener la felicidad, la meta correcta de toda la humanidad debe ser conocer su naturaleza real?
Solo mediante el conocimiento de uno mismo puede la gente alcanzar una felicidad verdadera y plena. Es un error ignorar este hecho y tratar de alcanzar la felicidad disfrutando de los objetos materiales por medio de los cinco sentidos, pues la felicidad no proviene de ninguno de esos objetos. Hasta el más mínimo placer que en algunos momentos esos objetos puedan proporcionarle a uno se debe a que la mente se hunde en uno mismo, habiéndose aquietado sus actividades (vrittis) temporalmente. Cuando se consigue cualquier cosa que gusta y cuando la destrucción [daño, eliminación o desaparición] acontece a aquello que desagrada, la mente se vuelve hacia dentro hundiéndose en sí misma (ātman) y experimenta solo la felicidad de uno mismo (ātma-sukha). Como la gente no conoce esta verdad, cree erróneamente que los objetos materiales le brindan felicidad y, de esa manera, trabajan día y noche en búsqueda de esos objetos, tomándolos como la única meta en la vida. Esto no es más que ignorancia o ilusión (māyā).
La felicidad alcanzada mediante la búsqueda y acumulación de objetos materiales y su disfrute por medio de los cinco sentidos es trivial y transitoria. Por esta razón, la meta revelada por Sri Ramana Bhagavan es la de evitar que seamos uno de esos seres que solamente disfruta de esa felicidad trivial y que, más bien, nos convirtamos en uno que disfruta de una felicidad perfectamente total y completa.
El camino
Para alcanzar esta meta, Bhagavan ha trazado dos caminos, que son (1) la investigación quién soy yo (ātma-vicāra), es decir, conocerse a uno mismo (la naturaleza real de uno) por medio de la investigación quién soy yo, y (2) la entrega de uno mismo (ātma-samarpana), es decir, entregar el ego completamente a Dios. El primero es el camino del conocimiento (jñana margā), y el segundo es el camino del amor o la devoción (bhakti mārga).
La investigación «quién soy yo»
Cada vez que deseamos conocer algo en particular, atendemos a ese algo. Por lo tanto, si queremos conocernos a uno mismo, debemos atendernos a uno mismo, a la primera persona, la consciencia «yo».
Sin embargo, ¿no está toda la investigación que vemos en el mundo preocupada solamente por el conocimiento del mundo y de Dios, que son objetos de segunda y tercera persona, en vez de conocerse a uno mismo, que es la primera persona o sujeto? El hombre, la entidad conocedora, la que trata de conocer el mundo y Dios, aún no se conoce correctamente a sí mismo. Decimos: «Yo soy un hombre». Esto es solo ignorancia, no el verdadero conocimiento de uno mismo. ¿Cómo es esto? Sentimos que «yo soy un hombre» solo porque, de manera equivocada, pensamos que somos el cuerpo, una pertenencia nuestra. Conocerse a sí mismo, al poseedor, por medio de la investigación quién soy yo y, por lo tanto, distinguirse del cuerpo, es el único conocimiento capaz de discernir. La consciencia «yo soy este cuerpo» (āhamkara o ego) es un conocimiento falso de uno mismo. Conocerse solamente como uno mismo sin división (akhanda ātman) es el conocimiento real de uno mismo o ātma-jñāna.
Cuando la consciencia surge del sueño profundo [sueño sin sueños] nos conocemos en la forma «yo soy este cuerpo»; sin embargo, en el sueño profundo no hay conocimiento del cuerpo y el mundo; en el sueño profundo solo existe la consciencia pura «yo soy». En el estado de vigilia esta consciencia de uno mismo emerge mezclada con un agregado (upādhi) como «yo soy este cuerpo», «yo soy un hombre», «yo soy Fulano de Tal». Este es el ego (ahamkāra), el sentido de individualidad (jīva-bōdha); esta es, en efecto, la atadura. Este es el primer pensamiento. Solo después de este primer pensamiento surgen todos los demás—la consciencia de segundas y terceras personas. Mientras más atención preste uno a segundas y terceras personas, más surgirán otros pensamientos. [En su lugar,] uno debería prestar atención a la forma del ego, a la consciencia de la primera persona «yo soy Fulano de Tal», para saber cuál es la naturaleza de su existencia.
Bhagavan dice:
Si surgen otros pensamientos, sin intentar completarlos, es necesario investigar a quién le han ocurrido. Por muchos pensamientos que surjan, ¿qué [importa]? Vigilantemente, tan pronto como emerja cada pensamiento, si uno investiga a quién le ha venido, estará claro: a mí. Si uno investiga quién soy yo [atendiéndose a uno mismo de manera vigilante, el «mí» a quien todo le aparece], la mente regresará a su lugar de nacimiento [es decir, uno mismo, la fuente de la que surgió]; [y, puesto que uno de este modo se abstiene de atenderla,] el pensamiento que había surgido también cesará. Cuando uno practica y practica de esta manera, se incrementa el poder de la mente para establecerse firmemente en su lugar de nacimiento. La mente solo cesará [o desaparecerá para siempre] por medio de la investigación quién soy yo. Para que la mente cese [se hunda o desaparezca para siempre], salvo vicāranā [la investigación quién soy yo] no hay otros medios adecuados. Si se hace que cese [se hunda o desaparezca] por otros medios como el control de la respiración (prānāyāma), la meditación en una forma de Dios (mūrti-dhyāna) o la repetición de palabras sagradas (mantra-japa), la mente, permaneciendo [por un tiempo] como si hubiera cesado, volverá a elevarse [brotar, emerger o empezar]. Mientras existan visaya-vāsanās [inclinaciones a experimentar cosas diferentes de uno mismo] dentro de la mente, será necesaria la investigación quién soy yo. Aunque surjan visaya-vāsanās [como pensamientos o fenómenos], todas se destruirán cuando svarūpadhyāna [la atención a uno mismo, la contemplación en la propia naturaleza real de uno] aumente y aumente [en profundidad y en intensidad]. Si uno se aferra firmemente a un svarūpa-smarana [recuerdo de uno mismo] ininterrumpido hasta que uno alcance svarūpa [la naturaleza real de uno, es decir, uno mismo como realmente es], eso solo es suficiente. Incluso si uno sigue pensando «yo, yo», eso lo llevará y lo dejará [a uno] en ese lugar. El nombre ātma-vicāra es solo para [o se refiere solo a] mantener la mente siempre en ātma [uno mismo]. Investigando quién soy yo, el que está atado, conocer la propia yathārtha svarūpa [la propia naturaleza real] es mukti [liberación]. (1)
El pensamiento «yo» (aham-vritti), que comenzó a escudriñar «¿qué es esta consciencia yo de primera persona?», destruirá a todos los otros pensamientos y, al igual que la vara usada para revolver una pira funeraria, finalmente también será destruido. Es decir, de la consciencia mezclada «yo soy Fulano de Tal», que es la raíz de todos los pensamientos, únicamente la consciencia de adjuntos «Fulano de Tal» se esfumará (pues su existencia es falsa) y solo uno mismo, el conocimiento «yo soy», que es la consciencia real de nuestra existencia, permanecerá brillando.
Este estado en que brillamos por nuestra propia luz, libre del adjunto de la individualidad (jīvōpādhi), se ensalza en varias religiones usando diferentes nombres como jīvanmukti, mōksa, parinirvāna, el hogar supremo (paramapadam), o el estado de Dios. Este estado en que el ego, la forma de la consciencia individual (jīva-bōdha-rūpa), se ha destruido, es en sí mismo el estado de la inmortalidad. Veamos ahora cómo la erradicación del ego también ocurre por medio de la entrega de uno mismo—el camino de la devoción (bhakti mārga).
La entrega de uno mismo
La entrega de uno mismo debe entenderse como un acto de entregar (o más específicamente, de devolver) el ego a Dios. En realidad, ¡la investigación quién soy yo y la entrega de uno mismo no son caminos diferentes, sino el mismo, (tanto en el resultado—la aniquilación del ego—como en la práctica)! El camino de la entrega o la devoción es para quienes creen en Dios. Siendo este «yo» o alma individual y el mundo realmente posesiones de Dios, reivindicar este cuerpo como «yo» o «mío» es cometer el gran pecado de robarle a Dios lo que le pertenece. Si uno entrega a Dios este apego al cuerpo (dēhābhimāna), se habrá alcanzado el estado de ausencia de ego. Este estado desprovisto de «yoidad» (ahamkāra) y «mio» (mamakāra) es el estado real de uno mismo (ānma-nilai).
Aunque superficialmente pueda parecer que hay diferencia entre la práctica de la investigación quién soy yo y la entrega de uno mismo, o sea, que un aspirante que practica la investigación quién soy yo se atiende a sí mismo, mientras que el devoto que practica la entrega de uno mismo atiende a Dios, estará claro para quien está realmente dedicado a la práctica (sādhana) que ambas son la misma cosa, no solamente en el resultado—establecerse en uno mismo mediante la aniquilación del ego—sino también en la práctica. ¿Cómo? El devoto que haya comenzado la sādhana de entregarse a Dios debe, a partir de entonces, abstenerse de apoderarse del cuerpo como si este fuera «yo» o «mío». Si vuelve a tomar el cuerpo como «yo» o «mío», estará cometiendo el pecado de dattāpahrta, retomar lo que ya se había ofrecido a Dios. Por lo tanto, evitar retomar lo que ya se había ofrecido es el método correcto de practicar la entrega de uno mismo. Ahora bien, ¿cómo hace él esto? Para evitar que la falsa primera persona—la consciencia «yo soy este cuerpo»—surja nuevamente, ¿acaso no intenta mantenerse con una atención muy vigilante fija en el surgimiento de esa primera persona? Entonces, ¡la misma atención a uno mismo que ocurre en un investigador (ātma-vicāri) también estará ocurriendo en un verdadero devoto (bhakta)!
Además, si uno desea entregarse a Dios, es necesario, primeramente, conocer el «yo» que va a entregarse. A menos que uno sepa quién es este «yo», ¿cómo va a entregarlo?
Por ejemplo, si a un soldado derrotado y capturado [que no sabe tamil] se le pide en tamil que entregue su equipo, sin entender lo que significa «equipo», podría entregar solo un papel en lugar de su equipo. ¡Este es precisamente el error que ocurre en el caso de muchos aspirantes que practican la entrega de sí mismo en el camino de la devoción! Aunque ellos sepan que deben entregarse a Dios, no saben cómo hacerlo, pues no tienen un conocimiento claro de quién son, o qué o cómo exactamente se debe entregar. Como no saben lo que es «yo», que es lo que se debe entregar, solo pueden entregar cualquier cosa que consideren como «mío».
Como no conocen la naturaleza de sí mismo, el poseedor, no pueden hacer más que entregar sus pertenencias. Por lo tanto, para que su entrega sea completa, deben tratar al menos, poco a poco, de investigar y averiguar quién son, pues solamente entonces podrán entregarse completamente.
Como la naturaleza del ego—el «yo» individual que debe entregarse—es tal que se apaciguará y desaparecerá cuando se atiende (habiéndose descubierto que es realmente inexistente), la investigación quién soy yo, realizada por un serio devoto, dará lugar automáticamente a la entrega de uno mismo. (2)
Así pues, la investigación quién soy yo—en la que la mente renuncia a seguir atendiendo a segundas y terceras personas y, en su lugar, atiende solamente a su fuente—¡es la correcta entrega de uno mismo!
Solo ser ātma-nisthāparan [uno que está firmemente fijo como uno mismo], sin dar cabida alguna al surgimiento de cualquier cintana [pensamiento] salvo ātma-cintana [pensamiento de uno mismo: contemplación de uno mismo o atención a uno mismo], es entregarse uno mismo a Dios.
—Dice Bhagavan en Nan Yar?—. Incluso la búsqueda de Dios fuera de sí mismo de un devoto es atención a una segunda persona. Dado que Dios brilla como la realidad de la primera persona, ¡atender solo a la primera persona es el camino correcto de la devoción que es atender a Dios!
- 1. Consultar el tratado Nan Yar (¿Quién soy yo?)
- 2. Consultar El Evangelio de Sri Ramana Maharshi, primera parte, capítulo cuarto, último párrafo.