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Extractos - María Teresa Román

Los grandes desafíos de la psicología transpersonal

Por María Teresa Román
Camino al despertar

La psicología transpersonal (1) apareció en la segunda mitad del siglo XX, como consecuencia del interés de un pequeño grupo de profesionales del campo de la psiquiatría y de la psicología ―entre otros, Maslow y Grof― en ensanchar el ámbito de la psicología humanista más allá de sus propósitos y líneas de actuación más próximas. En el parque Menlo, en California, tuvieron lugar una serie de encuentros y, en uno de estos, fue aceptada la sugerencia de Grof y llamaron a este recién nacido campo de estudio “psicología transpersonal”:

«Considero, afirma Maslow, la psicología humanista, esta Tercera Fuerza Psicológica, como algo transitorio; como un allanamiento del camino hacia una Cuarta Psicología aún “más elevada”, una psicología transpersonal, transhumana, centrada en el cosmos más bien que en el bien y necesidades del hombre, que trascienda la naturaleza del hombre, su identidad, autorrealización, etc.». (2)

«The Association of Transpersonal Psychology» nació a finales de los años sesenta. En 1969, comenzó a editarse The Journal of Transpersonal Psychology que se autodefine por su interés en publicar trabajos de investigación sobre temas especialmente sensibles y complejos:

«La publicación de investigaciones teóricas y aplicadas, trabajos empíricos, artículos y estudios sobre los procesos, valores y estados transpersonales, la conciencia unitiva, las metanecesidades, las experiencias cumbre, el éxtasis, la experiencia mística, el ser, la esencia, la beatitud, la reverencia, el asombro, la trascendencia del sí mismo [...] las teorías y prácticas de la meditación, los caminos espirituales, la compasión, la cooperación transpersonal, la realización y actualización transpersonales y los conceptos, experiencias y actividades con ellos relacionados». (3)

En 1975, Robert Frager, médico norteamericano, creó el «Institute of Transpersonal Psychology» en Palo Alto (California). Tres años después, Grof, fundó la «International Transpersonal Association».

Se dan cita en el seno de la psicología transpersonal distintas disciplinas académicas (la antropología, la filosofía, la psiquiatría, la psicología, la religión, la pedagogía, la sociología, la economía, la física, la biología, entre otras), métodos, teorías, conglomerados de creencias y movimientos heterogéneos, una larga lista de escritores, eruditos, científicos, líderes espirituales y chamanes de procedencia e ideas diversas. Asimismo, la «Cuarta Psicología» ha introducido en la práctica psicoterapéutica un conjunto de actuaciones a través de las cuales se puede acceder a estados de conciencia insuficientemente explorados, raros o atípicos. En efecto, existen diversas sendas hacia los bosques profundos de nuestro cerebro, por ejemplo: el ayuno, la meditación, el insomnio prolongado, la hipoglucemia, la fiebre, los cantos, la hipnosis, la sugestión, el lavado cerebral, los sueños, las danzas derviches, la esquizofrenia, la psicosis, los estados demenciales, los choques emocionales, las intoxicaciones por alcohol o drogas, las experiencias cercanas a la muerte, los tanques de aislamiento, la hiperventilación, (4) el éxtasis, la contemplación o los arrobamientos. La psicología transpersonal tiene antecedentes en James. Este inauguró el estudio psicológico de las experiencias místicas, a las que se refirió como «experiencias religiosas». Precisamente como consecuencia del interés manifestado por los fenómenos místicos y «subjetivos de altos vuelos», nació su libro Las variedades de la experiencia religiosa, y en él afirma:

«Los límites más alejados de nuestro ser se sumergen, al parecer, en otra dimensión de existencia que no es la del mundo puramente sensitivo y “comprensible”, denominada ahora la región mística o sobrenatural, como gustéis. Mientras que nuestras tendencias e ideales se originan en esta región y allí permanecen de una forma más íntima que aquella por la que forman parte del mundo visible, ya que pertenecen en un sentido más profundo al mismo lugar al que pertenecen nuestros ideales. Con todo, la región no visible en cuestión no es simplemente ideal, ya que produce efectos en este mundo. Cuando convergemos con ella, actúa sobre nuestra personalidad convirtiéndonos en hombres nuevos, siguiéndose importantes consecuencias para la conducta en el mundo natural como secuela de nuestro cambio regenerativo. Por consiguiente, lo que produce efectos en otra realidad debe ser denominado también realidad, de forma que creo que no tenemos excusa filosófica alguna para denominarlo algo no visible o mundo irreal, místico». (5)

Jung fue uno de los fundadores y el principal inspirador del «Círculo Eranos», (6) una organización interdisciplinar de análisis multicultural científico y filosófico creada en 1933, cuyos objetivos eran, entre otros, explorar los vínculos entre el pensamiento de Oriente y Occidente. Asimismo fue el primero en situar en un lugar preeminente los elementos «espirituales» de la experiencia humana en el marco de la psicoterapia:

«Al atreverse a entrar en la dimensión psicológica de la experiencia religiosa, inventó la psico-mitología, y tal vez la religio-psicología. Describió por primera vez esa herramienta que da acceso al inconsciente (“la voz de la sombra”), la imaginación activa, producida por el sueño despierto. Describió el papel de los arquetipos universales e inventó el concepto de inconsciente colectivo, base común de la humanidad. Mostró la convergencia entre las religiones orientales, la alquimia y la arqueología, como origen de las culturas y las religiones actuales». (7)

Entre los logros de Jung, figura el de articular en términos racionales procesos simbólicos y arquetípicos que procedían de una esfera de la existencia que desbordaba ampliamente las fronteras consensuadas hasta ese momento en la Psicología. Sobre cosas que se ven en el cielo, no es el único libro que escribió el célebre psiquiatra sobre el tema ufológico. También publicó en su autobiografía el relato de un sueño con ovnis, que él mismo había tenido en octubre de 1958:

«Vi desde mi casa dos discos de forma lenticular y de brillo metálico, que pasaron velozmente, describiendo un estrecho arco, por encima de la casa en dirección al lago. Eran dos UFO. Luego pasó otro cuerpo que volaba directamente hacia mí. Era un lente circular, como el objetivo de un telescopio. A una distancia de unos cuatrocientos o quinientos metros se detuvo un instante y luego volvió a volar. Inmediatamente después llegó otro cuerpo volando por el aire: un objetivo con apliques metálicos, adaptado a una caja: una linterna mágica. A unos sesenta o setenta metros de distancia se detuvo en el aire y se dirigió directamente hacia mí. Me desperté con la sensación de extrañeza. El sueño me rondaba todavía en la cabeza. Nosotros creemos siempre que los UFO son proyecciones nuestras. Pero ahora parecía que nosotros éramos sus proyecciones. Yo era proyectado por la linterna mágica como C.G. Jung. ¿Pero quién manipulaba el aparato?». (8)

No obstante, Jung se mantuvo en el positivismo experimental de su época con las importantes limitaciones que ello entrañaba, pero no pudo librarse de una cierta atmósfera de maledicencia que rodeó su trabajo por parte de no pocos miembros eminentes del cuerpo académico. Jung llegó a afirmar: «Nada es más vulnerable que la teoría científica, la cual es un intento efímero de explicar hechos y no una verdad eterna». (9)

Años después, Maslow, en contra de cualquier reduccionismo, hizo hincapié en los aspectos positivos y transformadores de la experiencia mística e introdujo el término «experiencias cumbres». En palabras del psicólogo norteamericano:

«Hemos realizado estudios sobre experiencias cumbres planteando a grupos de personas y a individuos cuestiones tales como: “¿Cuál fue el momento más extático de tu vida?” [...]. “¿Has tenido un éxtasis trascendente?”. Cabe pensar que en una población general tales preguntas solo obtienen miradas en blanco, pero hubo muchas respuestas. Al parecer, los éxtasis trascendentes no se divulgaban porque es difícil hablar de ellos en público. Resulta embarazoso, vergonzoso, no “científico”, lo cual, para muchos, supone el mayor pecado». (10)

Las investigaciones de Maslow han supuesto que incontables hogueras de especulación abstracta se hayan encendido y fueran la «coartada perfecta» para el nacimiento de la psicología transpersonal.

En 1977, entra en escena Wilber, un químico norteamericano, cuyo proyecto de conectar y armonizar lo psicológico con lo espiritual ha abierto un interesante y atractivo campo de estudio. Entre sus obras más destacadas figuran: Después del edén, El espectro de la conciencia, La conciencia sin fronteras y Los tres ojos del conocimiento. Wilber propone un «espectro de la conciencia» en el que «cada nivel del espectro representa la aparente identificación de la subjetividad absoluta con un conjunto de objetos desvinculados de todos los demás y, en cada nuevo nivel del espectro, dicha identificación se hace más estrecha y exclusiva». (11)

En un primer momento, la denominada psicología transpersonal se hallaba aislada de la línea básica de la ciencia, pero a partir de los años setenta se detectaron conexiones significativas con hallazgos innovadores de otras disciplinas, descubrimientos que se han convertido en el germen de una novedosa perspectiva científica. Tal es el caso de un grupo de doctrinas, entre las que se hallan la teoría general de sistemas, la teoría de las estructuras disipativas, la teoría de los fractales, las teorías de la autoorganización y la teoría del caos. En Psicología del Caos, el psicólogo español Manuel Almendro desarrolla 1as bases de una psicología de la complejidad, utilizando como fundamento teórico diversas concepciones obtenidas de las ciencias de la complejidad para elaborar modelos explicativos de los fenómenos observados y las teorías propuestas por la psicología transpersonal: «Da la impresión de que las teorías del caos se adentran en concebir y explicar una progresiva alternancia entre orden y desorden, que precisamente ofrecerían una metodología natural de la transformación, nuevos mapas de interpretación del territorio». (12)

Asimismo, han despertado muchas expectativas en el marco de la corriente transpersonal las sorprendentes analogías entre el enfoque del mundo de la física moderna y el de las grandes tradiciones sagradas de Oriente, reveladas ya en los trabajos de científicos como Niels Bohr (1885-1962), Heisenberg, Erwin Schrödinger (1887-1961), Bohm y que hallaron una completa expresión en El Tao de la Física de Capra:

«Erwin Schrödinger escribió Veda de un físico. El físico David Bohm, uno de los más brillantes, articuló de forma aún más radical esta conexión entre su filosofía de las ciencias y su conocimiento religioso del Oriente. Conocemos su diálogo con Krishnamurti. Pero es el físico Fritjof Capra el que tiene más difusión en el ámbito de la religiosidad alternativa (del que es una de sus figuras en Estados Unidos)». (13)

También han tenido una gran repercusión, entre otras, la teoría de la resonancia mórfica y los campos morfogenéticos de Rupert Sheldrake, biólogo y bioquímico inglés, y las importantes contribuciones de Gregory Bateson a la zoología, la etnología, la psiquiatría y la comunicación.

En contraste con el reduccionismo, el mecanicismo y el positivismo que durante mucho tiempo, quizá demasiado, se apoderaron de la mayoría de los territorios de la psicología, la anexión del ámbito espiritual de la experiencia humana por parte de la psicología transpersonal ha engrandecido y realzado la visión psicológica actual. En realidad, el hecho mismo de la existencia de esta profunda esfera experiencial debería ser un importante estímulo para que la ciencia proceda a investigar con más profundidad de lo que hasta este momento lo ha hecho.

La psicología transpersonal opera con una vasta amalgama de fenómenos, conexiones e interacciones. Estamos ante una búsqueda aparentemente sin grandes restricciones apriorísticas, una exploración profunda de lo sagrado y el misterio que rezuma la «Realidad». En la actualidad, muchos de los ámbitos en los que penetra esta nueva disciplina son muy difíciles de investigar con las herramientas de la ciencia cuantitativa. (14) Quizá esta sea una de las razones por las que este movimiento ha sido acusado de «irracional», «extravagante» y «acientífico», desde los prejuicios y la hostilidad emocional profundamente arraigada en ciertos círculos académicos que no están al corriente del vasto cuerpo de observaciones y datos con los que cuenta la psicología transpersonal. Estas críticas también ignoran el hecho de que muchos investigadores cercanos a este novedoso campo de estudio disponen de un bagaje intelectual espectacular, por ejemplo, James Fadiman, Jack Kornfield, Stanley Krippner, Ralph Metzner, Kenneth Ring, Richard Tarnas, Frances Vaughan, Michael Harner o Roger Walsh. Estos estudiosos aceptaron el punto de vista que de la mente del ser humano tiene la psicología transpersonal, porque hallaron el antiguo edificio conceptual muy restringido y, en incontables ocasiones, confuso, para responder a sus expectativas, observaciones y experiencias, y esto ha originado no pocas discrepancias y enfrentamientos con el paradigma consensuado.

En la actualidad, la psicología transpersonal ha engrandecido el ámbito de la Psicología. En primer lugar, ofreciendo una visión más amplia de la naturaleza humana; en segundo lugar, poniendo en evidencia su capacidad para proporcionar interpretaciones concluyentes sobre la realización trascendente del ser humano y su nexo con lo sagrado (ámbitos reservados hasta ahora a la religión y la filosofía); en tercer lugar, una configuración profunda, útil y maleable que desaprueba la insensibilidad, la rigidez y los principios de fe de creencia forzosa y aspira a la transformación del ser humano y del mundo; finalmente, una posibilidad de trocar nuestra cultura dualista, opuesta, mecanicista, restrictiva, en una abierta, maleable, interactiva y holística. «A fin de superar el modelo clásico, los científicos ―al igual que los físicos― tendrán que ir más allá del tradicional enfoque reduccionista y mecanicista y desarrollar una visión holística y ecológica [...]. Los científicos tienen que estar dispuestos sin vacilar ―como suelen hacer― a adoptar una estructura holística y a perder el miedo de ser poco científicos». (15) En palabras del científico húngaro Ervin Laszlo, una de las mayores autoridades mundiales en Teoría de Sistemas y Evolución General y miembro del Club de Roma:

«El empeño por lograr una visión que lo abarque todo, una visión global, va penetrando en zonas cada vez más amplias de la cultura y de la sociedad. Algunos signos y manifestaciones de esto lo encontramos en el creciente interés por el pensamiento holístico, por la filosofía oriental, por la religión y el misticismo, y por los estilos naturales de vida [...]. Cada vez más, la gente quiere verlo todo; y verlo además de una manera global». (16)

Notas:
  1. La palabra «transpersonal» fue sugerida por primera vez por Stanislav Grof en una conversación con Abraham Maslow para referirse al naciente ámbito de la psicología transpersonal. Etimológicamente, el término “transpersonal” significa “más allá” o “a través de lo personal”, «de modo que la orientación transpersonal incluye explícitamente las facetas de la psicología y la psiquiatría personal, pero también les agrega las dimensiones más elevadas o más profundas de la experiencia humana, facetas que trascienden el promedio (experiencias que son, dicho en otros términos, “transpersonales” o “más que personales”)». K. Wilber, El ojo del espíritu, Una visión integral para un mundo que está enloqueciendo poco a poco, Kairós, Barcelona, 1998, pág. 47.
  2. A. Maslow, El hombre autorrealizado, Kairós, Barcelona, 1987, pág. 12.
  3. R. Walsh y F. Vaughan, Más allá del ego, Kairós, Barcelona, 1987, pág. 14.
  4. Grof desarrolló en los años setenta una técnica de hiperventilación para inducir «experiencias especiales» a la que llamó «respiración holotrópica». En la actualidad es uno de los instrumentos principales que emplean los psicoterapeutas de orientación transpersonal.
  5. W. James, Las variedades de la experiencia religiosa, Península, Barcelona, 1986, pág. 384.
  6. El Círclo Eranos organizó conferencias en las que participaron científicos, investigadores y especialistas de diversas disciplinas, entre otros, Martin Buber, Marie-Louise von Franz, Erich Newmann, Erwin Schrödinger, Daisetsu Teitaro Suzuki, Mircea Eliade, Jean Gebser, Heinrich Zimmer, Paul Masson-Oursel y Joseph Campbell.
  7. J.-J. Antier, Jung o la experiencia de lo sagrado, Kairós, Barcelona, 2011, pág. 315.
  8. C.G. Jung, Recuerdos, sueños, pensamientos, Seix Barral, Barcelona, 1986, pág. 328.
  9. C.G. Jung, El hombre y sus símbolos, Aguilar, Madrid, 1974, pág. 92.
  10. A. Maslow, La personalidad creadora, Kairós, Barcelona, 1987, pág. 212.
  11. K. Wilber, El espectro de la conciencia, Kairós, Barcelona, 1990, pág. 133.
  12. M. Almendro, Psicología del Caos, La Llave, Vitoria, 2002, pág. 193.
  13. F. Lenoir, Las metamorfosis de Dios. La nueva espiritualidad occidental, Alianza Editorial, Madrid, 2005, pág. 223.
  14. «¿Cómo puede la ciencia, cuando está basada en una actitud fragmentaria hacia la vida, llegar a entender la esencia de los auténticos problemas, que depende de un contexto indefinidamente extenso? La respuesta no se encuentra en la acumulación de más y más conocimiento. Lo que se necesita es sabiduría». D. Bohm y D. Peat, Ciencia, orden y creatividad. Las raíces creativas de la ciencia y la vida, Kairós, Barcelona, 1987, pág. 23.
  15. Ibíd., pág. 53.
  16. E. Laszlo, El cosmos creativo, Kairós, Barcelona, 2008, pág. 31.