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Extractos - Ken Wilber

El Espíritu en acción

por Ken Wilber
Ken Wilber

En mi opinión, todos estamos llamados a despertar a este proceso en el que el Espíritu en nosotros deviene consciente ―o, como algunos dirían, supraconsciente― de sí mismo. En los pasos que conducen de la subconsciencia a la conciencia y, desde ésta, a la supraconciencia, la profundidad aumenta en la dirección de su propio reconocimiento hasta que finalmente terminarnos despertando en la fusión con esa Totalidad radiante.

¿Qué piensa usted a este respecto? ¿Le parece una locura? ¿Considera que los sabios y los místicos están locos? ¿Por qué todos ellos nos ofrecen versiones diferentes de la misma historia? La historia de despertar un buen día y descubrir que es uno con el Todo de un modo atemporal, eterno e infinito.

Sí, tal vez todos ellos estén locos, tal vez sean meros idiotas ante el rostro del Abismo, tal vez necesiten de un terapeuta que les comprenda, tal vez eso pudiera ayudarles.

Pero entonces, me pregunto si la secuencia evolutiva realmente va desde la materia hasta el cuerpo y, desde ésta, hasta la mente, el alma y el espíritu, trascendiendo e incluyendo cada vez con mayor profundidad, mayor conciencia y mayor globalidad. Y, tal vez, en los dominios superiores de la evolución, tal vez ―sólo tal vez―, la conciencia del individuo llegue a rozar el infinito en un abrazo total que englobe a la totalidad del Kosmos, en una conciencia Kósmica en la que el Espíritu despierte a su auténtica naturaleza.

Esto, al menos, es plausible. Dígame: ¿Le parece, acaso, esta historia, una historia glosada por todos los místicos y sabios del mundo, más absurda que la que nos ofrece el materialismo científico de que todo esto no es más que un cuento contado por un idiota, henchido de rabia y de furia que no significa absolutamente nada? Considérelo detenidamente y responda. ¿Cuál de estas dos historias le parece más absurda?

Le diré lo que pienso al respecto. Yo creo que los sabios constituyen la avanzadilla del impulso secreto de la evolución; pienso que ellos son la vanguardia del impulso auto-trascendente que siempre va más allá de donde se encontraba anteriormente; considero que ellos encarnan el impulso esencial del Kosmos hacia una mayor profundidad y expansión de la conciencia; creo, en fin, que ellos cabalgan a lomos de un rayo de luz dirigiéndose hacia una cita con Dios concertada desde antes del inicio del tiempo.

Y también creo que ellos apuntan a la misma profundidad en usted, en mí y en todos nosotros. Creo que ellos están conectados a la Totalidad, que el Kosmos canta con su voz y que el Espíritu resplandece en sus ojos. Y también creo que pregonan el rostro del mañana, un rostro que nos abre al corazón de nuestro propio destino, un destino que también se halla presente ahora mismo en la atemporalidad de este instante y que, en ese asombroso reconocimiento, la voz del sabio se convierte en su propia voz, los ojos del sabio se convierten en sus propios ojos, usted habla con la lengua de los ángeles y se ilumina con el fuego de una comprensión que nunca ha nacido y que nunca morirá, reconociendo su auténtico Rostro en el espejo del Kosmos, descubriendo que su identidad es, en realidad, el Todo y que usted ya no es una mera parte de esa corriente, sino que es la totalidad de la corriente, la Totalidad que no se despliega en torno a usted sino en su mismo interior. Las estrellas ya no brillan ahí sino aquí, las supernovas se originan en su corazón, y el sol brilla en el interior de su conciencia. Al trascenderlo todo usted también lo abraza todo. Y no se trata de una Totalidad final, sino tan sólo de un proceso interminable en el que usted es la apertura, la claridad o la Vacuidad pura en la que se despliega, incesante, milagrosa, eterna y luminosamente, la totalidad del proceso.

El juego ha terminado, la pesadilla de la evolución ha concluido, y usted se halla exactamente en el mismo punto en el que estaba antes de comenzar la representación. Con la súbita conmoción de lo absolutamente evidente, usted reconoce su propio Rostro Original, el rostro que tenía antes del Big Bang, el rostro de la completa Vacuidad que sonríe en toda criatura y que resplandece como la totalidad del Kosmos, y todo se desvanece en esa mirada primordial en la que lo único que perdura es la sonrisa y el reflejo de la luna en un estanque tranquilo, en medio de una noche transparente como el cristal.

Breve historia de todas las cosas, 70-72
 

La Sabiduría y la Compasión

El camino de ascenso desde los muchos hasta el Uno es el camino de la sabiduría, porque la sabiduría ve que detrás de todas las formas y la diversidad de los fenómenos descansa el Uno, el Bien, la incalificable Vacuidad frente a la cual todas las formas devienen ilusorias, fugaces e impermanentes. La sabiduría es el camino de regreso desde los muchos hasta el Uno. Como dicen en Oriente, prajna, la sabiduría, nos permite ver que toda Forma es Vacuidad.

El camino de descenso, por su parte, es el camino de la compasión, porque el Uno se manifiesta realmente como los muchos y, en consecuencia, todas las formas deben ser tratadas con el mismo respeto y compasión. La compasión o bondad es, de hecho, el mecanismo mismo de la manifestación. El Uno se manifiesta como los muchos a través de un acto de compasión y caridad infinita, y nosotros debemos aceptar a los muchos con la misma exquisita compasión y respeto con la que nos dirigimos al Uno. Como dicen en Oriente, karuna, la compasión, nos permite ver que la Vacuidad es Forma.

Así pues, la Sabiduría nos permite advertir que los muchos son Uno, y la compasión, por su parte, ve que el Uno son los muchos. O, dicho en términos orientales, prajna ve que la Forma es Vacuidad, y karuna ve que la Vacuidad es Forma.

El hecho histórico fundamental es que los grandes sistemas no duales de Plotino, en Occidente, y de Nagarjuna, en Oriente, insisten en la necesidad de equilibrar e integrar estos dos movimientos. La corriente ascendente o trascendental de la sabiduría, Eros o prajna, debe verse armonizada por la corriente descendente o inmanente de la compasión, Agape o karuna. Y la unión entre esas dos corrientes, la unión entre el Uno y los muchos, entre la Vacuidad y la Forma, entre la sabiduría y la compasión, en el corazón no dual de Un Sólo Sabor, constituye el origen, el fin y el sustrato de toda auténtica espiritualidad.

Breve historia de todas las cosas, 334-335
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