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Extractos - Emilio Carrillo

De lo Inmanifestado a lo Manifestado

por Emilio Carrillo Extracto de: conócete a ti mismo
Universo manifestado

Existe una tradición de Sabiduría, una Sabiduría Primordial, que delinea la naturaleza del universo y de todo lo que hay en él, incluida la humanidad, en el marco de una Realidad Única, Una o Última. Esta Sabiduría sin Edad le fue dada al género humano en la noche de los tiempos y lo ha ido acompañando a lo largo de su historia. En todas las culturas y épocas ha habido hombres y mujeres que, mediante el estudio, la meditación y mucha dedicación, han conocido, reconocido y guardado esa Sabiduría y la han compartido con sus congéneres. Son los sabios y sabias de todos los tiempos, los grandes pensadores y los instructores espirituales que impulsaron las distintas religiones.

Lo Inmanifestado

Esta Sabiduría Primordial muestra que existe la Realidad Única antes referida. Esta realidad es inmanifestada, infinita, eterna y desconocida e incognoscible para el intelecto humano. San Juan de la Cruz la describió poéticamente con estas palabras en su poema Qué bien sé yo la fuente que mana y corre: "Su origen no lo sé, pues no le tiene, mas sé que todo origen de ella tiene".

Tal Realidad se encuentra subyacente en todas las cosas. Desde tiempos muy antiguos se la ha asociado con sunyata, término sánscrito que se suele traducir como "seidad", pero también como "vacío". Etimológicamente deriva del verbo svi, que significa "expandirse". Sunyata puede definirse como el Silencio original.

Siguiendo los pasos de científicos como Einstein y Higgs y gracias al trabajo experimental llevado a cabo con los aceleradores de partículas, la ciencia sabe hoy que el vacío vibra. Pero corrientes espirituales que vienen de muy atrás, bebiendo de la Sabiduría sin Edad, ya enseñaban que el Vacío o Silencio tiene voz y resuena. Se trata de una pulsación emitida desde el interior del Silencio. Tradiciones espirituales arcaicas identificaron esta voz o pulsación, la vibración pura y primigenia del Vacío, con el sonido Aum u Om. Esta Vibración, voz o sonido, procedente de lo Inmanifestado, es el origen de todo lo que hay en el ámbito de lo Manifestado, es decir, en el conjunto del cosmos. Así se expresó en los versos del Mandukya-upanisad en el siglo I o II: "Om es todo lo que ha existido, todo lo que existe y todo lo que existirá. Y todo lo que transciende el pasado, el presente y el futuro, eso también es Om".

Nuestra mente concreta conceptualiza el vacío como "nada" y, por tanto, como carente de cualquier contenido. Sin embargo, la Realidad no se limita en modo alguno a lo que puede conceptualizar la mente concreta. El Silencio o Vacío primordial está en la raíz de todo y también de nuestro Ser, y su voz es un sonido autoexistente que puede ser percibido cuando uno experimenta sunyata, esto es, la ausencia de todas las constricciones aplicadas a la realidad.

Lo Manifestado

¿Cómo se manifiesta la Creación a partir del OM original? La Vibración del Vacío reverbera en este y, al hacerlo, se genera una cadena de ecos. Imagina que, encontrándote en una montaña frente a un valle, emites el sonido OM. Inmediatamente puede escucharse el eco, cada vez más tenue: om, om, om... En este ejemplo, tú eres el autor del OM original, y el eco lo reproduce exactamente. El eco no es la fuente del sonido ni se produciría sin la causa que es el sonido, pero, a su vez, es una réplica exacta de este. En el ámbito de la Realidad, el OM original es la primera expresión de lo Manifestado, a partir de la cual surgen todos los contenidos del cosmos.

La cadena de ecos es lo que se denomina Verbo en el Evangelio de San Juan. Se expresa como una secuencia de "oms", que escribo en minúscula para diferenciarlos del OM original. Y así como cada eco del OM que pronunciaste en la montaña es cada vez más tenue, al encontrarse cada vez más alejado del sonido original, ocurre algo parecido con los sucesivos oms que van dando lugar a la Creación; pero en este caso, el alejamiento respecto del OM-Fuente se manifiesta como una menor velocidad de vibración. Es decir, cada nuevo om tiene una frecuencia vibratoria menos sutil, más densa, que el del om anterior. Surgen así los distintos planos de lo Manifestado; cada uno corresponde a la vibración de un om. En el ámbito científico se habla de la existencia de dimensiones, mientras que en el contexto de la teosofía se establecen siete divisiones. Clasificados de mayor a menor inefabilidad o sutilidad vibratoria, los siete planos que contempla la teosofía son los siguientes: adi, anupadaka y los planos átmico, búddhico, mental, astral (emocional) y físico.

La razón de todo

Curiosamente, lo Manifestado no es solo la expresión o emanación de lo lnmanifestado, sino que es también un magno escenario de aprendizaje y autoconocimiento. Para hacer una analogía, si lo Manifestado fuese una simple emanación, sería como un cuadro surgido del pincel y los dedos de un pintor. Pero el "cuadro" de la Manifestación no es algo estático; ocurre que todo lo "pintado" tiene vida y que, además, tiene la oportunidad y el anhelo de conocer a su pintor y, en última instancia, fundirse con él. Es como que el pintor no usa pinturas sino que la pintura es su propio cuerpo, y espera que esas partes de su cuerpo que se han proyectado en el cuadro regresen a él. [...]

El porqué y el cómo de la Manifestación siempre tendrán un componente importante de Misterio, pero haremos bien en recordar un par de mensajes fundamentales e intemporales: que Dios es Amor, y que como es arriba es abajo. Así como el amor impulsa los más diversos actos de creación en el ser humano, a través de los cuales ve incrementado su sentimiento de realización, puede muy bien ser que el Amor de lo Inmanifestado no pueda hacer otra cosa que crear un marco de crecimiento consciencial, para gloria y realización de las partes emanadas, y para mayor gloria y realización de lo Inmanifestado mismo.

Lo que está claro es que lo Manifestado experimenta una sensación de separación o alejamiento respecto de su origen que le ocasiona diversos grados de desasosiego, y anhela reencontrar su Fuente para gozar de una paz perdurable. Sabemos que esto es así por nuestra propia experiencia, y porque el anhelo de resolver la separación ha constituido el incentivo de la evolución consciencial de infinidad de mujeres y hombres a lo largo de la historia, y en el momento actual. Sabemos también que, al final de su periplo, los iniciados e iniciadas exclaman, invariablemente: "¡La separación nunca ha existido!". Es decir, acaban por descubrir que la esencia de lo Manifestado es la misma que la de lo Inmanifestado, y la suya propia. Pero este descubrimiento solo es útil si cada uno lo efectúa por sí mismo; no basta con leer acerca de él, ni es suficiente creer en él.

El proceso de descubrimiento de la Realidad Una, que es un proceso de autodescubrimiento, tiene sus complejidades, pues implica varias dinámicas de evolución. Desde una de las perspectivas, eres un ser humano que aspira a conocer su Fuente, pero esta es solo una parte de la historia. Hay otra perspectiva evolutiva, aquella que posibilitó, a lo largo de un proceso que duró millones de años, que hoy puedas gozar precisamente de un cuerpo humano que te permita plantearte tu objetivo y hacerlo realidad. El abordaje más completo que he encontrado, en el que voy a basar la siguiente exposición, es el que expone H. P. Blavatsky en el primer volumen de La doctrina secreta. Blavatsky plantea la existencia de tres líneas evolutivas separadas, cada una de las cuales tiene sus propias leyes, si bien las tres se hallan profundamente entrelazadas. Estas tres líneas son la evolución monádica, la física y la intelectual.