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Artículos - Jeff Foster (2012c)

La Aceptación Profunda (Parte 3 de 3)

Insights at the Edge - con Tami Simon

TS: Ahora Jeff, una pregunta, ¿tuviste la clásica experiencia cercana a la muerte en donde abandonas tu cuerpo y todo eso, o fue más bien una experiencia que te asustó por completo, viéndote en tu ducha dentro de un charco de sangre?

JF: Si, creo que fue más un caso de terror existencial muy fuerte, uno que yo nunca había experimentado antes. Es decir, he tenido miedo a la muerte antes, pero esto fue como un encuentro con... no recuerdo mucho pero creo que estaba bastante asustado y marcó mi vida de alguna manera. Fue como "Dios mío, la muerte está tan cerca. En cualquier momento podemos caer muertos. Así que, ¿qué diablos voy a hacer con mi vida?"

Este tipo de preguntas empezaron a rondar en mí. Preguntas que nunca antes me había hecho. Yo estaba educado como un científico. Tenía una mente muy racional y en ese momento era completamente ateo, no tenía ningún interés en la espiritualidad, no estaba interesado en nada que tuviera que ver con lo espiritual. Todo era pura jerga para mí. Todo era como prefabricado, ¿sabes? Pero todo esto inició algo, porque desde mi propia experiencia, sentí que me había acercado demasiado a la muerte. O por lo menos me di cuenta de que la muerte siempre está cerca y que la vida es preciosa.

Creo que lo que me hizo reaccionar fue haber sentido "Dios mío, esta vida es tan preciosa, este momento es precioso, ¿qué diablos estoy haciendo con mi vida? Tengo un trabajo que odio. Me siento completamente limitado y contenido. No estoy ni cerca de tener una vida que me guste." Era como estar viviendo una vida de robot o una vida de segunda: ir a la escuela, ir a la universidad. Graduarme. Conseguir un trabajo. Casarme. Estaba atrapado en la rutina.

TS: ¿Podríamos decir entonces que tocaste fondo en ese momento? ¿Es correcto?

JF: Creo que toqué mi primer fondo.

TS: Ah, ah de acuerdo (Risas)

JF: Todavía habían más fondos qué tocar. (Risas) Pero ese primer fondo definitivamente determinó algo en mí. Entonces me encontraba yo en el hospital unas horas después y recuerdo claramente que vi una copia de la Biblia, que se encontraba en uno de los cajones junto a la cama. Esto es algo que nunca antes hubiera hecho. Algo en mí estaba... era como si el buscador hubiera nacido en ese momento. El buscador espiritual había nacido, estaba buscando respuestas, buscando alguna clase de significado para la vida.

¿Qué significado tenía todo eso ante la posibilidad de la muerte? ¿Qué es la muerte? ¿Quién soy?, y todas esas preguntas empezaron a fluir dentro de mí pero no era... es decir, yo necesitaba esas respuestas en ese momento justo. Ya no se trataba de un juego. Yo necesitaba saber quién era yo y necesitaba saber lo que era la muerte y quién moría realmente. ¿Qué significado tiene la vida? Así que todo eso fue... el siguiente año, por un par de años me convertí en un obsesivo buscador completamente. Leí, leí, leí. Leí cada libro acerca del despertar y acerca de la iluminación que caía en mis manos. Pero, para mí, todo giraba en torno a la muerte, de verdad. Todo era acerca de la muerte y también acerca del sufrimiento.

Creo que en un determinado momento leí algún libro sobre Budismo y sobre la iluminación espiritual. Yo nunca había escuchado hablar acerca de la iluminación espiritual. De repente, tuve la necesidad de hacerlo. Iluminación espiritual... aquí está el fin de mi sufrimiento, porque yo ya había sufrido demasiado. Así que todo se volvió una obsesión, todo un año, tal vez dos, buscando iluminación espiritual. Realmente me encerré en eso. Me mudé un tiempo a casa de mis padres. Literalmente me encerré en mi habitación, tal vez por un año, dos años. Ahora ya me parece borroso todo eso. Empecé a leer, a leer, a leer y a meditar. Toda clase de prácticas de auto-indagación, todo con el fin de volverme iluminado, ¿ves? Todo se trataba de un objetivo futuro en mi mente. "Un día me iluminaré y todo mi sufrimiento terminará".

TS: Queremos seguir escuchando tu historia porque creo que en este momento mucho de nuestro público se siente identificado contigo en cierto sentido. Diciendo "si, yo antes no me interesaba, sin embargo, ahora me siento muy interesado en saber quién muere. Es por lo que escucho estas transmisiones de 'Insights at the Edge' hasta el cansancio, una y otra y otra vez" como muchos otros oyentes. Y para continuar, Jeff, porque más allá de todo esto, tú tuviste ciertos descubrimientos que te llevaron a concebir "La Profunda Aceptación".

JF: Bueno, si. Es decir, estos años han sido muy intensos. Como dije, me volví completamente obsesivo con esto de la iluminación. Realmente hacía todo lo que podía para volverme un iluminado. Nunca acudí a un maestro. Nunca asistí a ningún taller o retiro o satsang, ni a seminarios, ni nada por el estilo. Creo que fue simplemente mi personaje en ese momento. Tenía este fuego dentro de mí y como que deseaba hacer todo por mí mismo. Así lo sentía, recuerdo que hace bastante tiempo tuve la sensación de que si había ese algo llamado paz, si había eso a lo que se llama libertad, si es que había realmente un despertar, lo tenía que encontrar por mí mismo. Lo encontraré aquí. Lo encontraré aquí en mi habitación, aquí en el patio de mi casa. Siempre, desde un principio, tuve esa sensación.

Tal vez era un poco de terquedad, tal vez una especie de timidez. Todavía era muy retraído y no deseaba abrirme ante los demás. Quería guardarme lo mío para mí. No sabía lo que estaba pensando, realmente, pero tenía esa obsesión de "haré esto por mi cuenta." Así que empecé a leer todos los libros sobre iluminación y a los maestros iluminados y todos aquellos descubrimientos que habían hecho; las experiencias de iluminación que contaban acerca de que un día iban caminando y el yo se desvaneció. Y ya sabes, la historia de Eckhart Tolle, cuando está él acostado en su cama y de repente llegó la claridad.

Entonces traté de que todo esto sucediera para mí. Porque en ese entonces, eso era lo que yo creía que era la iluminación. Pensaba que se trataba de una especie de evento que pasaría algún día, alguna experiencia que debía suceder en un momento dado. Así que conforme pasaban los meses, me volví más y más obsesivo realmente y supongo tuve todo tipo de entendimientos profundos durante meses, años, en realidad. Tuve toda clase de entendimientos, todo tipo de experiencias como hacen muchos buscadores espirituales. Tienes momentos, horas, días a veces, de pura paz y alegría y después todo eso se va y quieres tu experiencia de nuevo, o tienes algún tipo de experiencia de total unidad y después eso se desvanece. O tienes una experiencia de no-pensamiento, el pensamiento desaparece, ya sabes, por minutos, horas, días. Es decir, ya ni sabes nada. Pero después todo eso se va y el pensamiento regresa.

Yo tendría todas esas experiencias, pensé, como muchos lo hacen, sin embargo había algo aún no satisfecho. Seguía en la búsqueda de algo. Llegué al punto, realmente, en que ya ni sabía qué era lo que estaba buscando. No sabía ya lo que buscaba. Simplemente sentía que tenía que seguir buscando. No puede ser esto lo que busco. No puede ser mi experiencia presente, sea lo que sea, cualquier cosa que sea que los maestros espirituales están prometiendo... los gurús... no puede ser mi (corriente) experiencia personal aquello que estoy buscando. Esa era la sensación básica— sea lo que sea que estoy buscando, se encuentra en otro lugar. En el futuro.

Sin importar lo que hiciera, nunca podría llegar hasta ahí. Las experiencias seguirán yendo y viniendo. Las experiencias de alegría pura, de alegría orgásmica total. Hermosas, pero se irán y entonces yo seguiré esperando esa experiencia final, la iluminación final, la experiencia del despertar y nunca llegará. Estaba atrapado en todo eso. Estaba realmente atrapado en esa idea de un futuro despertar, realmente atrapado. En mi experiencia, esto parece ser aquello de lo que hablan algunos maestros espirituales —por lo menos aquellos que yo estaba leyendo— ese despertar era algo que se encontraba en el futuro; era algo que sucedería algún día. Así que realmente, el resultado de todo esto fue que llegué a sentirme completamente, totalmente exhausto. Me había estado agotando a mí mismo. Simplemente perdí contacto con el mundo exterior. Me había metido en mi pequeña cueva.

No tenía ninguna relación en ese momento. No me quedaba ya ningún amigo, creo. A nadie le hablaba acerca de mis experiencias. Había veces en que ciertamente pensaba que ya estaba iluminado. También pasé por eso. Tuve ciertas experiencias y llegué a la conclusión de que efectivamente estaba ya iluminado. Me iba a la cama en la noche... (risas) creyendo que ya estaba completamente iluminado. Y por supuesto, me levantaba por la mañana y se me olvidaba.

Me estaba volviendo loco, pero seguía sin poder encontrar una salida. Todo llegó a un punto de completo cansancio con todo lo que fuera espiritual, cualquier cosa espiritual, realmente. Simplemente me estaba ahogando en todos esos conceptos espirituales. En ese entonces tuve contacto con el Advaita y la no-dualidad, que seguramente varios de tus oyentes han de conocer. Estaba yo lidiando con todos esos conceptos como "no hay un yo, no hay tiempo, ni espacio, ni elección" y todos estos asuntos andaban nadando por toda mi cabeza. Ahí fue cunado me sentí completamente exhausto.

Bueno, tuve una experiencia que recuerdo y de la que hablo de vez en cuando. Realmente no se trató de una experiencia, como tal, porque eso que había yo estado esperando era una especie de gran experiencia: estaba tratando de encontrar mi salvación a través de experiencias. Realmente lo que pasó fue más bien que me acordé de algo que tal vez había olvidado. Así que recuerdo muy específicamente: un día, me parece que estaba acostado en mi cama cuando vivía con mis padres, completamente agotado, totalmente rendido de toda esa búsqueda espiritual, simplemente cansado de todo y me dije "nunca me volveré un iluminado, sin embargo, no puedo dejar de buscar." Eso era lo que sentía. "He tratado todo, nada funciona. Todo lo que hago para tratar de despertar, todo lo que intento para poder despertar, parece alejarme más y más de ello".

Entonces, ahí tirado en mi cama, en mi habitación —era la habitación en donde había crecido, la misma— simplemente recordé, por alguna razón eché un vistazo hacia una silla. Estaba viendo la silla de mi habitación. Era una silla que había visto miles de veces antes. Había estado ahí desde que yo era un niño. Era una silla vieja, muy familiar. Y creo que algo simplemente se apoderó de mí. O recordé algo, o algo se hizo evidente. Para mí ahora resulta muy difícil explicarlo porque no era la gran cosa.

Era esa sensación de "¡Ah, claro! ¡Por supuesto!" Era algo como muy familiar. Algo que siempre supe, algo que siempre estuvo en la punta de mi lengua, algo que siempre había estado conmigo. No era como una nueva experiencia. Era algo que siempre había estado conmigo. Y era un sentimiento de "Dios mío, este momento era el que estaba buscando. Este momento es el que siempre busqué." Es decir, podría sonar muy extraño pero, había una sensación de "oh Dios mío, es la silla. Es la silla." (Risas) Porque había estado por años, quizás toda mi vida, siempre estuve buscando algo, sin saber siquiera lo que era. Especialmente como buscador espiritual, estaba buscando la iluminación, esa gran experiencia, los fuegos artificiales. Yo quería fuegos artificiales.

¿En dónde está la unidad? ¿En dónde está la unidad? Y tuve la sensación en ese momento de "bueno, la unidad es esto. ¡Ya está aquí. Cualquier cosa que estés buscando Jeff, ya está aquí!".

Y esto no se dio con palabras, no se trataba de la mente entendiendo eso. Era algo mucho más profundo, algo mucho más primario que eso. "Cualquier cosa que estás buscando Jeff, nunca la encontrarás fuera de lo que ya hay aquí." Recuerdo que en ese momento, estallé en lágrimas. Estaba llorando. Creo que lo hice por una hora porque estaba con un sentido de total humildad y gratitud. ¡Era gratitud por una silla!

En realidad esto es bastante difícil de explicar. Se trataba de algo tan ordinario y simple como lo es una silla. Siempre pasé esto por alto porque estaba más bien buscando algo diferente, algo más: deseaba ser exitoso, deseaba la iluminación, esperaba muchas cosas y siempre pasaba por alto la silla, que siempre estuvo ahí, ofreciéndose libremente, sin pedir nada a cambio. La vida misma siempre estuvo aquí ofreciéndose y siempre la estuve ignorando. Siempre la ahuyentaba o la ignoraba o me sentía abrumado por ella o simplemente no la reconocía. Esa fue quizás la primera vez, cuando me hice consciente de esa silla —aunque suene demasiado extraño.

Después, recuerdo haber visto a mi alrededor y cambiar mi atención de la silla hacia el tapete. Se trataba de un tapete común y corriente, y estaba ahí esa sensación de "oh dios mío, también el tapete." (Risas). Suena muy chistoso cuando hablas de ello. Cualquier cosa que hubiera estado buscando a un nivel profundo, está apareciendo ahora en forma de esta silla y de este tapete. Recuerdo haber recorrido la casa, observando todo, como si fuera la primera vez. Es decir, realmente era así —suena un poco como a cliché— pero realmente fue observar todo por vez primera. Simplemente estar mirando toda la casa sin Jeff, por supuesto. Observando lo que la vida era sin Jeff, sin aquel buscador, sin que Jeff estuviera en busca de algo, sin ese personaje Jeff que siempre se había sentido incompleto y que siempre estaba en la búsqueda de una especie de futura plenitud. Era ver la vida sin Jeff, y el tapete, y las paredes y las luces y después abrí una ventana. Y ahí "¡oh dios mío, también allá afuera!" también hay árboles, coches, obras en la calzada, perros y perros armando jaleo y casas. Hay mucho de todo eso. Y después recuerdo haberme girado a ver mi cuerpo y pensé "¡oh dios mío, también esto es parte de todo!" debido a que por mucho tiempo había estado yo atrapado en todas esas ideas espirituales que decían de alguna manera que el cuerpo era un especie de enemigo, o que la iluminación marcaba el fin de ese cuerpo o que debíamos deshacernos del cuerpo o trascenderlo de algún modo.

Fue como si el hacerme consciente de todo eso pusiera las cosas de cabeza. Porque ahora... y eso realmente nunca cambió, pienso que fue fundamental, una toma de consciencia fundamental porque nunca desapareció —es ese sentido que se tiene de que cualquier cosa que surja ahora mismo, ya sea una silla, un tapete, los árboles, los coches o tus pensamientos, tus sensaciones, tus sentimientos, esas olas de tristeza o de ira— en el nivel más profundo, son sagradas. Todo esto es sagrado y digno de amarse, en cierto modo, la mente nunca comprenderá esto.

Pasé demasiados años intentando entender todo desde el intelecto o traté de llegar a un entendimiento intelectual y creo que me di cuenta en ese momento que se trataba de algo que no podía entenderse intelectualmente, sino que se trataba de identificar aquello que estaba presente, lo que hay aquí, lo que se da aquí. Así que recuerdo haber estado mirando el cuerpo y las manos, los pies, las piernas, el pelo; y todas las imperfecciones de repente se vieron sin aquel buscador, sin esa historia acerca de perfeccionarme en un tiempo futuro, sin la historia de volverme un iluminado.

Visto desde la luz de esta aceptación, incluso mis imperfecciones eran perfectas de alguna manera. Estaban perfectamente dispuestas. Había un sentido de que todo estaba justo en su lugar y en una forma que nunca antes había podido comprender. No se trataba de un juego intelectual conmigo mismo. No era como creer que todo era perfecto; era realmente estar apreciando esa perfección inherente que no estaba en guerra con mi imperfección. Pienso que esa fue una toma de consciencia fundamental. Todo esto destruyó completamente mis viejos conceptos acerca de lo que era la perfección. Antes de eso, siempre vi la perfección como un estado futuro o que la perfección significaba deshacerse de la imperfección. Todo esto había establecido un gran cambio porque ahora la perfección se trataba de esta total aceptación de la imperfección —esta aceptación del pensamiento, de las sensaciones, de los sentimientos, de los sonidos y de los aromas.

Así que recuerdo que me dejé caer sobre mis rodillas y me puse a llorar. Lloré todo lo que tenía que llorar. Me parece que en esa experiencia —o en esa no-experiencia o como quieras llamarlo— me parece que rompí de tajo con todo. Ese fue realmente el comienzo del fin de mi búsqueda espiritual.

Siento que realmente es como si toda mi vida hubiera dado un vuelco después de eso porque la vida ya no se trataba de mí, Jeff, intentando llegar a algún sitio, o yo, Jeff, buscando algo, o yo, Jeff tratando de iluminarse. Todo se trataba ya de recordar que todo pensamiento, toda sensación, todo sentimiento es sagrado en el nivel más profundo y además es aceptado por la vida, no por mí. Es aceptado y aceptable por la vida. Creo que desde ese entonces... no fue "oh dios mío, todo mi sufrimiento se ha ido y todo es perfecto." Me parece que a todos nos encantan esas historias de despertar pero, nunca he conocido a nadie que realmente haya tenido una experiencia de despertar y que todo su sufrimiento se haya desvanecido para siempre, para nunca volver.

Creo que lo que esta experiencia —o esta no-experiencia, o como quieran llamarla— creo que lo que logró en mí es que cambió por completo mi relación con el sufrimiento. Lo que percibí fue que básicamente el sufrimiento era, en el nivel más básico, el sufrimiento era y es ese huir de la vida. El sufrimiento es nuestro intento de escapar de lo que hay en este momento, huir de aquello que está aquí, negar aquello que es aquí. Es olvidar lo que somos. Es olvidar que el origen de esa experiencia ha sido aceptada de antemano: esos pensamientos, esas sensaciones, sentimientos, en el nivel más profundo, ya han sido aceptados en nosotros, en este momento.

Entonces, el fin del sufrimiento —ahora me doy cuenta de que el fin del sufrimiento no se trataba de un gran evento que iba a suceder algún día. El fin del sufrimiento estaba realmente contenido dentro de mi experiencia presente. Se trataba de un recordatorio a mirar todo aquello que estaba aquí. Entonces lo que vi después fue que cada vez que me veía sufriendo, cada vez que me encontraba en medio de una lucha en mi vida, se trataba nuevamente de una invitación. No se trataba de un error. No era tampoco un castigo. Era una invitación que me indicaba en ese momento que me estaba olvidando de algo. Por años —creo que fue hace como siete u ocho años— pasé por toda clase de cosas en esos siete u ocho años. Ya sabes, pleitos en mis relaciones, dolor físico —mi padre se encuentra bastante enfermo actualmente— he tenido toda clase de retos. Y retos también al convertirme en maestro —porque eso sucedió inesperadamente— y el que me pidieran salir y hablar con la gente y que se me hicieran preguntas tan desafiantes, y abrirme a todo eso teniendo cuidado para no convertirme (o resistiendo la urgencia de convertirme) en una especie de gurú iluminado que iba a salvar el mundo. Sabes, siempre estando alerta para no apegarme demasiado, evitando generar la idea de ser un maestro o un salvador que posee todas las respuestas.

Enfrenté toda clase de retos en estos años pero en todos y cada uno de los casos ha sido mantenerme quieto ante lo que está surgiendo y mantenerme ahí ante la tristeza, ante el dolor, mantenerme ante la confusión y la duda sabiendo que todo esto es una invitación. Es tan sólo una invitación a recordar. Creo que esa experiencia de la silla, ese recordatorio de algo tan familiar, me hizo pensar básicamente que nunca me debe importar pasar por lo que estoy pasando, que no importa realmente la experiencia que esté teniendo. No importa que tan intensas se pongan las olas de la vida, hay un saber muy profundo que indica que todas esas olas son aceptadas aquí.

Es como honrar la vida. Es honrar esta vida que se mueve en mí. Eso es lo que a mí me parece, y eso es lo que olvidamos como seres humanos. Miras el mundo y parece haber demasiado conflicto, miedo y estrés. Me parece que todo conflicto humano y violencia y sufrimiento provienen de ese olvido básico, muy básico... de lo que somos realmente. Hemos dejado de honrar la vida. Cuando dejamos de honrar la vida, sufrimos. Cuando dejamos de apreciar lo sagrado en todos y en cada uno de los momentos, en todos y en cada uno de los pensamientos, sensaciones, sentimientos —ahí es en donde nace el sufrimiento. Pero después, incluso nuestro sufrimiento es parte de esa invitación a recordar. No queremos convertir ese sufrimiento en el enemigo a destruir. El sufrimiento es una invitación. Si podemos apreciarlo de esta forma, ¿sabes?

Cuando se está sufriendo, por supuesto que no se siente a veces como una invitación. Tal vez eso sea cierto. Sabes, hace varios años cuando estaba yo tan deprimido y no podía salir de la cama algunos días porque la vida me resultaba demasiado pesada, no lo sentía como una invitación. En retrospectiva, me doy cuenta que así era. Creo que en ese entonces, simplemente no podía darme cuenta. Veía el momento como algo con lo que tenía que luchar o algo de lo que tenía que escapar, en lugar de ver ese momento como algo para aceptar, abrazar y quedarme ahí. Así que siento que esta es nuestra aventura y nuestro reto. Y es nuestra invitación, a quedarnos, a quedarnos, a quedarnos. Es decir, en todo el sentido de la palabra quedarse. Reunirnos. Reunirnos con nosotros mismos, sin importar lo incómodo que se ponga todo, o qué tan intensas se pongan las olas porque podría haber oro en esas olas —sabes, para combinar algunas metáforas.

Si tan sólo nos podemos quedar con nuestra experiencia, incluso si hay la tentación de salir corriendo, el impulso es de huir —pero la invitación es a quedarse, quedarse con ese malestar. Quedarse en la confusión. Quedarse en la duda, porque puede que encontremos oro, podría haber polvo de oro dentro de esa duda. Podría haber oro en ese miedo. Podría haber oro en la tristeza, pero nunca lo sabrás si sales corriendo. Nunca lo sabrás. Y quién quiere —sabes, yo no quisiera morirme sin saberlo. Así que es esto realmente lo que comparto y sobre lo que hablo en mi libro y en mis reuniones y en los retiros, es este mantenerte en la vida y cómo nos reunimos con la vida, cómo nos quedamos con la vida, cómo le decimos Si a la vida.

Y tal vez, como sugiero en mi libro, tal vez ni se trate de preguntar cómo, tal vez ni siquiera tengamos que preguntarnos cómo me quedo. Tal vez ni siquiera se trate de una cuestión de cómo me reúno con la vida. Tal vez no sea cuestión de preguntarse cómo aceptar este momento. Tal vez, y a un nivel más profundo, este momento ya ha sido permitido. Tal vez aquello que somos ya ha permitido que esto sea así. Así que quizás no sea una cuestión de cómo. Tal vez el "cómo" se disuelva. Tal vez en ese quedarse con el malestar, el "cómo" quede a un lado, y finalmente nos reunamos con aquello que nunca fuimos capaces de reunirnos. Y tal vez podamos finalmente descansar, realmente, dentro de ese malestar. Podemos descansar en nuestro dolor. Podemos descansar en nuestra tristeza. Sin importar lo extraño y lo paradójico que suene, pero tal vez ahí sea ahí en donde verdaderamente se encuentra el descanso real, en ese sitio del que siempre quisimos huir. Tal vez es ahí en donde el verdadero descanso se está escondiendo, en el último lugar que buscaríamos. ¿Sabes?

TS: Debo decirte Jeff, me encantó escucharte. Me encanta charlar contigo y me siento honrada y muy agradecida de que "Sounds True" esté trabajando contigo y que hayamos podido publicar tu nuevo libro. Es maravilloso conocer a un joven, podríamos decir un maestro espiritual que está surgiendo y que aún no es tan conocido, con un trabajo que de verdad ayuda. Esto pone a la gente con los pies en la tierra y le llega hasta el corazón. Así que quiero agradecerte y pronto tendremos otra conversación. Por el momento creo que es bueno que paremos aquí ¿Te parece?

JF: Muy bien, muchas gracias Tami. Es un verdadero placer reunirme contigo.

TS: Exacto. Se siente como una reunión. Hemos estado hablando con Jeff Foster. Autor de un nuevo libro que se llama "La Aceptación Profunda: Un Despertar Radical en la Vida Ordinaria" Jeff también ha creado junto con "Sounds True" una serie de aprendizaje de seis sesiones de audio llamada La Aceptación Profunda. Jeff, como siempre, fue maravilloso estar contigo. Lo has hecho realidad.

JF: Gracias Tami.

TS: Desde Soundstrue.com. Muchas voces. Un sólo camino. Gracias por escucharnos.