Artículos - Roberto Pla
¿En qué consiste el discernimiento?
De una entrevista con Roberto Pla
Por Roberto Pla Revista Viveka― ¿Qué es en realidad el discernimiento? Porque me parece que muchas veces se emplea esta palabra en muy distintos sentidos.
― Eso suele ocurrir con los vocablos cargados de significación, especialmente si proceden de traducción. Porque supongo que al hablar del discernimiento te refieres al proceso de conocimiento designado en la India con la palabra Viveka, muy importante tanto en el sistema Yoga de Patanjali como en el advaitismo vedántico. Actualmente hay algunas corrientes, como la exposición de Krishnamurti, que hacen referencia al discernimiento con un contenido similar. El significado completo de Viveka, una de las vías del conocimiento, ha sido explicado por hombres muy espirituales que lo han practicado durante siglos, y no existe ninguna palabra en las lenguas occidentales que pueda abarcar todo su contenido.
― Hablemos entonces del discernimiento en su sentido de Viveka. ¿Se trata de una selección, o es el resultado de un acto intuitivo?
― Digamos como principio que el discernimiento en el sentido de Viveka no es un juicio de elección, sino un acto de ver mediante el cual lo visto se convierte en conocimiento.
― Según esto discernir no es separar lo falso de lo verdadero, a un lado la paja y al otro el grano, sino ver lo que es real, ¿no?
― El discernimiento de que hablamos es un acto integral en el que no cambia el mundo sino nuestra apreciación del mundo. La paja y el grano pertenecen por igual a la realidad. Corrientemente se ha considerado el filosofar como una búsqueda de la verdad, con la esperanza de que el hombre, merced al conocimiento, obtenga la capacidad necesaria para desechar lo falso y elegir lo verdadero. Pero la vida no es un muestrario de monedas falsas y legítimas para que descubramos estas últimas. Quiero decir que no hay dos mundos, uno falso y otro verdadero, sino uno solo: el mundo. Sólo hay una moneda que nos invita a descubrir el metal de que está fabricada. Si la moneda es de oro y uno cree que es de plata, es uno quien crea lo falso. Cuando merced al discernimiento se conoce que la moneda es de oro, en un solo acto, de una sola vez, se reconoce lo verdadero y se abandona lo falso. La moneda, en todo ese proceso, permanece inmutable. Lo único que desaparece es nuestra ignorancia.
― Alguien puede decir que no hay discernimiento si aceptas la vida tal cual es, que el hecho de discernir implica una no aceptación. ¿Por qué surge esta confusión?
― Lo que implica la verdadera búsqueda es una no aceptación de nuestra ignorancia respecto al sentido de la vida; un intento de ver la vida tal como realmente es. No aceptar el error no significa no aceptar la vida sino amarla en su profundidad. En otras palabras: los datos de los sentidos, la historia, la herencia, el mismo proceso de vivir, los mecanismos de la memoria e incluso la acción de ciertos niveles de nuestra mente son siempre condicionantes y proporcionan una visión errónea de las cosas. La revisión seria de nuestras opiniones, de nuestras creencias, de nuestros contenidos inconscientes, desencadena de hecho una sucesión de actos de discernimiento, cuya acción es descondicionante, que abren paso a la percepción de la Realidad.
― Los fenómenos, según esto ¿se podrían definir como maneras de ver?
― No. No hay mas que el ver o no ver. Los fenómenos están ahí. Como decía Ramakrishna, las estrellas están en el cielo de día y de noche. Sólo que de día no las vemos.
― Por lo que dices el discernimiento se asemeja grandemente a la intuición desde el momento en que es una visión directa. ¿verdad?
― Los mecanismos de aparición de ambos hechos son idénticos allá en lo profundo porque la luz es siempre la misma y viene de un mismo punto. Decimos de la intuición que es una visión directa porque no aparece como fruto de un razonamiento. Lo mismo ocurre con el conocimiento que sobreviene a consecuencia del acto de discernir. Pero en el discernimiento se hace luz sobre el punto que uno mira, por lo que en cierta medida es el resultado de una investigación sobre la verdad. En cambio la intuición es luz que enseña a mirar, pero aparece sin necesidad de haber mirado antes.
― Has dicho que el discernimiento es un acto de ver, pero el ver tiene que llegar hasta deshacer todos los hábitos que funcionaban mecánicamente ¿Debe ir acompañado de un trabajo concreto?
― El acto de ver es conocimiento y conocer y ser son una misma cosa. Por eso cuando hay conocimiento hay transformación y uno es entonces aquello que ha descubierto. Esto es muy importante. El acto de ver es una respuesta al hecho, pero una respuesta espontánea y su consecuencia es una armonía natural en cuanto al comportamiento. No hay una finalidad en el mirar, ni en el haber posterior. Los hábitos se desprenden y dejan de funcionar, pero no hay un trabajo concreto, una ambición espiritual, una búsqueda teológica. La mente que mira ―sólo mirar―, es una mente pacífica, mansa, feliz que vive en la Realidad.
― ¿Quieres decir que el ver no es un mero hecho intelectual, si no que abarca la vida toda?
― En efecto. Cuando uno ve que está sucio se lava. No hay ningún intelectualismo en ello. Cuando vemos una cosa con profundidad, la totalidad de nosotros mismos se pone en marcha. Ver es una totalidad, un acto simple de la inteligencia que no necesita refuerzos ulteriores. Ver y transformarse son una misma cosa.
― Y en el tiempo, cuando el ver se va ampliando, cuando una persona va quemando todo en aras de ese ver, entonces ¿este ver lo va transformando todo?
― Cuando ves una cosa, termina. Ver una cosa es entenderla y en cierto sentido culminarla. Por eso no creo que el ver pueda hacerse mas grande. Ver es un acto infinito, sin dimensión. No se trata de una serie de sumandos en la cual la Realidad de hoy se añade a la Realidad de ayer. Realidad más Realidad dan sólo Realidad. En cuanto a lo de quemarse, ver es siempre quemarse. El verdadero camino es un altar en el que es uno mismo lo que se ofrece como holocausto. Discernir es un acto religioso, profundo, en el que todo nuestro ser entra en acción presto a ser consumido.
― A simple vista el acto de ver es idéntico a observar. ¿En que se diferencian ambos actos? Dicho de otra manera: ¿el acto de ver requiere una especial posición mental?
― Ciertamente. En el observar hay siempre un observador y una cosa observada. Es un hecho dentro de la dualidad. Sin embargo el discernimiento no puede darse más que en la unidad. Quiero decir que el acto de ver sólo trae discernimiento, sólo es un acto de inteligencia integral, cuando la idea del yo está ausente. Esto es esencial y resulta necesario comprenderlo. Para que la acción de la inteligencia se ponga en marcha la mirada no tiene que comportar un yo que está mirando, porque sólo la mente que no mira desde la mezquindad de su centro psicológico es capaz de abarcar la totalidad de la vida y comprenderla.
― Eso quiere decir que la muralla que impide que mi mente vea las cosas tal como son está formada de separatividad, de yo y tú. ¿Cómo puede acabarse con eso?
― El descubrimiento de que no hay un yo psicológico es el comienzo de la libertad. La mente que cree que existe un yo de su mismo nivel, un yo mental y limitado, mediador entre el Ser universal y ella misma, sirve a ese yo como una esclava y mantiene echado sin saberlo el velo que le impide ver la Realidad. La mente crea el yo y luego este yo la tiraniza. Si bien se mira, todos los motivos de inestabilidad para la mente arrancan de su idea del yo, porque cuando no hay tal idea, ¿quién sentirá el orgullo, el dolor moral, la ira, la envidia?, ¿para quién serán la ambición, el placer y la codicia? Cuando la mente, en un acto de comprensión, desecha por inútil ese yo de su misma naturaleza, obtiene por ese acto la cualidad de mirarlo todo desde un océano sin límites, desde un punto no condicionado por la dualidad objeto-sujeto. Es así como adquiere el derecho de ver las cosas tal como son y no como las imaginaba desde la idea del yo. Cada acto de ver abre entonces las puertas a la Realidad. En uno de sus concisos aforismos explica Patanjali algo de lo que acabamos de decir y añade que entonces la mente queda «profundamente sumida en el discernimiento y gravita hacia la soledad». Es esta hermosa soledad de la mente la que aterra a muchos y les impide desprenderse de la idea del yo. Para tales mentes la práctica de todo lo que significa el no-yo será un seguro sendero hasta que se horade y debilite el temor. Lo que es posible afirmar es que la muerte de la idea del yo trae siempre en sus mismas naves, mas pronto o mas tarde, el primer aliento del Ser Universal. Un Ser eterno que no es nacido de la mente sino Señor de ella, que es la Vida misma, el Ser que uno realmente es y que está hecho de inagotable plenitud.