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Nicolás Brunori

Sé quien soy

No sé quien soy → Sé quien soy → Soy

Un viaje sin distancias a la realidad

Por Nicolás Brunori, 30 de enero de 2026

Introducción

El propósito de este libro es hacer fácil lo que muchas veces parece difícil e incomprensible en la experiencia de la «vida».

Este texto se basa en un viaje personal que te invita a cuestionar tu propia realidad. Al igual que el título, esta travesía tiene tres etapas:

«No sé quién soy»: La etapa inicial. Aquí, todos nos sentimos perdidos en el «sueño» de la vida, buscando la felicidad y la verdad en el exterior, sin saber que la mente-ego o nuestro personaje es un guía sin rumbo que nos lleva por un camino de ilusión o simulación.

«Sé quién soy»: La etapa de la comprensión. Es el momento en que el vacío existencial nos obliga a detenernos. Es la certeza que surge de la auto-realización, cuando nos damos cuenta de que la verdad no se encuentra en el mundo ilusorio, sino en el eterno ahora.

«Soy»: La etapa final. Es el regreso definitivo a la realidad, donde el sabio se vuelve niño y comprende que no hay distancias. Esta certeza me la enseñó mi hijo y maestro, Dante, quien con su simpleza y sabiduría me demostró que no se necesita de la ilusión de un cuerpo para SER.

Este no es un libro para convencerte, sino una invitación a no creer en nada más que en ti mismo. Es un viaje para redescubrirte sin los filtros y engaños que has aprendido en el tiempo, y así poder regresar a la paz y unicidad que siempre han sido tu verdadero hogar.

Al igual que el agua necesita de muchas gotas para romper una piedra, vamos a abordar la misma temática desde diferentes perspectivas. Es tan simple que a veces se vuelve difícil de aceptar. Sin embargo, con calma, observación y sin juzgar lo que has aprendido, la roca de tus creencias terminará por romperse.

Este acontecimiento siempre ocurre en el (a)hora sin tiempo.

Tiempo o Eternidad

La eternidad es sinónimo de permanencia. Para que algo sea permanente, no debe tener cambios.

El tiempo es sinónimo de cambio, porque todo se encuentra en constante transformación, segundo a segundo. Nada en el tiempo es constante; son estados transitorios, mientras que lo que es eterno es inmutable.

Para la gran mayoría de los humanos con sus mentes-ego, el tiempo es una porción de la eternidad, o la eternidad es la continuidad de él. De esta manera, la eternidad debería cambiar, lo cual es imposible, porque es constante, sin opuestos e inalterable. La eternidad no forma parte del tiempo, ya que depende enteramente de la ausencia de este.

Cuando utilizo las palabras Eterno, Uno, Ser o Dios, no hago referencia al Dios de las religiones que nos contaron, pero que nadie vio. Un anciano con cuerpo y barba blanca no puede ser más que un producto de la imaginación, por el simple hecho de que el Ser/Dios no puede ser observado, sino experimentado.

Entender la diferencia entre el tiempo y la eternidad es la base sobre la que se cimienta todo, es como aprender las tablas de multiplicar en matemáticas. Una vez que las incorporamos por completo, ya no importan los números y las cifras con las que debemos operar, nos sentimos seguros de lo que estamos haciendo porque sabemos discernir y ejecutar lo aprendido.

Ahora, vamos a observar como testigos, sin juzgar, sin dejar que la mente-ego nos guíe.
Solo comprendiendo los términos para comenzar a ordenar nuestra confusión.

¿Qué significa el tiempo?

El tiempo (del latín tempus) es una magnitud física con la que se mide la separación o la duración de los acontecimientos. Un reloj es cualquier dispositivo que puede medir el tiempo transcurrido entre dos eventos que suceden respecto a un observador.

Unidades de tiempo (de separación):

La implementación de minutos u horas para determinar la distancia entre un punto A y un punto B es también una de las maneras más comunes de corroborar la separación. Por ejemplo: «Mi casa está a 45 minutos del aeropuerto».

¿Qué significa la eternidad?

El concepto de eternidad (del latín aeternitas), relacionado con el de inmortalidad, se refiere a una existencia sin tiempo, fuera del tiempo o «no-tiempo». Por lo tanto, no es como la mayoría piensa, es decir, como un extenso período de duración temporal.

En general, creemos que la eternidad es una continuidad del tiempo qu nunca va a terminar cuando el cuerpo deje de funcionar. De esta manera, nos auto-engañamos para quedarnos tranquilos, pero no discernimos en profundidad porque nuestra realidad inventada estaría en riesgo.

La eternidad es sin tiempo, sin segundos, minutos, horas, días, meses, años, décadas, siglos y milenios. En resumen, sin separación, sin punto A y sin punto B. No hay principio ni final. Por lo tanto, para que exista el tiempo, debe existir separación, y para que exista la eternidad, debe existir unicidad.

De esta manera, podemos exponer que el tiempo y la eternidad se excluyen mutuamente y no pueden coexistir, porque cada uno niega la existencia del otro. Dicho de otra forma, solo uno de ellos es real. O es el tiempo o es la eternidad, pero no pueden ser ambos reales. Solo uno es verdadero y el otro es falso, ilusorio o una simulación.

Comprender y aceptar esto puede resultar difícil en el proceso de búsqueda interna de:

Esa pregunta no puede ser respondida, porque la respuesta se encuentra en tu Ser/Dios, que lo acepta con total naturalidad, y no en tu identidad separada, tu yo mente-ego o personaje, que sobrevive a través de tu propia confusión con respecto a lo que eres y lo que crees ser.

    Eternidad. Unicidad.

Para ser eterno, sea lo que sea, debe ser uno; no pueden ser dos o más. Por lo tanto, Dios o el Ser (como cada uno quiera llamarlo) no puede ser observado, sino experimentado. Y esto sucede cuando se disuelve el «yo», nuestra identidad psicológica que nos hace sentir separados de todos. Se pone fin al tiempo en nuestras mentes-ego fragmentadas y al diálogo interno con el cual nos sentimos tan identificados como si fuera nuestro propio ser.

Cuando la revelación del Ser/Dios se manifiesta, la duda de lo que somos desaparece para siempre. Pero mientras tanto, debemos observar una instancia donde los caminos nos dirigen a distintos lugares.

Cuerpos o Espíritu

Cuerpo, mente y espíritu.

La palabra cuerpo proviene del latín corpus y se refiere a la figura humana formada por cabeza, tronco y extremidades. Por lo tanto, el cuerpo existe en el tiempo como un ente separado y perecedero. La mente la analizaremos al final para que saques tus propias conclusiones.

El Espíritu, Dios o Ser Eterno existe como unidad, sin separación ni tiempo. Afirmar, a modo de ejemplo, que alguien nace en el tiempo (separación) a través de un cuerpo, y que cuando este deja de funcionar su alma o espíritu vuelve a la eternidad (unidad), es una incoherencia. Sería tan contradictorio como decir que Dios es eterno (unidad) y que hay más de uno (separación).

Muchas personas, especialmente en el ámbito de la ciencia, donde todo debe tener un resultado tangible, sostienen que solo son un cuerpo y que, al llegar su fin, todo termina. Carecen de un mundo espiritual, son frutos del tiempo y niegan lo eterno. Esta es una postura muy honesta, no es ambigua ni confusa. A esto lo llamo «Modo Humano»: tienen cuerpos, no tienen espíritu y no existe nada más.

Por el contrario, la gran mayoría de las personas sigue una doctrina que no es propia, sino impuesta de generación en generación, sin haberse detenido a entenderla. Esto es confuso y nos retrasa en el camino para reconocer nuestra verdadera identidad, no como persona humana, sino como Ser/Dios. A esto lo llamo «el engaño del Modo Ser Humano».

Tomemos como ejemplo las creencias más difundidas. Cuando nace un cuerpo en el tiempo (no puede vivir en lo eterno) y le adjuntamos su alma o espíritu, que es eterno (no puede vivir en el tiempo), el hecho se vuelve contradictorio. El tiempo y lo eterno no pueden coexistir. Sin embargo, esto nos parece normal y natural, debido a nuestra falta de entendimiento con respecto a nuestra verdadera identidad.

¿Qué es el alma?

Muchos hablan del alma, y al hacerlo, simplifican el problema y obtienen cierta tranquilidad ante una confusión que no quieren comprender.

Tenemos que definir a qué ámbito pertenece el alma. Si cada uno de nosotros tiene un alma, significa que esta vive en la separación, al igual que el cuerpo, y por lo tanto, nunca puede llegar a conocer lo eterno, donde todo es uno. Si el alma pertenece al ámbito de lo eterno, entonces debe ser una sola y no miles de millones, como son los cuerpos.

Repasando lo expuesto, cuando se despide a alguien en un funeral, generalmente una persona de una organización o religión encomienda su alma o espíritu a Dios y eleva la petición de que lo reciba en la eternidad. Ahí está el error. Nuestro yo mente-ego, para su propia supervivencia, no quiere mostrarnos que esto es un estado de confusión total.

El concepto dual de cuerpo y espíritu en cada uno de nosotros es imposible, porque se excluyen mutuamente. Interpretar y corregir este enfoque es difícil, pero es importante para continuar en nuestro esclarecimiento.

Al «vivir» en diferentes hábitats:

    Cuerpo = Tiempo excluye y niega al Espíritu = Eternidad. Espíritu = Eternidad excluye y niega al Cuerpo = Tiempo.

Vamos despacio para esclarecer el tema. Por ejemplo, si yo nací en el año 1980 y muero en el año 2080, viví en el tiempo 100 años de separación. De este modo, no puedo pasar del tiempo a la eternidad porque nunca coexistieron y se niegan mutuamente. Por lo tanto, solo puedo imaginar o soñar con la eternidad como una creencia ilusoria e inaccesible para mí, ya que es lo opuesto a lo que creí ser durante 100 años de mi existencia de separación.

Ahí radica la confusión: no podemos estar formados por dos cosas que se niegan y se excluyen mutuamente. O bien somos el cuerpo (principio y fin) o bien el espíritu (sin principio ni final).

Si observamos como testigos, sin involucrarnos como mentes-ego, podemos reconocer lo siguiente: si creemos tener un cuerpo y un espíritu, es porque una parte importante de esta tríada (cuerpo, mente y espíritu) está confundida con respecto a su identidad. Y ahí es donde entra en juego la mente.

¿Qué es la mente y dónde reside?

Si tomamos a la mente como algo biológico que se encuentra en el cerebro, esta forma parte del cuerpo y dejará de existir cuando este deje de funcionar. Puede que, mientras dure en el tiempo, imagine un estado de «cielo» donde existe un Dios eterno y que ella misma habitará, pero para que eso ocurra, no debería formar parte del cuerpo.

También podemos evaluar el concepto de alma desde ese lugar (donde se genera mucha confusión, pero que ya fue esclarecido). El alma, ¿forma parte del cuerpo o del espíritu?

El Espíritu es Eterno. El cuerpo es perecedero. La mente es la que necesita claridad, salvación o, como se la conoce comúnmente, iluminación, que no es más que entender y experimentar cuál es su hábitat natural, porque el ilusorio ya lo conoce.

Ahora bien, si hacemos el ejercicio en sentido inverso y la mente la ubicamos en la residencia del espíritu, esta es tan eterna como él. Al formar parte de él como una unidad, contiene los mismos atributos de la eternidad. La mente creyó falsamente que podía dividirse de lo eterno, que es unicidad, hacia la multiplicidad, la separación del tiempo y del espacio. Creó formas, cuerpos y mundos, pero eso es imposible porque estaría negando su propia fuente y la naturaleza de la realidad a la que pertenece: lo eterno, el Uno sin separación.

Por lo tanto, debemos preguntarnos: ¿qué soy?

Podemos ser miles de millones de cuerpos y formas que sueñan o imaginan lo eterno. O somos una sola mente que se cree dividida en miles de millones de fragmentos en lo que llamamos «universo manifestado», donde la confusión de la mente-ego se proyecta hacia el exterior, creando lo que vemos y sentimos con nuestros cuerpos y sus sentidos.

En resumen, nuestra tarea no es más que ajustar la mente a la realidad de lo que cada uno cree que es, y aquí los caminos son totalmente opuestos: cuerpos o espíritu.

La intención de este texto no es convencerte de que no eres un cuerpo que vive y muere en el tiempo y el espacio del universo, sino ayudarte a trascender la confusión de la mente. Es para que, a través de la experiencia de la revelación del Ser/Dios, puedas experimentar que todo es Uno y que todos formamos parte de lo eterno como lo único real.

En esto se basa nuestro verdadero poder, que está más allá de cada una de las situaciones que tuvimos que atravesar y que, si estás leyendo este texto, seguramente no fueron las más fáciles de entender.

Tenemos la posibilidad de decidir lo que cada uno cree que es y dónde cree vivir, pero sin poder alterar lo que es la realidad o la verdad, la cual, si ahora no es tu momento, siempre te va a seguir esperando.

Repasando los modos expuestos, tenemos:

    El modo humano: Creen que son el cuerpo y no tienen espíritu o Ser/Dios. El modo Ser humano: Creen que son el cuerpo y también el espíritu, lo cual es imposible porque se excluyen mutuamente; sólo uno es real. El modo Ser: A diferencia de creer lo que es, como en los otros modos, sabe con certeza que es espíritu y que el cuerpo no puede contenerlo porque es ilimitado. El cuerpo solo es un medio y no un fin en sí mismo. No es real, es una proyección.

Podemos observar que en el Modo Ser-humano existen muchas diferencias y opuestos:

El modo Ser no tiene un sentido opuesto. Si tomamos al Ser como significado de vida, decimos «Ser vivo», pero no decimos «Ser muerto», porque el Ser representa lo eterno, lo que no nace ni muere, lo que no tiene comienzo ni final. El Ser/Dios no puede estar contenido en el universo del tiempo, el espacio y las formas.

Esa es tu realidad, es la misma que la mía y la de todos, pero nunca por separado como «muchos seres», sino en la unicidad del Ser/Dios.

Volviendo al título del capítulo:

Esa es la gran incógnita de lo que llamamos «vida» en el mundo. La vida es eterna y es unicidad, por eso no tiene nada que ver con el mundo. No tiene opuestos, es una y es la realidad. Lo demás no es más que una proyección de «vida» en el tiempo y la separación, donde el yo mente-ego proyecta un cuerpo y la «muerte» en ausencia de él. Mientras exista un «yo» que cree vivir separado de su fuente, no importa si este tiene cuerpo, lo tuvo o no lo tiene todavía. Este escenario, que está regido por los cambios, el tiempo y la separación, no es la realidad.

No tienes que creer en mis palabras, solo vive la experiencia de revelación y unicidad en el Ser/Dios, y todas tus dudas, preguntas y confusiones serán respondidas en presencia de la Verdad.

© 2026, Nicolás Brunori