Mis experiencias de despertar
Mis cuatro despertares hasta 2025
Por Pilar Novoa Salvador 11 de septiembre de 2026De pequeña pensaba que no era posible que solo fuese mi cuerpo. Siempre intuí que dentro de mí habitaba lo que soy en realidad. Me gustaba escuchar los problemas de la gente y naturalmente sabía que el amor era la clave de todo. Si hubiese querido ser psicóloga lo habría podido ser de manera lógica, pero el azar de la vida, o la causalidad, me llevaron a estudiar económicas. No comprendí por qué la vida me alejaba tanto de lo que de manera natural se me daba tan bien. No obstante, esta carrera me abrió la oportunidad para tener una vivienda propia digna, sin lujos, pero adecuada, y eso me mantuvo entretenida. No sin orientarme pronto también —y a la par— a realizar un camino de autodesarrollo personal.
Primer despertar - conexión con todo
No supe muy bien cómo llegó el primer despertar; estaba en ese momento en Zúrich, creando una filial para mi empresa allí. Fue muy impactante, pero ahora comprendo que la experiencia fue de un grado menor, ya que además duró muy poco tiempo. Sin embargo, esta fue tan impresionante para mí que, nada más tenerla, entré en un estado de éxtasis vital. Solo quería danzar y decir que Dios era grande; me parecía que estaba conectada con todo cuanto existía, las plantas parecían tener luz propia, me veía unida a ellas, a las aves, como si tuviese un punto de comunicación con todo eso. Sentía que tenía el poder de ver profundamente más allá de lo aparente. Incluso crucé una calle importante con los brazos abiertos y los ojos cerrados, convencida de que mi ser interior, quien creía que era Dios, me guiaba sin más. Fue curioso cómo empecé a andar y, llegado un momento, paré en medio de la calle. Al hacerlo, noté la brisa que generaba el tranvía que pasaba a mi lado. ¿Cómo había sabido parar justo en el momento exacto para evitar el accidente? Esto me confirmó una vez más que Dios me guiaba desde dentro, de modo que esos pocos días de euforia no cesaban, hasta que volví a repetirlo dos días después. Claro, me encontré inmediatamente en un grave problema: la policía me detuvo, creyó que estaba enferma. Esto fue el inicio de un camino largo de diálogo con la psiquiatría primero y con la psicoterapia después.
Segundo despertar - amor incondicional
Ahora sé que Dios no está solo dentro de mí, sino dentro de todos. En aquel momento sentía que yo era alguien especial entre todos, pero no era así. Tras esa experiencia y las complicaciones que me causaron, volví a Madrid y seguí trabajando para la misma empresa, pero, una vez ya cumplido mi trabajo en Zúrich, la estrategia empresarial me llevó a ampliar la red de mi empresa en muchos países, pero sin viajar tanto, por lo que volví a residir en Madrid. No obstante, en mi corazón quedó la duda clavada de que quizás yo estaba enferma. Lo más plausible: «un brote psicótico». De modo que cuando, a los dos años aproximadamente, haciendo ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola en el Santuario de Loyola, en Azpeitia, Guipúzcoa, tuve un segundo despertar, esta vez más importante y de mayor grado, temí comunicarlo. Estaba tumbada en mi cama, en mi habitación individual, y entonces escuché que una voz de fuera me preguntaba: «¿Está dispuesta?». En ese mismo instante mi pecho se abrió con una energía increíble y habló desde allí, respondiendo: «Sí». Nada más responder, subió esa energía desde el pecho a mi cabeza y me quedé literalmente sin cabeza. Fue todo muy seguido, una cosa detrás de la otra; no podía saber exactamente qué había pasado. Cuando fui a hablar con mi guía espiritual, empecé a hablar del amor de Dios de un modo revelador, donde el gozo llenó mi ser, y era tan enorme que lloraba de un modo intenso. No sabía cómo, pero las lágrimas brotaban y brotaban en cantidades descomunales, y solo repetía y repetía: «Es que Dios es amor, es que lo único que importa es el amor». Sin embargo, no me atreví a contarle la experiencia que había tenido en mi habitación; temía que pensase que estaba loca, como sucedió en Zúrich durante mi primer despertar.
Pasaron los años y todo parecía normal, pero yo cambiaba sin querer, me convertía en una persona más valiente. Antes de mis experiencias había dejado que los demás pisaran mi dignidad como persona. Tras mi segunda experiencia vislumbré que no debería volver a permitirlo. Comprendí que era valiosa. Contrariamente a lo que solía pensar, que no había nada bueno en mí, comencé a pensar que todo lo bonito que veía en las otras personas quizás también era mío, hasta que un día me convencí de que sí, de que no era inadecuada, sino que en realidad era una persona valiosa con muchas cualidades que generalmente no mostraba apenas nada de lo que realmente había en mí. Fue así como nació el deseo de vivir primero y, luego, con los años, mi deseo de amar a más personas, abarcar un amor más grande e incondicional. La realidad de sentir que por fin podía dar energía de amor a otros llegó a la vez con el descubrimiento de mi capacidad de reír desde el ser. Cuando río desde el ser contagio a todos. Me ha pasado en un par de ocasiones contagiar a todos en una gran sala de cine, y también en el teatro. Es una risa ruidosa, pero muy contagiosa. Nunca antes había reído así, ni siquiera cuando de niña me dejaba fluir por los buenos momentos. No obstante, seguía pensando que las experiencias anteriores quizás fuesen desórdenes en mí.
Con el tiempo olvidé esas experiencias, pero no mi deseo de meditar, de hacer una práctica intensiva de meditación, y así lo hice. Es verdad que coqueteé desde el 2001 largamente con el zen, pero luego el mindfulness llegó a través de un máster en psicología transpersonal que realicé en el año 2011 y quise practicar diariamente a partir de entonces. No había nada en realidad especial, salvo que la gente me empezó a decir que cuando los abrazaba les transmitía amor. Sobre todo, fueron notorios los comentarios de mis dos hermanos; ambos coincidían en que antes no transmitía y ahora sí. Fue todo rodado, empecé a reírme asiduamente, a contagiar a todos con mi risa, y parecía que todo iba muy bien. Profesionalmente, mi capacidad crecía, me hice más intuitiva y conseguía mayores logros; sobre todo, era ensalzada por mis dotes negociadoras, pero no solo: sabía poner el corazón en todo lo que hacía y los empleados a mi cargo gozaban de tenerme como jefa. Desde el 2011 inicié la etapa de formarme en psicología y he realizado hasta la actualidad nueve años de estudios de posgrado en psicología humanista principalmente. En esta etapa también visité a la maestra zen Ana María Schlüter como fruto de encontrarnos casualmente en el aeropuerto de Múnich mientras nuestro vuelo sufría retraso. Fue a ella a quien por fin le relaté mi segundo despertar; ella confirmó que era una experiencia mística real, pero yo no salí de mis dudas porque ella tampoco quiso decirme qué tipo de experiencia había tenido, solo me dijo que era realmente mística.
Parecía que todo iba bien hasta que en febrero de 2015 conocí a un maestro de tao. Tuve un curso de introducción y vi que energéticamente el trabajo que él hacía era muy potente, y que yo sentía prácticamente todo lo que allí se ejercitaba. Descubrí por fin, por primera vez, el potencial de la primera caldera con los ejercicios introductorios. Sentí tanto placer allí que me sorprendió a la vez que me causaba cierto temor.
Tercer despertar - el Ser toma el control y pentecostés
Al terminar el fin de semana intensivo introductorio de tao básico, comencé a experimentar un deseo intenso de profundizar en el movimiento de la energía que ofrecían las prácticas taoístas, pero moví la energía demasiado fuerte, porque mi práctica era intensiva y no partía de cero, sino que ya tenía cierto nivel de consciencia desarrollado. Inmediatamente muchos canales invisibles se abrieron, y terminé por tener un tercer despertar en marzo de ese año. No solo desperté, sino que fui previamente atacada. Entró por la ventana de mi habitación una entidad invisible que sabía que era maligna, pero desoí su llegada y me fui como si nada a merendar algo a la cocina. Mientras estaba allí, sentí los pinchazos en los costados, hasta terminar gritando de dolor y agachándome. En el tercer golpe, de repente perdí mi cabeza, igual que había sucedido en los primeros dos despertares. Cuando mi ego volvió —aunque no en toda su intensidad—, me vi en otra habitación —a la que no sé cómo llegué—, persiguiendo audazmente a esa entidad maligna que huía hasta que salió por el mismo lugar por el que entró. Lo que sucedió es que mi ser había tomado el mando de mi cuerpo y caminado de una estancia a otra sin que hubiese ni ego, ni cuerpo mental, ni cuerpo emocional, solo mi ser. Al salir esa entidad por la ventana y tras un grito descomunal de horror, comencé a hablar lenguas extrañas y a bailar una danza rítmica como de indios. Mi ego estaba en ese momento, y veía lo que hacía, pero estaba muy disminuido; danzaba y cantaba en otra lengua, algo tan extremadamente perfecto que no perdía el ritmo ni la capacidad de danzar y cantar bellamente. Tras repetir y repetir el canto en una lengua muerta, comprendí su significado: «si eres tú o yo, entonces yo». Averiguar la locución no produjo ningún efecto en mí.
Estuve largamente cantando y danzando esa frase hasta que decidí sentarme en el borde de la cama, enfrente de la ventana, a meditar. Sin embargo, las lenguas muertas salían de mi boca y narraban la historia de mi existencia, una larga historia que no acababa, en donde unos hacían cosas a otros, no sé muy bien quiénes ni qué, pero unos a otros se hacían el mal y se repartía y se transfería de generación en generación. Todo eso relatado en una lengua muerta que no sé cuál sería, ni cómo era capaz de hablar sin turbación alguna. Sin embargo, a la vez que relataba la historia, comencé a escuchar trompetas, muchas trompetas, como si fuesen a la guerra, pero decidí no escucharlas para no perder el ritmo del relato hablado. Si bien esas trompetas estuvieron largamente, para ser precisos, durante toda la noche y mientras yo relataba la historia.
Tras pasar toda la noche relatando la historia de mi existencia, a la vez que oía —sin poner el foco allí— las trompetas, de repente una luz inmensa y preciosa se asomó por la ventana e iluminó toda la habitación. Vi detrás de la cortina un gran sol, era una bola gigante un tanto rojiza que todo lo iluminaba; supe que por fin había amanecido. Me quedé cautivada por su belleza, era el sol más hermoso que jamás había visto, era tal su majestuosidad que me maravilló. Quise levantarme, recorrer la cortina y verlo directamente más de cerca. En cuanto lo hice, desapareció. Entonces vi que sí, que comenzaba a amanecer, pero en realidad todo estaba más bien oscuro; ya no había esa gran luz dentro de mi habitación, ya no estaba ese sol impresionante rojizo enfrente de mi ventana, sino que tímidamente se abrían a mi derecha, al este, los primeros rayos de luz de un sol que se asomaba a lo lejos. Así terminó mi tercer despertar.
Las pruebas no se hicieron esperar. Mi familia al completo sufrió el efecto. Los primeros días estuvieron muy removidos, una prima por parte de mi padre tuvo una crisis por tumores en el cerebro y, el mismo día, una tía por parte de mi madre sufrió un accidente que la llevó a un estado de coma. Las dos se recuperaron, pero toda la familia recibió un golpe hondo que no sabía que era la respuesta a mi tercer despertar.
No fue fácil encajar el tercer despertar. Mis relaciones con todos empezaron a cambiar. Mi dignidad era básica, y la defendía. Al año del tercer despertar, en marzo de 2016, la persona que más quería enfermó de cáncer de páncreas y murió pocos meses después. Todo cambió. Me quedé sin trabajo y tuve que empezar una nueva vida. No fue sencillo, tuve que luchar por una indemnización tras 17 años trabajando en esa empresa. Con el dinero que finalmente obtuve decidí montar mi ONG: la «Fundación SoySol», que promueve el cuidado de la tierra y las personas entendiendo que su bienestar está interrelacionado. Ofrece 5 caminos para desarrollar la capacidad de amar en las personas: meditación, psicoterapia, alimentación saludable, sensibilización medioambiental y servicio. Todos los caminos se entrelazan en lo hondo y, a pesar de los obstáculos por la pandemia del COVID, la fundación empezó a operar en el 2022.
Cuarto despertar - la risa del Ser
Tras quedarme en desempleo no solo ideé mi emprendimiento, sino que me formé ampliamente todo el tiempo. Estudié energías renovables, sostenibilidad, nuevas tecnologías y muchas cosas más. Hoy sé que no he siquiera empezado mi misión. Antes de crear mi fundación, en octubre de 2019 tuve mi cuarto despertar. En esta ocasión la Luz me guio a una cita con un psiquiatra que frecuento desde hace más de 20 años. Cuando estaba a punto de salir de la consulta, y todavía hablando con él, sentía la luz empujar en mi cerebro hacia arriba. No sabía qué era esa fuerza y seguía conversando como si nada. De repente me quedé sin cabeza. Mi ego, mi cuerpo emocional y mental murieron, y solo abrí los ojos grandes como platos, pero ya no vi nada. Cuando mi ego volvió, vi que mi ser desde dentro reía a carcajada abierta mientras señalaba con el dedo índice de mi mano derecha a mi psiquiatra, quien, a su vez, había caído postrado ante mí sobre la mesa y quien, en ese momento, empezaba a incorporarse y comenzaba a reír conmigo. Me dijo: «¡Qué grande eres!» y me despedí sin más. Él dice no recordar nada de lo que pasó ese día, pero me temo que no quiere hablar de ello. Si bien el maestro de tao Juan Li, en diciembre de 2019, me confirmó que esta experiencia había sido un despertar.
La nube de la posible enfermedad mental me persiguió largamente. Un incidente ocurrido en diciembre de 2019 nubló mi entendimiento y me hizo vivir una experiencia transitoria de ego minimizado que no conducía y que se veía influido por diversas polaridades. No entendiendo ya nada, entré en gran confusión al respecto hasta octubre de 2022, en que finalmente comprendí parte de mis experiencias; supe que había tenido ya cuatro despertares en los que el ego, el cuerpo mental y emocional habían muerto. Todo ayudó, tanto esos dos maestros, uno de zen y otro de tao, que me confirmaron un despertar cada uno, así como otros maestros que conocí después.
Desde entonces todo siguió cambiando, y no sé en realidad qué va a traer la vida, pero sé que estoy centrada en una misión de vida que no termina de abrirse al cien por cien. Ahora también escribo mucho, mi gran aprendizaje en estos despertares me condujo a deshilvanar claves del ego; así publiqué en mayo de 2025 el libro Ego superior, ego inferior. Vivo cada día sin saber qué pasará mañana. Confiada. Sabiendo que no soy solo cuerpo y que mi paso por la tierra es clave para que todos podamos amar mejor.