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Colaboraciones - Ángel Largo Méndez

Des-identificar el yo, reconocer el Ser

por Ángel Largo Méndez
Ángel Largo Méndez

¿Quién soy yo? A esta pregunta respondemos todos en algún momento de nuestra vida de forma inmediata, casi mecánica. Pero ¿alguna vez nos detuvimos a revisar qué tan ciertas son las respuestas que damos al respecto? ¿Realmente definimos quiénes somos? o ¿Nos escuchamos cuando repetimos las cosas que creemos nos conforman, que nos hacen ser?

Voy a utilizar mi propia historia para poder examinar rigurosamente si todas las formas, imágenes y posturas que asumimos como propias son realmente descriptores de nuestra esencia. Es decir, cuáles abarcan a nuestro ser, y cuáles se quedan en el cuerpo físico y psíquico, alimentando al yo. Este ejercicio de Auto-indagación permite observar de manera contundente qué somos en realidad, y en cambio qué asumimos que somos desde la perspectiva del ego individual.

"Yo soy Ángel Largo. Tengo 30 años. Nací en Guayaquil, en la costa de Ecuador. Mis padres son Ángel y Rosa y mis hermanos, Cindy y Ricardo. Me criaron en la ciudad de Durán, me gradué de Físico-Matemático en la secundaria y luego estudié Comunicación Social en la Universidad. Trabajo como periodista. Me casé con May, mi novia de 5 años y tenemos un hijo, Roger Adrián".

La descripción de arriba, es un mapa de lo que el concepto YO SOY ANGEL LARGO, significa. Cada uno de nosotros, cuando nos preguntan o preguntamos ¿qué somos? iniciamos un recordatorio de todo lo que hemos hecho, lo que nos rodea, los que nos rodean en el transcurso de lo hecho y los resultados de las elecciones en el tiempo. Es un ejercicio mental común y universal que todos han repetido mínimo alguna vez en la vida. Pero ahora, vamos a revisar detenidamente cada uno de estos decretos que repetimos una y otra vez como contenido de lo que somos, para conocer qué tan reales son.

Ángel Largo. Un nombre es una denominación a través de unos signos (letras) en un lenguaje aprendido para identificarse y diferenciarse de los demás, asumiendo la individualidad, propia del yo, como norma. En mi caso particular, ni siquiera cumple su función a la perfección, ya que en mi caso mi nombre es idéntico a mi padre, lo que siempre causó confusión en casa.

La identificación funciona más bien como un código, un sistema de símbolos y de reglas que permite formular y comprender algo, que soy yo en este caso. Para que las personas, las instituciones, la sociedad pueda observarme, distinguirme, necesito una identificación. Mi nombre es ese símbolo que determina al yo. No obstante, mi esencia no es un código, no es una identificación, soy ese "algo" por comprender u observar. Antes de que me llamaran Ángel, ya era. Soy el que asume este nombre. Así que por deducción, mi nombre no soy.

Otro asunto implícito aquí es el género. Ángel Largo sin duda hace referencia al género masculino. La identidad sexual con el pasar del tiempo se ha comprobado no está delimitado por condiciones fisiológicas, sino por "la elección de ser". Usted no es hombre y mujer hasta que se observa y lo asume o no (como cualquier otro concepto), teniendo libertad de acoger otras denominaciones como gay, transexual, etc. las cuales son también ideas asumidas. Todo lo que se elige puede cambiarse, "aquel" que elige, no cambia. Por tal razón, mi género no soy.

El sexo aunque, delimitado en dos opciones: hombre y mujer, tiene un inicio peculiar. No se hace visible inmediatamente después de haber sido creado un nuevo individuo. La célula que le da origen (cigoto) no posee identificación hasta después de varias semanas, por lo que nuestro comienzo físico es asexual, y el sexo aparece después. La primera versión de nosotros es ser humano.

Tengo 30 años. Primero hablemos de la acción tener. El tener no es Ser. Tener es poseer, obtener, conseguir. Nada que se tenga u obtenga, afecta al Ser, y las formas son solo un estado que la sustancia original adopta para la experimentación en la Lo Manifiesto.

Tener un cuerpo no es ser el cuerpo, tener sentimientos no es ser los sentimientos, tener pensamientos no es ser los pensamientos, e igual sucede con las sensaciones, emociones, disgustos. Toda expresión de placer y dolor que experimentamos, llegan y se van, se obtienen. Somos aquello en lo cual "suceden" estas cosas.

Ahora, los años como ya sabemos, son una forma cuantitativa de comprender el movimiento constante de Lo Manifiesto. El tiempo no te sucede a ti, sino que sucede en ti, ya que es subjetivo, producido en el cuerpo psíquico. En estricto sentido, tener años es algo que nos pasa, no que somos.

El Punto Original no se moviliza en el tiempo, es la referencia externa e interna, sin afectación por el movimiento, donde las cosas suceden. Es quietud y silencio perenne. Por tanto, tenga la edad que tenga, mi edad no soy

Nací en Guayaquil, costa de Ecuador. Nacer es una acción, es decir, una fuerza que permite el movimiento. ¿Qué es aquello en donde esa acción o movimiento sucede? La Consciencia es mucho más temprana que mi aparición física en la Tierra. Por tanto, la sensación primigenia del Punto Original antecede de por sí mi nacimiento y el de todos.

Podemos ir más allá aún. Anterior y posterior a la Consciencia o Punto Reflejo, el Punto Original ya era, es y será. Realmente yo nunca nací. Sin embargo, para la experimentación, nacer en Lo Manifiesto es algo que me ocurre, no que soy.

En esta perspectiva, es obvio que la idea de un lugar es circunstancial. Dentro de la visión fragmentaria con la que entendemos el mundo físico, propio de la aparición del ego o cuerpo psíquico que sostiene la idea del individuo, las sociedades formadas replican ese criterio dividiéndose por límites o coordenadas imaginarias sujetas a la historia y memoria, es decir, en conceptos mentales. Sea al norte o al sur, este u oeste, África, Asia o América, todo es un mismo mundo que aparece en la Consciencia. Uno puede prescindir de la nacionalidad y seguir siendo sin ningún problema. Por tanto, mi nacionalidad no soy.

Mis padres, Ángel y Rosa. Partes de este proceso natural de evolución, mis padres trasmitieron su información genética, social y cultural a mí, desde la cuna. Pero como expresiones físicas de Lo Manifiesto, también son originarios de la sustancia indivisible. El Punto Reflejo manifestó el sujeto, el objeto, el movimiento, la energía, la materia, la vida orgánica, células, plantas, animales, el hombre. De esa transmisión evolutiva vienen mis antepasados y vengo yo, y pasará a mis hijos, nietos y bisnietos. Pero, ¿Qué se mantiene incólume, constante, perenne, inamovible? La Consciencia.

Así como yo no soy el nombre, ni la nacionalidad, ni la edad. A ellos, mis padres, manifestaciones de la Consciencia en la materia, tampoco eso los gobierna. En el movimiento natural de la evolución jugamos roles, pero en la esencia misma de las cosas, somos los mismo. Por tanto, yo no soy hijo, ni tampoco soy padre, porque también son acciones asumidas. Entender que en realidad somos lo mismo, libres de las formas, y aceptar ello con total paz, es amor total.

Me criaron en la ciudad de Durán, me gradué en la secundaria y luego estudié Comunicación Social en la Universidad. Desde que la conciencia del yo aparece en el niño, comienza la mente su labor de acumulación de proyecciones mentales, en el movimiento constante cuantificado como tiempo, que le permitirá formarse una imagen de sí mismo con la ayuda de la memoria. Dónde se nace, se vive, el entorno, la cultura, las personas, las ideas de la sociedad, se absorben como esponja y van recreando a un yo que asume cada una de estas acciones, las conceptualiza y guarda como parte de sí. Pero el Ser no es un concepto, ni una imagen, ni una cultura o educación aprendida. Es aquello donde aparecen los conceptos, e incluso la idea primera, de ser un yo. Sin todo lo aprendido, aún vacío de conocimiento, sigo siendo ¿o usted no era antes de saber que era? Entonces, el lugar donde crecí y todo lo que aprendí, tampoco soy.

Trabajo como periodista. El Ser y hacer no es lo mismo. El hacer es acción. El Ser es donde el hacer sucede. Todo lo que se haga pertenece al Ser, pero no es él. Muchos creamos una gran imagen de nuestro hacer que termina apoderándose del Ser que somos en realidad, con la desventaja que este hacer, como toda expresión manifiesta, es momentánea, volátil, cambia, se mueve. Entonces nuestra idea de lo que somos se distorsiona, toma distintos estados, algunos no tan placenteros.

El trabajo es una acción, un movimiento, una expresión. Un título es un signo que se pone al lado de otro signo que es mi nombre. Ninguno de ellos son necesarios para Ser, sí para subsistir, pero no para existir. En el movimiento la acción es necesaria, pero para quien soy en realidad, la quietud lo abarca todo. Por lo tanto, lo que hago no soy.

Me casé con May, mi novia de 5 años y tenemos un hijo. El amor es parte de la Consciencia, es una expresión que se manifiesta en la Creación. Simboliza lo más hermoso, puro y bendito que existe entre los hombres, ya que nace del anhelo de volver al origen, el deseo de las formas de regresar a lo no dual.

Como parte del proceso individualidad que asume el ego, hay muchas fragmentaciones del mismo amor: filial, romántico, físico, platónico, etc. situadas todas en la necesidad de expresión para su formación. De dos para su existencia. Lo que soy es UNO y es amor puro. Del amor de dos es posible la existencia física, pero el amor real es un todo. El verdadero origen de esos dos amantes. Entonces, la expresión del amor basado en la necesidad de la experiencia y los títulos que resultan de estas: novio, esposo, amante, etc., no soy en realidad.

Al des-identificarnos nos damos cuenta que el yo, como cualquier objeto, es momentáneo o prescindible. Lo mismo sucede con las formas químicas y físicas que se materializan en el cuerpo humano. Son expresiones libres que se sustentan en el vacío, el Todo/Nada que llamamos Origen. Son objetos también, y los objetos no son conscientes de sí mismos ni del resto. Mírese un momento: su cerebro no es consciente de sí mismo, ni su corazón, ni su lengua, ni su pierna. Un objeto no observa ni define otro objeto. Se transforma sí, es por eso que una célula se separa en otra y otra y luego millones conforman estos mismos órganos, es un movimiento continuo, casi frenético. Pero es solo el Ser, el conocimiento de sí mismo, lo que determina qué es y cómo es algo. Al impregnar cada uno de estos objetos, incluido el ego, toman VIDA. Es aquello que permite que todo exista, nada puede ser sin él, y todo lo que vemos y experimentamos se sostiene en eso.

Desmenuzada la respuesta a la pregunta ¿Quién soy yo? Hemos podido darnos cuenta lo que no soy. Yo no soy el cuerpo, ni el género. No soy el nombre, ni la edad, ni la nacionalidad o cultura. No soy la educación aprendida, no soy padre, hijo o hermano. Ni tampoco soy la expresión de un amor necesitado. Sin todas estas cualidades, que no soy, ¿qué soy realmente? Pues aquello que hubo antes de todo eso y que las observa y contiene. Incluso, lo que soy está libre de preguntas o respuestas, es decir, no se determina por el "conocer", porque ello se elabora después y a través de lo que se ES.

Esta última premisa es fundamental. Con la Auto-indagación, incluso se observa que la misma pregunta ¿Quién soy yo? sucede dentro de lo que ya Es. Hay un espacio entre cada pregunta y respuesta, entre cada pensamiento y sensación que se mantiene intocable, siempre presente. Cuando intento preguntar ¿Quién soy?, es la misma respuesta quien genera la duda. Por lo tanto, la pregunta queda anulada, se borra eternamente.

Fragmento del libro inédito "El punto original" de Ángel Largo Méndez
© Ángel Largo Méndez, 24 de febrero de 2016
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