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Encuentro con Rupert Spira (III)

Barcelona - Febrero 2012
Rupert Spira

Rupert Spira: Estamos esperando, estamos anticipando algún acontecimiento extraordinario llamado iluminación que ocurra en el futuro. Estamos esperando, anticipando algunas palabras maravillosas que finalmente traigan este acontecimiento anticipado. Dejadme, primero de todo, que os desilusione. El despertar, la iluminación no es un acontecimiento, no es algo que ocurre, que acaece. No es como el almuerzo que finalmente ocurrirá. Esperar que la iluminación suceda es como contemplar una película esperando que la pantalla aparezca. Miramos con detenimiento la película, los personajes, los objetos que aparecen, esperando que algún maravilloso acontecimiento ocurra en la película y que finalmente revele la pantalla. Igual de absurda es la búsqueda por la iluminación.

Si estamos buscando la iluminación en el futuro hay una letra pequeña de la que, a menudo, no nos estamos dando cuenta; y la letra pequeña dice algo así "no me gusta lo que está presente ahora, quiero reemplazarlo por lo que no está presente ahora, quiero reemplazarlo por un objeto o por un acontecimiento en el futuro". En otras palabras, la letra pequeña de nuestra expectativa, de nuestra anticipación, es un sutil rechazo del ahora, una resistencia a lo que es, y esa resistencia es la que impide que la luz que estamos buscando se revele, sea revelada. El yo separado, el yo imaginario separado está hecho de esa resistencia. De hecho, el yo separado no es realmente un yo o una entidad, sino más bien una actividad del pensar y el sentir. Una actividad que consiste en rechazar, resistir y buscar.

La revelación de nuestra verdadera naturaleza por lo que es, a veces, tiene un efecto dramático sobre el cuerpo y la mente. Y son esos efectos dramáticos lo que crean las historias sobre la iluminación que leemos. Entonces pensamos "oh, yo no he tenido esa experiencia dramática en mi cuerpo y mente, lo que quiere decir que hay algo que me falta y tengo que partir fuera en busca de eso". De esa manera rechazamos el ahora y nos movemos al futuro buscando. Pero esos efectos dramáticos al nivel del cuerpo y de la mente no tienen nada que ver con la iluminación. Puede que ocurran, o puede que no. En la mayoría de los casos los así llamados efectos tras el despertar, tras la iluminación son más sutiles, no ocurren de repente sino que ocurren gradualmente, algunas veces de manera tan gradual que uno no se apercibe de ellos. Así que no confundas una experiencia exótica del cuerpo o de la mente por la iluminación. El confundir una de esas experiencias exóticas por la iluminación es como ver un despliegue de fuegos artificiales en una película y entonces decir "ah, de repente, ahora veo la pantalla".

La iluminación es la revelación de la luz que ilumina todas las experiencias, la revelación de la luz que hace que todas las experiencias sean cognoscibles. De la misma manera, relativamente hablando, como la luz del sol hace que todos los objetos puedan ser vistos, de la misma manera la luz de la presencia consciente hace que todas las experiencias puedan ser conocidas. De la misma manera como la luz del sol en este momento hace que todos nosotros y todos los objetos sean visibles, hay algo presente que está haciendo que la experiencia presente sea cognoscible. ¿Con qué conoces tu experiencia consciente? Con la luz del conocimiento, o de la presencia consciente, con la luz de tu yo, de su Ser.

Esta luz del conocer, de la consciencia con la que conocemos nuestras experiencias, no comparte las limitaciones de aquello que es conocido por ella. De la misma manera como la pantalla no comparte las limitaciones de los personajes y de los objetos que aparecen en la película. De la misma manera como la luz del sol no comparte las limitaciones de los objetos que ilumina. La iluminación es simplemente el desenredarse uno mismo de lo que conoce, desenredar el conocer de lo conocido, desenredar la pantalla de la imagen.

Nos tomamos a nosotros mismos por una imagen, esto es, una percepción; sea pensamiento, sentimiento, sensación, y todo ello es limitado por definición. Aparecen y desaparecen en el tiempo y en el espacio. Pero yo, aquél que los conoce, no comparto ni sus límites ni su destino. Cuando un personaje en la película camina por la calle la pantalla no camina por la calle, no comparte su viaje, no comparte la limitaciones del personaje aunque el personaje esté hecho solo de la pantalla; el personaje limitado hecho solo de la pantalla ilimitada, sin límites. De la misma manera aquél que conoce nuestros pensamientos y sentimientos no comparte los viajes que emprenden nuestros pensamientos y sentimientos, pero al mismo tiempo es la sustancia misma de esos pensamientos y sentimientos.

Así que conócete a ti mismo como el elemento cognoscente, que conoce, en tu experiencia. Conócete en tanto que el conocer y no lo conocido. Ve la pantalla y no la imagen. Pero para ver la pantalla no necesitamos desembarazarnos de la imagen. No hay absolutamente nada que se necesite cambiar en la mente, en el cuerpo y en el mundo. El cambiar las circunstancias y las condiciones no nos llevará un milímetro más cerca de la iluminación. De la misma manera que el cambiar la historia en la película no hará más disponible la pantalla. Podría haber una imagen totalmente negra en la pantalla y aun así estaríamos tan solo viendo la pantalla. Podríamos estar en una profunda depresión y la luz, el conocer, con que esa depresión es conocida es ella misma, en sí misma, la luz ilimitada de la presencia consciente.

Cuando contemplamos una película parece que observamos una colección de aparentes objetos y personajes. Pero cuando miramos más de cerca nos damos cuenta de que no, de que no hay objetos limitados y personas limitadas, todo es la pantalla. Ése es el primer estadio, la primera etapa, la revelación de la pantalla. De hecho, no es que se revele la pantalla sino que simplemente nos damos cuenta de que siempre estuvimos mirando la pantalla. Y ése es el primer paso, el darse cuenta de la pantalla. De la misma manera, en lo que respecta al despertar, el primer paso es el darse cuenta de la presencia, de la consciencia. Pensaba que era un conjunto, una colección de pensamientos, sentimientos, sensaciones, percepciones, pero ahora me doy cuenta que son aquél que los conoce. Ese es el primer paso pero todavía no es la iluminación.

El segundo paso es acercarse a la pantalla y explorar su naturaleza. ¿De qué está hecha? ¿Comparte las limitaciones de los objetos y de los personajes que aparecen en ella? ¿Se vuelve roja la pantalla cuando aparece un coche rojo circulando? ¿Se enamora la pantalla cuando uno de los personajes se enamora? ¿Muere la pantalla cuando muere uno de los personajes? ¿Aparece la pantalla cuando un bebé nace? De esta manera descubrimos, no tan solo la presencia de la pantalla sino también la naturaleza ilimitada de la pantalla. No es el caso que aparezca y desaparezca, no es masculina o femenina, no está hecha ni de ladrillos, ni de metal, ni de carne; está hecha tan solo de pantalla, está hecha de sí misma. Y eso es la iluminación, ése es el segundo paso.

Primero descubrimos que somos esa presencia consciente pero ese descubrimiento no nos libera por sí mismo de las limitaciones superpuestas. Y hay un segundo descubrimiento que hacer. Y es que lo que soy, aquél que conoce mi experiencia, no comparte los límites o el destino de aquello que conozco. La mente siempre está en viaje hacia el pasado o hacia el futuro pero yo, aquél que la conoce, y la substancia de la que esos pensamientos están hechos, nunca emprende ese viaje a un pasado o a un futuro. Yo, aquél que conoce el cuerpo y la mente, los cuales están hechos de pensamientos y de sensaciones corporales, no he nacido cuando el cuerpo nació, no cambio y me hago viejo cuando el cuerpo cambia y envejece, y no desaparezco cuando el cuerpo muere. Este descubrimiento es lo que se llama iluminación. Este descubrimiento puede tener un efecto repentino y profundo en el cuerpo y la mente, puede poner al revés tu mundo y, por un tiempo, puede que nos encontremos sin capacidad para actuar apropiadamente en el mundo, pero en muy raras ocasiones ocurre de esta manera.

En el otro lado del espectro, este no-acontecimiento transparente del despertar puede tener un efecto tan ligero en el cuerpo y la mente que incluso uno no se dé cuenta. Es tan solo, a posteriori, que la mente registra los cambios en la mente y en el cuerpo.

Así que sé muy sensible a este rechazo sutil del ahora. Para la mayoría de nosotros, sino para todos, este rechazo y la búsqueda que lo acompaña no es ya una búsqueda por los grandes asuntos como el alcohol, las drogas, etc. Para la mayoría de nosotros, sino para todos, el rechazo del ahora es mucho más sutil que eso. Es tan sólo un pequeño e inocuo pensamiento que se aventura en el pasado o al futuro, no busca algo en particular sino simplemente está contento de estar en algún lugar que no sea ahora. Puede ser una ensoñación, un soñar despierto inocuo pero, justo ahí en esa inocua ensoñación, están las semillas del yo separado que más tarde crecen y se convierten en conflicto, malestar e infelicidad. Este pensamiento es como ese pequeño cachorro que obtenemos en las ferias y que después crece y se convierte en ese monstruoso y enorme animal.

Así que sé muy sensible a esas sutiles formas de resistencia. Están, por ejemplo, escondidas en sentimientos de aburrimiento o anticipación, expectativa. No pienses que hay algo noble en el esperar, en la anticipación de la iluminación, esa es una de las formas en las que el yo separado se perpetúa durante décadas. No devengas ocupado intentando desembarazarte de ese pensamiento, esa es otra forma en la que el yo separado se perpetúa así mismo durante décadas. Simplemente sé el conocer de aquello que sea conocido. Esa cualidad de conocer no va a ninguna parte. La presencia consciente con la que somos conscientes de nuestra experiencia no va a ninguna parte, está resplandeciendo a plena vista en cualquier experiencia. Ve eso y sé eso conscientemente. Y descubre de manera experiencial, bien sea de repente o gradualmente, que esa presencia consciente que eres no comparte ni los límites ni el destino de aquello de lo que eres consciente.