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Artículos - U.G. Krishnamurti (1973)

La Mística de la Iluminación (Parte 1)

por U.G. Krishnamurti
Conversaciones recogidas por Jarnes Brodsky en la India y en Suiza (1973)
U.G. Krishnamurti

No me he propuesto liberar a nadie. Debéis liberaros vosotros mismos y podéis llegar a ello. Lo que yo pueda deciros no os liberará. Lo único que quiero es describir mi estado, poner en claro la ocultación y la mitificación que la gente dedicada al "negocio sagrado" ha puesto en marcha para violar la realidad. Tal vez llegue a convenceros para que no perdáis el tiempo ni malgastéis vuestras energías buscando un "estado" que no existe más que en vuestra imaginación. Comprendedme bien: lo que describo es vuestro estado, vuestro estado natural, y no el estado de un iluminado que dice de sí mismo que se ha convertido en Dios, ni el de un mutante, ni el de quien argumente cualquier otra fábula. Ese es vuestro estado natural y lo que le impide manifestarse a su propia manera es vuestro propio esfuerzo por convertiros en otro. No llegáis a comprender esto: vuestras "experiencias" no pueden escapar a la influencia del pasado. Ese estado natural está libre de toda experiencia. Cualquier comunicación es imposible y hasta innecesaria. Lo verdaderamente real es vuestra forma de funcionar. Es inútil tratar de establecer una relación entre mi descripción y vuestra forma de funcionar. Cuando renunciáis a toda comparación, lo que queda es el estado natural. Entonces, no escucharéis ya a nadie.

 

Yo no imparto ninguna enseñanza ni ofreceré jamás ninguna. Enseñanza no es la palabra adecuada. Toda enseñanza supone un método, un sistema, una técnica o, por lo menos, una nueva forma de pensar que pretende producir una transformación en vuestra forma de vida. Lo que yo os digo se sale del ámbito de lo que se puede enseñar. Es, simplemente, la descripción de la forma en que yo funciono, una descripción del estado natural del hombre, es decir, la forma en que, libres de las maquinaciones de la mente, podéis vosotros mismos funcionar.

El estado natural no es el de un ser auto-realizado ni el de un realizado que se ha convertido en Dios: no es el resultado de una culminación o de una adquisición. No es un estado llamado a la existencia por un esfuerzo deliberado de la voluntad. Está ahí, presente, es un estado vivo, un estado que no es más que la actividad funcional de la vida. Y por "vida" no entiendo nada abstracto: es la vida de los sentidos, que funcionan con naturalidad, sin la interferencia del pensamiento. El pensamiento se entromete en los asuntos de los sentidos, tiene una finalidad "lucrativa": dirige la actividad de los sentidos para sacar provecho de ellos y los utiliza para asegurarse una continuidad.

Vuestro estado natural no tiene la mínima relación con los estados religiosos de felicidad, de beatitud y de éxtasis, que pertenecen al ámbito de la experiencia. Es posible que los que han guiado al hombre durante siglos en la búsqueda de la religiosidad hayan sentido estos estados religiosos. Vosotros podéis hacer lo mismo. Son estados del ser sugeridos por la mente: aparecen y desaparecen. La Consciencia de Krishna, la Consciencia de Buda, la Consciencia Crística y no sé cuántas más, son otras tantas divagaciones: esos diversos estados dependen del tiempo. Jamás se podrá experimentar, captar o abarcar lo intemporal en su conjunto y mucho menos hacerlo objeto de una expresión verbal. Este camino tan pisoteado no os llevará a ningún sitio. No hay en él ningún oasis. El espejismo te deja clavado en el mismo lugar.

 

Este estado es la condición física de vuestro ser. No se trata de una forma de mutación psicológica. No es un estado en el que os encontráis un día y desaparece al siguiente. No podríais imaginar hasta qué punto, en estos momentos, el pensamiento perturba cada célula de vuestro cuerpo e interviene en su funcionamiento. La irrupción de vuestro estado natural fulminará cada célula, cada glándula, cada nervio. Es una transformación química. Interviene una "obra" alquímica. Pero ese estado natural no tiene nada que ver con las experiencias de drogas químicas, del tipo LSD Eso son experiencias; el estado natural no lo es.

 

¿Existe la iluminación? Lo que existe, a mi modo de ver, es un proceso puramente físico: no hay nada de místico ni de espiritual. Si cierro los ojos, entra algo de luz a través de los párpados. Si me tapo los párpados, siempre hay luz dentro. Todo ocurre como si hubiese en la frente una especie de orificio que es invisible, pero a través del cual tiene lugar una penetración. En la India, esta luz es dorada, en Europa azul. También hay una especie de penetración luminosa a través de la nuca. Todo sucede como si hubiese un paso que comunicase estos dos puntos. Dentro no hay nada más que esta luz. Si tapas estos puntos, la oscuridad es completa, total. La luz no toma ninguna acción ni ayuda a que funcione el cuerpo: se limita a estar presente.

 

El estado natural es un estado de no-conocimiento. No sabéis verdaderamente qué es lo que miráis. Puede darse el caso de que me pase una hora mirando un reloj de pared, sin saber qué hora es y sin darme cuenta, ni siquiera, de que se trata de un reloj. En mí no hay más que ensimismamiento: "¿Qué es lo que estoy mirando?" Pero la pregunta no se plantea así, en frases compuestas por palabras. Todo mi ser es un enorme y único punto de interrogación. Es un estado de asombro, de perplejidad, precisamente porque no sé qué es lo que miro. El conocimiento que había adquirido en otro tiempo está relegado a un segundo plano, salvo en caso de necesidad. Se trata de un estado inconexo. Si usted me pregunta qué hora es, puedo decirle: las tres y media. La respuesta vendrá con la rapidez de una flecha y volveré inmediatamente a mi estado de no conocimiento, de admiración.

 

Usted no sabría comprender la inconmensurable paz que hay en su interior y que es su clima natural. Su esfuerzo por establecer en usted un estado de espíritu apacible no hace más que introducir la tribulación. Puede hablar de paz, crear en usted cierto estado de espíritu y decirse que está en paz: eso no es paz, sino violencia. Es inútil "practicar" la paz. No tiene sentido "practicar" el silencio. El verdadero silencio es explosivo; no es ese silencio de muerte al que se apegan los buscadores espirituales. "¡Estoy en paz conmigo mismo! dicen. ¡Hay un silencio formidable! ¡Siento la experiencia del silencio!" Todo eso no quiere decir nada. El estado natural es volcánico, está en constante ebullición: la energía, la vida, éstas son sus cualidades peculiares. Podéis preguntarme cómo lo sé. No sé. La vida es lúcida. Digamos que es consciente de sí misma. [...]

 

¿Hay en usted alguna entidad a la que llame "Yo" o "el espíritu" o el "Ego"? ¿Hay algún coordinador llamado a establecer una relación entre lo que ve, lo que oye, lo que huele, lo que saborea, y así sucesivamente? ¿Hay algo que agrupe las diversas sensaciones que emanan de un solo sentido, como el flujo de los impulsos que salen de los ojos? En realidad, hay siempre una zanja entre dos sensaciones. El "coordinador" llena el vacío y establece una solución de continuidad ilusoria.

En el estado natural no hay ninguna identidad llamada a coordinar los mensajes de los diferentes sentidos. Cada sentido funciona independientemente, a su manera. Cuando hay un requerimiento del exterior que hace necesaria la coordinación de dos o de todos los sentidos para que respondan a cualquier llamada, no hay coordinador, sino un estado temporal de coordinación. Cuando se ha satisfecho esa petición, no hay continuidad y se vuelve al funcionamiento independiente, inconexo, separado. Cuando es innecesaria la continuidad, entendiendo como tal la continuidad ilusoria, ésta finaliza.

¿Todo lo que digo tiene para usted algún significado? No es posible que lo tenga. Todo lo que sabe está comprendido en el marco de su experiencia y depende del pensamiento. Sólo pretendo hacerle sentir su naturaleza, cosa que, por desgracia, lo único que puede hacer es inducirlo a error.

Cuando no hay coordinador no hay ningún lazo de unión entre las sensaciones, no hay interpretación de las sensaciones, no pasan de ser puras y simples sensaciones y yo ni siquiera sé que son sensaciones. Puedo verlo a usted mientras habla: mis ojos pueden estar pendientes de su boca, puesto que es su boca lo que se mueve, y, por otra parte, mis oídos estarán recibiendo las sensaciones sonoras. No hay nada en mí que una estas dos sensaciones y me diga que es usted quien habla. Puedo ver un manantial que brota de la tierra, pero no hay nada que me advierta que el sonido que oigo es el producido por el agua o, dicho de otra forma, que ese sonido guarda relación con lo que estoy viendo. Puedo ver mi pie; pero nada me dice que se trata de mi pie. Cuando ando veo moverse mis pies y es ridículo decirse: "¿Qué es eso que se mueve?"

Por consiguiente, lo que funciona es la consciencia primordial intangible para el pensamiento.