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Artículos - Jean Klein

Advaita

Por Jean Klein
Jean Klein

El Vedanta es una vía directa que tiene como punto de partida el rechazo deliberado de la dualidad sujeto-objeto, que sirve de marco a todos los pasos que damos habitualmente (incluida la especulación metafísica). Esta vía nos hace alcanzar la Plenitud y Dicha definitivas sin ningún soporte objetivo. Es pues una vía que va completamente a contracorriente y requiere el rechazo de toda nuestra actividad mental, incluso bajo sus formas más elevadas.

Aquel que ha comprendido la total vanidad de toda búsqueda de la alegría perfecta en el mundo de las dualidades, puede comenzar el lento trabajo de retorno que le volverá a traer del exterior hacia el descubrimiento de su realidad trascendental. El mundo de los nombres y las formas es producido por la actividad de la mente. La ignorancia (avidya) se instala en el momento en el que el ego toma los nombres y las formas por realidades separadas.

Por la supresión de esta ignorancia, es decir por el acceso al conocimiento, las energías dirigidas hacia el exterior son recogidas nuevamente, entran en un proceso involutivo y abandonan el devenir para reintegrarse en la unidad del Ser. Esta reintegración es el resultado espontáneo y necesario del conocimiento. Sólo se puede obtener sin esfuerzo, por el simple efecto del discernimiento.

Mientras el ego no está íntimamente convencido de la imposibilidad de toda felicidad objetiva, no gira hacia lo desconocido no objetivo. Digo bien "desconocido no objetivo", ya que ningún atributo podría ser asignado al Sí Mismo sin que sea asimilado a un objeto de conocimiento. ¿Cómo llegar a esta disponibilidad liberadora?

Vuelvo a ello, porque esto es importante para comprender con mucha exactitud la naturaleza del deseo.

Todo deseo es una búsqueda de la dicha perfecta. Ésta pertenece a la naturaleza del Sí Mismo, así pues todo deseo es deseo del Sí. Buscamos la felicidad en los objetos únicamente como consecuencia de nuestra constitución egocéntrica. Al creerme un ser distinto entre seres distintos me siento obligado a buscar la plenitud del Ser por el acaparamiento y la posesión de los seres. Así es como nos hemos comprometido con una persecución de la felicidad, lo que constituye el drama de la vida egocéntrica. Se completa un primer paso cuando hemos comprendido que los objetos no contienen la felicidad. El segundo paso está constituido por un análisis de la naturaleza del objeto, es decir por el reconocimiento de que el universo de los objetos, impotente de proporcionar esta felicidad, es un puro producto mental. Este descubrimiento debe producir en principio una parada de la mente, así pues la Realización.

Hay que comprender bien la importancia y el significado de la detención de la actividad mental. La cesación de toda actividad mental produce el desvanecimiento de todo lo que los hombres ordinarios llaman real, es decir el universo de los objetos (de los que forman parte nuestro cuerpo y nuestra mente). Sólo la desaparición de este mundo de la dualidad y la multiplicidad puede permitir el descubrimiento de la Realidad Una.

P.- ¿La conciencia está sujeta a evolución?

R.- Esta noción de evolución es uno de los errores más característicos del pensamiento moderno.

El error del evolucionismo (o del progresismo) es el error materialista por excelencia. Es la creencia de que lo más puede salir de lo menos, que lo mejor puede ser el producto de lo menos bueno. La evolución, en el sentido estricto del término, es solamente un despliegue, un paso de lo implícito a lo explícito, de lo no manifestado a lo manifestado. Ella no produce nada. Jamás es productora, todavía menos, creadora. No es pues posible pedirle la salvación o la liberación. Ésta no es un problema de evolución, ya que ninguna evolución puede conducir a la liberación, que no puede ser más que el fruto del discernimiento.

No tenemos que evolucionar, sino hacernos sin descanso la pregunta "¿quién soy yo?". Dirigiendo el pensamiento no hacia los objetos, sino hacia su fuente, finalmente descubrimos el elemento fundamental del Ser. El hombre posee en el fondo de sí mismo lo esencial de toda sabiduría. Lo sepa o no, la verdad está en él mismo y en ninguna otra parte.