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Realizando la Transparencia

por Michael Damian Advaita Vision, Agosto 2016
Michael Damian

La realización del Ser es una cuestión de aclarar la relación entre la experiencia y la verdad, que en nuestra habitual y convencional visión está completamente nublada. En esta existencia podemos hablar de tres modos de percepción o experiencia. Cada uno de ellos tiene una relación diferente con la verdad última. Comencemos con el modo en el que vive la mayor parte de la humanidad:

  1. Cosidad (ser algo). El primer modo se refiere a una percepción e identidad finita, materialista ― recordando que la forma en que percibimos determina nuestra identidad, y nuestra identidad condiciona la percepción. En este modo, "Dios" o la verdad es básicamente vista como la Naturaleza, o la Vida en toda su maravilla terrenal, su dolor y su placer, su fracaso y su triunfo. En este modo, todo y todos son "alguna cosa", una entidad limitada y conocida. Un buen ejemplo de percepción en este modo es cómo los niños, e incluso algunos adultos, personifican objetos inanimados y proyectan sentimientos o un alma sobre ellos. Podríamos ver todo como precioso y especial, pero lo más importante, las cosas son consideraras en su multiplicidad. Vemos a Dios como Alguna Cosa inmensa bajo la cual somos cada uno otra cosa única, como en "todos los hijos de Dios". Por lo tanto, el amor es percibido como una conexión especial entre entidades separadas. En la consciencia egóica y finita creemos que tenemos que luchar y luchar para que "el Amor pueda ganar", o para que el bien pueda vencer el mal. Por lo tanto, la tendencia en este modo es identificar y dividir en facciones y partes, donde imaginamos que estamos del lado del bien. Aquí encontramos todas las cualidades divisivas negativas de nuestra limitada visión de la cosidad. Todos y todo se clasifica en identidades y categorías. No hay comprensión de la unidad más allá de eso, aunque se pueda hablar o buscar una unidad limitada de algún tipo. Uno no entiende exactamente dónde y cómo es que ya existe esa unidad; es imaginada como alguna cosa ―ya ves, otra "cosa"― que tenemos que crear.
  2. No-cosidad (ser nada). En realidad, no hay ninguna no-cosidad, vacío o vacuidad literal. Es solo un término relativo que estoy usando para contrastarlo con Cosidad. Es una metáfora que los sabios siempre han usado, para bien o para mal. ¿Cuántos buscadores de la verdad se han vuelto locos tratando de convertirse en nada? La realidad existe. La no-cosidad no. Pero en la percepción de la no-cosidad, vemos la no-cosi-dad dentro y más allá de todas las cosas. Directamente nos damos cuenta de que todas las cosas e identidades son, en última instancia, conceptos y percepciones que surgen en la consciencia, y que por lo tanto no existen verdaderamente separadas como elementos sólidos.

Tira de una cosa y tendrás todo el universo. Hurga en el universo y tendrás Consciencia vacía, inefable. Esta es la revelación clásica o la iluminación: "Mira, ¡no soy nada! / Es una consumación fervientemente deseada / en este mundo de auto-afirmación mecánica", como escribe D. H. Lawrence.

Hablando metafóricamente, podemos entender que solo a través de la no-cosidad o del espacio vacío puede existir esa aparente cosidad y solidez. Pero, como dijimos, esta no-cosidad no es nada. Definitivamente es algo ―porque no podemos negar nuestra propia existencia― aunque no esté hecho de materia, energía, imagen o pensamiento. ¿Entonces qué es? Ah, es el observador.

¿Es el observador un alguien personal? No, no puede ser. El observador es la consciencia. ¿Entonces yo he objetivado la consciencia? No. Decir que la consciencia es el observador no significa que sea un objeto limitado, como una persona. La consciencia es un sustantivo, pero no es un objeto limitado. Los objetos son percibidos.

La consciencia es la inteligencia pura e inmaterial que percibe. Entonces, ¿debemos decir que la consciencia es realmente un verbo, y no un sustantivo, como algunos han argumentado? No. La consciencia no es un proceso. La percepción sensorial es un proceso. La consciencia es intrínsecamente conciencia auto-luminosa. Ser consciente no es algo que la consciencia hace, es solo una cualidad natural.

Cuando reconocemos la naturaleza pura de la consciencia, entonces sabemos que nuestra propia naturaleza es la inteligencia vacía y consciente en la que las cosas y los pensamientos aparecen y desaparecen. Por supuesto, esta es la razón por la que la realización genera una muy profunda revolución en la identidad y en la comprensión. El contraste es asombroso. Previo a la gnosis, todo era sólido, pesado y, por lo tanto, aterrador y psicológicamente doloroso. Nos consideramos a nosotros mismos solo como otro objeto en la naturaleza, aunque un fenómeno de la naturaleza que de alguna manera piensa y siente y maneja la conciencia. No importa. Estábamos atrapados en el fango de la Naturaleza, en el espesor de las cosas que no siempre resulta divertido. Vagar por el desierto de la creación comienza como algo fácil y divertido pero rápidamente puede volverse demasiado crítico ― hasta que finalmente reconocemos la impensada liviandad de todo, la liviandad de ser.

  1. Transparencia y Totalidad. El resultado final de la gnosis es llevarnos a una condición de transparencia y restaurar el humor cósmico. Nuestra identidad, arraigada en la no-cosi-dad de la consciencia, es transparente, sin aferramiento ni objetivación. Nunca podremos regresar a la infancia de imaginarnos a nosotros mismos como la entidad psicofísica. Sin embargo, si nuestra visión está nublada y hemos confundido una visión parcial de la verdad por la realización, entonces podríamos pensar que "yo" soy la conciencia vacía mientras que el mundo y la mente permanecen sólidos. Esto no es "el absoluto", ni la realización genuina. Debido a esta distorsión, muchas enseñanzas de la iluminación popular nos inducen engañosamente a "ir más allá de la no-dualidad" y abrazar lo ordinario. Aunque la intención es positiva, el enfoque es absurdo. Una realización genuina de la no-dualidad debe significar que comprendes que no solo el yo sino también la mente y el mundo no son más que consciencia. La mente y el mundo ―todo lo que llamamos "mi vida" ― son apariencias inocentes y fluidas dentro de una totalidad radiante y benevolente. Si esta comprensión está ausente, no es debido a que estés atrapado en la no-dualidad; sino porque todavía estás en la dualidad, aunque sea una dualidad más sutil donde hay la conciencia vacía por un lado y un mundo sólido por el otro. Esa es la vieja dualidad del espíritu y la materia, que la realización habría eliminado.

El permanente e inevitable efecto de una comprensión clara es otorgar alivio, transparencia, y humor cósmico. Cuando "yo" conozco al mundo como la consciencia vacía y luminosa en la que aparecen visiones maravillosas de algo, entonces disfruto de la libertad incondicional. Esa libertad es amor. No es que, como lo exponen las enseñanzas de la iluminación popular, uno encuentre la libertad excluyendo todo, para después tener que volver y consentir amar o abrazar la creación menos elevada. La libertad en sí es el amor y el abrazo, sin el previo intento auto-consciente de unir una-cosa con una-cosa, integrar o encarnar la verdad. Si la continua unidad de la libertad, el amor y la verdad, no es evidente para nosotros como nuestra naturaleza, debemos retroceder y trabajar en el ver fundamental.

Ese ver significa comprender y reconocer plenamente la consciencia pura que soy, el sujeto en el que aparecen todos los objetos. La tendencia a objetivar la consciencia puede aparecer de maneras muy sutiles. Todas las objetivaciones deben ser canceladas hasta que la plena e inasible transparencia sea el hecho evidente de nuestro ser. Lo más importante, tenemos que apreciar que esta comprensión es, estrictamente hablando, una no-experiencia. Es una comprensión directa en la raíz de nuestra ontología e identidad.

La consciencia que somos se conoce a sí misma por sí misma. No necesita y no puede depender de una prueba secundaria y objetiva de su naturaleza, incluso en forma de una experiencia sutil y mística. Lo único de lo que depende la claridad es de la completa cancelación de todas las nociones y suposiciones distorsionadas que abrigamos sobre nuestra naturaleza. Del mismo modo como solo se necesita un diminuto dedo para tapar el sol, el simple hecho de retirar ese diminuto dedo hace que el sol quede a plena vista. Lo mismo ocurre con todas las falsas creencias y la realidad. Elimina las falsas creencias y la realidad resplandece. La realidad, la consciencia, es la luz que hace al mundo transparente a nuestro conocer. La consciencia es totalidad porque su conocer atemporal, no-espacial, es el fundamento de toda experiencia en el tiempo y el espacio.

Cuando la totalidad se ha convertido en nuestra experiencia natural y se reconoce que siempre ha sido la naturaleza de las cosas, no estamos tan "encarnados", como transparentes. Somos libres, y expresamos nuestra libertad como sabiduría y amor, alegría natural y ecuanimidad. Imaginar esta condición como el resultado de haber estabilizado nuestro sistema nervioso, balanceado los chakras o haber impregnado nuestras células con consciencia es vivir, o al menos hablar, en el modo de cosidad que oculta la inmediatez y la claridad de la verdad que somos.