Paz en tu corazón, amor en el mundo
Tu esencia sigue siendo la misma, independientemente de lo que estés viviendo
Por Rupert Spira6 de julio de 2026Tu ser subyace y impregna toda experiencia, siempre en paz, siempre pleno, sin necesitar nada, sin resistirse a nada. Es la experiencia más íntima y familiar que existe, y la mente la formula simplemente como «yo soy». Este ser impregna el cuerpo y la mente, pero no está contenido en ellos ni limitado a ellos. Es el único ser infinito, compartido por todos, conocido como paz en tu corazón y amor en el mundo.
Da un pequeño paso atrás respecto al contenido de tu experiencia —pensamientos, imágenes, sentimientos, sensaciones, percepciones, etc.— hacia el simple hecho de ser. Descansa en el ser, como ser. Observa que nada le ocurre a tu ser cuando cambia el contenido de la experiencia, del mismo modo que nada le ocurre a la pantalla cuando cambia la trama de la película.
La experiencia del simple hecho de ser es a la que nos referimos cuando decimos «yo soy». Durante todo el día estás sintiendo, pensando o diciendo «yo soy»: Estoy* hambriento», «Estoy cansado», «Estoy emocionado», «Estoy leyendo», «Estoy caminando por la calle», «Estoy preparando la cena», «Estoy leyendo un ensayo», y así sucesivamente.
* Tanto “Yo soy” como “Yo estoy” se traducen en inglés como “I am”.
Siempre «yo soy», matizado momentáneamente por un sentimiento, una actividad, un estado de ánimo o una relación. «Yo soy» subyace y impregna toda experiencia. Normalmente, prestas atención al contenido de la experiencia y pasas por alto el «yo soy», la experiencia de simplemente ser. En la meditación o la oración, no rechazas ninguna experiencia, pero tampoco prestas atención a ninguna. Simplemente haces hincapié en el «yo soy». Vuelves a ti mismo, a tu ser, te acuerdas de tu ser. Das un paso atrás respecto al contenido de la experiencia para centrarte en el hecho de simplemente ser.
Tu ser subyace y impregna toda experiencia, pero no se ve afectado por ninguna de ellas. Se encuentra siempre en el mismo estado inmaculado. En paz, íntegro, sin necesitar nada, sin rechazar nada.
La llamada «iluminación» o «despertar» no es una experiencia extraordinaria. Es simplemente el reconocimiento de la naturaleza del ser, no de tu ser tal y como podría llegar a ser si hicieras el esfuerzo suficiente o meditaras el tiempo suficiente, sino de tu ser tal y como es ahora, y tal y como siempre es, independientemente de lo que puedas estar experimentando.
La experiencia más familiar
Tu ser es la experiencia más familiar, íntima y conocida que existe, si es que podemos llamarla experiencia. La pasas por alto precisamente porque es tan familiar e íntima, no porque sea extraordinaria, extraña o misteriosa.
Es como el espacio de la habitación en la que estás sentado. No puedes afirmar con razón que no lo estás experimentando, pero como el espacio no tiene color, forma ni tamaño, lo pasas por alto en favor de los objetos que hay en la habitación. Siempre estás experimentando el espacio, aunque quizá no te des cuenta. Tu ser es así. Siempre estás experimentando tu ser —él siempre se está experimentando a sí mismo—, aunque quizá no te des cuenta.
No hay dos «yoes» en ti, uno que eres y otro que sabe que eres. Tu ser es autoluminoso; se conoce a sí mismo. La experiencia «yo soy» es la experiencia que tu ser tiene de sí mismo.
Hay una diferencia entre la experiencia de ser —la conciencia de ser— y el pensamiento de ser. El pensamiento «yo soy» que surge en tu mente es un pensamiento único. La mayoría de los pensamientos se refieren a objetos —otros pensamientos, imágenes, sentimientos, sensaciones, percepciones—, pero el pensamiento «yo soy» se refiere al sujeto, a tu yo esencial, al ser. Es como un faro en la mente que te remite a tu naturaleza esencial, al hecho de simplemente ser: el ser infinito, el ser de Dios.
El Ser Infinito
¿Por qué sugiero que tu ser es el ser infinito o, en términos religiosos, el ser de Dios, y que solo hay un ser? Por la misma razón por la que sugeriría que el espacio en el que estás sentado es el único espacio físico ilimitado del universo. No hay espacios limitados en el universo. El espacio de tu cocina, salón o dormitorio no se limita a las cuatro paredes que parecen contenerlo, ni se encuentra dentro de ellas, ni es generado por ellas. Es el único y vasto espacio físico del universo.
Lo mismo ocurre con tu ser. Tu ser impregna total e íntimamente tu experiencia del cuerpo y la mente, pero no se limita a ellos, ni se encuentra dentro de ellos, ni es generado por ellos. Tu ser es el único ser infinito, el ser de Dios, el único ser que existe.
El espacio de tu habitación sigue siendo el mismo, independientemente de lo que ocurra en su interior. La pantalla sigue siendo la misma, independientemente del drama que se desarrolle en la película. Del mismo modo, tu ser sigue siendo el mismo a pesar de lo que ocurra en tu experiencia. Tu ser es completamente vulnerable a toda experiencia, completamente abierto, indefenso, sin resistencia, sin buscar nada, pero no se ve afectado por ninguna experiencia. Tu ser nunca ha resultado herido ni traumatizado por ninguna experiencia. Se encuentra ahora en el mismo estado inocente e inmaculado en el que estaba el día en que naciste y en el que estará el día en que fallezcas.
De hecho, al igual que el espacio de tu hogar no surgió cuando se construyó tu casa y no dejará de existir cuando esta sea demolida, tu ser tampoco nació cuando nació tu cuerpo, ni desaparecerá cuando tú fallezcas. Tu ser es eterno. Se mezcla temporalmente con el contenido de la experiencia y parece convertirse en un ser finito, igual que el vasto espacio del universo se mezcla temporalmente con las cuatro paredes de tu habitación y parece convertirse en un espacio pequeño y separado. Pero, al igual que el espacio nunca adquiere realmente las limitaciones de las cuatro paredes dentro de las cuales parece estar contenido, sino que siempre sigue siendo el vasto e ilimitado espacio físico del universo, tu ser nunca adquiere realmente las limitaciones de la experiencia, y siempre sigue siendo el único ser eterno e infinito, el ser de Dios, el único ser que existe. No necesitas convertirte en eso; ya eres eso desde siempre. Ya estás en paz, completo, libre.
Nuestro ser compartido
El espacio de la habitación en la que estás sentado parece ser un espacio independiente, separado del espacio de todas las demás habitaciones por las paredes que parecen contenerlo; sin embargo, es el único y vasto espacio del universo. Del mismo modo, ahora pareces ser un ser temporal y finito, un yo o ego separado, distinto de todos los demás yoes y cosas, ubicado en el cuerpo y limitado a él, pero solo hay un ser infinito e indivisible: nuestro ser compartido.
El reconocimiento intuitivo de nuestro ser compartido es la experiencia familiar del amor en relación con las personas y los animales, y de la belleza en relación con los objetos y la naturaleza.
Por esta razón, el amor es la condición natural de toda relación. La mente superpone el conflicto y la animosidad a la condición natural de toda relación, que es el amor, del mismo modo que la tristeza o la agitación se superponen a la condición natural de tu ser, que es la paz.
Paz en tu interior, amor en tu exterior. Estas son las dos formas en las que el ser brilla en su forma más pura en tu experiencia. En su forma más pura, antes de que el contenido de la experiencia le dé color o lo matice, la naturaleza misma del ser es paz y amor.