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Narcisistas y psicópatas

Narcisistas y psicópatas

¿Por qué estos individuos se sienten atraídos por los puestos de poder?

Por Steve Taylor19 de junio de 2019 - 7 de octubre de 2020

A lo largo de la historia, las personas que han alcanzado posiciones de poder suelen ser precisamente aquellas a las que no se les debería confiar dicho poder. El deseo de poder suele estar relacionado con rasgos de personalidad negativos: egoísmo, codicia y falta de empatía. Y las personas con un mayor deseo de poder suelen ser las más despiadadas y carentes de compasión.

A menudo, quienes alcanzan el poder muestran rasgos de psicopatía y narcisismo. En los últimos tiempos, los líderes psicópatas se han encontrado principalmente en países menos desarrollados económicamente, con infraestructuras deficientes e instituciones políticas y sociales inseguras. Personas como Sadam Husein en Irak, Muamar el Gadafi en Libia y Charles Taylor en Liberia.

Pero los psicópatas modernos no suelen convertirse en líderes en los países ricos (donde quizá sean más propensos a incorporarse a empresas multinacionales). En estos países, como se puede observar en Estados Unidos y Rusia, se ha producido un cambio de los líderes psicópatas a los narcisistas.

Después de todo, ¿qué profesión podría ser más adecuada para una personalidad narcisista que la política, donde la atención es constante? Los narcisistas se sienten con derecho a obtener poder debido a su sentido de superioridad y autoimportancia.

Las personas con personalidades narcisistas tienden a ansiar la atención y la admiración y consideran que es justo que los demás se sometan a ellas. Su falta de empatía significa que no tienen reparos en explotar a otras personas para alcanzar o mantener su poder.

Mientras tanto, el tipo de personas que podríamos considerar ideales para ocupar puestos de poder —personas empáticas, imparciales, responsables y sensatas— se muestran naturalmente reacias a aspirar a ellos. A las personas empáticas les gusta mantener los pies en la tierra e interactuar con los demás, en lugar de elevarse por encima de ellos. No desean el control ni la autoridad, sino la conexión, dejando esos puestos de liderazgo vacantes para aquellos con rasgos de carácter más narcisistas y psicopáticos.

Diferentes tipos de líderes

Sin embargo, sería engañoso decir que solo los psicópatas y los narcisistas alcanzan el poder. En cambio, yo diría que, en general, hay tres tipos de líderes.

Los primeros son los líderes accidentales, que alcanzan el poder sin una gran intención consciente por su parte, sino debido a privilegios o méritos (o una combinación de ambos). Los segundos son los líderes idealistas y altruistas, probablemente el tipo más raro. Se sienten impulsados a alcanzar el poder para mejorar la vida de otras personas, o para promover la justicia y la igualdad, y tratan de convertirse en instrumentos de cambio. Pero los terceros son los líderes narcisistas y psicópatas, cuya motivación para alcanzar el poder es puramente egoísta.

Por supuesto, esto no solo se aplica a la política. Es un problema que se da en todas las organizaciones con una estructura jerárquica. En cualquier institución o empresa, es muy probable que quienes obtienen el poder sean personas muy ambiciosas y despiadadas, y carentes de empatía.

Los líderes narcisistas pueden parecer atractivos porque a menudo son carismáticos (cultivan el carisma para atraer la atención y la admiración). Como líderes, pueden ser seguros y decididos, y su falta de empatía puede promover una determinación que, en algunos casos, puede conducir al éxito. Sin embargo, en última instancia, cualquier aspecto positivo se ve superado con creces por el caos y el sufrimiento que generan.

Narcisismo
Una manifestación contra Trump en Washington D. C. Shutterstock/bakdc

Lo que se necesita son más controles para alcanzar el poder, no solo para limitar su ejercicio, sino también para limitar su obtención. En pocas palabras, no se debe permitir que las personas que más desean el poder alcancen puestos de autoridad.

Se debe evaluar a todos los líderes potenciales en cuanto a sus niveles de empatía, narcisismo o psicopatía para determinar su idoneidad para el poder. Al mismo tiempo, se debería animar a las personas empáticas, que por lo general carecen de ansias de poder, a ocupar puestos de autoridad. Aunque no quieran, deberían sentir la responsabilidad de hacerlo, aunque solo sea para interponerse en el camino de los tiranos.

También podríamos intentar identificar a los narcisistas y psicópatas que ya ocupan puestos de poder y tomar medidas para reducir su influencia. Quizás también podríamos pedir a las comunidades que nominen a personas sabias y altruistas que desempeñen una función consultiva en las decisiones políticas importantes.

Sin duda, todo esto supondría cambios masivos de personal en la mayoría de los gobiernos, instituciones y empresas del mundo. Pero podría garantizar que el poder estuviera en manos de personas que lo merecen, y así hacer del mundo un lugar mucho menos peligroso.

Patocracia

Hay muchos tipos diferentes de gobierno. Está la democracia, que literalmente significa «gobierno del pueblo». Está la autocracia, que significa el gobierno de una sola persona con poder absoluto, como un monarca o un dictador. También está la oligarquía, que significa el gobierno de un pequeño número de personas extremadamente ricas e influyentes. Una forma de gobierno menos conocida —pero, por desgracia, habitual— es la patocracia, que significa, literalmente, el gobierno de personas con trastornos de la personalidad. En la mayoría de los casos, se trata de personas con psicopatía o trastorno narcisista de la personalidad.

He escrito sobre la patocracia en una serie de artículos a lo largo del último año, más o menos. El concepto fue desarrollado originalmente por el psicólogo polaco Andrew Lobaczewski, quien creció bajo la ocupación nazi de Polonia y posteriormente vivió bajo el régimen soviético de Stalin. Lobaczewski dedicó su carrera a estudiar la relación entre los trastornos de la personalidad y la política. Llegó a la conclusión de que las personas con trastornos como la psicopatía y el trastorno narcisista de la personalidad se sienten fuertemente atraídas por el poder y, a menudo, forman parte de los gobiernos de las naciones. Definió la patocracia como «un sistema de gobierno creado por una pequeña minoría patológica que toma el control de una sociedad de personas normales».

En mis artículos anteriores, sugerí que existía el peligro de que el Gobierno de Estados Unidos se convirtiera en una patocracia. Creo que se puede afirmar con seguridad que esto ya ha ocurrido. Incluso antes de que Trump llegara a la presidencia, un gran número de psicólogos, psiquiatras y otros profesionales de la salud mental estadounidenses manifestaron su convicción de que el presidente padecía un trastorno de la personalidad. Más recientemente, la sobrina del presidente, Mary Trump —psicóloga clínica—, ha afirmado que el presidente padece narcisismo maligno y, posiblemente, otros trastornos como la sociopatía y el trastorno de personalidad dependiente.

Sin embargo, la patocracia no se limita únicamente a los líderes individuales. Una vez que un líder trastornado se hace con el control de un país, las personas responsables y con principios abandonan poco a poco el Gobierno, ya sea dimitiendo o siendo expulsadas. Es solo cuestión de tiempo que todo el Gobierno quede repleto de personas despiadadas con una grave falta de empatía y conciencia.

Las patocracias surgen porque las personas con psicopatía y trastorno narcisista de la personalidad tienen un fuerte deseo de poder. Las personas con valores morales y empatía pueden alcanzar puestos de poder gracias a su mérito y capacidad, pero no sienten el mismo impulso intenso por el poder que los psicópatas y los narcisistas. Los narcisistas y los psicópatas se abren paso hacia los puestos de poder de la forma más despiadada y descarada, impulsados por una necesidad de autoridad, atención y riqueza. En este artículo, me gustaría explicar de dónde proviene este afán de poder.

Separación extrema

Una de las razones por las que me interesan los trastornos de la personalidad es porque son el polo opuesto de los estados «espirituales». La espiritualidad se basa, en esencia, en la conexión. Se trata de trascender el egocentrismo y sentirse conectado con otros seres humanos y con el mundo natural. Esta sensación de conexión genera un sentimiento de preocupación y compasión por los demás, así como un sentido de responsabilidad hacia la raza humana y el mundo en general.

Como expliqué en mi libro The Leap (El Salto), las personas espiritualmente desarrolladas no sienten la necesidad de acumular riqueza, poder ni éxito. No tienen ningún deseo de obtener beneficios personales porque no sienten que les falte nada. Su sentido de conexión les hace sentirse parte del mundo y satisfechas de vivir en él, en pie de igualdad con el resto de las personas.

Las personas con psicopatía o trastorno narcisista de la personalidad perciben el mundo de una forma completamente diferente. Viven en un estado de intensa separación o desconexión. Están atrapadas en sus propios mundos mentales, como presos en régimen de aislamiento, a solas con sus propios impulsos y deseos. No pueden percibir los sentimientos de los demás ni ver el mundo desde la perspectiva de otras personas. El mundo fuera de sus propias mentes es un lugar sombrío e irreal respecto al cual no sienten ninguna responsabilidad. Todo queda en segundo plano frente a sus propias necesidades e impulsos.

Por eso los psicópatas y los narcisistas son propensos al autoengaño. Están tan inmersos en su propio mundo subjetivo que sus propios pensamientos y deseos les parecen tan reales como el mundo mismo. Así pues, cuando los acontecimientos parecen entrar en conflicto con sus deseos y pensamientos, se niegan a aceptar la realidad de dichos acontecimientos. Ignoran cualquier información negativa que contradiga su propia visión preferida de la realidad. Como consecuencia, los líderes trastornados suelen ser muy ineficaces a la hora de responder a las crisis, ya que se muestran reacios a afrontar la realidad.

El impulso por alcanzar el poder

La extrema sensación de separación que experimentan los psicópatas y los narcisistas es también la raíz de su intenso deseo de poder. Como señalé en mi libro The Fall, el deseo de poder y riqueza surge de una sensación de carencia. Al estar tan desconectados del mundo y de los demás seres humanos, los psicópatas y los narcisistas tienen una sensación de carencia muy intensa. Inconscientemente, se sienten incompletos, como si les faltara algo, como si fueran fragmentos que se hubieran desprendido del todo. Como resultado, ansían el poder, el estatus y la riqueza como una forma de intentar completarse a sí mismos. El principal motor de sus vidas es acumular, porque se sienten insuficientes.

Hay otros factores que ayudan a las personas con trastornos a alcanzar el poder. Al carecer de empatía y conciencia, no tienen ningún reparo en maltratar y explotar a los demás. Las personas con moral y empatía son reacias a actuar de cualquier forma que perjudique a los demás, pero los psicópatas y los narcisistas no tienen tales reparos. En su búsqueda del poder, utilizan y abusan de los demás de forma habitual, pisoteando a cualquiera que se interponga en su camino. Para ellos, los demás no son más que objetos a los que pueden apartar —o eliminar por completo— como si fueran obstáculos en el camino.

Otro factor es que las personas con trastornos sienten una sensación de superioridad. Creen que merecen ocupar puestos de poder, porque son más inteligentes y más capaces que cualquier otra persona. En casos extremos, creen que son infalibles, incapaces de tomar decisiones erróneas, y que poseen una amplia gama de conocimientos especializados de los que, en realidad, carecen.

Insatisfacción y destrucción

Las personas con trastornos de la personalidad viven en un estado de insatisfacción constante. Esta es otra consecuencia de su grave aislamiento y su sensación de carencia. En gran medida, la felicidad humana proviene de la sensación de conexión con los demás y con el mundo que nos rodea. Lo trágico de la situación de los psicópatas y los narcisistas es que, por mucho poder o riqueza que adquieran, nunca podrán escapar de su sensación de carencia ni de su insatisfacción. Pueden experimentar breves momentos de felicidad tras haber obtenido una victoria o haber castigado a un enemigo. Pero incluso su felicidad es tóxica, ya que proviene del orgullo, la jactancia y la alegría por el mal ajeno. Y su felicidad siempre se desvanece rápidamente, devolviéndoles a su familiar sensación de descontento e incompletitud.

Por eso, en última instancia, los líderes trastornados son tan destructivos. Su descontento y frustración van en aumento, lo que les empuja a manifestaciones de poder cada vez más extremas y a episodios de autoengaño cada vez más graves. Con el apoyo del gobierno patocrático que le rodea, el líder trastornado se vuelve cada vez más despiadado e irresponsable, generando más caos, opresión y violencia.

En Estados Unidos, este proceso ya se está desarrollando. El 3 de noviembre* sabremos cuánto tiempo va a durar.

* Se refiere al 3 de noviembre de 2020, cuando salió elegido Joe Biden como presidente de EE.UU. Sin embargo, como ya sabemos, Donald Trump volvió a ser elegido presidente en noviembre de 2024 (N. del T.).

Steve Taylor es profesor titular de Psicología en la Universidad de Leeds Beckett.

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