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Integrar la no-dualidad en la vida cotidiana

Por Nic Higham 1 de diciembre de 2023

Al integrar el reconocimiento de la no-dualidad en la vida cotidiana, es importante comprender que no se trata de hacer algo adicional o diferente. Se trata de darse cuenta de lo que ya es, la realidad siempre presente de la experiencia.

Piensa en tus actividades e interacciones cotidianas. Lo creas o no, cada una de ellas es una oportunidad para reconocer la presencia no-dual. No se trata de cambiar estas actividades o de buscar algo más allá de ellas, sino de reconocer la perfección y la inteligencia inherentes a ellas tal y como son.

Cuando te dediques a cualquier tarea, ya sea mundana o compleja, observa la experiencia en sí misma. Acompaña el desarrollo de cada momento, no como una serie de acontecimientos separados, sino como una expresión continua e ininterrumpida de la realidad. Este reconocimiento no requiere un estado o condición especial. Se trata de ver lo extraordinario dentro de lo ordinario, lo profundo dentro de lo simple.

Incluso en los momentos de desafío o rutina, la riqueza de la presencia está ahí. Es cuestión de sintonizar con ella, no a través del esfuerzo o la lucha, sino a través del simple reconocimiento. Esto significa dejar ir la mente interpretativa, la que etiqueta, juzga o busca alterar la experiencia, y en su lugar, estar con la experiencia tal y como es.

Esto no se limita a un momento o lugar concreto. Puede ocurrir en cualquier lugar y en cualquier momento. Cada instante es una oportunidad para ver la naturaleza ilimitada y vibrante de la realidad que se manifiesta en los detalles de tu vida. Recuerda, la presencia no-dual no está separada de tus experiencias; son tus experiencias, con todas sus texturas y matices.

Es un simple acto de darse cuenta de lo que ya es, que es el núcleo de la realización no-dual. Se trata de desarrollar una sensibilidad refinada hacia la realidad inmediata y siempre presente de tu experiencia. No se trata de adquirir nuevos conocimientos o alcanzar un estado especial, sino más bien de reconocer la perfección y la inteligencia inherentes a la experiencia a medida que se desarrolla.

En cada momento, en cada situación, ya sea mundana o extraordinaria, siempre existe la oportunidad de darse cuenta de esto. Se trata de ver la realidad de lo que está presente, la plenitud y la totalidad inherentes a tu campo experiencial. Este darse cuenta no requiere esfuerzo ni alteración de lo que es; es un reconocimiento simple y directo de la riqueza de la experiencia tal como es.

Este reconocimiento puede transformar la forma en que percibes e interactúas con el mundo. Desplaza el foco de la búsqueda de la plenitud o la comprensión fuera de ti mismo a la apreciación de la naturaleza profunda de tu propia experiencia inmediata. Es una apertura continua al desarrollo de la vida.

Recuerda, la no-dualidad no es un concepto abstracto que se pueda comprender intelectualmente. Es la esencia misma de tu experiencia, la realidad innegable de tu ser. Es tanto lo ordinario como lo extraordinario, lo mundano y lo milagroso. Con solo observar, te alineas con esta profunda verdad y, al hacerlo, te comprometes con la vida de la manera más profunda y auténtica.

Dejar ir la mente interpretativa se desarrolla de forma natural, ya que se reconoce que las interpretaciones, como todos los fenómenos, van y vienen dentro del continuo de la experiencia. Este dejar ir no es un esfuerzo activo, sino una comprensión de la naturaleza transitoria e inaprensible de los pensamientos y narrativas interpretativos.

La mente interpretativa, con su tendencia a analizar, etiquetar y juzgar, se considera simplemente otra expresión de la naturaleza dinámica y espontánea de la experiencia. Cuando te das cuenta de que las interpretaciones no son la realidad de lo que está presente, sino simplemente una de sus muchas expresiones que aparecen espontáneamente, se produce una desconexión natural que te impide tomar estas interpretaciones como una realidad concreta.

El énfasis se pone en la implicación directa con la experiencia inmediata, sin el lastre de las capas de interpretación. No se trata de un proceso de silenciar la mente a la fuerza o de luchar contra sus interpretaciones, sino más bien de desarrollar una conciencia que ve estas actividades mentales como parte del juego de la totalidad.

A medida que se profundiza en esta comprensión, te encuentras menos enredado en la red de narrativas y más en sintonía con la acción intrínseca de la realidad tal y como es. Las interpretaciones de la mente se ven tal y como son—transitorias, insustanciales y sin definir la totalidad de lo que es. En este reconocimiento, hay una liberación natural y sin esfuerzo del control de la mente interpretativa que tiende a dividir, lo que permite una conexión más profunda con la condición real del momento presente.

Curiosamente, la palabra «integrar» significa combinar (una cosa) con otra para formar un todo. La noción de integración suele surgir desde la perspectiva de que somos entidades separadas que intentan conectar o armonizar diversos aspectos de nuestras vidas o de nosotros mismos. Sin embargo, en el contexto de la no dualidad, esas separaciones se consideran ilusiones conceptuales. Todo es ya una expresión inseparable del continuo de la experiencia.

La palabra «continuum» proviene del latín «continuus», que significa ininterrumpido o sin rupturas.

La vida en su totalidad, con todas sus aparentes imperfecciones, fluctuaciones y diversidad, es una expresión singular y completa de la realidad. Este campo unificado de experiencia no necesita ser armonizado ni integrado porque nunca ha estado fragmentado, ni podría estarlo jamás.

El cambio aquí consiste en pasar de ver la vida como un conjunto de partes dispares que necesitan integración a reconocer la unidad y la plenitud inherentes a toda experiencia. Desde este punto de vista, cada momento, cada acontecimiento, cada aspecto de la vida no es algo que deba integrarse en un todo, sino que ya es una expresión del todo.

Se trata de percibir esta totalidad intrínseca, de estar con la experiencia tal como es, en su plenitud y unidad, en lugar de intentar unir las partes para formar una totalidad imaginaria. Es un cambio de paradigma radical, desde la visión convencional de la vida como una serie de componentes separados a una visión de la vida como algo intrínsecamente e incondicionalmente completo y pleno.

Así pues, en la vida cotidiana, se trata de un cambio de perspectiva sutil pero profundo: ver lo ordinario a través del prisma de lo extraordinario, reconocer la naturaleza irresoluble y espontánea de la realidad tal y como se presenta en cada momento. No se trata de una tarea que haya que lograr, sino de un reconocimiento continuo, un retorno constante a lo que ya está aquí.

Nic Higham es terapeuta y coach no-dualista en Leicester, Reino Unido.
Fuente: Nisargayoga.org