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La Iluminación

por Melvyn Wartella
Melvyn Wartella

Desde hace mucho tiempo la iluminación es un tema importante para muchas personas. Los interesados en el significado de la vida, en la búsqueda espiritual y en las enseñanzas religiosas se han estado preguntando de qué se trata. Siglos intentando comprender lo que decían al respecto quienes parecían estar iluminados han llevado a la mayoría de la gente a tener una comprensión absolutamente equivocada de lo que es la iluminación. La iluminación no es algo que se pueda entender con una mente condicionada. Para tener una verdadera comprensión de ella, uno debe experimentarla directamente. Sin embargo, incluso quienes han tenido un atisbo de ella pueden confundirse y confundir a los demás, si antes de tener una experiencia de iluminación no poseen un marco de comprensión. Ciertamente, la iluminación no puede colocarse jamás dentro de un marco, pero si uno entiende la causa original de por qué no estamos todos iluminados, puede comprenderla y transmitirla con mayor claridad a quienes estén interesados.

Puedo decir esto debido a mi propia experiencia de iluminación. Pero incluso decir que tuve una experiencia de iluminación es engañoso. No hay ningún individuo separado que haya tenido tal experiencia, lo único que existe es una realidad que es vista claramente sin que se interponga la ilusión del "yo". Nuestro lenguaje es dualista y no resulta muy útil para expresar lo que es entero y completo. De modo que, por favor, sé paciente conmigo y ten en cuenta este problema del lenguaje.

En otoño de 1970, después de haber pasado algunos años intentando comprender mi relación con lo espiritual, pero sin llegar a entender realmente gran cosa y sin haber oído hablar de la iluminación en un sentido espiritual, tuve un despertar. Estaba pasando por un período de enormes cambios y tenía un estilo de vida muy del tipo de la contracultura. Mi familia y yo vivíamos en un hermoso parque nacional de la costa del norte de California, en un autobús escolar reconvertido en casa rodante. Retrospectivamente, es evidente que mi mente estaba madura para ese avance. Una noche, acompañé a mi esposa hasta los aseos. Mientras esperaba fuera me embebí de la mágica belleza del bosque. De repente tuve una sensación intuitiva de que un árbol quería que me acercara a él. Era una sensación poderosa, de modo que caminé hasta donde se encontraba. Mientras estaba allí de pie, esa misma energía intuitiva me dijo claramente que oliera el árbol. Me incliné hacia delante e inspiré profundamente la maravillosa fragancia del musgo y la corteza húmeda. En medio de la inhalación, mi mente sufrió una mutación y supe sin ninguna duda que yo era uno con el Universo, supe que nunca había sido otra cosa que no fuera esta totalidad de vida. No fue sólo una percepción o un sentimiento. Fue una transformación de todo lo que había pensado o sentido jamás sobre la realidad. Y fue también un estado de dicha y amor absolutos.

Este estado se prolongó durante aproximadamente dos semanas y luego, gradualmente, volví a la normalidad. No se trata de que esa conciencia, esa sensación de unidad cambiara, sino que la vida volvió a ser como antes. Permanecer en ese nivel de percepción habría sido maravilloso, pero la mente siempre está investigando e intentando profundizar más en todas las cosas. La experiencia dejó a la mente con más preguntas que no podían ser respondidas por ella misma tal cual era. De modo que la búsqueda continuo para intentar encontrar más respuestas. Algunos maestros dicen que debemos dejar de buscar respuestas, que simplemente debemos desprendernos de todo, pero mi experiencia me ha demostrado que es sumamente difícil desprenderse de todo sin comprender por qué uno debiera hacerlo. Pero si puedes hacerlo y liberar la mente con tal facilidad, hazlo. Cada uno de nosotros enseña desde la perspectiva que le ha funcionado en su vida. De modo que yo abordo estos temas desde la perspectiva de mi experiencia. A fin de cuentas, siempre será ese desprendimiento el que nos va a liberar del sueño del ego.

Durante ocho años mi mente observó e investigó cada aspecto de la condición humana y de su propio funcionamiento. Observé cuán condicionada estaba la mente de todo el mundo, cuán encerrados estábamos en unas creencias que no tenían ningún sentido. Vi toda la violencia, el odio y el racismo que había por todas partes. No era sólo una búsqueda mental. Tengo la suerte de tener una gran intuición y aprendo más desde ese nivel que desde la mente racional. Pero después del despertar, incluso la mente racional se abre a un nivel mucho más profundo de entendimiento y creatividad. La mente racional, después del despertar, puede alcanzar un nivel de sabiduría mucho más profundo del que podría lograr jamás la mente racional normal.

Después de esa búsqueda de ocho años y después de muchas otras profundas revelaciones con respecto a la naturaleza de la realidad, me encontraba viviendo en el bosque con mi familia. Había estado trabajando duro durante varias semanas, desarrollando un sistema de suministro de agua, sembrando un huerto y despejando un terreno para construir una nueva casa. Luego descansé durante aproximadamente una semana. Un día empecé a tener la sensación de estar siendo empujado fuera de mí mismo. Me resultó, y me sigue resultando, imposible expresar a los demás lo que estaba sintiendo, ni siquiera podía comprenderlo. No era una sensación agradable en absoluto y se prolongó durante tres días, empeorando por las noches. Cada noche hacíamos una fogata y nos sentábamos alrededor de ella hablando de todos los temas que nos parecían interesantes y de todos nuestros planes con esta nueva propiedad que habíamos comprado. Pero durante esos tres días, en lo único que era capaz de pensar era en aquella poderosa sensación que, sencillamente, no cesaba.

Durante la tercera noche fue tan intensa que no pude dormir. En mitad de la noche salté de la cama, tomé el coche y conduje una o dos millas hasta llegar a una elevada colina desde la que se veía el pueblo. Me quedé allí un rato, intentando comprender qué era todo aquello, pero no conseguí nada. Lo estaba pasando tan mal, que por un momento tuve deseos de lanzarme con el coche por la empinada ladera y poner fin a mi sufrimiento. Pero no podía hacerlo. Había gente que dependía de mí y que me necesitaba. De modo que regresé a casa y volví a meterme en la cama. Transcurridas unas dos horas, me quedé dormido.

Cuando abrí los ojos a la mañana siguiente, ¡estaba realmente Despierto! La persona que se había ido a la cama estaba muerta, es decir, el ego. En su lugar se encontraba la Vida Misma, la Conciencia Misma. No fue una percepción momentánea que dejara una comprensión profunda, como había ocurrido ocho años atrás. Fue una revolución total. El ego estaba muerto; me había convertido en nada, pero esa nada era todo en el Universo. Cada momento era una poderosa revelación. El cerebro no tenía que trabajar en absoluto. De hecho, cuando pensaba era como si se formase una imagen fantasma a lo lejos a la que rara vez le prestaba atención. A diferencia del primer despertar que sólo duró unos minutos, con dos semanas de transformación, esto llenaba cada momento, desde el instante en que abría los ojos por la mañana temprano hasta que los cerraba por la noche.

Este estado se prolongó, en diferentes grados, durante aproximadamente dos años. Si estaba muy ocupado realizando algún trabajo, no le prestaba mucha atención, pero luego reaparecía. Después de esos dos años, simplemente se convirtió en el estado normal durante la mayor parte del tiempo.

El proceso del despertar es continuo y es, al mismo tiempo, una iluminación instantánea. Sigo aprendiendo día a día y ya han pasado veinticinco años desde que el ego ilusorio murió. ¿Qué he aprendido durante todo este tiempo y qué he aprendido a causa del propio despertar? Voy a explicarlo lo mejor que pueda. Ten en cuenta que las palabras sólo apuntan hacia algo que está más allá de cualquier realidad que la mente condicionada pueda comprender jamás, a pesar de ser algo sumamente simple.

Existen muchos conceptos erróneos acerca de la iluminación. Hay demasiadas personas pensando en experiencias cósmicas y místicas relacionadas con sus ideas acerca de lo que es la iluminación. Esta comprensión errónea ha sido perpetuada por algunos supuestos gurús y por escritores que no están despiertos. Es como la zanahoria que cuelga delante del burro que tira de la carreta: los gurús van en la carreta a expensas de los alumnos. Hay muchas supuestas "experiencias místicas", pero éstas tienen poco o nada que ver con la iluminación.

Muchas personas tienden a meter todo tipo de experiencias paranormales en el mismo saco que la iluminación. Esto también es un error. Como lo es asociar la iluminación a los últimos descubrimientos de la física. Yo he sido clarividente antes y después del Despertar y este hecho no tiene ninguna relación con la iluminación.

Los cánticos, rezos y ritos religiosos no tienen ningún sentido para la iluminación. La meditación Zen puede ayudar a aquietar la mente para que vea con mayor claridad. Esto puede servir de alguna ayuda para el despertar. Yo no meditaba, ni seguía ninguna religión. La religión forma parte del sueño del ego y no tiene nada que ver con la realidad.

Tampoco he tenido jamás un maestro. A lo largo de la historia sólo ha habido unos pocos maestros realmente buenos. Hoy hay muchas personas que afirman ser maestros y que claramente no han despertado, a menos que consideremos que un pequeño espasmo espiritual es un Despertar. Son, en su mayoría, los llamados Budas Lunares: reflejan lo que han leído u oído, pero sin haber tenido ninguna experiencia real. Parece que muchos maestros —demasiados— de la actualidad son lo que yo llamo conclusionistas: tienen una imagen mental de lo que significa todo e implantan esas imágenes en las mentes de sus alumnos. Entonces los estudiantes llegan a una conclusión, lo cual les proporciona una euforia momentánea, y creen haber despertado. La iluminación jamás es una conclusión. No tiene nada que ver con la mente condicionada, excepto en la clara necesidad de ir más allá de ella.

La iluminación no tiene palabras. Nunca es una imagen de ningún tipo. No está en el tiempo, tiene que ser ahora. La iluminación es ver directamente la Realidad como la Realidad Misma. Jamás puede ser nombrada o expresada en forma alguna. Está dentro de una categoría completamente distinta a cualquiera de las que la mente está habituada. Es Conciencia Pura, Sabiduría Pura, Vida Pura y Simple, sin la sombra de la mente condicionada. No es otra cosa que lo que ves delante de ti, pero va más allá de toda objetividad y subjetividad. Es ver claramente cómo la mente se ha dividido en imágenes, ideas, conceptos, creencias y sueños. Eso es lo que muere: ése es el ego.

Cuando uno ha despertado verdaderamente, no necesita ninguna confirmación de nadie. Uno sabe qué ha ocurrido, sin ninguna sombra de duda, y está completamente seguro de que ha sido un despertar. Recientemente leí acerca de un maestro Zen del siglo XV que tuvo un despertar, o eso creyó, y luego recorrió todo Japón en busca de alguien que se lo confirmara. Si realmente hubiese tenido un despertar, no habría necesitado hacerlo. Era un conclusionista y así fue como enseñó lo que creía saber.

Con demasiada frecuencia, la gente cree todo tipo de disparates sobre aquellos que se han iluminado. Creen que, de algún modo, esas personas "Despiertas" son santas y están más allá del ser humano normal. Esto no es cierto. Una persona iluminada es simplemente una persona que ha despertado a la realidad y es la misma de siempre, nada más. La gente parece pensar que los iluminados son infalibles y perfectos en todos los aspectos. Son personas auténticas, de una sola pieza, pero son simples seres humanos, ni mejores ni peores que cualquier otro. Cometen errores, quedan en ridículo y hacen la mayoría de las cosas que hace todo el mundo de vez en cuando. No pueden ver nada como si estuviera fuera de su Ser. No son capaces de odiar ni de hacer daño a nadie, tienen más compasión que la mayoría de los seres humanos, no se pierden en sueños ni en creencias fútiles, se sienten seguros y, durante la mayor parte del tiempo, son felices.

Tengo una página de un calendario Zen que dice: "Cuando el hombre corriente alcanza el conocimiento, es un sabio; cuando un sabio alcanza el entendimiento, es un hombre corriente". Las personas iluminadas son gente corriente. No son perfectas, pero ¿a quién le importa?