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Meditaciones guiadas con Francis Lucille (Parte 2 de 3)

Francis Lucille

El próximo pensamiento es el pensamiento de Dios

Sólo hay una Realidad.

Esto quiere decir que aquello que está oyendo estas palabras y las palabras que son oídas, aquello que ve y lo que es visto, aquello que piensa y el pensamiento, son Uno. El pensador y el pensamiento, el que ve y lo visto, el que oye y lo oído son nombres que se refieren a esta única Realidad.

Para esta Realidad no hay muerte y no hay problemas.

Los aparentes problemas son olas a través de las cuales esta Realidad se expresa a sí misma, y de la misma manera la solución de estos problemas son también olas a través de las que esta Realidad disfruta de sí misma.

No consideres esta verdad simplemente como un concepto, porque ningún concepto es verdad; vete más allá del concepto. Date cuenta, o al menos ábrete a la posibilidad, de que ahora mismo es verdad que ― aquello que oye y lo oído son Uno.

Aquello que oye y lo que habla son Uno. Aquello que oye es el propio oír (la acción de oír) hablándose a sí mismo.

Cuando no caes en la trampa de la creencia en la separación, te das cuenta que ésta ha sido siempre tu experiencia. Nunca ha habido ignorancia. Siempre ha existido esta Realidad amándose a sí misma, disfrutando de sí misma, celebrándose a sí misma.

La ola, separada del océano, no tiene realidad. Sin las otras olas a su lado, y sin la profundidad del océano bajo ella, la ola se colapsa. Nunca se ha encontrado en la naturaleza una ola separada. No existe. Si piensas profundamente sobre esto, lo que es verdad sobre la ola, es verdad sobre todas las cosas. Todas las cosas son olas de este mismo océano.

Estas palabras son olas bailando en la superficie de este océano de Presencia, que está oyéndolas y pronunciándolas. Y todos tus pensamientos, sentimientos y sensaciones también son olas de este mismo océano.

Hazte esta pregunta, "Si todo es el mismo océano, ¿qué falta?" O incluso, "¿Qué podría faltar?"

Descubre tu plenitud, no la plenitud de la ignorancia o la plenitud de un fragmento que quiere hacerse mayor y tener más, sino la plenitud de aquello que es Uno consigo mismo, sin ninguna cosa fuera ni ninguna cosa dentro de sí mismo.

Una única Presencia, una única Consciencia, una única Inteligencia presente a sí misma, percibiéndose a sí misma, comprendiéndose a sí misma ― de tantas formas. Mantente abierto a esta posibilidad y entonces ve: "¡Vaya, está sucediendo ahora mismo!"

Un Ser eterno en constante renovación, siempre el mismo y nunca el mismo.

Si lo piensas, así es como pensamos sobre nosotros mismos en la ignorancia. Por una parte pensamos, "Soy siempre el mismo, Francis, John ― quién sea". Pero por otra parte pensamos, "Yo estoy cambiando continuamente, envejeciendo, cambiando mi opinión, moviéndome, cambiando mi forma, cambiando mi situación". Siempre cambiando, nunca cambiando.

Pero esta comprensión "siempre cambiando, nunca cambiando" no se refiere a lo que es limitado, porque lo que es limitado cambia siempre, pero no es inmutable.

Sólo la Totalidad es al mismo tiempo inmutable y siempre cambiante. Así que la parte de nosotros que sabemos que nunca cambia es la parte verdadera: la Consciencia, el Yo Soy, la Raíz, el Atman. Y lo que siempre cambia es también la parte verdadera, siempre que no le pongamos ningún límite, ningún contorno.

Así que, como tu cuerpo aparece en tu meditación en forma de sensaciones o tu mente en forma de pensamientos, comprende que el cuerpo y la mente son olas de este océano y los pensamientos y sensaciones y sentimientos son las pequeñas olas, pero más allá de las olas está el océano.

Así que sé consciente de que lo que aparece en este momento en tu cuerpo, en tu mente es la cara de Dios, la cara de la única Realidad.

Cuando estás simplemente abierto a esto, todas las resistencias se van por el desagüe. ¿Cómo te podrías oponer a ti mismo? ¿Cómo podrías resistir aquello que eres, cuando comprendes que estás al mismo tiempo tirando de y empujándote a ti mismo?

Y cuando entiendes esto, la mente fluye, el cuerpo fluye, el mundo fluye. Somos reconciliados. Somos Uno.

El próximo pensamiento que viene es el pensamiento de Dios.

El próximo sentimiento es el sentimiento de Dios.

Es Dios sintiéndose a sí mismo a través de ese sentimiento, pensándose a sí mismo a través de ese pensamiento, estando presente a sí mismo a través de esa Presencia.

Nuestro único problema es que estábamos esperando que ¡la experiencia de Dios fuera diferente! Es nuestra proyección de lo que debería ser, lo que nos impide experimentarlo tal como es en todo momento.

En la medida que tenemos expectativas, no estamos alineados con nuestra comprensión. Todavía somos un fragmento buscando completarnos. Aunque nuestra expectativa sea algo espiritual, el problema es que ni siquiera las expectativas espirituales, son espirituales en absoluto.

Comprende que todo lo que aparece está bien. Como solía decir Robert Adams: "Todo está bien y desarrollándose como debería".

Todo está bien y desarrollándose como debería ahora mismo.

En relación a tu cuerpo y a la experiencia del cuerpo, observa que no eres sólo lo que aparece como tu cuerpo. Eres lo que aparece, eres aquello en lo que aparece y eres todo lo demás en todo momento.

Francis Lucille - 2006
 

El Puente entre tiempo y eternidad

Sumérgete profundamente en el momento presente.

La única razón por la que sufrimos es nuestro rechazo de lo que nos ofrece el momento presente.

Queremos que sea diferente. Queremos que sea de acuerdo con nuestra propia proyección, con nuestro plan personal. Rechazamos todo lo que va contra el plan personal y queremos todo lo que está de acuerdo con nuestro plan personal para la felicidad.

El problema es que el plan personal para la felicidad es defectuoso y no funciona. Hemos tenido suficiente experiencia de él en el pasado para saber que es defectuoso y que no funciona. El plan personal para la felicidad lo hemos heredado de nuestros padres, de nuestros amigos, de nuestro ambiente. Y si les miramos, ¿funcionó para ellos? Y si no funcionó para ellos, ¿por qué iba a funcionar para nosotros?

Si acogemos el momento presente, descubriremos que en el momento presente nunca hay ningún problema. Los problemas y el sufrimiento psicológico sólo surgen en relación al pasado y el futuro de una entidad personal. En el ahora no hay tal entidad personal. Esa es su belleza. Sólo el ahora es real. El pasado ya no existe y el futuro todavía no existe, así que sólo el ahora es real. En el ahora no hay entidad personal.

La entidad personal sólo existe como rechazo del ahora.

Pregúntate a ti mismo, "¿Qué es tan insoportable en el ahora?" Asumimos que el ahora es insoportable porque nunca lo hemos experimentado plenamente. De hecho es bastante soportable. De hecho, el ahora está en paz y libre de problemas, libre de sufrimiento. Todo lo que tenemos que hacer es encontrarnos con el ahora desde nuestro acoger.

El ahora es el puente entre el tiempo y la eternidad. Cuando dejamos de oscilar entre el pasado y el futuro, empezamos a caminar sobre ese puente.

El puente es extremadamente estrecho porque el ahora es como un estrechísimo intervalo entre el pasado y el futuro. En el otro extremo del puente está la Presencia, atemporal, eterna.

Cuando dejamos de rechazar el ahora, las cosas se vuelven simplemente neutras. No es que se vuelvan agradables. Lo que aparece no es agradable ni desagradable. De alguna manera, no tienen nada que ver con la paz. Se convierten en neutrales. Nos hacemos indiferentes a ellas. Se vuelven tan neutrales como el tictac de un reloj, sonando en la habitación, midiendo el silencio, midiendo la Presencia. Como el sonido rítmico es tan neutral, no acapara nuestra atención por mucho tiempo. Nuestra atención se libera del objeto y se encuentra a sí misma como Presencia.

Estas palabras son como los sonidos del reloj. Por sí solas, sólo son vibraciones de poca importancia, revelando la atemporalidad de donde vinieron, y a la cual retornan.

No puedes hacer un objeto de esta atemporalidad. Si lo haces, la pierdes. Pierdes su frescura, su inmediatez, su intimidad. No puedes descansar en ninguna sensación. Ni siquiera puedes descansar en el momento presente. Tu eterno reposo está en la Presencia que ya está aquí, que ya la tienes, porque lo eres.

Somos aquello que buscamos.

Acuérdate siempre de llevar tu experiencia a su nivel verdadero, que es el nivel de la Presencia. Devuélvela a la Presencia, porque es allí donde sucede.

Recuerda que independientemente de que exista un mundo exterior, sin importar cuantos mundos haya, sutiles o materiales, la realidad de nuestra experiencia es inevitable, innegable, completamente cierta.

Si te asientas en la realidad de tu experiencia, que es tu verdadera naturaleza, ¿qué te puede pasar?

Todo lo que surge en la mente y en el mundo es esta Presencia ejerciendo su infinito poder de crear, sostener y disolver. Por lo tanto, lleva la experiencia de tu mente, los pensamientos, a su nivel verdadero, que es la Consciencia, que es esta Presencia. A ese nivel no hay mente, sólo pensamiento que surge en la Presencia. Durante la presencia del pensamiento, el pensamiento es la Presencia. El pensamiento y la Presencia son uno, porque no hay nada separado de la Presencia, nada fuera de esta Presencia, nada que no sea esta Presencia.

De la misma forma, lleva tus sensaciones corporales a su nivel verdadero. Su verdadero nivel no es el cuerpo; no es allí donde tienen lugar. Su verdadero nivel no es la mente. Su verdadero nivel es la Consciencia.

Y cuando haces esto, no hay mente y no hay cuerpo. Cuando haces esto, vas directamente a tu Ser más profundo, a tu Ser verdadero.

Francis Lucille, 2007