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Meditaciones guiadas con Francis Lucille (Parte 1 de 3)

Viendo el Ver viendo

Francis Lucille

No te separes de tu experiencia.

Acógela en su totalidad: las sensaciones de tu cuerpo, el sonido de mi voz y los pájaros, tus pensamientos. Todo ello está a una distancia cero de ti. Todo está en ti.

Aunque creas que hay alguien separado de todo ello que se sitúa como el observador o el que percibe, este mismo pensamiento es algo más que aparece de lo que tampoco estás separado.

Reconoce como un hecho la inmediatez de todo lo que aparece. La separación viene después del hecho como una interpretación del mismo. La separación solo puede existir entre dos objetos percibidos, por ejemplo, una mesa y una silla. Pero ¿cómo podemos hablar de separación entre algo que percibimos y algo que no percibimos? ¿Entre algo que es percibido y lo que percibe? Para ver, para establecer dicha separación, deberíamos poder percibir al que percibe, para verlo separado de lo percibido. Y eso es imposible.

Pregúntate a ti mismo, "en mi experiencia, ¿estoy separado de lo que percibo?" Tu experiencia es el único punto de referencia para decidir la respuesta a esta pregunta. No estamos hablando de filosofía sino de percepción, de cómo percibimos el cuerpo y el mundo, nuestra propia vida. Puede parecer teórico pero no lo es. Es totalmente práctico. Ser práctico exige que eliminemos todo lo que no tenga un propósito, un sentido, y que constituya un derroche de energía. Cualquier actividad, pensamiento o sentimiento basados en la ilusión de la separación son cargas innecesarias de este tipo. Y eso es especialmente verdad en el caso de la forma en la que percibimos el cuerpo y el mundo.

Podemos percibir el cuerpo y el mundo libres de ninguna interferencia psicológica, libres de la superposición de un "mi", de miedo y deseo, de lo que nos gusta y lo que nos disgusta. Limítate a los hechos, los hechos del mundo, del cuerpo, de la mente, tal como surgen.

Observa también la tendencia de fijar la atención en alguna forma de pensamiento circular o en alguna clase de sensación corporal, una localización corporal. La mente siempre quiere tener algo, algún objeto para rumiar. Hay que ver completamente la agitación de la mente.

A menudo lo que provoca esta actividad es una sensación de carencia, una compulsión. Tenemos que acogerla completamente al nivel de los sentimientos. La manera de acogerla es dándole el espacio y el tiempo que necesita para descargar su contenido psicológico. Podemos recibir esas fijaciones en el cuerpo con indiferencia total. Lo que de ninguna manera queremos hacer es tratar de eliminarlas, manipularlas, interferir con ellas.

La paz de tu verdadero ser no se revela eliminando los objetos, sino pasándolos por alto al acogerlos desapasionadamente. El objeto que es contemplado con esta indiferencia, libera la consciencia, la hace asequible a sí misma.

Lo que es percibido es parte de la mente y no lo compartimos con otros. Lo que compartimos no es percibido. Es el perfume.

Es el perfume del que ve conociéndose a sí mismo, del ver conociendo el ver, del ver viendo el ver. Cuando nos encontramos entre amantes de la verdad y viendo el ver viendo ―en otras palabras, el ver que se ve a sí mismo― tiene lugar, todos nos sentimos atraídos hacia dentro por este ver en el que no hay nada que ver.

Es muy misterioso cómo este silencio se propaga. Viene de dentro.

Francis Lucille - Tampa, 2002
 

Viajeros espirituales

La Presencia está libre de esfuerzo.

El esfuerzo siempre tiene su origen en la creencia de que somos un fragmento, un fragmento que quiere convertirse en la totalidad, lo cual es imposible alcanzar. Para la entidad que se esfuerza no hay un final a la vista.

Este esfuerzo es muy diferente de la actividad que ejercemos cuando tenemos interés, o por amor, o para celebrar. Esa acción que proviene de un interés puede ser exigente para el cuerpo o la mente, pero está acompañada de gozo y perfume. Cualquier cosa que hagamos en el camino espiritual debería hacerse sin esfuerzo. Nuestra meditación, nuestra investigación deben nacer de una invitación desde lo Absoluto, del interés y amor por la verdad. De esta manera nunca es mecánico, sino siempre nuevo, siempre diferente.

Si en cualquier momento sentimos que hemos caído en la trampa del "esforzarse", que nuestra investigación se ha convertido en una práctica, automática y por lo tanto sin sentido, debemos darnos cuenta de ello claramente y detenerlo. La práctica siempre tiene su origen en la creencia en una entidad separada que quiere alcanzar algo, la felicidad personal.

Siempre hay un objetivo personal unido a la práctica de la que estoy hablando. Esta misma práctica dirigida a alcanzar la felicidad nos separa de la felicidad del acoger, del no esforzarse. La forma divina de vivir, la forma de vivir en la compañía de lo divino es una gran vacación. Es la verdadera jubilación. Olvídate de pensar que tienes que gastar tiempo y sudor para jubilarte espiritualmente en el futuro. Jubílate ahora.

No hay nada que hacer, nada se tiene que hacer en el futuro y sobretodo, no hay nada que podemos hacer porque como personas no podemos hacer nada. Nuestro hacer como persona solo es una ilusión, un simulacro de acción.

Cuando entendemos esto, todo cambia. Lo que hacemos para ganarnos la vida se convierte en algo creativo. No tenemos que cambiar nada, al menos no inmediatamente. Podemos dejar que las cosas cambien. Todo se alineará por si mismo con esta nueva perspectiva. Al estar dispuestos a una nueva dirección, todo encajará. El cambio viene de dentro hacia afuera como una onda. El origen de la onda permanece desconocido por siempre en la cegadora luz de la Consciencia.

Cuando medites en casa, no lo conviertas en una obligación. Espera hasta que lo quieras hacer, hasta que estás interesado. Hazlo parte de la vacación, parte de la jubilación. Espera la invitación y si pierde su perfume, detente inmediatamente. De esta manera conservas la calidad del entusiasmo por la búsqueda y serás invitado otra vez.

Como ocurre con los niños, lo que importa aquí es tiempo de calidad. Date a tí mismo tiempo de calidad en tu meditación. Sé bueno contigo mismo. Mantén un gran respeto por tí mismo, porque tú eres realmente tu Ser y nuestro Ser.

Tenemos que entender que por muy inteligente que sea la mente, al final no puede entender la Presencia. Sólo la Presencia siente la Presencia. Habiéndonos reunido aquí tenemos esta oportunidad extraordinaria de tener la experiencia de la Presencia sintiendo la Presencia en cada uno de nosotros, como cada uno de nosotros, como todos nosotros. Lo que hagamos o dejemos de hacer mientras mantenemos la Presencia en nuestras mentes y en nuestros corazones, no importa. Siempre encontrará su camino a la perfección. La más lúcida de las mentes es una herramienta limitada, extremadamente limitada. Sin la inteligencia de la Presencia la mente es un cadáver sin vida. Al buscar la Presencia, al mantenerla en nuestras mentes y corazones, somos invitados por el perfume. Dejamos el cadáver del cuerpo y la mente y descubrimos nuestra libertad, nuestra eterna juventud en esta Fuente.

Entonces, al volver al cuerpo/mente, en todo momento hay un nuevo comienzo. De esta manera nos convertimos en viajeros sin esfuerzo entre la Fuente y el mundo. Este viaje no lleva tiempo. Es el más fácil.

Francis Lucille - Otawa, 2003
 

Eres la dulzura en todas las cosas

Desentiéndete del mundo de los objetos.

Pensamientos, percepciones, sentimientos, sensaciones; no interfieras. Al principio todo lo que podemos hacer es darnos cuenta que interferimos constantemente. La única manera es decir "sí" a la atracción que viene del trasfondo, que viene de la dulzura.

Simplemente, ábrete a la posibilidad de que lo que nos gusta en cualquier cosa, no es la cosa, sino aquello en lo que la cosa aparece, de lo que es una expresión y una extensión. Abre tu cuerpo ávido, tu mente ávida porque ni el cuerpo ni la mente pueden conocer la dulzura. La dulzura se conoce a sí misma cuando el cuerpo y la menta dejan de agarrar. Mantente en la espera sin esperar.

Tú eres el amor en todo lo que amas.
Tú eres la belleza en todo lo que contemplas.
Tú eres la inteligencia en todo lo que comprendes.
Tú eres la dulzura en todas las cosas.

Simplemente búscate como esta dulzura. Enfócate en la dulzura y no te apegues a las cosas. Las cosas son la concha, la dulzura es la perla.

No tomes lo que se dice aquí como algo que se puede usar más tarde o como un aforismo de sabiduría interesante. Esto se tiene que probar y experimentar en el momento, ahora mismo. No lo pospongas.

Todos tenemos la experiencia de la dulzura. La mente no sabe donde está. Pero como la dulzura se conoce a sí misma, si la buscamos y soltamos todos los objetos a medida que aparecen, nos sumergiremos en ella, nos fusionaremos con ella, moraremos en ella.

La razón por la que la mayoría de la gente se aparta de ella no es porque es demasiado complicada, sino porque es demasiado simple.

Cada célula, cada órgano de nuestro cuerpo ha sido condicionado para buscar la felicidad afuera. Cuando empezamos a buscar la felicidad pura, comienza el descondicionamiento. No está en el cuerpo, ni en la mente, ni en el mundo.

Y si en algún momento oleadas de alegría impregnan tu cuerpo, no te detengas ahí. Mantén tu atención en la Presencia pura. Deja que el océano de gozo se fusione con esta paz. No estamos interesados en nada que va y viene. No moréis en las cosas. Morad en la dulzura de las cosas. No intentéis conservar las cosas. Conservar la dulzura.

Encuentra la dulzura de la cosa que está presente ahora mismo, que está ofreciéndose en este momento. No necesitas crear otra cosa. No necesitas pronunciar el mantra. Puedes dejar que el universo pronuncie el mantra de tu parte. El mantra es la cosa. La resonancia es la dulzura.

Simplemente mora en la resonancia de lo que se ha dicho.

Francis Lucille, 2003