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Artículos - Rupert Spira

El significado de la Navidad - el nacimiento eterno de ‘Yo soy’

En Navidad, el conocimiento «Yo soy» y el regalo de ser

Por Rupert Spira
La Natividad
Fra Angelico, La Natividad, Convento de San Marcos, Florencia, c. 1440-1445

Desde hace mucho tiempo, la Navidad se entiende como la celebración de un nacimiento que tuvo lugar en el tiempo. Pero bajo la conocida historia se esconde una invitación más profunda: reconocer un nacimiento que siempre está teniendo lugar. En esta reflexión, exploro lo que Meister Eckhart denominó «el nacimiento eterno de la Palabra en el fondo del alma», no como un acontecimiento histórico, sino como el despertar siempre presente del ser, que brilla silenciosa y luminosamente en cada uno de nosotros como el conocimiento «yo soy».

 

El nacimiento eterno en lo más profundo del alma

Me gustaría decir algo sobre lo que considero que es el significado esotérico de la Navidad. Yo diría que la Navidad representa el despertar, o el renacer, del Principio Crístico dentro de nosotros.

A esto se refería Meister Eckhart cuando dijo: «El nacimiento eterno del Verbo tiene lugar en lo más profundo del alma».

¿Qué quería decir con «nacimiento eterno»? Se refería al nacimiento siempre presente, no al nacimiento físico que tiene lugar una vez en el tiempo, sino al despertar siempre presente y continuo del Principio Crístico dentro del alma. ¿Y qué es el Principio Crístico? Es el despertar del «yo soy» puro en cada uno de nosotros, como cada uno de nosotros.

¿Qué quiero decir con «yo soy» puro? Me refiero a tu propio ser, despojado de las cualidades que toma prestadas temporalmente del contenido de la experiencia: el ser infinito, el ser de Dios.

Si el ser infinito tuviera que decir algo verdadero sobre sí mismo, desde su propia experiencia en primera persona, lo único que diría sería «yo soy». Cualquier cosa que se añadiera al «yo soy» reduciría lo infinito a lo finito.

Cuando nosotros, la mente individual o finita, nos referimos al ser infinito, lo llamamos «ser infinito», «ser de Dios», «lo divino», «lo absoluto», etc. Pero estos son nombres que la mente le da a lo infinito, desde su punto de vista en segunda persona. Incluso la palabra «ser» es una palabra que la mente atribuye al ser. Pero el ser nunca diría de sí mismo: «Yo soy ser». Solo diría: «Yo soy». Incluso referirse a lo infinito como «infinito» es una afirmación que la mente hace con referencia y en contraste con su experiencia normal de las cosas finitas.

Pero en la propia experiencia del ser sobre sí mismo, no es ni finito ni infinito. Solo la mente sugiere que lo infinito es infinito, que Dios es Dios. Pero todo lo que la mente dice sobre lo infinito se dice con referencia a su propia experiencia limitada y, por lo tanto, en el mejor de los casos solo es relativamente cierto, es decir, relativo a las limitaciones de la mente. Pero si lo infinito es todo lo que realmente existe, entonces solo su experiencia de sí mismo puede ser verdaderamente cierta. Y, por lo tanto, solo lo que diría sobre sí mismo puede ser verdaderamente cierto.

Lo que realmente es, el ser infinito consciente de sí mismo, nunca diría de sí mismo: «Soy infinito», «Soy Dios», «Soy eterno» o incluso «Soy el ser». Todas estas afirmaciones son intentos de la mente por definir la realidad, lo que realmente es, con referencia a su propia experiencia limitada.

Pero en la experiencia que el ser infinito tiene de sí mismo solo existe él mismo, por lo que no hay nada con lo que contrastarlo. Así pues, sin referencia al contenido de la experiencia, el ser infinito solo diría: «Yo soy». En otras palabras, el ser infinito ni siquiera sabe que es un ser infinito. Dios no sabe que es Dios.

Todo lo que Dios conoce es «Yo soy».

Por eso Meister Eckhart rezaba a Dios para que lo liberara de Dios. Entendía que para conocer a Dios como Dios, uno debe separarse de Dios como un ser o un yo independiente, y hacerlo es una blasfemia. Porque sugerir que hay otro ser junto al ser de Dios, y mucho menos numerosos otros seres, es convertir a Dios en finito, y si Dios fuera finito, Dios no sería Dios.

Así que, al rezar a Dios para que lo liberara de Dios, Meister Eckhart en realidad estaba rezando a Dios para que lo liberara de la distancia implícita en la relación sujeto-objeto, de modo que los últimos vestigios de individualidad que lo mantenían separado del ser infinito de Dios pudieran ser eliminados, dejando solo el ser infinito de Dios.

Y el conocimiento que Dios tiene de sí mismo, el conocimiento subjetivo que Dios tiene de sí mismo ―el único conocimiento de Dios que existe― brilla en ti, como tu conocimiento subjetivo de ti mismo. En otras palabras, la experiencia a la que te refieres cuando dices «yo soy» es la presencia de Dios brillando en tu corazón.

El regalo de ser

La historia de la Navidad es en realidad una metáfora de este despertar del «yo soy» que hay dentro de cada uno de nosotros. Todos, sin excepción, independientemente del contenido de su experiencia, pueden decir con absoluta certeza «yo soy». ¿A qué experiencia te refieres cuando dices simplemente «yo soy»? Simplemente a la experiencia pura de ser, antes de que tu ser sea coloreado o calificado por el contenido de la experiencia.

En otras palabras, tu yo o ser aparentemente temporal, finito y separado, cuando se despoja de las cualidades que toma prestadas del contenido de la experiencia, se revela como el ser infinito, el ser de Dios. Esa revelación es el nacimiento de la Palabra (el Verbo) en el alma. Y no es algo que ocurre en el tiempo. Tiene lugar eternamente.

No es un acontecimiento en el tiempo, aunque puede simbolizarse como el nacimiento de un niño, es decir, el nacimiento de la inocencia pura en el tiempo. Pero en realidad apunta a algo que no está en el tiempo. Está fuera del tiempo. Es eterno. Es el resplandor siempre presente de la Palabra, del ser puro, en cada uno de nosotros, como nuestro propio ser. Esto es lo que realmente celebramos en esta época.

Y la razón por la que damos regalos en esta época es porque no hay división, ni carencia, ni imperfección en el ser infinito. La mente dice que el ser está vacío, pero en su propia experiencia de sí mismo, está lleno, lleno hasta los topes solo de sí mismo. No posee nada, pero no le falta nada. Da sin calcular porque no conoce la escasez.

Dar y recibir regalos es un símbolo de esta verdad. Refleja la plenitud, la fecundidad, la abundancia, la generosidad y el amor que constituyen la esencia misma del ser.

Por lo tanto, nuestros regalos en Navidad son un reflejo y una celebración del mayor regalo de todos: el regalo que se da libre y eternamente, el regalo del ser mismo. Damos porque el ser se da a sí mismo, sin esfuerzo, sin medida y sin condiciones.

Más cerca que cerca

San Agustín dijo: «Dios está más cerca de mí que yo mismo».

Todo lo que sabes de ti mismo como persona, incluso tus pensamientos, recuerdos y sentimientos más íntimos, no están tan cerca de ti como lo está tu ser. Tu respiración, tus pensamientos, tus sentimientos y sensaciones, por muy íntimos que sean, se conocen en una relación sujeto-objeto. En otras palabras, existe un cierto grado de distancia entre tú mismo y todo lo que sabes o experimentas.

Pero en el conocimiento de tu propio ser, es decir, en la conciencia del ser que te permite decir con certeza «yo soy», no hay ni siquiera una distancia del grosor de un cabello entre tú y tú mismo.

En el conocimiento de tu propio ser, estás solo, despojado de las cualidades que tomas prestadas temporalmente del contenido de la experiencia. En otras palabras, te mantienes como el infinito. Te mantienes en la eternidad.

En esa experiencia, si podemos llamarla así, te encuentras como un ser desnudo, un ser infinito, el ser de Dios, el único ser que existe.

Este reconocimiento, esta revelación, no tiene lugar una sola vez en ti, en un momento determinado; tiene lugar eternamente. La Navidad celebra este despertar al fundamento del ser, que brilla en ti como la esencia (amness) de tu yo, y en el mundo como la esencia (isness) de las cosas.

Que la paz imperturbable, la alegría sin causa y el amor incondicional, que son la naturaleza misma del ser, brillen silenciosa y luminosamente en ti, hoy y siempre.

Publicado el día de Navidad de 2025.