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Artículos - Rupert Spira

El Camino de la Belleza

Una introducción a la naturaleza de la percepción

por Rupert SpiraEnero de 2013
Belleza

El artista y poeta William Blake dijo: "Si las puertas de la percepción se depurasen, todo aparecería a los hombres como realmente es, Infinito. Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna".

¿Qué quiso decir con esto? ¿Cómo puede un objeto finito, como un árbol, mesa, silla, persona, o casa ser infinito?

Tenemos que comprender en primer lugar que la palabra "percepción" incluye a todos los cinco sentidos: vista, oído, tacto, gusto y olfato.

El pensamiento convencional nos dice que la experiencia de la percepción se divide en dos ingredientes esenciales: uno, un sujeto que percibe y dos, un objeto que es percibido. Este entendimiento está incrustado en la estructura del lenguaje con frases tales como: "Veo el árbol", "oigo el viento", "toco a la persona", "me gusta la manzana" y "huelo la flor".

En cada caso, un sujeto ―"yo", el sí mismo (self)― se une a un objeto ―el árbol, viento, persona, manzana o flor― a través de un acto de percepción, es decir, a través de un acto de ver, oír, tocar, gustar u oler.

Ahora bien, con el fin de comprender la naturaleza de la percepción, tenemos que explorar ambos lados de esta ecuación ―"yo", el sujeto y el objeto o mundo. Tradicionalmente, los místicos han explorado la naturaleza del "yo", el sí mismo, y los artistas y los científicos han explorado la naturaleza del objeto o mundo.

En otras palabras, los místicos han tendido a mirar hacia dentro, dirigir su atención hacia el centro de su ser o naturaleza esencial, y los científicos y artistas han tendido a mirar hacia afuera, hacia los objetos de la naturaleza y el mundo.

A primera vista puede parecer que ambos están establecidos en direcciones opuestas. Sin embargo, si cada parte explora con suficiente profundidad, es inevitable que llegarán a la misma conclusión. De hecho, la razón por la que en la mayoría de los casos las conclusiones de los místicos, por un lado, y la de los artistas y científicos por el otro, tienden a diferir tan radicalmente, es sólo porque cada parte no explora con suficiente profundidad.

El pintor Paul Cézanne dijo: "Llegará el día en que una sola zanahoria, observada con ojos nuevos, desencadenará una revolución". La revolución a la que hace referencia es la unión de estas dos perspectivas ―la convergencia de la profunda comprensión del místico, el artista y el científico― y las implicaciones que esto tiene en todos los aspectos de nuestras vidas.

Así que vamos a explorar, en pocas palabras, estas dos perspectivas.

La naturaleza del Sí mismo (Self)

El pensamiento convencional nos dice que es el "yo", el cuerpo-mente, el que es consciente de los objetos y del mundo. Sin embargo, una simple y clara mirada a la experiencia nos indica que somos conscientes del cuerpo y de la mente de la misma manera en que somos conscientes de los objetos y del mundo.

En otras palabras, el cuerpo-mente no es el sujeto de la experiencia. El cuerpo-mente es un objeto de la experiencia, que aparece y desaparece como todos los demás objetos. Ahora bien ¿qué es el sujeto perceptor que llamamos "yo", que conoce o es consciente de todos estos objetos percibidos, es decir, del cuerpo, la mente y el mundo?

El "yo" se refiere a lo que sea que es consciente de los objetos del cuerpo, la mente y el mundo. Este "yo" no se puede encontrar como cualquier tipo de objeto, es decir, como un pensamiento, sentimiento, sensación o percepción. Y sin embargo "yo" estoy innegablemente presente y consciente.

Por lo tanto, estar presente y consciente es inherente al "yo", que por esta razón se le denomina a veces como "Conciencia", que simplemente significa la presencia de eso que es consciente. Esta Conciencia que es nuestra naturaleza esencial es como una apertura consciente y vacía en la que toda experiencia tiene lugar, pero en sí misma no es una experiencia.

La Conciencia no está localizada en el tiempo y por lo tanto es eterna o siempre-presente; no puede ser encontrada en el espacio y por lo tanto es infinita, es decir, que no tiene cualidades observables o finitas.

La naturaleza del objeto, el otro o el mundo ― de la materia a la mente

El pensamiento convencional nos dice que un objeto está hecho de algo inerte llamado "materia". Pero, ¿qué dice la experiencia?

Tomemos el mundo aparente que ahora vemos. Nuestra única experiencia de tal mundo es su percepción actual. En realidad, no podemos decir legítimamente que conocemos o percibimos un mundo que existe independientemente, es decir, un mundo que existe por sí mismo, independiente de nuestra percepción. Todo lo que podemos decir legítimamente, basándonos en la experiencia real, es que conocemos nuestra percepción del mundo.

De hecho, no podemos decir legítimamente que conocemos nuestra percepción "del mundo", ya que, como hemos visto, nunca entramos en contacto con dicho mundo. Sólo conocemos su percepción. Así que, en lugar de decir que conocemos nuestra percepción "del mundo", sólo podemos decir legítimamente que conocemos percepción.

Así que, después de haber descubierto que en realidad nunca conocemos, percibimos ni entramos en contacto con un objeto o mundo como tal, ahora podemos explorar nuestra experiencia más profundamente.

¿Encontramos realmente un objeto llamado "una percepción", o más bien encontramos la experiencia de percibir? Vemos claramente que en realidad nunca encontramos el objeto visto; sólo encontramos la experiencia de ver. Nunca encontramos el sonido escuchado; sólo encontramos la experiencia de escuchar. Nunca experimentamos un objeto llamado "un sabor"; sólo conocemos la experiencia de gustar.

De esta manera, vemos claramente que la experiencia no consiste en una colección de objetos o nombres, conocidos por un separado sujeto independiente. Más bien, es más como un flujo de experiencia en la que el sujeto y el objeto aparentes figuran como uno. De hecho, en el nuevo idioma de la no-dualidad podríamos decir que sólo hay verbos, ¡no nombres! No hay "yo veo el árbol", sino más bien, "hay ver"; no hay "yo escucho el viento", sino más bien, "hay escuchar".

El objeto aparentemente percibido, como tal, está empezando a perder su solidez, separación, alteridad, objetualidad. En otras palabras, el objeto visto o escuchado parece existir a una distancia de nosotros, pero la experiencia de ver o escuchar siempre tiene lugar cerca, íntimamente una con uno mismo.

Por lo tanto, hemos descubierto que realmente nunca conocemos, percibimos ni entramos en contacto con algo inerte llamado "materia", sino que todo lo que conocemos es "mente". Es decir, todo lo que conocemos o experimentamos del aparente objeto o mundo es "percibir" ― es decir, ver, oír, tocar, gustar y oler. Ahora bien, ¿cuál es la naturaleza de percibir?

La naturaleza de la percepción ― de la mente al Puro Conocer

¿Quién o qué es lo que conoce o es consciente de la experiencia de percibir?

Pregúntate: "¿Cuál es la relación entre la experiencia de percibir y el conocer de ella?"

Mira a ver si puedes encontrar estos dos elementos en tu experiencia: uno, percibir y dos, el conocer de ella. ¿No son el "percibir" y "el conocer de ella" una y la misma experiencia?

De esta manera, descubres que la experiencia no está dividida en dos ingredientes esenciales. La experiencia no se compone de una parte que conoce y otra que es conocida. No se divide inherentemente en un sujeto y un objeto.

No encontramos una percepción y el conocedor de esa percepción. Encontramos que la percepción está hecha de la experiencia de percibir, y que el percibir y el conocer de ella son uno y lo mismo.

En otras palabras, el percibir está hecho de puro Conocer. Extiende una mano imaginaria en tu experiencia y trata de tocar la materia de la que el percibir está hecho. Trata de tocar la materia de la que el ver, el oír, el tocar, el gustar y el oler está hecho.

Todo lo que encontramos, conocemos o experimentamos es el conocer de ella (de la experiencia). En realidad, no encontramos el conocer de ella, al igual que anteriormente nunca encontramos nuestra percepción del mundo. Sólo encontramos puro Conocer.

La Luz del Puro Conocer

Y ¿qué es eso que encuentra, conoce o es consciente de este puro Conocer? ¿Es el Conocer conocido por algo distinto de sí mismo? ¡No! Este Conocer se conoce a sí mismo. Este puro Conocer, o Conciencia, nunca conoce, es consciente de, o entra en contacto con nada que no sea sí mismo.

Por esta razón yo lo llamo puro Conocer. Es un Conocer que no está contaminado con la más mínima traza de subjetividad u objetividad. No conoce nunca nada que no sea a sí mismo. Y el nombre que comúnmente se da a la ausencia de un objeto u otro, a la ausencia de separación o dualidad, es belleza o amor.

No conocer a un aparente objeto como "un objeto" es la experiencia de la belleza. No conocer a un aparente otro como "un otro" es la experiencia del amor.

La belleza y el amor no son dos tipos especiales de experiencia que están limitadas a uno o dos objetos o personas; son la naturaleza de toda experiencia. Desde el punto de vista de la Conciencia o puro Conocer ―que es el único punto de vista real― toda experiencia está hecha sólo de belleza y amor. Es decir, desde el punto de vista de la Conciencia o puro Conocer, sólo hay el puro Conocer mismo, siendo, conociéndose y amándose únicamente a sí mismo.

Por lo tanto, desde el punto de vista de la Conciencia o puro Conocer, no hay objetos o yoes finitos. Solamente desde el punto de vista de un yo finito imaginario se experimentan los objetos o yoes finitos. Desde el punto de vista de la Conciencia o puro Conocer, sólo hay su propio yo (self) infinito y eterno, y todos los aparentes objetos o yoes finitos son únicamente eso.

"Si las puertas de la percepción se depurasen, todo aparecería a los hombre como realmente es, Infinito. Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna". Cuando la experiencia ya no se imagina o se siente dividida en dos ingredientes esenciales ―un sujeto llamado "yo", dentro del cuerpo-mente, y un objeto, el otro o el mundo, que está a distancia y hecho de algo que no sea nosotros mismos― se conocerá y se sentirá como realmente es, infinita y eterna.

Todo, todas las cosas aparentes, brillan con la luz del puro Conocer. Como dicen los sufíes, "Dondequiera que mi ojo se detiene, veo el rostro de Dios".