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Descubriendo a Ilie Cioara
Por THE SEERCuando echo la vista atrás al año 2011, siento que una de las cosas más significativas que han ocurrido en mi viaje espiritual ha sido el «descubrimiento» de un pequeño libro recién publicado por el místico rumano Ilie Cioara, que nació en 1916 y falleció en 2004. Me conmueve profundamente leerlo y releerlo, y tengo la fuerte impresión de que los escritos de Cioara van a tener el mismo impacto que el clásico espiritual de Nisargadatta Maharaj, Yo soy eso.
El libro se titula: El silencio de la mente y es el primero de una tetralogía que publicará Obooks. Los otros títulos que saldrán a la venta serán: El viaje maravilloso - hacia las profundiades de nuestro ser, La vida es siempre algo nuevo y Yo soy lo ilimitado.
Al igual que Yo soy eso, esta obra poco común ha sido puesta a disposición de los lectores de todo el mundo angloparlante gracias a un traductor perspicaz y despierto: Petrica Verdes. Durante los últimos años, Verdes ha practicado la meditación y ha vivido en varias comunidades de meditación en Italia, Alemania y el Reino Unido. Traducir la obra de Ilie Cioara ha sido para él una labor de amor y un proceso de crecimiento espiritual.
Verdes dijo:
«En 2002, encontré uno de los libros de Ilie Cioara en una librería y escribí inmediatamente a la editorial para pedirles que me facilitaran la dirección del autor. El libro me cautivó, sentí una energía alrededor del texto y solía meditar con él y llevarlo siempre conmigo.
Para mi sorpresa, al cabo de un mes recibí una respuesta del editor con la dirección y el número de teléfono del autor. Lo llamé ese mismo día y quedé con él para reunirnos a la mañana siguiente. La puerta de Ilie Cioara siempre estaba abierta para cualquiera que estuviera interesado en la verdad. Él no hacía preguntas: eras tú quien las hacía, si lo necesitabas.
En 2006 vivía en el Reino Unido y tenía conmigo uno de los libros de Ilie en rumano. Empecé a leerle fragmentos en inglés a un amigo y sucedió algo: la idea de traducir el libro se apoderó de mi vida. La traducción fluyó de forma espontánea y sin esfuerzo. Podía sentir la presencia de Ilie. Cada mañana me despertaba espontáneamente alrededor de las 5 de la mañana y las palabras fluían. No tenía que hacer una traducción, el libro se traducía solo.
Todo el proyecto fue «mi» idea y «mi» esfuerzo personal. Empecé a contactar con muchas editoriales y, finalmente, encontré OBoooks. Creé una página en Facebook y publiqué algunas citas del libro. En dos meses, la página tenía 3000 seguidores. Fue entonces cuando Obooks aceptó publicar el libro.
La enseñanza de Ilie Cioara es muy sencilla: basta con observar la mente, las emociones, cualquier movimiento del yo ficticio, y a medida que la mente se aquieta, se revela la esencia divina y dichosa de tu ser. No hay necesidad de maestros, métodos, técnicas o rituales. De hecho, cualquier método o ritual tiene su origen en un patrón mental y lo refuerza, fortaleciendo aún más la ficción y la prisión del ego. Nuestra naturaleza divina es infinita, ilimitada, dichosa, y no se puede alcanzar mediante ningún esfuerzo de la mente o del ego.
Si tuviera que resumir su enseñanza en una sola frase, sería: cuando la mente está en silencio, nuestra divinidad interior se revela.
Observar nuestros pensamientos es una práctica que se puede realizar en cualquier circunstancia, durante las horas en que estamos despiertos, los 7 días de la semana. Recordar no dar energía a la mente, sabiendo que cuando la mente descansa, una energía superior toma el control y nos guía a través de destellos de comprensión intuitiva.
Desde el momento en que te despiertas por la mañana hasta que te duermes por la noche, date cuenta de que tú no eres la mente. Solo sé testigo de ella. Hagas lo que hagas, sean cuales sean las circunstancias. Te levantas, vas al baño a lavarte los dientes... y sigues siendo testigo. Te vistes para ir al trabajo, y sigues siendo testigo, en segundo plano. Te subes al coche y empiezas a conducir, y sigues siendo testigo.
Este testigo es un milagro, aunque a primera vista no lo parezca. La palabra «testigo» no es muy atractiva, es un poco árida. Sin embargo, en ella reside la clave de todos los misterios de la existencia. El ser testigo no puede entenderse con la mente. El ser testigo se desarrolla en su eterno misterio. Es necesario practicarlo, es una experiencia.
Simplemente «vemos» algo y lo comprendemos profundamente, de forma intuitiva, sin necesidad de filtrar ningún conocimiento a través de la mente. Esta práctica se ha convertido en parte de mi vida. Es un gran regalo comprender que la verdad es muy sencilla. Aplicarla es más difícil, pero esta aparente dificultad se supera fácilmente con un poco de perseverancia y sed de lo divino».
Ilie (que rima con lily [lirio en inglés]) es único en cierto modo, en el sentido de que vivió en un aislamiento casi total en Rumanía. En sus primeros años, fue perseguido por la policía secreta y finalmente encarcelado durante seis años por no apoyar al régimen comunista. Parecía un hombre corriente, con un profundo anhelo por lo divino, que vivía en circunstancias muy adversas. No pertenecía a ninguna tradición de iluminación, no formaba parte de ningún linaje, no tenía maestro, nunca viajó a la India.
Originalmente un místico cristiano, repitió una oración similar a un mantra con frecuencia cada día durante más de 20 años. Un día, sintió un impulso intuitivo de abandonar el mantra y simplemente practicar el «silencio de la mente», escuchando los ruidos de la calle, etc., en el momento presente. Después de seguir esta práctica durante unos años, una mañana, mientras se despertaba, «él» experimentó de repente lo que algunos han llamado «liberación» o «iluminación».
Hasta los 55 años, cuando Ilie despertó espiritualmente, no había escrito ni una sola página y nunca había intentado ser maestro. Debido a que vivía en un aislamiento casi total, sus palabras tienen una frescura y una sencillez directa, desprovistas de cualquier jerga espiritual. Ilie sintió el impulso de compartir su experiencia y sus conocimientos mediante versos cortos que pudieran dar al lector una idea de lo que es la ausencia de mente. Los versos iban seguidos de explicaciones en prosa (véase el ejemplo más abajo).
La mayoría de estos escritos tuvieron que permanecer ocultos en el apartamento de un amigo hasta 1990, cuando cayó el telón de acero, para que no fueran confiscados por las autoridades comunistas. Describen la práctica del «auto-conocimiento» mediante la atención omnímoda. Al igual que Ramana Maharshi, Nisargadatta Maharaj, Eckhart Tolle y Adyashanti, entre otros, su mensaje es sencillo: descubrir nuestra naturaleza divina interior a través del silencio de la mente.
La eterna juventud
La poesía
La eterna juventud es un fenómeno natural,
el destino de toda persona ―una vez que alcanza
la madurez del individuo realizado―.
Espontáneamente le sigue ―como experiencia auténtica―
una energía sin respaldo y sin limitaciones.Físicamente, la juventud depende de nuestro número de años,
del progreso del cuerpo hacia la madurez.
No hay contradicciones. La gente considera que
tiene la edad que determinan sus años, teniendo
en cuenta la esperanza de vida.Pero la edad psicológica es otro tema.
La juventud está directamente conectada con
la novedad constante de la Vida.
La Vida misma nos pide que nos encontremos con ella
siendo tal como ella es, novedad absoluta en cada movimiento.Sin esta eterna juventud, en renovación constante,
no entenderemos la novedad del movimiento Universal.
Hemos de tener una mente intacta, lúcida, clara,
desapegada por completo del tiempo y del
vagabundeo de la memoria.Este es un estado que se consigue con naturalidad
cuando entendemos la cualidad del ego y su naturaleza impotente,
incapaz de abrazar y comprender realmente
la inocencia del momento desnudo.El momento nos hace jóvenes, si nos
encontramos con él una y otra vez
sin el viejo «yo», basado en caducos residuos.
La juventud no guarda relación con el
tiempo; no la determinan los años.
En la eterna juventud, todos y todo experimentan la integración.
La prosa
La eterna juventud es un fenómeno natural; es el destino de todo ser humano que haya alcanzado un estadio de madurez espiritual. Este logro espiritual aparece espontáneamente―como experiencia verdadera―cuando el individuo descubre la Realidad de su ser, que es Divinidad inmortal. En esta afortunada circunstancia, tiene una Energía y Consciencia Puras sin dimensiones ni causa.
En el plano físico, la juventud está determinada por la edad de nuestro cuerpo, por su progreso hacia la madurez. Desde este punto de vista, no hay contradicciones; la gente considera que es todo lo mayor que indican sus años, siempre dependiendo del clima o la localidad geográfica en la que vive.
En el plano psicológico, ya es otro tema. En esta circunstancia, la juventud está íntimamente conectada con la manera en que integremos y acojamos la eterna frescura de la Vida.
En la práctica, la Vida misma nos pide que nos encontremos con ella siendo tal como es: novedad absoluta con cada movimiento. Sin esta Eterna Juventud, nunca podremos descubrir ni comprender la novedad del movimiento Universal. Solo desapegándonos del tiempo y el espacio―de la memoria errabunda―seremos capaces de entender aquello que es nuevo y real, y que llega a nosotros «aquí» y «ahora» gracias a la constante movilidad de la Vida.
Pero ¿cómo podemos alcanzar esa Eterna Juventud en nuestro interior? Solo hay una manera: entendiendo la cualidad del ego y su impotente naturaleza, incapaz de abrazar y comprender la pureza del momento presente. Cuando llega la comprensión ―como experiencia directa―, esta ficción se queda humildemente en silencio porque ha entendido su incapacidad esencial, y, en el vacío psicológico que así se crea, nos expandimos hasta lo Infinito y adquirimos una mente nueva, verdaderamente eficaz e ilimitada.
Encontrarnos con el momento de la manera debida nos conduce a un estado de Eterna Juventud, en el que no tiene cabida la senilidad basada en las acumulaciones mentales. La Juventud no es prisionera del tiempo ni está influenciada por los años que haya vivido nuestro cuerpo físico.
Quietos en el umbral del momento que llega, lo recibimos en un estado de completa libertad interior, y permanecemos intactos e igual de libres una vez que el momento ha pasado, sin retener ningún residuo en la memoria. Morimos psicológicamente a lo que ha sido y, en ese mismo instante, renacemos igual de vivos, radiantes y siempre jóvenes a cada segundo de la Vida en su perpetuo movimiento.
De: El silencio de la mente, de Ilie Cioara, pág. 85. Editorial Sirio.
Mirándote a ti mismo
Para complementar nuestro enfoque sobre Ilie Cioara en este número, me gustaría llamar su atención sobre otra persona ahora completamente despierta que también cumplió condena en prisión y cuyos escritos apuntan hoy a la misma profunda Presencia divina que es nuestro verdadero ser.
John Sherman describe su antiguo yo como «un delincuente de poca monta en los años sesenta que se transformó en un revolucionario marxista-leninista, atracador de bancos y terrorista». Tras ser capturado y fugarse dos veces, y pasar varios años en la lista de los diez más buscados del FBI, fue detenido y pasó los siguientes dieciocho años y medio en una prisión federal.
Tres años antes de su liberación, John descubrió una enseñanza espiritual oriental poco conocida y despertó a la realidad. Tras su liberación, John conoció a Carla, se casó con ella y juntos «descubrieron» el verdadero secreto de la paz y la alegría eternas, que ahora comparten felizmente con los demás. Cuando anima a los demás, John dice...
«Quiero sugerirte algo que puedes hacer por ti mismo y que funciona. Sé que funciona porque me funcionó a mí, le funcionó a Carla, mi esposa, y ahora le ha funcionado a un número cada vez mayor de personas en todo el mundo; personas que, tal vez incluso en contra de su mejor criterio, han intentado hacer lo que sugiero.
Tengo una teoría sobre por qué funciona, pero mi certeza de que funciona proviene de mi propia experiencia, más que de un entendimiento teórico, y el «por qué» en realidad no viene al caso. Así que aquí está: el simple acto de mirar hacia dentro es lo que acaba con el miedo a la vida.
Paso 1: Aprende a mover el foco de tu atención a voluntad
Para empezar, relájate un momento y observa el hecho evidente de que tienes el poder de dirigir tu atención a voluntad. Mientras lees esto, aleja tu atención del texto por un momento y dirígela hacia la sensación de tu naturaleza subyacente. Si intentas, con todo tu corazón, poner el foco de tu atención en contacto directo con la realidad de tu verdadera naturaleza, extinguirás el miedo a la vida, que es la primera causa de toda la miseria humana.
A esto lo llamo «mirarse a uno mismo». Si intentas mirarte a ti mismo con atención, la «enfermedad del miedo» desaparecerá y, con ella, la percepción de tu experiencia vital como un problema que hay que resolver, una amenaza que hay que destruir. Es así de sencillo.
Observa cómo se expanden y contraen tu pecho y tu abdomen, y luego vuelve a centrar tu atención en esta página. Hazlo un par de veces para que te familiarices con lo que quiero decir con «mover el foco de tu atención a voluntad».
Esa acción de mover la atención a voluntad, como acabas de hacer, es todo lo que se necesita para lograr lo que te estoy pidiendo que hagas. Cuanto más practiques este sencillo acto, más familiarizado estarás con la sensación de hacerlo. Y cuanto más familiarizado estés con esa sensación, más hábil y directo serás en el esfuerzo de mover el foco de atención hacia donde debe ir.
Paso 2: Dirige el foco de tu atención hacia dentro.
Utiliza esa habilidad para dirigir el foco de atención hacia dentro, tratando de establecer un contacto directo y sin intermediarios con la realidad de tu propia naturaleza, es decir, contigo mismo, simplemente contigo mismo. Tú sabes lo que eres, y sin duda te reconocerás cuando te veas de esta manera. Es así de sencillo. Repite esto tantas veces como se te ocurra hacerlo.
No hay tercer paso.
Algunos consejos sobre dónde mirar
El acto de mirar hacia dentro puede parecer sencillo, pero llevarlo a cabo puede resultar todo menos fácil. Pero piensa en esto: tu sensación es lo único que siempre está ahí. Todo lo demás―pensamientos, creencias, comprensiones, cosas vistas, oídas y sentidas, emociones, dolor, placer―literalmente todo lo demás va y viene.
Por lo tanto, mirar para ti es mirar solo lo que siempre está aquí. Cualquier cosa que haya llegado recientemente, por maravillosa que sea, no puede ser tú. Del mismo modo, cualquier cosa que haya estado aquí y se haya ido, aunque pueda volver, no puede ser tú.
Además, eres el campo llano e inmóvil en el que todo lo demás va y viene. No tienes nada que darte ni que quitarte y, por lo tanto, eres profundamente poco interesante para el ojo de la mente, que no tiene otro propósito que mantenerse alerta, estar atento a las cosas que hay que aprovechar, las cosas que hay que rechazar y destruir, y las cosas que es seguro ignorar en un bosque de fenómenos brillantes, relucientes, en constante movimiento y fantásticamente fascinantes.
El miedo a la vida es una especie de enfermedad autoinmune. Su única función, por muy descabellada que pueda parecer, es mantenerte a salvo de tu propia vida, y esta misión exige una atención constante a los fenómenos que se avecinan. Por ello, su orientación natural es siempre hacia el exterior. Tú, por el contrario, eres total y perfectamente interior.»
La llama de la atención total
Por Ilie Cioara
A través del silencio, la mente en su totalidad se había convertido en un inmenso espejo en el que se reflejaba el mundo exterior. Y el mundo que percibía directamente a través de mis sentidos me revelaba su propia realidad. Mis semejantes, ya fueran amigos íntimos o completos desconocidos, eran considerados indiscriminadamente, con un sentimiento de amor que nunca antes había sentido.
Si surgía alguna reacción de la mente, desaparecía inmediatamente al entrar en contacto con el destello de la Atención impersonal. Un estado de alegría tranquila y omnímoda me caracterizaba en todas las circunstancias, ya fueran agradables o dolorosas. Mi comportamiento era el de un simple testigo, perfectamente consciente de lo que sucedía a mi alrededor, sin que ello afectara a mi estado de paz omnímodo.
El estado de lo sublime es, por supuesto, difícil de describir, pero no imposible de experimentar para alguien que practica auténticamente la conciencia. Para comunicarlo, se utiliza un lenguaje sencillo y directo, que no está filtrado por la razón, porque el «ego», con su percepción subjetiva, ya no está presente. Por decirlo de alguna manera: el vacío psicológico es el que vive el momento presente, expresa este encuentro con palabras y sigue estando presente y disponible para el momento siguiente.
Como resultado de este encuentro directo con el momento, siempre nuevo y renovador, sentí la necesidad, impulsada y alimentada por impulsos intuitivos, de expresar el «auto-conocimiento» mediante la poesía. Era algo natural. En pocas palabras podía abarcar y comunicar la esencia de la experiencia. Durante el primer año escribí 300 poemas. Más tarde, su número llegó a 1000, de los cuales 600 van acompañados de explicaciones en prosa, como las que se incluyen en este libro.
También me gustaría describir algunos efectos que, como resultado de tomar conciencia de las reacciones de mi propio proceso de pensamiento, han desaparecido por completo, sin ninguna otra intervención por parte de mi mente.
Después de experimentar este fenómeno, me sentí como un recipiente roto, del que comenzaron a desaparecer lo siguiente: mi interés por los viajes astrales, mis creencias religiosas, mi egoísmo, mis deseos, mi miedo, mi envidia, mi orgullo, etc. Mi conciencia permaneció abierta todo el tiempo, ofreciéndome la posibilidad de pasar de la dimensión finita al Infinito.
Después de encontrarme con este fenómeno extraordinario, con la ayuda de una perspectiva global, comprendí toda la tragedia humana, causada por la mala interpretación de la vida en su constante movilidad y novedad de un momento a otro.
Ante la frescura y la vitalidad de la vida, cada individuo, según su propio condicionamiento, como resultado de una educación errónea, se comporta de manera completamente inapropiada, porque la estructura de la mente no puede comprender ni abarcar de ninguna manera la belleza de la vida. La sombra del pasado es en realidad un patrón de memoria que nubla y distorsiona la realidad del momento presente.
La vida no puede ser experimentada y comprendida objetivamente, a menos que nos encontremos en un estado de completa libertad y serenidad mental. La vida es novedad, momento a momento, y nos exige, incluso nos obliga, a experimentarla con una mente nueva, con un cerebro nuevo y con nuevas células cerebrales, que no hayan sido utilizadas anteriormente.
Es un hecho bien conocido: los científicos afirman que el ser humano, a lo largo de toda su vida, no utiliza más del 10-15 % de sus células cerebrales y de su potencial de memoria. Como se puede ver, nuestras posibilidades psicológicas son casi ilimitadas.
Tras estas explicaciones, será más fácil comprender el proceso de nuestro propio condicionamiento, así como el fenómeno de romper el caparazón del «ego».
Como he mostrado anteriormente, la vida exige que la afrontemos directamente, sin el lastre de los recuerdos. ¿Cómo nos deshacemos del lastre de los recuerdos? ¡Es muy sencillo! Así es como se hace:
Enfrentamos el movimiento de la mente con la llama de la Atención total―solicitada por la vitalidad de la vida en su flujo continuo. Sin la luz y la serenidad que proporciona la Atención, nada puede entenderse de manera real. A la luz de la Atención, cualquier reacción de la mente (pensamiento, imagen, miedo, deseo)―que funciona de manera caótica, obsesiva y nos domina―se disuelve instantáneamente.
En el vacío psicológico que sigue, aparece una nueva mente, que se expande hacia el infinito, como un estado de Consciencia Pura, comprensión pura y acción transformadora. Este simple estado de «ser» es en sí mismo una acción en la que la entidad que realiza la acción ya no existe. El hombre viejo, condicionado por sus patrones de comportamiento, pierde su autoridad a medida que se disuelven las reacciones caóticas e incontrolables, energías que sostienen y alimentan el «ego».
Solo así, mediante un simple encuentro con las reacciones de la mente y su posterior desaparición, se rompe la barrera del «ego». A través de una apertura momentánea, se revela nuestro ser real, transformándonos y sanándonos. Esta Atención omnímoda, sin propósito alguno, es lo Sagrado mismo en acción.
De hecho, existe otro tipo de atención dirigida por la voluntad, que se comporta de manera subjetiva al limitarse a un solo objeto. Por su propia naturaleza, este tipo de atención se define a sí misma como falta de atención.
Sin embargo, ¡cuidado con convertir este simple encuentro contigo mismo en una mera teoría! El simple hecho de tomar conciencia de «lo que es», de lo que encontramos, propiciado por el fluir de la vida, sin ningún propósito ni expectativas, nos coloca en un estado de simple «ser», que nos transforma por sí mismo. Eso es todo lo que hay que hacer.
Extraído de: The Silence of the Mind, por Ilie Cioara, págs. 131-134