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A los Pies de Nada

La Via Negativa coincide con el Prajnaparamita

por Mirabai Starr science and nonduality
Vía Negativa

A veces voy a mi zafu (cojín redondo para meditar) como una persona hambrienta va a su plato de sopa. Me inclino ante mi altar, ofrezco incienso a los santos y sabios cuyos rostros familiares me miran desde sus cuadros enmarcados en la pared y toco los pequeños pies de las estatuillas moldeadas de los santos en mi mesa de puja. Doblo mis piernas en un cómodo medio loto, recojo mis cuentas de oración en mi rodilla derecha, respiro profundamente y me introduzco en mi meditación diaria.

Este es un ritual que me ha acompañado desde que era una adolescente, hace casi tres décadas. Es una práctica que he mantenido a través de mil circunstancias cambiantes, una docena de situaciones de vida, y un sinnúmero de estados mentales y de ánimo. No importa lo abatida que pueda estar, me arrastro hasta el cojín y doy gracias por el profundo silencio que encuentro allí.

Recientemente, he experimentado una oleada particularmente dulce de serena alegría mientras me asentaba en mi sesión de la mañana. Reflexioné durante un momento sobre la innegable gratificación sensual que obtengo de mi práctica de meditación. Desde que me hallo en el sendero, he sabido intuitivamente que la Verdad trasciende cualquier forma que pueda parecer que señala el camino. "Neti-neti" fue mi mantra favorito desde una edad temprana: no esto; no eso.

Y sin embargo, esta básica intuición sobre la vacuidad subyacente de la realidad nunca me ha impedido ser atraída como una polilla por el fuego del ritual religioso y la imaginería sagrada.

Mientras me sentaba aquella mañana, olvidando permanecer entre los pensamientos, recordé una anécdota sobre los místicos españoles del siglo XVI, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila. Acababa de pasar los últimos tres años traduciendo la obra maestra de Juan, La Noche Oscura del Alma y El Castillo Interior de Teresa.

Se dice que Juan, conocido por su severa austeridad, siempre desafió a Teresa sobre su excesivo apego a las formas. En cierto momento la convenció de que despojara las paredes de su celda de todos los cuadros de Cristo, de la Santísima Virgen y de los santos que allí había.

Teresa obedeció, pero era infeliz. Rezó fervientemente por la pobreza de espíritu requerida para esta importante mortificación, pero el desapego no se produjo. En cambio, tuvo una visión de Cristo. "¿Cuál es mejor?", Él le preguntó a ella, "¿la pobreza o la caridad?" Entonces Él dijo: "Si el amor es mejor, no debes renunciar a nada que despierte amor en ti". Y así Teresa colgó alegremente todos sus cuadros de nuevo.

Mientras reflexionaba sobre esta historia, reconocí la misma tensión dinámica que representaban estos dos legendarios místicos cristianos reflejados en mi propia práctica. Como contemplativa natural, me siento atraída por la quietud, el vacío, lo sin-forma. Pero también soy una practicante de kirtan (canto devocional en la tradición hindú) y me regocijo en el canto sagrado. Solía sentirme vagamente apologética cuando participaba en una de estas dos actividades espirituales, sabiendo que pronto estaría echando de menos la otra.

Aunque he leído el Sutra del Corazón innumerables veces, me parece que me he centrado totalmente en las enseñanzas del vacío y me he perdido la parte donde el Buda enseñó que no hay una distinción real entre la forma y el vacío, entre el samsara y el nirvana, entre el silencio y la alabanza.

Me imagino a Teresa de Ávila golpeando el último clavo en la pared y colocando sus amados iconos de nuevo en su lugar. Corriendo escaleras abajo hacia la rectoría, con el hábito ondulante, y martillo en mano. –¡Padre!– grita ella. Juan levanta la vista del poema que está escribiendo. Teresa relata sin aliento su visión, radiante de alivio. Juan no puede evitar sonreír. –Muy bien, hija mía– dijo. Y lo decía en serio.

Lo decía en serio porque, como autor de la Noche Oscura del Alma, que representa el viaje espiritual a través del vacío del desconocimiento a la unión del amor con lo Divino, sabía mejor que nadie que "la forma es vacío y el vacío es forma". Debía estar muy complacido de ver a su mayor compañera espiritual llegar a esta realización a través de la experiencia. Teresa se había convertido en "una lámpara para sí misma".

Aunque el budismo se basa claramente en la comprensión de sunyata (vacuidad), el cristianismo no es generalmente reconocido por sus enseñanzas sobre el vacío. Pero están ahí, incrustadas en la poesía de los místicos. La vía negativa es como la práctica oriental de neti-neti, en la cual el practicante navega conscientemente a través de la seductora gama de fenómenos espirituales hasta la "talidad" fundamental en su núcleo.

En la vía negativa, el buscador primero debe entregarse a un proceso de negación, en el cual se despoja de todos los apegos sensuales a lo sagrado y se extinguen todos los conceptos de la naturaleza o incluso de la existencia de Dios. Este es el camino de la "purgación" (vía purgativa).

Desde ese lugar de desnudez espiritual, el buscador entra en la segunda fase de su viaje (la vía iluminativa), en la que la luz divina se vierte en el vaso purificado del alma. Debido a nuestra vieja manera de ver, este resplandor cegador se experimenta como oscuridad. Tenemos que desarrollar nuevos ojos espirituales para absorber la iluminación que sólo puede llegar a un alma vacía de todos los sentimientos y todos los conceptos. Es una experiencia de satori.

La etapa final del camino espiritual es la unión (vía unitiva). Esto ocurre cuando el pequeño yo es aniquilado y se funde en el Uno. Los místicos cristianos utilizan el lenguaje del amor romántico para describir esta unión. Es la transformación del amante (el alma) en el Amado (Dios), haciéndolos inseparables. Cada último fragmento de conciencia del mundo fenoménico se desvanece en esa absorción mística. En las tradiciones orientales, lo llamamos samadhi.

Para Juan de la Cruz, el viaje a la liberación (unión) implica el paso a través del desierto de lo desconocido, donde el buscador sufre la pérdida atroz de todo lo que alguna vez le hizo sentirse conectado a su Dios y asegurarle que estaba con él. Esta noche oscura del alma, dice Juan, es el verdadero comienzo de la vida espiritual.

Teresa de Ávila, autora de El Castillo Interior, veía el alma como un cristal hermoso, perfectamente claro, con muchas facetas que conducen a la cámara central, donde el Rey de Reyes la está llamando hacia adentro para unirse a Él. Para Teresa, el camino a casa, a Dios era simplemente quedarse quieta e ir adentro. Ella llama a esta práctica contemplativa "la oración de la quietud".

Estos dos grandes místicos vivieron la clásica paradoja espiritual: cuando la amante alcanza por fin el objeto de su anhelo apasionado y se une con el Amado, esta se desvanece y no queda nadie para disfrutar de los frutos de la unión. Sólo hay amor. Atman y Brahman son uno y lo mismo, después de todo.

La forma no es otra que el vacío. El vacío no es otro que la forma. Puedo cantar a Krishna los martes por la noche, y con mi corazón lleno de esa dicha especial regresar a mi cojín a la mañana siguiente, viendo mis pensamientos y sensaciones surgir y desvanecerse. ¡Bodhi swaha!

 
Mirabai Starr

Mirabai Starr escribe, habla y dirige retiros sobre las enseñanzas inter-espirituales de los místicos. Conocida por sus revolucionarias traducciones de Juan de la Cruz, Teresa de Ávila y Julián de Norwich, Mirabai convierte las obras maestras místicas en accesibles, hermosas y relevantes para un círculo contemporáneo de buscadores. Sus comentarios sobre la sabiduría interconectada de todas las tradiciones son líricos y evocadores. Mirabai construye puentes no sólo entre las tradiciones religiosas, sino también entre la vida contemplativa y el servicio compasivo, entre cultivar una relación íntima con el Amado y expresar esa intimidad en comunidad, entre el poder transformador de la pérdida y el anhelo de lo sagrado.