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Extractos - Jorge Zentner

Yo soy todo

Yo soy todo lo que no soy

Por Jorge Zentner

Vivimos contemplando un espejismo y tomando eso que percibimos ―tal como lo percibimos― por la realidad.

También creemos ser lo que, en nuestra mente, percibimos de nosotros mismos.

Fruto de este engaño vivimos en el limitado mundo de lo que captan nuestros sentidos.
Creemos que el cielo es azul, que las hojas de los árboles son verdes...

Nuestra percepción nos impide conocer el cielo tal como es, conocer el árbol tal como es, conocernos a nosotros mismos tal como somos.

El cielo es.
El árbol es.
Yo soy.

Si permanecemos atentos a lo que la vida nos trae en el instante presente ―si abrimos una atención amorosa, que no juzga, que no genera categorías, a lo que «es»―, en nuestro interior va apareciendo una mirada, una visión diferente a la de nuestros ojos físicos.

Descubrimos una mirada silenciosa, capaz de contactar con lo invisible, con lo no manifestado. Es una mirada que no está acompañada de discursos.

Así como la de nuestros ojos físicos es una mirada dual ―que todo lo divide, clasifica, mide, pesa, compara y está saturada por el ruido de la mente―, esa otra visión interior anida en el silencio y la quietud del corazón.

Esa mirada que no juzga, que no discrimina, nos permite ver las cosas tal como son. Nos permite reconocer que todo es Uno.

Ya no es la mirada de un Yo que se siente, se cree y se experimenta separado.
Es una mirada que trasciende la dualidad.
Es la mirada que me permite tomar conciencia de que Yo soy todo lo que no soy.

Cuando me doy cuenta de que Yo soy todo lo que no soy, descubro que todo lo que mis ojos ven como «el mundo» es... lo que Yo soy.

Todo lo que mis ojos ven como «el otro» es... lo que Yo soy.
Porque todo es Uno.
Porque Yo soy todo lo que no soy.

Ver que todo es Uno y que Yo soy todo lo que no soy es ver las cosas como son.
El camino de autoconocimiento pasa por descubrir todo lo que no somos.
Así, al desidentificarme, llego a mi verdadera naturaleza, a mi auténtico Yo: Yo soy.

En ese camino vamos reconociendo que no somos nuestros pensamientos, que no somos nuestras creencias, que no somos nuestras emociones, que no somos nuestras experiencias...
Al pisar una a una las piedras del sendero de la desidentificación llegamos a nuestro hogar: Yo soy. Yo soy... todo lo que no soy.

El camino del autoconocimiento está jalonado por una pregunta: «¿Quién soy?».
Esa pregunta no pide una definición, pide que nos «recordemos».
Y «recordarnos» implica «olvidarnos» de quienes creemos ser, de quienes estamos acostumbrados a ser.

Si la respuesta que damos a la pregunta «¿quién soy?» adopta la forma de una definición, no estaremos refiriéndonos a nosotros mismos; porque no somos un objeto finito, acabado, definible y separable de todo lo que es

Cuando, por ejemplo, digo: «Yo soy tímido», me defino y creo en mi mente un objeto: el Yo tímido. Cuando digo: «Yo soy muy trabajador», me defino y creo en mi mente un objeto: el Yo trabajador.

Cualquier cosa que me defina, que me ponga fin y me transforme en objeto no se refiere a mí mismo; se refiere a un objeto que he creado en mi mente y al que llamo «Yo». No es quien de verdad soy.

«¿Quién soy?» es la pregunta.
La respuesta surge de recordar y olvidar: Yo soy. Yo soy todo lo que no soy.

Si, por ejemplo, estoy acostumbrado a reconocerme en ese objeto mental tímido y trabajador, tendré que confirmarlo constantemente y haré la experiencia de ser eso.

Ser Yo, en ese caso, deja de ser el campo de lo posible, deja de ser un infinito potencial para convertirse en el campo de lo reiterado, de lo repetido, de lo mecánico. De lo neurótico

Si vivo identificado con ese objeto, abandonar esa identificación me da mucho miedo, porque me asomo al vacío, a la nada.

La práctica de meditación es un entrenamiento en la exploración amorosa de ese vacío.
La práctica nos familiariza con ese vacío, con el silencio y la quietud que somos.
Descubrir que Yo soy todo lo que no soy es descubrir también que ese vacío es plenitud.

Todo es Uno.
Todo es ahora.

La práctica de meditación es una manera de recordarnos, una manera de olvidarnos de la falsa identificación con el Yo psicológico o pequeño Yo.

Meditar, estar presente, es ofrecerse para que ―sin buscar― la respuesta a la pregunta «¿quién soy?» nos encuentre cuando menos la esperamos.

Meditar, estar presente, es ir perdiéndole el miedo al vacío, es dejar de temer a nuestra auténtica y esencial naturaleza, es dejar de temernos.

Meditar, estar presente, es ir descubriendo la fertilidad y plenitud de ese vacío.

Meditar, estar presente, es experimentar el gozo de saber que Yo soy... todo lo que no soy.

Recordarse, olvidarse del ego, es una forma de éxtasis. Es ser plenamente, aquí y ahora. Es una manera de no reducirse a un objeto mental. Es una manera de no seguir identificados con nuestras propias experiencias, nuestros sentimientos, nuestros síntomas, nuestras narrativas.