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Extractos - Enrique Montalt Alcayde

Viviendo en plenitud

Vivir en Mindfulness

Por Enrique Montalt Alcayde

La atención plena es una actitud hacia la experiencia; un modo de ser, es una practica espiritual que nos enseña a desprendernos de hábitos mentales dolorosos y a sustituirlos por otros más útiles. Los actos de pensar y planificar, por muy maravillosos y útiles que sean, se hallan en la fuente misma de nuestra desazón emocional. Nos hacen estar preocupados por el futuro, pesarosos por el pasado, comparándonos constantemente con los demás y cavilosos sobre cómo hacer mejor las cosas. La mayor parte del tiempo vivimos de esta manera: sumidos en reflexiones, pensando en la vida más que experimentándola. Por desgracia, los pensamientos nos ponen a menudo tristes. Es digna de destacarse la tendencia de la mente a evaluar todo lo que encuentra como agradable, desagradable o neutro, y a gravitar hacia lo agradable y apartarse de lo desagradable.

La atención plena o Mindfulness nos puede ayudar a acoger, en vez de rechazar, los inevitables altibajos de la vida y a equiparnos debidamente para hacer frente a nuestra condición humana. Puede ayudarnos a reconciliarnos con nuestra condición de mortales destinados a buscar el placer y evitar el dolor, así como a vivir en un mundo lleno de estas dos cosas. También puede ayudarnos a ver lo necio que es compararnos compulsivamente con los demás, así como nuestra incapacidad para dejar de pensar sobre el pasado o el futuro durante más de unos segundos. Y puede ahondar nuestra capacidad para amar al prójimo en la medida en que nos hace vulnerables no solo a nuestros éxitos y fracasos personales, sino también a sus penas y alegrías. La atención plena o Mindfulness es la «Conciencia De La Experiencia Presente Con Aceptación». (1)

El estado habitual es bastante propenso a la distracción. Los humanos pasamos la mayor parte del tiempo sumidos en recuerdos del pasado o en fantasías sobre el futuro. Con frecuencia funcionamos en «piloto automático». Lo contrario de la distracción es ser conscientes, lo que implica observar dónde está puesta nuestra atención, minuto a minuto.

Cultivar una actitud de aceptación hacia nuestra experiencia es a la vez el aspecto más importante y más exigente de la práctica de la plena conciencia. La aceptación permite estar abiertos al placer y al dolor, asumir el ganar y el perder, ser compasivos con nosotros mismos y con los demás cuando se cometen errores. La aceptación permite decir «sí» a los aspectos de nuestra personalidad que queremos eliminar u ocultar.

La atención plena no implica la reflexión mental de conocimientos y saberes; ni tampoco pensar; solo experimentar, notar, sentir... sin pretender ir más allá.

La atención plena está en continuo contacto con la realidad presente y cambiante; no se aparta de lo que siente y percibe en cada momento.

Lo opuesto a ser consciente sería «estar ausente», distraído. Funcionar con esquemas e ideas preconcebidas, juicios, interpretaciones. Con la atención plena se puede lograr un estado de atención serena, dejando correr simplemente los pensamientos y emociones, sin juzgarlas o modificarlas, solo observándolos.

Un personaje sobresaliente del Mindfulness en el campo médico es John Kabat-Zinn, doctor en medicina, responsable del programa de Reducción del Estrés y de Relajación en el Centro Médico de la Universidad de Massachusetts. Este programa utiliza el Mindfulness como técnica de reducción del estrés y se aplica a personas aquejadas de dolor y estrés crónicos. Él lo entiende y lo define como poner atención de una forma intencionada, en el momento presente y sin juzgar.

Erich Fromm en el siguiente texto explica de modo muy adecuado lo que es el Mindfulness:

Si uno se centra plenamente, lo que hace en cada momento es la cosa más importante de la vida. Cuando hablo con alguien, cuando leo, cuando camino, cuando desarrollo cualquier actividad, no hay nada más importante que lo que hago aquí y ahora. La mayor parte de la gente vive en el pasado o en el futuro, pero no existe el pasado o el futuro como experiencia real. Solo existe el aquí y ahora. (2)

Durante miles de años todas las culturas han creado alguna forma de técnica destinada a fomentar el poder que ofrece el Mindfulness para cultivar el bienestar. A continuación presento el ejercicio de meditación que el profesor Siegel enseña a sus pacientes y estudiantes.

Ponte cómodo. Dirige ahora la atención a tu interior. Si quieres, puedes cerrar los ojos. Siente interiormente tu cuerpo en el espacio, en el lugar de la sala donde estás sentado. Ahora, ve tomando conciencia de los sonidos a tu alrededor. Deja que la sensación del sonido llene tu atención (unos instantes de pausa).

Deja que la atención encuentre tu respiración allí donde más la sientas...: donde la sientas de una manera más natural, permite que la atención siga la inspiración y luego la espiración. (Pausa).

Cuando te des cuenta, como suele suceder, de que la mente empieza a divagar y se pierde en un pensamiento, un recuerdo, una emoción o una preocupación, limítate a tomar nota de ello y, con amor y sin forzar, devuelve la atención a la respiración, allí donde la sientas, y sigue cada inspiración y espiración. (Pausa).

Mientras vas siguiendo la respiración te contaré una historia muy antigua que ha ido pasando de generación en generación.

La mente es como el océano y bajo la superficie, en sus profundidades, todo es calma y claridad. Lo que ocurre en la superficie no importa. Da igual que el agua esté en calma o agitada, o que se haya desatado una tormenta: la profundidad del océano es tranquila y serena. Desde esa profundidad puedes ver la superficie y observar la actividad que en ella hay. Del mismo modo, desde la profundidad de la mente puedes mirar hacia arriba y ver las olas mentales en la superficie de la mente, toda esa actividad de pensamientos, emociones, sensaciones y recuerdos. Goza ahora de la oportunidad de observar esa actividad en la superficie de tu mente.

A veces es conveniente dejar que la atención vuelva a centrarse en la respiración y volver a instalarte en el lugar de tranquilidad que se halla en lo más profundo de la mente. Desde ese lugar puedes tomar conciencia de las actividades de la mente sin dejarte arrastrar por ellas; puedes entender que no son la totalidad de quien eres, que tú eres más que tus pensamientos y sentimientos. Puedes tener pensamientos y sentimientos, y percibirlos sabiendo que no forman tu identidad. No son más que una parte de la experiencia de tu mente. Al nombrar estas actividades mentales y decir que son «pensamientos», «sentimientos», «recuerdos», ayuda a verlas como sucesos que van y vienen. Deja que se alejen flotando levemente hasta que acaben saliendo de la conciencia. (Pausa).

Sin ideas preconcebidas ni juicios, esta atención plena, esta atención receptiva, nos lleva a un lugar sereno donde podemos tener conciencia y conocimiento de todos los elementos de nuestra experiencia.

La tranquila profundidad del océano es un lugar de serenidad, de seguridad, de apertura y de curiosidad. Desde este lugar seguro y abierto podemos explorar la naturaleza de la mente con ecuanimidad, energía y concentración. El centro de nuestra mente está siempre disponible, en este preciso momento y, desde él, podemos entrar en un estado compasivo de conexión con nosotros mismos y con los demás.

Centrémonos en la respiración unos instantes más. Abramos el espacioso centro de la mente a la belleza y a la maravilla de lo que es. (Pausa).

Cuando estés preparado, puedes aspirar de una manera más deliberada y, si quieres, más profunda, e irte preparando poco a poco para abrir los ojos y continuar con nuestro diálogo. (3)

Los beneficios del Mindfulness

La atención plena puede cultivarse. Sus beneficios son de gran alcance. Persigue hacer a la persona consciente de sí misma, de su totalidad, de su ser tal y como es.

El Mindfulness reduce distracciones, aumenta la concentración; nos ayuda a despertar de este sueño caracterizado por el funcionamiento automático y la inconsciencia, y nos brinda la posibilidad de vivir nuestras vidas teniendo acceso a todo el espectro de nuestras posibilidades conscientes e inconscientes.

El poder de la atención plena yace en el hecho de practicarla y aplicarla, de forma deliberada, en el momento presente y sin juzgar. Y permite desarrollar una mayor conciencia, claridad, y aceptación de la realidad del momento presente.

Cuando intentemos centrar toda nuestra atención en una actividad concreta (por ejemplo respirar) lo habitual es que a nuestra mente acudan todo tipo de pensamientos y sin darnos cuenta nos dejemos llevar por ellos. Practicar Mindfulness significaría notar la presencia de tales pensamientos sin dejarse llevar por ellos y volver a dirigir nuestra atención hacia la tarea propuesta. Este esfuerzo repetido para que nuestra atención no se desvíe es una forma de autocontrol y fortalece la capacidad de pensar en lo que deseamos, evitando o reduciendo las distracciones y aumentando la capacidad de concentración, debido a que se realiza con menos esfuerzo. Esto ha sido confirmado por estudios neurológicos recientes que evidencian que la práctica continuada del Mindfulness produce cambios en las áreas cerebrales implicadas en el mantenimiento de la atención.

El Mindfulness reduce automatismos. En muchas ocasiones, en nuestra vida cotidiana actuamos con el popularmente llamado «piloto automático». Este término expresa actuar «sin pensar». Cuando vamos con el piloto automático nos guiamos por el dictado de la mente y no por la realidad. Nuestra forma de pensar determina lo que hacemos y lo que vemos.

El Mindfulness desarrolla la observación. Esta permite reducir automatismos, primero porque observar nos mantiene abiertos, aportándonos una visión más rica y más amplia de la realidad; segundo porque observar permite marcar un espacio para pensar sobre lo observado; por lo que es probable que nuestras acciones se ajusten más a la realidad.

La atención plena facilita hacernos cargo de la dirección y la calidad de nuestra propia vida: las relaciones familiares, laborables, sociales, con el mundo, con el planeta y, fundamentalmente, la relación con nosotros mismos y con Dios.

La puerta de acceso a este camino es apreciar el momento presente y cultivar una relación íntima con él, prestándole atención de forma continua, con delicadeza, con amabilidad.

El Mindfulness me ayuda a aceptar la realidad tal y como es. Practicar Mindfulness es observar, percibir, darse cuenta del tipo de pensamientos que nos han invadido, nunca juzgarlos, solo notarlos y seguir hacia delante. Es decir, acoger la experiencia mental o física tal y como sucede. No intentar eliminarla o evadirla, sino aceptarla tal y como es. Este acercamiento sin prejuzgar las experiencias internas nos permite, en primer lugar, acercarnos a ellas y, en segundo lugar, aceptarlas. La aceptación significa «esto es así», nos guste o no.

Las dificultades para aceptar la realidad provienen de un esquema de cómo deberían ser las cosas que hemos adquirido en nuestro entorno familiar o social y lo hemos dado por válido. Desde luego, es muy probable que este esquema haya sido útil durante un tiempo de nuestra vida, pero cuando se proyecta contra nuestra realidad es necesario reelaborar su funcionalidad, reenfocarlo. No se trata de renunciar a esta idea sino de relativizarla, es decir, encajarla en unas circunstancias determinadas.

Practicar Mindfulness es practicar «aceptación» porque consiste en acercarse a nuestro flujo mental o físico sin intentar cambiarlo, solo notándolo.

 

Acepto y recibo todo lo que Dios me envía. La aceptación ocupa el centro del Mindfulness. Aceptación no es decir «todo está bien» (eso es aprobación), sino «todo está aquí, todo ya está aquí». En la aceptación existe una intención de estar presente en la acción, pero de manera distinta: con lucidez y calma; es la aceptación sincera y completa de la realidad tal como se nos presenta». (4)

El Mindfulness es una práctica espiritual. La espiritualidad es la parte más elevada de la vida psíquica, donde nos vemos frente al absoluto y a lo que nos supera. Es lo que va más allá de nuestro ego. A través del Mindfulness prestamos atención plena al momento presente, al aquí y ahora, que permite centrar la mente en el presente; es un modo de convertirse en el mejor amigo de uno mismo, de sintonizar con nosotros mismos. La esencia del Mindfulness o atención plena es mirar hacia dentro con el fin de conocer nuestro mundo interior para poder ver con claridad nuestro verdadero yo. Solo el conocimiento que llega desde dentro es el auténtico conocimiento, dijo Sócrates.

Sentir la existencia dentro de nosotros de algo más profundo. El Mindfulness sitúa los pensamientos ordinarios en segundo plano y dirige nuestra atención hacia la conciencia, hacia el «auténtico yo». Es darse cuenta de que «aquí estoy»; esa es nuestra auténtica realidad, la viva consciencia de sí mismo, y no es algo que tenemos sino algo que somos. Este «auténtico yo» no es un objeto, «una cosa» que se puede analizar, conceptualizar, definir. Te percibes como un personaje que lo sabe todo o casi todo; te mueves constantemente de idea en idea, sabes muchas cosas de todo; tienes respuesta a las preguntas de la vida, aunque estas respuestas son sabidas y no sentidas, crees que son tuyas, que expresan tu verdad, tu ser. Diriges tu vida dependiendo de saberes y los guardas para ser utilizados cuando surgen enigmas y así manifiestas dominar la situación. Crees tener respuestas para todo. Pero llega un día en que sientes frustración, tus saberes no son suficientes; has creado una imagen de ti mismo que parece exitosa pero, interiormente, surge la insatisfacción y te preguntas: ¿dónde estoy?, ¿desde dónde me enfrento a las realidades de la vida?

Cuesta mucho desprenderse de esa auto imagen que hemos cultivado durante tantos años y formaba parte de la programación que las instituciones educativas fomentaban. Estas nos han inducido y hemos permitido identificarnos con nuestro pensamiento; que somos mente cerebral; que vivimos en la cabeza; lo que yo soy es pensamiento, saberes. Por ejemplo, mucho saber sobre Dios y poca experiencia de Dios, mucho saber de la naturaleza y ninguna experiencia para cuidarla y disfrutarla, muchas leyes y normas y poca sensibilidad para flexibilizarlas. Esto es así porque se olvidaron y cerraron la puerta a nuestro espacio interior. Hemos ocultado dimensiones propias del ser humano como el cuerpo, la psique y el espíritu. Se ha propiciado una valoración exclusivamente de competencia intelectual, de ahí los test de inteligencia como la única y científica fuente de información acerca del ser humano.

Todos nos volcamos en afirmaciones maravillosas como la «visión integral del ser humano». Pero, a menudo, se queda en el papel o en la mente; no en la realidad, en lo que es. El siguiente punto de vista de A. De Mello lo precisa muy bien:

Los discípulos estaban enzarzados en una discusión sobre la sentencia de Lao Tse: «Los que saben no hablan; los que hablan no saben».
Cuando el Maestro entró donde aquellos estaban, le preguntaron cuál era el significado exacto de aquellas palabras. El Maestro les dijo: ¿Quién de vosotros conoce la fragancia de la rosa? Todos la conocían. Entonces les dijo: Expresadlo con palabras. Y todos guardaron silencio.

Nuestra sociedad, desde hace bastantes décadas, vive en un permanente desencanto. Se percibe la pérdida de confianza en todas las instituciones sociales: políticas, sindicales, judiciales, eclesiásticas, académicas, etc. Esta falta de confianza hace surgir en la sociedad movimientos y plataformas de «indignados», expresión del profundo desencanto y malestar reinante en la sociedad.

Pero el mismo movimiento de los «indignados» puede resbalar y producir insatisfacción. Las ideas mentales producidas en contraposición al malestar suelen generar ideas mentales que no dan respuesta a la serenidad social.

¿Qué nos está pasando? Cada persona se identifica con sus pensamientos, sus ideas, de tal forma que cada una de ellas es la absoluta verdad. Se pierde el sentido de quiénes somos porque nos hemos vinculado a los pensamientos, a las ideas y así proclamamos nuestra pertenencia: yo soy de este partido, de esta religión, de esta plataforma, de este sindicato. Tengo la verdad y los otros son mis contrarios; vemos el espectáculo irrisorio que dan, pero causan unas consecuencias trágicas para la sociedad. Insisto, cuando digo que estamos identificados con los pensamientos quiero expresar que nos hemos convertido en lo que pensamos. Mis pensamientos son mi identidad. Los seres humanos han perdido la profundidad de su ser; no les interesa ver que dentro de ellos existe una dimensión más profunda que el fluir de los pensamientos.

Voces de sabios y místicos anuncian la aparición de una nueva «conciencia» que nos capacite para percibir lo que sucede aquí, dentro de cada uno de nosotros. Este libro es una invitación a entrar en ti.

Notas:
  1. Siegel, R.D., La solución Mindfulness, primer capítulo, Desclée De Brouwer, Bilbao, 2011,
  2. Fromm, Erich, La vida auténtica, página 165.
  3. Siegel, D.J. Mindsight, la conciencia de la transformación personal, capitulo 5, Madrid, 2011.
  4. André, CH., Meditar día a día. 25 lecciones para vivir con Mindfulness, p. 188-197, Kairós, Barcelona, 2012.
Fuente: Extracto de Entra en ti (Desclée de Brouwer, 2014)