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Extractos - Roy Whenary

Vivir el Advaita

Extracto del libro de Roy Whenary The Texture of Being
The Texture of Being

Advaita (que significa "no dos" en sánscrito) no es una filosofía difícil para empezar a comprender intelectualmente. Es una perspectiva y visión de la vida no-dualista, que revela la unidad fundamental subyacente de todas las cosas, y se realiza a través de la experiencia directa. La lectura de algunos libros sobre el tema debería aclarar, para la mayoría de la gente, lo que es el enfoque básico. Sin embargo, el conocimiento intelectual del Advaita es sólo el primer paso hacia una comprensión más integral.

El Advaita es conocido como la Vía Directa, porque no se queda atascado con cuestiones filosóficas y teológicas. En vez de eso, hay un acercamiento directo a la realidad, libre de conceptos. Esto se hace mediante el abandono de la inteligencia más allá de un determinado momento en la indagación. Por supuesto, este enfoque no se limita al mundo del hinduismo y el Advaita, sino que es claramente visible en la enseñanza Dzogchen del budismo tibetano, en el Zen, el Sufismo, el Taoísmo y en muchas otras tradiciones.

El Advaita nos lleva más allá de la dualidad sujeto-objeto, donde no hay un observador que observe un mundo de objetos fuera de sí mismo. El observador y lo observado son uno. La mente ya no se separa del mundo que habita, sino que se relaciona con él de una manera más integral. En realidad todo está en el ver. Cuando la mente ya no se aísla del mundo, comienza a experimentar el mundo más en el nivel de los sentimientos que del intelecto. Esto revela una nueva forma de Ser.

Detrás de todo lo que pensamos que somos, hay una unidad básica que compartimos con toda la creación. Esto se refiere a menudo como "nuestra verdadera naturaleza". Pero no es un objeto como cualquier otro objeto. Es inasible e indefinible, y sin embargo es la base fundamental de nuestro Ser. Es nuestra esencia, nuestro espíritu de unidad con lo universal.

El intelecto no puede comprender lo que es nuestra verdadera naturaleza. Si no salimos de la prisión intelectual, nunca podemos saber qué es la libertad. El intelecto siempre funciona dentro del ámbito de lo que ya se conoce y se almacena en la memoria. Esto significa que nunca puede ser totalmente creativo o explorar lo que podría estar más allá de los límites de lo que conoce o cree.

Nuestra aparente separación del resto del universo no se debe a que el universo está separado de nosotros, sino porque hemos contraído dentro de nuestras mentes lo que pensamos que somos. Nos hemos identificado con lo particular, lo pequeño, lo personal, el individuo y hemos apartado, en nuestra mente, todo lo que va más allá de ese punto de vista limitado.

Esta actitud nos ha aislado dentro de un mundo virtual creado por nuestra propia mente. Es la prisión de la que nos esforzamos toda nuestra vida para liberarnos. Una de las formas en que aprendemos a liberarnos es escuchando a otros que lo han hecho. Por supuesto, estos llamados "otros" no están separados de nosotros. Aparecen en nuestra visión humana como estando físicamente fuera de nosotros, pero en realidad ellos (los maestros y las enseñanzas) no están separados de nosotros. Ellos transmiten la resonancia de nuestra verdadera naturaleza común y estimulan el despertar de nuestra inteligencia interior.

Sujeto y objeto son apariciones pasajeras. Parecen estar separados, pero sólo en la conciencia temporal, en la dualidad. En el enfoque Advaita vamos al centro de lo que somos, a la esencia, que no es una creación del intelecto, y no puede ser comprendida por la mente codiciosa. Tampoco es la constatación que se produce al final de un proceso, por lo que no existen métodos ideados, no hay rituales, que nos lleven allí ― porque "allí" no está en algún lugar fuera de nosotros, en algún otro lugar en el tiempo y el espacio.

No podemos llegar a comprender (con la mente) lo que ya somos ― tan sólo podemos Ser-lo. Aquello que comprende y aquello que es comprendido no son lo que verdaderamente somos. Esto sólo podemos realizarlo en el vacío silencioso de nuestra verdadera naturaleza. Pero incluso decir que somos "nuestra verdadera naturaleza" o "consciencia" es objetivar lo que somos ― que es negarlo. Es por esto que debemos llevar nuestra comprensión más profundamente, al nivel de los sentimientos, y no tratar de captarlo con la mente.

Siempre debemos ser conscientes de que nuestro uso del lenguaje es limitado, es sólo representativo. Krishnamurti solía decir "la palabra no es la cosa", una mesa no es la palabra "mesa". La palabra es sólo un símbolo, algo que alude a otra cosa, pero no puede transmitir plenamente el significado o la importancia de la misma. Por lo tanto, debemos tener cuidado de no quedar atrapados en las palabras y definiciones.

Debemos tener cuidado de no quedar hipnotizados por las palabras. Cada maestro utiliza su propio lenguaje particular. Nunca alcanzamos el corazón de una enseñanza aferrándonos a las palabras, imitando las palabras y pensar que comprendemos todo desde esas palabras. Cuando realmente comprendemos, empezamos a usar nuestro propio lenguaje, nuestra propia expresión ― ya no nos atenemos a las fórmulas y frases que nuestros maestros utilizan.

La comprensión espiritual no es algo que viene de la cabeza, del intelecto ― viene de una profunda comprensión a nivel de los sentimientos. Es algo que contactamos, o palpamos, con todo nuestro ser, porque no está separado de nosotros. Y cuando lo palpamos con todo nuestro ser, la forma de expresarse a sí mismo es a través del lenguaje que es natural y particular para nosotros.

Hay momentos en que es necesario apartarse del mundo, retirarse y profundizar en uno mismo en un ambiente tranquilo. Sin embargo, el verdadero desafío es vivir en el mundo con la gente común ― con la ira, el miedo, el deseo y todas las emociones que ocurren a nuestro alrededor. ¿Cómo respondo a estas emociones? ¿Levanto un muro, reacciono, me mantengo al margen?

Es fácil sentarse en la cima de una montaña, respirar el aire fresco, acoger el vasto panorama, y pensar que uno lo ha conseguido. Es genial estar de pie en la orilla del mar mirando la puesta de sol, sin preocupaciones del mundo. Pero la prueba está en vivir en el mundo, trabajar para pagar el alquiler o la hipoteca, criar a los hijos, luchar con las finanzas ― y aún así ser capaz de vivir la comprensión a un nivel sentimental profundo.

Esto no quiere decir que uno tiene que hacer todo esto. La situación de cada persona es diferente. Pero hay una necesidad de desafío. De lo contrario, la comprensión puede estar sólo en la cabeza. Uno puede incluso ser capaz de convencer a los demás de que realmente lo ha conseguido, a pesar de que puede haber evitado siempre las situaciones desafiantes.

Vivir el Advaita significa que ya no somos empujados y arrastrados por las emociones. Damos un paso atrás, no porque seamos temerosos o queramos tener el control, sino porque ya no estamos hipnotizados por lo que aparentemente sucede a nuestro alrededor. Vivir el Advaita significa que ya no vemos el mundo en términos de "yo" y otros ― ya no vivimos la vida subjetiva, en ese sentido. En lugar de eso, vivimos más desde el vacío, desde el silencio, de nuestra verdadera naturaleza, y la "persona" que siempre hemos pensado que éramos, se queda en segundo plano.

No hay nada de extraordinario en esto. Esta es la forma que todos podemos vivir, dada una cierta cantidad de inspiración y dirección. Todo el concepto del "yo", en el que la sociedad cree tanto, está basado en la ilusión de la permanencia. Nos vemos a nosotros mismos como individuos permanentes, separados y distintos, a pesar de que la vida, las tradiciones espirituales y la ciencia moderna nos dicen lo contrario.

El cuerpo-mente que creemos que somos es un sistema de energía en continuo cambio y evolución, que es cualquier cosa menos permanente, separado o distinto. No hay, de hecho, nada fijo en él. Después de sesenta, setenta o cien años finalmente y totalmente todo se desmorona de todos modos. Pasamos toda nuestra vida acumulando experiencia, posesiones, riqueza, fama, y luego no somos nada. Así que no hay nada en absoluto permanente en nosotros.

El Advaita es muy claro desde el principio, ese "yo" como persona, como individuo, soy una ilusión. Ahora, esto no quiere decir que "yo" no sea una manifestación viva de la Vida Universal Una. Simplemente significa que yo no necesito quedar atrapado en la creencia de que yo soy algo que yo no soy. Dándonos cuenta de lo que no somos, podemos ser verdaderamente lo que somos. De esto trata la liberación ― la liberación de la ilusión de que somos un algo y un alguien.

Podemos juguetear fácilmente con el lenguaje de la no-dualidad. Pero el reto es vivirlo. Nadie es más especial que cualquier otra persona. Teniendo las herramientas adecuadas, es fácil para todos y cada uno comenzar a desplegar desde dentro de uno mismo la verdad de su verdadera naturaleza, a vivir en realidad esta filosofía Advaita. Es algo muy natural, simple de entender y no difícil de llevar a cabo, si uno es serio en no vivir en la limitación y el sufrimiento.

Todos hemos sido condicionados durante mucho tiempo en la creencia de que no tenemos poder, que tenemos que obtenerlo por ahí fuera en el mundo, en nuestra cuenta bancaria, en nuestro coche, nuestro trabajo, nuestra casa, nuestro estatus social, nuestras experiencias en la vida, de nuestro gurú, y no es tan fácil para nosotros liberarnos psicológicamente de este fuerte y prolongado condicionamiento. La enseñanza simple del Advaita es que no hay necesidad de liberarse, porque somos, en nuestra naturaleza esencial, ya libres.

Tú no eres quien te crees que eres ― un mecanismo cuerpo-mente limitado que existe aislado de todo lo demás. Tú eres, en ti mismo, la esencia de la vida. Tú eres el viento que sopla a través de las hojas de los árboles; tú eres el fuego en el volcán, la corriente que atraviesa el estrecho valle, la tierra que se levanta para encontrarse con el cielo en la forma de un árbol o una flor; tú eres la roca de los siglos. Sin embargo, por ahora tú también eres un hombre o una mujer, que explora por un tiempo las limitaciones de la humanidad, el pensamiento y el poder del amor y la verdad que te llevará más allá de tu condición humana temporal.

Nunca pienses ni por un momento que tú eres simplemente un empleado de un banco o un electricista. Estos pueden ser lo que tú haces... pero en el interior y debajo de todo esto, tú eres completamente ilimitado, libre ― por ahora y por toda la eternidad. Creer lo contrario es una locura.

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