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Extractos - John Greven

¿Quién crees que eres?

por John Greven Del primer capítulo de "oneness" (unidad)
Oneness

El lugar más lógico para empezar a descubrir lo que eres es comenzando a examinar algunas suposiciones acerca de quién crees que eres, cómo se producen esas ideas, y si son ciertas o no. Esto no sólo no será indoloro y sin esfuerzo, sino que hay una buena probabilidad de que tu mente lo encuentre ameno. No tiene sentido que la auto-realización deba ser un trabajo, que se requiera un determinado coeficiente intelectual para saber quién y qué eres, o que el descubrimiento de uno mismo por parte de la mente esté reservado a aquellos que se sientan en una cueva o dedican su vida entera a la búsqueda. Bueno, sin duda hay mucho que se puede aprender, pero para lo que estamos hablando aquí, sólo se necesita un entendimiento básico para superar algunas de las expectativas y suposiciones de la mente.

El cuerpo, que tú llamas tuyo, nació dependiente para su propia supervivencia. Inmediatamente había necesidades que se debían satisfacer. Pero, ¿la persona que crees ser ahora, existía entonces? En el nacimiento de lo que piensas que eres tú no había más que un cuerpo con necesidades, un cerebro con instintos básicos de supervivencia, y algo presente y consciente. No había ideas acerca de lo que estaba sucediendo o debería estar sucediendo, pero las cosas seguían sucediendo y desarrollándose sin ti. Las opciones de tener hambre, de llorar, y de sueño no se tomaban, sino que surgían de forma espontánea según el cuerpo lo requería.

Inmediatamente, el cerebro comenzó a acumular información y experiencia de los sentidos. Hubo programación básica, por supuesto, para llegar a ser humano, tal como un árbol tiene programación para convertirse en un árbol. Así que lo humano creció al igual que otros humanos, al igual que un árbol crece como otros árboles. Nunca has hecho una elección para crecer; el crecer simplemente ocurría de acuerdo con el diseño que ha continuado evolucionando o cambiando desde la primera causa.

Si observas a un bebé probando nuevos alimentos hay una reacción de agrado o desagrado. Es una experiencia subjetiva de cómo el cuerpo/cerebro interpreta el sabor. Una vez más, no había una elección de gustar o no gustar, ni había una expectación de agrado o desagrado, simplemente ocurría como resultado de la interpretación del sabor. No había información sobre la cual basar este gustar o no gustar ― ¡no sabías que eran espinacas y que eran verdes! No era más que una reacción y el cerebro almacenaba la información para futuras referencias.

Si la reacción fue de desagrado, el cerebro/mente puede ahora evitar las espinacas o tal vez evite los alimentos verdes. De cualquier manera, un mundo es subjetivamente definido en la mente. Las preferencias llegan a conocerse y las opciones comienzan a aparecer. Es evidente que estas preferencias u opciones se basan en información obtenida a través de los sentidos del cuerpo, la interpretación que hace el cerebro de ellos, y de los pensamientos a medida que comienzan a surgir acerca de las experiencias. Ni siquiera podemos decir que hay una manera correcta o incorrecta para que esto suceda. Sucede para cada organismo de acuerdo con su programación (ADN) y su medio ambiente que ha dado lugar a la existencia misma de este cuerpo/mente particular.

Como las cosas son interpretadas o etiquetadas por la mente, poco a poco dejan de ser lo que son y empiezan a convertirse en lo que se piensa que son. Las espinacas se convierten en una buena o mala cosa sin que nadie haya elegido que le agradan o desagradan.

Tal vez durante lo que nos referimos como los terribles dos (años), estas preferencias comenzaron a tener un nuevo punto de referencia, un punto de referencia que antes no existía. El cerebro/mente ha continuado cumpliendo con su función y con la información colectiva ha comenzado a formarse una idea acerca de lo que eres. Comenzó a surgir en el cerebro/mente la idea de que las experiencias te sucedían a ti. Surgió la idea de que tú probabas la comida y que te agradaban o desagradaban diferentes alimentos. Sin elegirlo, surgió la noción de que este punto de referencia en la mente eres tú. Tal vez la idea, en este punto, es sólo que tú eres este cuerpo, pero la idea de como una persona se está formando en el cerebro/mente. Donde antes sólo había agrado o desagrado, ahora hay un aparente tú que le agrada o desagrada. Antes, las opciones surgían de forma espontánea, pero ahora parece que tomas decisiones basadas en esos agrados o desagrados. Antes, el hambre estaba presente ― ahora parece que tienes hambre. Pero, ¿es eso realmente lo que está sucediendo? ¿Es ese punto de referencia de "tú" válido? Ciertamente, parece que sí, pero ¿cómo se determina la validez de esa realidad? ¿No es la validez de la idea de una persona validada por la misma mente que asume que es válida? Piensa en esto: la mente contiene el pensamiento "yo soy" ―la mente entonces confirma que el pensamiento es una cosa real. Pero sin el pensamiento, ¿todavía eres?

Una vez más, cuando no elegías hacerlo, el crecimiento continuaba según lo diseñado. El mismo arreglo que permitía el agrado y desagrado de las espinacas se aplicaba a las cosas que te rodeaban y a ti mismo. El pensamiento de quién eres continua evolucionando durante toda la vida. Parece que hay un mundo en el que tú, como un ser separado, te mueves y existes. Haces lo que puedes para sobrevivir y prosperar, para conseguir lo que te gusta, y evitar lo que no te gusta; todo basado ​​en la experiencia subjetiva. En este mundo hay otros que parecen estar haciendo lo mismo. Estás de acuerdo con otros sobre lo que es correcto e incorrecto, sobre lo que te agrada y desagrada, o no estás de acuerdo con ellos. ¿Pero en base a qué? En base a pensamientos. Parecería que la realidad se ha trasladado al reino mental y la realidad se conoce por lo que se piensa de ella ― no por lo que es.

Hay un dicho que dice que la mente es un excelente sirviente pero un mal amo. En este punto, la mente aparentemente se ha convertido en el amo. Tiene una idea base del mundo, de lo que le agrada y desagrada, y se ha dedicado a la tarea de llegar a ser y tener cada vez más, mientras que evita lo que no le gusta. Se llama a sí misma "yo", la psicología la llama el ego.

Como persona, que ha evolucionado en la mente, puedes estar muy motivado para tener éxito en la vida, o tu naturaleza puede ser simplemente la de tomar las cosas como vienen. De cualquier manera, hay deseos, esperanzas, y necesitan ser cumplidos, por y para esta persona aparente. A veces las cosas salen bien y otras veces no. Cuando las cosas salen como esperas o deseas te sientes feliz y bajo control; cuando las cosas van en contra de lo que crees o deseas entonces hay sufrimiento y dolor.

Puedes seguir trabajando con la esperanza de tener un futuro satisfactorio, o puedes darte por vencido, en función de lo que haya ocurrido y de lo que se pensaba de ello. Crees que añadiendo más a ti mismo en forma de dinero, educación, relaciones o salud todo será mejor. A tal efecto, el pensamiento, el razonamiento y la imaginación son aplicados para resolver lo que crees que son problemas. Hay decisiones entre agrados y desagrados para mejorar la vida de la persona. Esta es, sin embargo, la misma forma de pensar que giraba en torno a lo que es bueno y malo en el principio, y comenzó a crear la realidad mental en la que aparentemente ahora resides. Que aparentemente se ha convertido en eso que piensas que es. Lo que eres, se ha convertido aparentemente en lo que crees que eres. Pero ¿no es esto sólo una suposición no examinada?

La vida prosigue con sus aparentes buenos y malos momentos. Un día estás en la cima del mundo sintiendo que tienes el control total sobre tu vida, ya sea que estés conquistándola o huyendo de ella. Al día siguiente, o tal vez dentro de un segundo, todo cambia y de repente sientes que no tienes el control y que todo se desmorona. La mente viene al rescate con la misma recomendación que siempre ha ofrecido. Te dice que necesitas más o menos de algo para estar satisfecho. Si solamente (rellenar el espacio), yo sería feliz.

Esto es, obviamente, un ciclo constante, pero un ciclo que se continúa porque así parece que son las cosas y nunca son verdaderamente cuestionadas. La mente se entera de algo que encuentra atractivo, ya se trate de una persona, lugar o cosa, y necesitas tenerlo o hacerlo. Una vez adquirido, parece haber un momento de paz, y entonces encuentras que hay algo más que te hará la vida mejor o más completa. Luego esto se convierte en la próxima obsesión o meta para llenar el vacío. Puede ser un coche nuevo, un nuevo trabajo, una nueva relación, o la iluminación espiritual. La mente nunca está satisfecha porque trata en vano de hacerse con el control y la felicidad para sí misma. Pero incluso cuando parece que ha tenido éxito: ocurre sólo un ligero cambio y todo se desmorona. Si la mente interpreta una experiencia como muy mala, la persona puede quedarse asolada y sumergirse en una vida de intenso dolor y sufrimiento, ya que es aparentemente incapaz de liberarse de la esclavitud de los pensamientos.

Hay una cosa que hay sin duda en el mundo físico, emocional y mental: las cosas no sólo van a cambiar, sino que cambian a cada momento. ¿Ves aquí el problema? Mientras que la mente está tratando de convertirse en algo permanente y conseguir algo permanente, la propia mente es una casa construida sobre arenas movedizas. La propia mente está cambiando todo el tiempo. A veces, incluso mantiene fuertes creencias sobre el cambio de la realidad. Se ha acuñado un término para mostrar un cambio radical en lo que piensa la mente ― cambio de paradigma.

Recuerda, lo que no cambia es real. Lo que cambia es sólo apariencia.

Según Webster, un cambio de paradigma es un cambio fundamental en los enfoques o supuestos básicos. Es interesante que Webster utilice supuestos en lugar de hechos. Vivimos nuestras vidas confiando en que nuestra mente nos diga cómo son las cosas, pero ¿nos está contando los hechos, o simplemente son suposiciones basadas en aportaciones recogidas durante años, y cómo ve ella el mundo?

Mientras la vida va pasando, la mente sigue viendo las cosas como hizo con las espinacas. Hay cosas que le agradan y cosas que no. Algunas de esas cosas son acerca de ti. Esas cosas que no le gustan de ti se convierten en agitación interna. Yo no soy lo suficientemente bueno, no soy lo suficientemente inteligente, no soy lo suficientemente alto, o no soy lo suficientemente delgado. Tal vez, por otro lado, hay una sensación de gran autoestima y te sienten que controlas tu vida, tienes éxito, eres feliz, un pensador positivo, y en la cima del mundo. Todas estas experiencias son transitorias y están sujetas a cambios sin previo aviso. No son reales porque pueden y van a cambiar. Todos estos pensamientos al igual que el sufrimiento, están todos puramente en la mente, y todos ellos son una mentira basada en una errónea identificación o suposición que sucedió cuando tenías alrededor de dos años.

Pero, no cuestionamos la mente; seguimos los mismos patrones que antes. La persona con la que la mente se ha identificado como "yo" sigue redefiniéndose: "Yo soy esto, y yo soy aquello, y yo me estoy convirtiendo en..." La mente siempre está tratando o deseando ser algo que parece ser mejor de lo que es.

En resumen, hay una persona o un punto de referencia de "yo" o "mí" en la mente que no existía cuando naciste. Las cosas no son vistas como lo que son, sino como la mente piensa en ellas. Hay sufrimiento porque esta persona está en desacuerdo con y separada de lo que es. Y ahora parece, ya que estás leyendo este libro, que esta persona está buscando la verdad o la auto-realización ― ¿otra cosa que añadir a la persona?

 

Eres lo que buscas.
No hay nada que alcanzar.

Lo que es evidente, pero tal vez pasado por alto,
es, con mucho, más de lo que tienes ― o puedes imaginar.

El mensaje es simple.

Así que, aunque sólo sea por un breve momento,
considera abandonar tus expectativas de lo que es
la iluminación o la autorrealización.

Lo que no cambia es real.
Lo que cambia es sólo apariencia.

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