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Extractos - Randall Friend

Nuestro Mundo

por Randall Friend Del capítulo 2 de: You Are No Thing - recognizing your true nature
You Are No Thing

Tenemos una visión compartida del mundo. Esta visión incluye la creencia común y científicamente probada del Big Bang (Gran Explosión). Y antes de ese Big Bang no había aparentemente nada más que la pura nada, nada en existencia, puro vacío sin forma.

Entonces se produjo el Big Bang ― ¡boom! La nada explotó en algo; las partículas se propagaron en este vacío, creando el espacio, creando la forma, girando lentamente, creando la fuerza gravitacional y reuniendo a otras partículas entre sí para formar masas más grandes, asteroides, planetas, soles y galaxias.

En esta historia del Big Bang, el universo y todo su contenido fue creado. Y a partir de esas sustancias fundamentales se formó todo lo demás; los elementos, compuestos y moléculas que dieron lugar a la formación de células. Con el tiempo surgió la vida, algún tipo de existencia separada, la capacidad de la consciencia y la capacidad de conocer nuestra existencia.

Con la llegada de la consciencia vino la capacidad de conocernos a nosotros mismos, para experimentar nuestra existencia. Esto significa que sabemos que somos. Sin embargo, parece que se creó una suposición falsa para que la historia de la creación fuera de algún modo hacia atrás.

¿Cómo puede el universo, que no estaba dotado originalmente con la cualidad de conocerse a sí mismo, de repente crear dentro de sí, de entre todas estas partes, la capacidad de mirar, de ver? ¿Cómo puede la consciencia, una pieza del universo, de repente ser dotada con la capacidad de buscar y conocer su origen, cuando ese mismo universo no tiene la capacidad de conocer?

Ese mismo universo, que forma sus partes del todo, la totalidad de sí mismo, debe tener la capacidad inherente de conocer su propia creación, debe contener este fondo de conocer para transmitir eso a su creación.

Ese conocer de nuestra existencia no ha surgido a la existencia miles de millones de años después de la creación; ese conocer es una cualidad inherente del universo mismo.

El universo es esta misma consciencia.

Parece que la consciencia tiene una maravillosa imaginación.

 

De esta historia tenemos nuestro punto de vista común. Estamos de acuerdo en creerlo. No tenemos ninguna manera de saberlo con certeza, al margen de las explicaciones y el esfuerzo continuo de la ciencia para probar esa teoría, para demostrar la verdad de la historia.

Y aquí vivimos, en este planeta, formado a partir de los vestigios de esa primera explosión, brotando en diferentes formas de vida, vagando en un mundo de seres separados.

Y como un ser separado, somos conocidos como una persona, un alguien que de alguna manera existe en este cuerpo, una existencia finita, que a su vez se formó a partir de los mismos elementos de este boom inicial.

Si nos ha tocado nacer en un ambiente cristiano se nos dice que nuestra esencia es el alma y que Dios causó este Big Bang o creó el mundo para nosotros, como seres separados, aparte de Él pero sin embargo creados a Su imagen. Nuestro objetivo es llegar hasta Él, ser como Él, de modo que es posible, después de la muerte del cuerpo, estar con Él, ir al cielo, y vivir en paz eterna en el paraíso.

Si no cumplimos con la moral y las reglas establecidas en esta religión, estamos condenados al infierno, un lugar o condición que es tan horrible, tan espantoso, que estamos totalmente asustados de que Dios no apruebe nuestro comportamiento.

Aquí está esta persona, haciendo todo lo posible para vivir de la manera correcta, pero de alguna forma no está segura de lo que significa eso exactamente. No estamos exactamente seguros de lo que se encuentra al otro lado de la muerte. Estamos constantemente con miedo porque no sabemos realmente si estamos haciendo las cosas bien.

Sin embargo, esta historia tiene un puntero hacia la verdad. Es la historia de una esencia original, un Dios, que aparentemente se ha dividido para que el mundo aparezca. Es una nada, una no-cosi-dad, un vacío o vacuidad original, de la cual ocurrió una explosión y luego se formó la apariencia del mundo de diversas partes y piezas.

Podríamos decir que Dios o la unidad tenía que ser la misma esencia, tenía que estar presente, en ese momento de la concepción universal. Sea lo que sea Dios o la unidad, sea lo que sea la verdad o la realidad, debe también haber estado ahí para ese acontecimiento, hace mucho tiempo.

La creencia común es que Dios está sentado fuera de esta creación, este espacio universal, este campo de juego infinito; que Él está de alguna manera aparte, pero sin embargo controlando cada aspecto, con poder sobre todo, viendo todo, sabiendo todo, omnipotente, omnisciente y omnipresente.

Parece que nosotros convenientemente ignoramos la parte omnipresente.

El Vedanta Advaita, y la mayoría de las religiones (si las limpiamos de las impurezas políticas y egoístas añadidas en la escritura y la cultura), señalan que Dios no está en algún lugar afuera, sentado en algún trono de oro, anotando todos y cada uno de los hechos para ser juzgados en un lejano día del juicio final.

Dios es omnipresente, presente en todas partes, presente en todo. De hecho, se puede ver a Dios actuando en el mundo desde el interior, como el mundo, la talidad misma o eseidad del propio universo.

Dios es omnipotente, el poder o la energía o la actividad misma de este mundo, esta apariencia, esta sustancia universal. Dios o la unidad o el Ser es el movimiento mismo del átomo, del electrón, de la rotación de los planetas, de la atracción de la gravedad, de los campos nucleares del cuerpo, del ADN que se manifiesta como el árbol en la bellota.

Dios es omnisciente, todo lo sabe. El universo mismo está impregnado de la capacidad de conocerse a sí mismo, de mirarse a sí mismo, de aparecerse ante sí mismo, a través de billones de puntos de referencia. La relatividad es solamente un aspecto de lo absoluto, solamente una visión de sí mismo como la luz dividida en un prisma.

 

Sin las distracciones del pensamiento, sin las distracciones del cuerpo, sin las distracciones de los planetas y las estrellas y los pedazos de esto y aquello que surgieron de la pura nada, formados a partir de la vacuidad; sin estas distracciones tenemos una absoluta simplicidad, una potencialidad infinita de la creación, de las formas, de los cuerpos y pensamientos. Un vacío tan lleno de potencialidad que estalló en una explosión con forma, explotando todo un universo a la existencia.

Sea lo que sea la verdad o la realidad, debe haber estado allí, antes de ese Big Bang, como la esencia misma de esa explosión, como el propio contenedor y el contenido de esa concepción original del mundo que vemos y conocemos y consideramos constituido de partes separadas.

Esa misma verdad o realidad debe estar aquí y ahora, debe ser la esencia de lo que parece ser. Esa esencia, esa eseidad, esa inteligencia energía o vacío sin forma de plenitud infinita, debe ser la esencia misma de ese cuerpo-mente con el que nos hemos identificado.

Sin embargo, al identificarnos con una pequeña y relativa pieza de esta totalidad, de este infinito vacío de plenitud, al identificarnos como una persona separada, hemos pasado por alto nuestra presencia infinita y eterna como la totalidad misma, como el espacio sin espacio, como la forma sin forma.

Hemos creado un pequeño personaje y un mundo en el que actuar.

No podríamos haber imaginado una historia más creíble.

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