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Extractos - John Levy

La Naturaleza del Hombre

según el Vedanta

por John Levy

Primera Parte:  Diferentes Puntos de Vista
Vigilia, Sueño, Sueño Profundo

III
EL SUEÑO PROFUNDO Y EL SÍ MISMO REAL

1. El sueño profundo

El sueño profundo (o sueño sin sueños) puede ser mejor definido como el estado en el que la aparente dualidad de sujeto y objeto ha desaparecido. Su característica negativa es la ausencia de la actividad mental, un término que utilizo para incluir el pensamiento, el sentimiento y la percepción sensorial. Sin embargo, desde su propio punto de vista, el sueño profundo debe ser positivo, ya que no podemos experimentar la mera negación: y por tanto la ausencia de actividad mental no es su verdadera característica. De ello se desprende que cuando hablamos de sueño profundo, de la ausencia de actividad mental, y decimos al despertar que hemos dormido profundamente y no tenido conocimiento de nada, lo estamos viendo sólo desde el punto de vista de la dualidad, en comparación con que el sueño es un estado de nesciencia (1). De ello se desprende, además, que ninguno de los términos positivos que aplicamos a nuestra vigilia y a la experiencia de soñar se puede aplicar literalmente a nuestra experiencia de dormir. No obstante, hay tres aspectos positivos del dormir, cuyo conocimiento nos permitirá reconocer su verdadera naturaleza.

2. La experiencia de dormir
  1. El primero aparece claramente en el hecho de que no dejamos de existir cuando estamos dormidos, aunque toda experiencia objetiva individual se ha desvanecido. Hay que tener en cuenta lo siguiente: el sueño profundo, en sí mismo, es el estado del ser incondicionado. Quiero decir que en el sueño profundo sigue existiendo un principio que trasciende las cualidades o accidentes, perteneciendo estos a la objetividad.
  2. El segundo se deriva del hecho de que al despertar somos conscientes de haber dormido profundamente, aunque la ausencia como tal nunca puede ser experimentada. Hay que tener en cuenta lo siguiente: el sueño profundo, en sí mismo, es el estado de no-dualidad. Quiero decir que el principio de la consciencia se queda sin su apariencia para asumir la dualidad de un sujeto consciente y su objeto.
  3. El tercero se demuestra por la confianza con la que esperamos el disfrute asociado con el sueño profundo; y también por la sensación de privación real cuando sufrimos de insomnio. Hay que tener en cuenta lo siguiente: el sueño profundo, desde su propio punto de vista, es el estado de auto-satisfacción. Quiero decir que cuando el deseo y los objetos del deseo han desaparecido con el cese de la actividad mental, lo que queda es la importancia positiva de la ausencia de deseos.
3. La unicidad de la experiencia no-mental

El ser incondicionado, la conciencia no-dual y la paz perfecta, estas tres características del sueño profundo se corresponden con los tres componentes de la experiencia individual, es decir, la vida, el pensamiento y la sensación. Pero no son más que aspectos del yo real que debe ser único e inmutable, único porque observa, y por tanto trasciende, la variedad de la experiencia objetiva, siempre que esta última se presente; e inmutable porque permanece inafectado por la apariencia o la no-apariencia de esa variedad. Sin embargo, no podríamos saber nada al respecto si partimos de nuestro estado incondicionado que aparenta entrar en el dominio objetivo. De ello se desprende que la no-dualidad continúa como el trasfondo de la dualidad. No será hasta que nos acerquemos al final de este trabajo que puedan ser apreciadas todas las implicaciones de este párrafo.

4. Una objeción

Es probable que se plantee una objeción a nuestra descripción de uno de los aspectos del sueño como el estado de ser incondicionado. Y es que la mente, aunque se mantiene en suspenso, puede no estar totalmente ausente, pues de lo contrario el durmiente no podría ser despertado por las sensaciones.

5. La objeción refutada

La objeción implica que lo que vemos como sueño profundo desde el punto de vista de la dualidad es la experiencia de un durmiente, en la que el sujeto de la relación sujeto-objeto continúa de hecho incluso cuando no hay objetividad. Se supone, además, que el cuerpo de vigilia persiste en el sueño. ¿Es que otros no lo ven? Pero otros cuerpos, como el nuestro, son nociones que pertenecen al estado particular de la actividad mental que actualmente se está experimentando. Si otros observan algún tipo de respuesta a un estímulo en lo que ellos ven como un cerebro o cuerpo durmiente, lo hacen como parte de su experiencia de vigilia y así nos lo dicen como parte de la nuestra. Pero cuando no estamos teniendo ninguna experiencia objetiva, no hay cuerpos y por lo tanto no hay otros. La objeción es por lo tanto ilógica: lo que parecía ser un problema no es más que una confusión de puntos de vista. Desde el punto de vista de la dualidad, la experiencia siempre parece ser personal y por tanto conectada con el cuerpo de alguien; pero desde la no-dualidad, no hay personalidad y por consiguiente no hay durmiente ni cuerpo dormido. La objeción es refutada.

6. Reducción al absurdo

Por otra parte, supongamos por un momento que admitimos la existencia latente del pensamiento y la manifestación continua de un cuerpo de vigilia en el sueño profundo, el hecho es que a fin de ser conscientes de las sensaciones que afectan al cuerpo de vigilia, debemos estar ya despiertos. (2)

7. El intervalo entre dos pensamientos

La acción mental no es continua. Cada pensamiento, sentimiento o percepción sensorial tiene un principio y un fin. De ello se desprende que entre una mentación consciente y otra hay un intervalo. Desde el punto de vista dualista, el intervalo parecerá ser infinitesimalmente breve. Pero en sí mismo, trasciende la noción del tiempo, el tiempo que se experimenta sólo cuando hay actividad mental. Aquí (en el intervalo) no hay ninguna (actividad) con lo que normalmente escapa a nuestra atención. Si tratamos de pensar en ello, aparecerá como un estado de nesciencia.

Ahora bien, esta suspensión periódica de la actividad mental es idéntica a la del sueño profundo, que de este modo experimentamos en cualquier otro momento, por decirlo así, en medio de la experiencia de vigilia y de sueño. He dicho en otro contexto (en la Sección 3 más arriba) que la no-dualidad continúa como el trasfondo de la dualidad. Puede ser comparado con el papel en el que se imprimen estas palabras.

8. Otros estados que son idénticos a estar dormido

Los desmayos, catalepsia, anestesia general, trances en los que el pensamiento desaparece (3), y el tipo de distracciones en las cuales, cuando nos preguntan qué pensamientos estábamos teniendo, sólo podemos decir: "No estaba pensando en nada", se caracterizan del mismo modo por la ausencia de dualidad. Todos estos son idénticos al sueño profundo y al intervalo entre dos pensamientos. Cualquier diferencia aparente se refiere únicamente al estado de la mente antes o después de estos estados.

9. Resumen de la Primera Parte

Como seres humanos, experimentamos tres estados, vigilia, sueño y sueño profundo o sin sueños. Los dos primeros son estados de actividad mental, que se caracterizan por la dualidad de un sujeto consciente y su objeto. El tercero es un estado de no-dualidad, que se caracteriza por la ausencia de la experiencia objetiva y la presencia continuada del yo (self) real, lo que puede ser descrito como ser absoluto, el principio de la consciencia, y paz. Permanece sin modificaciones en los tres estados, pero es eclipsado, como el sol, cuando se producen pensamientos, sentimientos y percepciones sensoriales. No es entonces directamente aprehendido, pero se experimenta indirectamente a través del sentido de la existencia personal, la consciencia de los objetos, ya sean éstos físicos o mentales, y la apetencia, cuyo objetivo final es siempre el cese del deseo, es decir, la paz incondicionada. Estas cuestiones se examinarán en la tercera y cuarta parte de este libro. Mientras tanto, debemos considerar la naturaleza de la experiencia objetiva, es decir, de la experiencia de vigilia y de sueño.

Notas:
  1. La siguiente ilustración de la vida cotidiana nos dará una comparación útil. Supongamos que pongo un bolígrafo en la palma de mi mano y pregunto a alguien que me diga lo que ve. Él contestará que ve un bolígrafo. Supongamos ahora que suelto el bolígrafo y de nuevo le pregunto lo que ve. En nueve casos de cada diez, él responderá: "Nada", cuando en realidad él ve la palma de mi mano.
  2. A este respecto, permítanme observar que el sueño profundo (sin sueños) es de corta duración con respecto a todo el período de descanso. Su duración es normalmente de una a tres horas; en el período restante, la objetividad está a menudo presente en una forma u otra. No hace falta decir que esta referencia a la duración del sueño profundo es válida sólo desde el punto de vista empírico: no tiene sentido desde el punto de vista metafísico, como veremos en la siguiente sección.
  3. Los trances en los que la mente está activa, donde las visiones por ejemplo son vistas o las voces escuchadas, no importa de qué naturaleza y si son o no proféticas, pertenecen al dominio de la dualidad y, por lo tanto, deberán ser clasificados con otros estados de la dualidad. La única excepción a esta regla es cuando se produce algo de la naturaleza de lo que se describe en el cap. XXIV, "La expresión verbal de la no-dualidad".
Fuente: John Levy. The Nature of Man according to the Vedanta
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