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Extractos - Mooji

La senda del corazón hacia la verdad

por Mooji Extracto del libro: inmenso como el cielo, infinito como el espacio
Mooji

Toda práctica espiritual, o sadhana, debe surgir a partir de un auténtico anhelo interior. No debería provenir meramente de una proyección mental, de un deseo de llegar a algo concreto o de sacar algún beneficio particular de ello; la sadhana no es algo que se deba realizar de forma mecánica.

Algunas prácticas espirituales son lentas y complejas, mientras que otras, como la auto-indagación, son totalmente directas e inmediatas. Cada una de ellas se adecua al temperamento particular del buscador. Hay buscadores que, aunque disfruten de la vía de la espiritualidad, secretamente pueden tener miedo a alcanzar realmente su destino, mientras que otros están hartos de practicar y lo único que desean es descubrir de una vez la Verdad. Esta última actitud —la de la inmediatez— está viva; me gusta cuando veo que la gente tiene esta sensación de urgencia, porque es precisamente en ese punto cuando el milagro de la existencia puede comenzar a revelarse a sí mismo.

Yo hablo directamente y sin rodeos porque no quiero poner ningún obstáculo entre el buscador y aquello que busca; siempre que se presenta la ocasión de apuntar de forma directa a esta Verdad, aprovecho la oportunidad. En última instancia, aquello que imaginamos que obstaculiza nuestro acceso a la Verdad no es real, porque nosotros mismos somos la Verdad. Soy perfectamente consciente de que esto no es fácil de entender, pues albergamos una creencia muy firme en nuestra propia identidad como la persona que está buscando la Verdad. Pero no necesitas ir a ninguna parte para encontrar la Verdad. ¿Cuál es el objetivo de tus esfuerzos? ¿Qué estás intentando conseguir con ello? La Verdad es exactamente lo mismo que ese que percibe el esfuerzo que se está realizando.

Cuando comprendas lo que digo, te darás cuenta de que todos los esfuerzos se realizan únicamente para intentar encontrar a ese que está observando los esfuerzos; todos los esfuerzos que haces son observados en ti, en tu interior. la Consciencia misma absorbe todos los ejercicios y todas las prácticas.

Aunque algunas prácticas pueden resultar beneficiosas para el cuerpo físico y el energético, es sobre todo a la mente a la que le gusta realizar esos ejercicios. Es ella la que quiere llevar a cabo las vasanas, la que se desplaza por los chakras, la que hace ejercicios de respiración, la que limpia el aura por medio de cristales y de luces azules... A la mente le gusta estar ocupada y tener el mando, por lo que todos esos esfuerzos te hacen sentir que eres tú el que está haciendo algo para llegar a la realización del Ser. Pero créeme si te digo que es mejor que abandones la idea de que tú puedes realizar alguna práctica para llegar a la iluminación, pues esta idea no es más que una trampa y lo único que consigues con ella es reforzar tu sensación de ser una persona.

La mayoría de las veces, nos posicionamos como socios de la mente en vez de contratar sus servicios como empleada, y esto hace que pueda vetar cualquier cosa que propongamos. Yo te estoy señalando la consciencia directamente, pero la mente quiere evitarla y hacer que sigas dormido. ¿Por qué? Pues porque la mente no quiere renunciar a su poder. Parece adueñarse y reclamar para sí todo lo que ve —tanto lo que es físicamente visible como todo aquello que pertenece al ámbito de las emociones y de los recuerdos—. Pero, en última instancia, a la mente no le queda más remedio que admitir: "Puedo engullir cualquier cosa, cualquier fenómeno, pero no puedo devorar a la consciencia, pues es ella la que me engulle a mí".

La vía sin esfuerzo

Es posible que hayas llevado a cabo muchas prácticas diversas y que hayas obtenido algún beneficio de ellas, pero ahora te has sentido atraído por el camino simple y directo de la auto-indagación. No te voy a dar un sistema con diecisiete pasos que seguir ni nada por el estilo. ¡No tienes que dar ni un solo paso! Depón tus armas por un instante, abandona todas tus técnicas durante un momento y descansa un poco. Siente nuevamente tu corazón.

Ya has intentado ir por el camino difícil... Ahora, durante un tiempo, prueba a recorrer la senda del corazón, el camino sin esfuerzo. Yo no estoy aquí para echarte más peso a la espalda, sino más bien para liberarte de la idea de que necesitas hacer algo para ser mismo. Lo Divino no está ni a un solo milímetro de distancia de ti. No puede estar nunca separado de ti. Es el mismísimo centro de tu propio Ser.

No hay nada que pudiese hacerme más feliz que ver cómo se abren los corazones de todo el mundo para descubrir el Ser. Y lo cierto es que no veo ningún impedimento real para que se produzca este despertar salvo el miedo, la obstinación o la fuerte identificación con la propia sensación de ser una persona autónoma e independiente. Pero estos obstáculos aparentes no son nada nuevo, así que a estas alturas ya deberíamos conocer bien sus puntos débiles. Todos ellos se pueden eliminar, pues ninguno es más grande que el Ser. Puede que de vez en cuando vuelvan a formarse, pero puedes hacer buen uso de estos retos si los consideras como espejos en los que ver reflejado tu propio Ser.

La simplicidad del Ser, la naturalidad del Ser, no requiere de técnica, estrategia, plan, conocimiento o aprendizaje alguno. Deja de cultivarte. Tan solo permanece quieto y en calma durante un instante. He descubierto que vivir en esta inmediatez es vivir en la cima del mundo. Pero la humanidad se ha olvidado de confiar en que el viento de la gracia hinchará sus velas y, en lugar de eso, ha puesto una enorme cantidad de energía en sus inútiles esfuerzos.

¡No te preocupes demasiado por las cosas! Cuando dejamos de preocuparnos, nuestros ojos vuelven a resplandecer, nuestro corazón se abre, se vuelve claro y puro y sentimos que en la vida el viento siempre sopla a nuestro favor. La gracia va contigo y te acompaña allá a donde vayas; es la que te lleva a lo largo del camino. De hecho, la gracia ya está ahí incluso antes de que tú llegues al lugar al que te lleva.

La Divinidad está justo aquí, justo ahora, y sin embargo parece que no somos capaces de encontrarla; aunque debería ser obvia, nuestros hábitos parecen ocultar lo Real. Sigue este simple consejo y sal por fin de la jungla de la mente. Descubramos juntos esta Verdad. Yo tan solo te estoy recordando la simplicidad de tu Ser, ese Ser que nunca puede corromperse o volverse impuro, que nunca se equivoca, que jamás podrá ser destruido, que nunca podrá caer en manos del diablo y que nunca morirá. No puedes dañarlo, ni tampoco mejorarlo, pues siempre es perfecto. Ábrete a su presencia; no es distinta a ti. Es la gracia la que te ha traído hasta aquí, y es la gracia la que te está asistiendo en tu despertar.

A lo que estoy apuntando es a Brahman, la Realidad Suprema.

Brahman es como el sol, que simplemente siendo hace posible que todas las formas de vida surjan en sus diferentes manifestaciones, cada una respondiendo a la misma luz. Todo florece en un estallido de formas y colores y, sin embargo, al sol no le preocupan las flores ni el agua, las nubes o la lluvia. No obstante, gracias a él todas las formas de vida pueden desplegarse en su manifestación dinámica.

Del mismo modo, una vez que somos conscientes de nuestra totalidad, de nuestra plenitud, dejamos de ser los cuidadores de algún aspecto particular de la existencia. Así de poderosa y de grande es la manifestación, la presencia y la fuerza vital de aquellos cuyo papel en la vida es ser los sirvientes de esa totalidad.

Tan solo Brahman, la Realidad Suprema, es real.
Más allá de todo género, de todo opuesto,
y en cuya presencia,
mediante la consciencia y la mente,
tiene lugar la danza de los opuestos interrelacionados.
Pero Brahman en sí mismo
no está contenido en ese juego de los fenómenos.
Brahman es la Realidad Suprema, intacta.
Es Brahman, e incluso cuando se proyecta a sí mismo
como el instrumento
a través del cual la dualidad puede manifestarse,
no puede dejar su propio Ser.

A Brahman no le preocupa directamente
lo masculino o femenino, la izquierda o la derecha,
la estabilidad o el desequilibrio.
No sabe nada de todo eso.
Todas estas cosas son para los humanos, no para Dios,
que está más allá de todas las preocupaciones.

Está completamente más allá:
un más allá que se refiere a la sutileza, no a la distancia;
pues a medida que la mente se va haciendo más sutil
y la consciencia más refinada,
las transacciones conceptuales van cesando;
las especulaciones, las proyecciones y
las interpretaciones llegan a su fin.
Lo único que permanece es la pura percepción impersonal
surgiendo en la majestuosidad del Ser.

Toda dualidad se acaba
cuando nos disolvemos en Brahman
mediante la perfecta comprensión.
Ya no hay ninguna sensación de una entidad
que necesite decidir nada.
Somos la plenitud misma y avanzamos como la Unidad.