Extractos - Swami Ramdas
La realización de Dios
Por Swami Ramdas
Dios es al mismo tiempo personal e impersonal. Es una Persona impersonal, es decir, no sólo es inmanente, innominado y sin forma, sino que es también todo lo que tiene nombre y forma.
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Hay dos métodos para realizar a Dios: uno consiste en desarrollar el ego, el individuo, hasta el infinito, y el otro, en reducirlo a nada. El primero es la vía del conocimiento, el segundo, la de la adoración. El Jnani (sabio) dice: «Yo soy Dios, la Verdad universal». El Bhakta (devoto) dice: «Yo no soy nada, oh Señor, Tú lo eres todo». En los dos casos el ego desaparece. La segunda es la vía más segura y sin peligro: refugiarse en Dios y permanecer para siempre bajo Su protección.
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Si uno ve a Dios en sí mismo, Lo ve en todas partes. Quien diga que él es Dios pero que los demás no lo son, nunca ha conocido a Dios, pues esta no es la buena experiencia. Si ha visto a Dios en sí mismo, debe ver en todo el mundo la personificación de Dios.
Es la mente agitada y móvil la que nos hace percibir los movimientos del exterior y nos confiere la ilusión de que el mundo del movimiento es real. Pero cuando la mente alcanza un estado de calma perfecta y de inmovilidad, entonces percibimos la Realidad inmutable en la que el cambio y el movimiento evolucionan a imagen de las olas sobre la superficie del océano. En verdad, nosotros y Dios somos uno, nunca estamos separados. Si nos sentimos separados de Él es a causa de nuestra ignorancia. Cuando ponemos fin a esta ignorancia tomamos conciencia de ser uno con Él, y de haberlo sido siempre.
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El advaitismo absoluto que niega toda manifestación no presenta toda la verdad. Dios es al mismo tiempo manifestado y no manifestado. Se manifiesta como Jiva (alma personal) individual a causa de la Lila (juego divino). Se encarna de nuevo con Su poder considerable y Su conocimiento para guiar a los Jivas ignorantes —que no son en realidad sino Sus propias expresiones en formas variadas— hacia el pleno conocimiento de Sí mismo, que habita en su corazón.
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Dvaita (dualidad) y Advaita (no-dualidad) no son más que etapas en nuestra evolución espiritual. Comenzamos con el Dvaita, atravesamos la Visishtadvaita (no-dualidad cualificada) y alcanzamos el fin del Advaita. Podemos ser uno con Dios. Podemos estar en Él y Él estar en nosotros. El adorador, incluso después de haber realizado su unidad con Dios, quiere seguir siendo un adorador para cantar Sus alabanzas y alegrarse en Él.
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He aquí las cuatro etapas del conocimiento de Dios. En primer lugar, mediante una sumisión total, el ego se disuelve totalmente. Estar desprovisto de ego significa la realización del Espíritu inmanente, o Dios. Tomamos conciencia de que nosotros y este Espíritu somos uno. Después de esto viene la visión universal de lo Divino en todas partes. El universo entero es comprendido como la expresión de este Espíritu. Vemos a Dios en todas partes. En la tercera etapa vemos lo manifestado y lo no-manifestado como dos aspectos de Una Verdad que es uno y otro y que sin embargo está más allá de ambos. Esto es impensable, incomprensible e inexpresable. Podemos expresar un poco el aspecto dinámico y el aspecto estático, es decir, la Realidad con forma y sin forma, pero lo que está más allá es incomprensible e inexpresable. Dios es a la vez dinámico, estático y trascendente. Después de haber realizado la Divinidad suprema hay todavía una cuarta etapa en la que mantenemos una relación con Él enteramente personal. Es la mejor relación, y la más dulce. Nos hacemos uno con Dios y sin embargo seguimos siendo Su hijo, Su servidor o Su enamorado: dos en Uno y Uno en dos.
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El hombre no es nada por sí mismo, pero lo es todo cuando ha realizado a Dios y ha conciliado su vida con lo Divino. Pues morar en lo Divino es convertirse en lo Divino.
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Todos los grandes Maestros del mundo nos han dado las mismas verdades. Buddha nos ha enseñado a purificarnos y a tener compasión por todas las criaturas. Jesucristo nos ha pedido que amemos a todos los seres como nos amamos a nosotros mismos. Krishna nos ha enseñado a ver lo Divino en toda persona del mundo. Mahoma nos ha enseñado a someternos a la voluntad de Dios y a convertirnos en Sus instrumentos. Si siguiéramos la enseñanza de estos grandes Maestros ya no tendríamos ninguna razón para pelearnos por nada.
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Ramdas cree fervientemente que todas las diferentes creencias, fes y religiones son caminos que llevan a la misma meta. Todos los grandes Maestros del mundo vienen de un mismo Dios, la primera causa eterna de toda existencia. Ya sea en la Gita, la Biblia, el Corán o el Zend Avesta, vemos tocar con insistencia la misma nota: la sumisión de sí es la vía suprema hacia la liberación o la salvación.