
La paz es una consecuencia de la comprensión
Por Emma VázquezNada de lo que experimentas es permanente. Toda experiencia tiene su nacimiento y su muerte. Su principio y su fin.
Los pensamientos vienen y van. Las emociones vienen y van. El cuerpo está cambiando constantemente, aunque no lo percibas con los ojos. Las experiencias vienen y van. Las nubes vienen y van. Todo lo manifestado, toda la materia viene y va.
Y pretendemos que lo impermanente se convierta en permanente. Pretendemos sentir siempre lo mismo. Pensar siempre los mismos pensamientos (o ninguno). Que nuestro cuerpo no envejezca. Que siempre brille el sol. Que nunca enfermemos…
Pretendemos alcanzar una Iluminación, una Felicidad, una Plenitud donde lo que es por Naturaleza transitorio se vuelva eterno.
Pretendemos que sólo sucedan en el Cielo nubes blancas (agradables, positivas, luminosas).
Pero la cuestión es que nos estamos equivocando de perspectiva. Porque las nubes siempre van a aparecer en el Cielo. Tanto las agradables como las desagradables. Tanto las cómodas como las incómodas. Y esa IDEA de Iluminación, de Felicidad, al estar mal enfocada, es la que nos lleva a sufrir. Nos lleva a rechazar la Realidad, la Vida (a nuestra forma) tal y como se presenta (de Presente) cuando no coincide con la idea que tenemos de ella.
Y desde esa Incomprensión, hacemos terapias, cursos, talleres, utilizamos métodos, técnicas, herramientas…, para intentar alcanzar un estado permanente de lo que es impermanente.
Lo que estamos haciendo es pretender transformar una nube en el Cielo. Y eso no es posible. Por mucho que te cuestiones las nubes (pensamientos, ideas, creencias), van a seguir apareciendo en tu pantalla mental porque «pensar» forma parte del funcionamiento del cerebro. Igual que «latir» lo es del corazón.
No se trata de tener sólo nubes blancas (pensamientos agradables) o de no tener ninguna nube (tener la mente en blanco). Eso es quedarse en las ramas. Se trata de DARNOS CUENTA de que no somos esas nubes (da igual si son blancas o negras), de que no somos las creencias que hemos heredado y adquirido, de que no somos el «yo psicológico» (con todos sus disfraces, espiritual incluido) con el que nos estamos identificando.
Estamos totalmente enfocados en los pensamientos. Cambiando sus colores porque CREEMOS que así nos sentiremos plenos. Pero la Plenitud, la Felicidad, la Abundancia es una cualidad de LO que Somos-Es. No necesitamos alcanzarla porque YA la somos.
TODO, absolutamente todo lo que pensamos, sentimos, experimentamos ES una manifestación de ese Uno, de esa Plenitud, de esa Abundancia. No estamos separados del Uno que pretendemos SER. ¡Ya lo somos siempre! Con formas distintas. Con emociones diferentes. A veces, en forma agradable. Otras, en forma desagradable. A veces, en forma de salud. A veces, en forma de enfermedad.
Nos creemos que SÓLO lo agradable, lo positivo, lo cómodo es ese UNO. Pero esto tan sólo es una CREENCIA que hemos adquirido y creído.
LO que somos es la TOTALIDAD de la Vida. La Totalidad de lo que experimentamos. No hay nada que esté fuera de lugar (sólo hay UN Espacio-lugar). Nada es un error. Nada debe ser arreglado. Todo es Perfección. Todo sucede como debe suceder. Nada de lo que experimentamos podría haberse experimentado de otra forma en el instante en el que se experimentó.
Lo Impermanente es la Existencia en sí, LO que somos-Es, no las formas en que la Existencia, Dios, el Uno se manifiesta.
Lo Impermanente es el Espacio Silencioso en el que la manifestación sucede.
Los estados emocionales vienen y van. Los estados de éxtasis vienen y van. Los orgasmos vienen y van. Las relaciones vienen y van. Las amistades vienen y van. Y aunque duren «toda la vida», al final también desaparecerán.
Pretendemos que el estado de calma, de paz que experimentamos cuando meditamos (o cuando «lo que sea») sea siempre en nosotros. Pero ese estado es una experiencia transitoria, impermanente más. Como lo que sientes cuando te subes a una montaña rusa.
La Paz REAL no es ninguna emoción. Ningún sentimiento. Es ESTAR EN PAZ con la Realidad (nosotros incluidos) tal y como Es en cada instante. Ya sea en forma calma o en forma estrés. En forma alegría o en forma tristeza. En forma paz (en minúsculas) o en forma caos.
Es COMPRENDER que todo es perfecto tal y como es. Que LO que eres ya es Perfección. Que eres la Perfección APARENTANDO ser imperfecta. Y es aparente porque lo que llamamos imperfección es un juicio más que proviene de CREERNOS que algo no debería ser como es. Una creencia que proviene (de nuevo) de un condicionamiento heredado o adquirido.
Esa Comprensión que sucede (si sucede…) es la que hace (sin hacer) que no rechaces nada de lo que experimentas, incluida la experiencia TRANSITORIA de rechazo que pueda surgir.
La PAZ es una consecuencia de la Comprensión.
Cuando Comprendes que YA eres perfecta, seas como seas, sientas como sientas, pienses lo que pienses, actúes como actúes, ya hay Paz ahí. Ya hay Libertad. Porque no hay rechazo. Porque no hay un «debo alcanzar la paz». No hay un «debo iluminarme». No hay un «debo ser feliz». No hay un «debo sanarme, arreglarme, eliminarme el karma». No hay un «debo ser de otra manera de la que ahora soy». No hay la NECESIDAD de ser otra «cosa» de la que eres en cada momento porque no está la CREENCIA de que «para ser alguien en la vida», «para tener éxito», «para que alguien me ame», «para no volver a reencarnar», «para regresar al hogar», «para iluminarme» o «para lo que sea»… TENGO QUE ser, pensar, sentir de determinada forma que no es la que AHORA tengo/soy.
¡Míralo! ¿Qué sientes cuando dejas de CREER que «tienes que» ser, pensar o sentir de otra manera?
Hay una RENDICIÓN absoluta a lo que experimentas. A lo que la Vida ES a través de tu cuerpo-mente.
Pero esa Rendición no se practica, no se memoriza, no se intelectualiza. Es, de nuevo, una consecuencia de SABERTE. De Saber qué eres. Y LO que eres lo sabes como consecuencia de descubrir que no eres «quién» creías ser.
Eres tanto el Cielo como las Nubes. Eres tanto lo relativo como lo absoluto. Eres tanto la cara como la cruz. Eres tanto la luz como la oscuridad. Eres tanto la aceptación como el rechazo. Eres tanto la dualidad como la no-dualidad. Eres tanto lo permanente como lo impermanente. Eres tanto lo humano como Dios. Porque todos SON lo mismo. Todos son la misma Moneda. Todos son UNO, aunque aparezcan como «dos» (dualidad).
La mayoría están identificados con el «dos». Con las nubes. Algunos se creen que las han trascendido, pero lo único que han hecho es cambiar la nube «dual» por la nube «no-dual». Lo cual viene a ser lo mismo. Siguen rechazando una parte de la moneda. Siguen CREYENDO que el UNO sólo es lo «espiritual». Con todas sus IDEAS sobre lo que es espiritual, amor, iluminación y felicidad.
Se han identificado con el Cielo, en lugar de con las nubes. Pero no son Conscientes, no Comprenden que las nubes también son el Cielo, el Uno, Dios. No Comprenden que la dualidad y la no-dualidad (en minúsculas) SON la misma moneda. El mismo Océano. La misma Vida. La misma Existencia. El mismo AMOR INCONDICIONAL.
Tanto lo que se llama amor como lo que se llama miedo y odio son formas de ese UNO. De ese Dios, de ese AMOR INCONDICIONAL que nada tiene que ver con la experiencia del «amor humano» que es sentimental.
Las formas están en constante cambio. Lo que hoy es un Sí, mañana puede ser un No porque todo ha cambiado, aunque no seamos conscientes de ello.
Lo que hoy sientes como «para toda la vida» en un instante puede venirse abajo. Y la Comprensión nos permite estar abiertos completamente a ese cambio y fluir de manera natural con él.
La Aceptación no se hace de ninguna manera. No se puede forzar ni practicar. Es también una consecuencia de la Comprensión.
Mira la impermanencia en «tu» vida. En ese «quién» que crees ser. ¿Eres la misma que cuando naciste? ¿Que hace 20 años? ¿Que hace 10? ¿Que hace 5? ¿Que hace 1? ¿Que el mes pasado? ¿Qué ayer…?
Por mucho que te veas igual, no lo eres. Todas las experiencias que tienes, sean en la forma que sean, te están cambiando. El cuerpo, los pensamientos, las creencias. Estamos constantemente siendo condicionados una y otra vez por TODO. Como la lectura de este libro que es otro condicionamiento más que estás recibiendo.
Y todo es todo, no sólo aquello de lo que eres consciente. Y, además, como un Todo. No estamos siendo condicionados por partes. Y no es algo que puedas controlar. Ni evitar.
La forma-ola del Mar no puede evitar ser arrastrada hacia la orilla porque no tiene ni voz ni voto. Es llevada por un único movimiento. Por un Todo-movimiento. Y la forma-Emma María tampoco puede elegir hacia dónde ir, qué sentir, qué pensar y cómo reaccionar, aunque parezca que sí. También es movida por un único movimiento Vital que va más allá de su forma. Igual que la arena del desierto forma dunas y van hacia donde el viento las lleve.
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