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Extractos - Michael James

La Naturaleza de la Mente

Parte 3: El corazón espiritual

por Michael JamesExtracto de: la felicidad y el arte de ser
Mente creativa

Aunque el cuerpo es una imaginación, una imagen que la mente ha formado dentro de sí misma, la mente no puede surgir sin imaginar que esta imagen mental es ella misma. Tal es la naturaleza enigmática de maya, nuestro poder de imaginación autoengañoso.

Al ser una imagen mental, el cuerpo existe efectivamente solo en la mente, pero nos engañamos imaginando que la mente existe solo dentro del cuerpo. Como resultado de este engaño, cuando la mente surge, sentimos que surge dentro de los confines del cuerpo.

El sentimiento limitado «yo» que surge dentro de este cuerpo, tomándolo erróneamente como él mismo, es la mente. Aunque este sentimiento «yo», que es un pensamiento o imagen mental, parece surgir u originarse dentro de este cuerpo, si lo escudriñamos agudamente para verificar en dónde se origina en este cuerpo, descubriremos que de hecho no se origina en ningún lugar dentro de este cuerpo, sino solo en el núcleo más íntimo de nuestro ser.

En la literatura espiritual, este núcleo más íntimo de nuestro ser, que es la consciencia fundamental y esencial «yo soy», es lo que se llama nuestro «corazón» o hridaya. Como Sri Ramana explicaba a menudo, la palabra «corazón» en este contexto no denota ningún órgano dentro del cuerpo, sino que es sinónimo de nuestro sí mismo real, el espíritu infinito y sin-forma, que es la realidad absoluta y que experimentamos siempre como la consciencia fundamental de mero ser, «yo soy».

La consciencia fundamental «yo soy», es aludida como el «corazón» o el núcleo de nuestro ser, debido a que la experimentamos como el centro desde el que experimentamos todas las otras cosas. En cada experiencia y en cada conocimiento, la consciencia fundamental «yo soy» está presente a la vez como el centro y la base.

Todo nuestro conocimiento está basado y centrado en nuestro conocimiento primero y fundamental «yo soy». Todas nuestras otras formas de conocimiento aparecen y desaparecen, pero este conocimiento o consciencia «yo soy» permanece como nuestro único conocimiento constante y sin-cambio. Por lo tanto, es el «corazón» o núcleo de todo lo que consideramos ser nosotros, y de todo lo que como un individuo conocemos, experimentamos y hacemos.

Debido a que es la fuente de la que surge la mente y todo lo conocido por la mente, Sri Ramana dice que nuestro «corazón» o sí mismo real es el «lugar de nacimiento» de la mente. Aunque él usa la palabra «lugar» para denotar el núcleo o «corazón» de nuestro ser, él no la usa en el sentido literal de un lugar que existe dentro de las dimensiones limitadas de tiempo y espacio, sino solo en un sentido figurativo. Es decir, aunque el núcleo de nuestro ser no está confinado dentro de los límites del tiempo y el espacio, él se refiere a él figurativamente como un «lugar» debido a que lo experimentamos siempre como el punto central en el tiempo y el espacio, como el «ahora» y el «aquí», el único punto desde el que percibimos y concebimos todos los demás puntos en el tiempo y el espacio.

Algunas gentes parecen tener dificultad para comprender el hecho simple de que nuestro ser verdadero es consciencia sin-forma e infinita, debido presumiblemente a que o son incapaces o no están dispuestos a concebir ninguna consciencia más allá de su presente consciencia finita de sí mismos como un cuerpo físico. Debido a que ellos no pueden concebir que son algo más que su complejo cuerpo-mente limitado, y debido a que algunos de ellos están enamorados por lo tanto de la idea de los chakras o centros místicos localizados en ciertos puntos dentro del cuerpo físico, tales gentes a menudo solían preguntar a Sri Ramana en qué punto en el cuerpo físico está localizado el hridaya o «corazón» espiritual. Sabiendo que tales gentes eran incapaces o no estaban dispuestos a comprender la verdad simple de que la palabra «corazón» denota verdaderamente la realidad infinita, el espíritu o consciencia sin-forma, Sri Ramana solía aplacar su curiosidad diciendo que el «corazón» espiritual está localizado dos dedos a la derecha del centro del pecho.

La razón por la que él especificaba este punto particular como la localización del «corazón» en el cuerpo físico, es que éste es el punto en el cuerpo en el que el sentido de «yo» parece originarse y desde el que se extiende por todo el cuerpo. Sin embargo, esta localización del «corazón» no es absolutamente verdadera, sino que es verdadera solo en relación al cuerpo. Esta localización es solo tan real como el cuerpo, y el cuerpo no es más real que la mente, de la que es una creación. Puesto que el cuerpo es una mera imaginación, lo mismo que el mundo entero del que es una parte, ¿cómo puede algún punto en él ser el «corazón» verdadero, el núcleo de nuestro ser, que es la realidad infinita y absoluta?

Por lo tanto, a todas las gentes que eran capaces de comprender la verdad simple de su enseñanza, a saber, que nuestro sí mismo esencial es la única realidad, y que la mente y todo lo conocido por ella excepto «yo soy», es una mera ficción de nuestra imaginación auto-engañosa, Sri Ramana a menudo enfatizaba la verdad de que el «corazón» espiritual no es ningún lugar en el cuerpo sino solo nuestro sí mismo real, la consciencia de ser fundamental y esencial, «yo soy».

No solo la localización del «corazón» espiritual en este cuerpo físico es meramente una verdad relativa, es también una verdad que no es de ningún valor práctico. Cuando alguien le preguntó una vez si debemos meditar en el lado derecho del pecho para meditar en el corazón espiritual, él respondió, «El “corazón” no es físico. La meditación no debe ser en el lado derecho o en el izquierdo. La meditación debe ser en nuestro sí mismo. Todos sabemos “yo soy”. ¿Qué es este “yo”? Él no está ni dentro ni fuera, ni a la derecha ni a la izquierda. “Yo soy” ―eso es todo». Para los propósitos prácticos, todo lo que necesitamos saber sobre el «corazón» espiritual es que él es la consciencia básica «yo soy», que es el núcleo de nuestro ser, y el centro de todo lo que experimentamos.

La realidad aparente de la mente

La mente, la consciencia compuesta «yo soy este cuerpo», es meramente una imaginación sobreimpuesta en la consciencia real «yo soy», lo mismo que una serpiente imaginaria que es sobreimpuesta en una cuerda. Bajo la débil luz del crepúsculo, cuando vemos una cuerda tendida en el suelo, podemos imaginar que es una serpiente. Pero si miramos atentamente a esa serpiente imaginaria, veremos que de hecho no es nada sino una cuerda. Similarmente, si miramos a la consciencia compuesta «yo soy este cuerpo» con suficiente atención y agudeza, descubriremos que en realidad no es nada sino la consciencia pura y simple «yo soy», y que el atributo «este cuerpo» es meramente una ilusión sobreimpuesta en ella por nuestro poder de imaginación.

Este cuerpo ilusorio, y todos los otros objetos o pensamientos conocidos por la mente, continuarán pareciendo reales mientras les prestemos atención, lo mismo que un sueño continúa pareciendo real mientras lo experimentamos. Nuestro poder de atención es lo que da una realidad aparente a las cosas que conocemos. Por lo tanto, el engaño «yo soy este cuerpo» se mantendrá mientras continuemos prestando atención a este cuerpo o a cualquiera de los objetos que conocemos a través del medio de sus cinco sentidos. Para dispersar este engaño, debemos dejar de prestar atención a cualquier objeto conocido por la mente, y en lugar de ello debemos volver la atención hacia nosotros para conocer la consciencia subyacente «yo soy».

Por lo tanto, para experimentar la consciencia real «yo soy» como ella es, ilimitada y no tocada por la identificación con ninguna forma, debemos retirar la atención de todas las formas ―todos los pensamientos, sentimientos o imágenes mentales objetivos, tales como nuestro cuerpo y este mundo― y volverla hacia el único elemento esencial de la mente ―la consciencia básica «yo soy». Mientras continuamos aferrándonos o prestando atención a alguna forma de pensamiento objetivo, no podemos experimentar nunca la consciencia «yo soy» como realmente es. En lugar de ello, continuaremos engañándonos creyendo que la mente y todo lo conocido por ella es real.

¿Puede ser efectivamente real algo conocido por la mente? O más bien, ¿puede ser real algo que nosotros conocemos a través del medio engañoso que llamamos nuestra «mente»? Excepto la auto-consciencia esencial «yo soy», todo lo que conocemos es solo un pensamiento con una forma u otra. Todos los pensamientos son una forma de conocimiento, e inversamente, todo conocimiento que no sea la consciencia básica «yo soy» es una forma de pensamiento.

Todos los pensamientos son conocidos por nosotros solo a través del medio de la mente, que es nuestro primer pensamiento «yo», pero la consciencia esencial «yo soy» es conocida por nosotros directamente, no a través de la mente ni de ningún otro medio.

Todo el conocimiento que tenemos de todo lo que no sea «yo soy», depende para su realidad aparente de la realidad de la mente a través de la cual lo conocemos. Si la mente es irreal, todas las cosas conocidas por ella deben ser también irreales, puesto que son solo pensamientos que ella se ha formado dentro de sí misma.

La única cosa que parece ser conocida por la mente, y que sin embargo no depende de la mente para su realidad, es la consciencia fundamental «yo soy», debido a que ella no es meramente un pensamiento que la mente ha formado dentro de sí misma. Incluso en la ausencia de la mente, en los estados libres-de-pensamiento tales como el sueño profundo, experimentamos esta consciencia básica «yo soy». Además, lo que la mente conoce efectivamente, no es la consciencia «yo soy» como realmente es, sino solo la consciencia «yo soy» oscurecida por nuestra imaginación «yo soy este cuerpo». Al despertar del sueño profundo, la primera cosa que la mente conoce es «yo soy», pero tan pronto como conoce «yo soy», sobreimpone sobre sí misma esta falsa identificación «yo soy este cuerpo».

Así pues, desde su comienzo mismo, la mente es una mentira, una falsa mezcla de la consciencia fundamental «yo soy» con un cuerpo físico compuesto de materia inconsciente. Cuando su conocimiento más básico, el conocimiento que tiene de sí misma, es así una mentira o falsedad, ¿cómo podemos confiar en ningún otro conocimiento que la mente pueda adquirir? Todo lo que la mente conoce está basado en su primer conocimiento, su conocimiento erróneo «yo soy este cuerpo». Debido a que ella siempre sobreimpone esta identificación falsa «yo soy este cuerpo» sobre la consciencia pura, original y fundamental «yo soy», la mente no puede conocer nunca la consciencia pura e incontaminada como realmente es.

La única cualidad esencial de la consciencia, es que es siempre auto-consciente ―ella conoce siempre su propia existencia o ser― y esa consciencia de su propia existencia es lo que llamamos «yo soy». Sin embargo, además de conocer su propia existencia, la consciencia a veces también parece conocer otras cosas. Cuando la consciencia conoce así otras cosas, la llamamos nuestra «mente».

La naturaleza de la mente es conocer la otredad o dualidad. La mente es así una consciencia mezclada, una consciencia en la que nuestro conocimiento fundamental «yo soy» está mezclado con el conocimiento de otras cosas. Sin embargo, mientras el conocimiento de otras cosas es algo que aparece y desaparece, y al aparecer sufre cambio constantemente, nuestro conocimiento básico «yo soy» no aparece ni desaparece, sino que existe permanentemente y sin sufrir ningún cambio. Además, mientras el conocimiento de la otredad depende de la consciencia para ser conocido, nuestro conocimiento básico «yo soy» no depende de nada más para ser conocido, debido a que él mismo es la consciencia por la que todas las cosas son conocidas.

Así pues, en la consciencia mezclada que llamamos nuestra «mente», lo que es real, es solo la consciencia fundamental «yo soy». Esta consciencia fundamental e incontaminada «yo soy» parece devenir la consciencia mezclada llamada «mente» solo cuando sobreimponemos en ella el conocimiento de otras cosas. Pero mientras la consciencia básica «yo soy» es permanente y por lo tanto real, todo nuestro conocimiento de otras cosas es meramente una apariencia temporal, y por lo tanto irreal. Solo la consciencia «yo soy» es real debido a que solo ella satisface las tres condiciones por las que podemos juzgar que algo es real. Es decir, es permanente, sin-cambio y no depende de ninguna otra cosa, ni para existir ni para saber que existe.

La mente es una forma de consciencia temporal que aparece y desaparece, y que sufre cambio constantemente durante el tiempo de su aparición. Aunque parece conocer su existencia como «yo soy», de hecho toma este conocimiento de la existencia de la consciencia real, que la subyace y la da una aparente existencia suya propia.

Nuestro conocimiento «yo soy» es experimentado por nosotros incluso en el sueño profundo, cuando la mente ha desaparecido, pero cuando la mente aparece en la vigilia o en el sueño con sueños, nos usurpa este conocimiento básico «yo soy», y lo toma como si este conocimiento fuera suyo. Nuestro conocimiento o consciencia «yo soy» es nuestro sí mismo real, y, por consiguiente, es la única cosa que experimentamos siempre, pero la mente no es nuestro sí mismo real, debido a que solo la experimentamos temporalmente.

Por lo tanto, hay una clara distinción entre nuestro conocimiento «yo soy» y la mente, que meramente asume este conocimiento en la vigilia y el sueño con sueños, como si fuera suyo, pero que está separada de él en el sueño profundo. Así pues, la unión aparente de la mente con nuestro conocimiento «yo soy» no es una unidad real, sino solo un apariencia transitoria. Por lo tanto, la mente no es independientemente consciente de su propia existencia. Para conocer su propia existencia como «yo soy», depende enteramente de la consciencia real, sin cuyo soporte no podría parecer existir.

Siendo impermanente, constantemente sujeta a cambio y enteramente dependiente de la consciencia real, tanto para su existencia aparente como para su aparente conocimiento de su propia existencia, la mente no es real. Cualquier realidad que parezca tener es solo relativa, y no absoluta. Eso que es solo relativamente real, no es verdaderamente real, sino que meramente parece ser real. Solo eso que es absoluta e incondicionalmente real, puede ser llamado «real» en el sentido más verdadero de esta palabra.

El pensamiento «yo»

Como hemos visto anteriormente en este capítulo, la mente primero se forma a sí misma como el pensamiento raíz «yo», y solo entonces forma cualquier otro pensamiento. El pensamiento raíz «yo» es el pensador, el agente que piensa todos los otros pensamientos. Por lo tanto, subyacente a la formación de cada pensamiento individual, está la formación del pensamiento raíz «yo».

Ningún pensamiento puede ser formado sin que el pensamiento «yo» sea formado primero. Es decir, no podemos formar ningún otro pensamiento sin formarnos nosotros primero como el pensamiento «yo», que es el agente que piensa ese pensamiento. Sin embargo, el corolario obvio de esta verdad, es que no podemos formarnos como el pensador o primer pensamiento «yo» sin pensar o formar simultáneamente algún otro pensamiento.

Sin formar algún otro pensamiento al que aferrarse, no podemos surgir como el pensamiento que piensa «yo». La naturaleza de nuestro primer pensamiento «yo» es pensar otros pensamientos, y sin pensar otros pensamientos no puede parecer ser formado como una consciencia individual separada. Es decir, la consciencia de ser esencial, «yo soy», se forma a sí misma aparentemente como el primer pensamiento «yo soy este cuerpo» solo pensando algún otro pensamiento.

Por lo tanto, junto con la formación y disolución de cada uno de los demás pensamientos, el pensamiento «yo» es formado y disuelto. En otras palabras, la formación y disolución repetida del pensamiento fundamental «yo», es parte de la formación y disolución de cada uno de los demás pensamientos. Por consiguiente, en el breve intervalo entre la disolución y formación de cada dos pensamientos consecutivos, la mente o pensamiento raíz «yo», es él mismo disuelto y re-formado.

Así pues, este intervalo entre cada dos pensamientos, es un ejemplo en miniatura del sueño profundo, y el surgimiento y submersión de cada pensamiento es un ejemplo en miniatura de la vigilia o el sueño con sueños. Por lo tanto, los estados de vigilia y sueño con sueños son un macrocosmos del que la formación y disolución de cada uno de los pensamientos individuales es el microcosmos.

Por lo tanto, si refinamos gradualmente nuestro poder de atención o cognición por la práctica persistente de la cualidad de la auto-atención, finalmente seremos capaces de conocer la realidad subyacente que permanece entre cada submersión y surgimiento sucesivos de la mente o pensamiento raíz «yo». Esa realidad subyacente es la autoconsciencia esencial, que experimentamos siempre como «yo soy».

Aunque experimentamos siempre la auto-consciencia verdadera «yo soy», en este momento no la experimentamos como realmente es, debido a que estamos experimentándola mezclada con la limitación distorsionante de la mente. Por lo tanto, si somos capaces de experimentarla claramente en el intervalo momentáneo libre de mente que existe entre la submersión de un pensamiento y el surgimiento del siguiente pensamiento, seremos capaces de conocerla como realmente es, no adulterada por la más mínima forma de dualidad u otredad.

Por consiguiente, cuando practicamos la cualidad de la auto-atención, nuestro objetivo es experimentar la auto-consciencia natural no adulterada por la más mínima apariencia de la mente ni de ningún objeto conocido por la mente. En lugar de experimentarnos como un cuerpo o como cualquier otro adjunto, debemos tratar de experimentarnos claramente como la auto-consciencia verdadera libre de adjuntos «yo soy».

El sustrato, trasfondo o pantalla inmediato en el que son formados y disueltos los estados de vigilia y sueño con sueños, y todos los pensamientos individuales dentro de esos estados, es el estado de sueño profundo, en el que experimentamos solo la consciencia de ser esencial, pero de una manera que de algún modo no es perfectamente clara o distinta. Sin embargo, el sustrato o espacio último en el que son formados y disueltos no solo la vigilia y el sueño con sueños, sino también el sueño profundo, es el verdadero estado de ser auto-consciente, «yo soy», en el que experimentamos la consciencia de ser fundamental y esencial en su claridad plena, natural y absoluta.

Por lo tanto, puesto que el universo entero y el espacio físico en el que está contenido no son nada más que pensamientos que hemos formado en la mente por nuestro poder de imaginación, en el vedanta advaita se dice que el espacio físico o bhutakasa está contenido en el espacio de la mente o chittakasa, y que el espacio de la mente está contenido en el espacio de la consciencia verdadera o chidakasa.

Si podemos conocer cómo dentro de la consciencia formamos y disolvemos nuestros pensamientos, habremos comprendido el secreto de cómo es creado y destruido el universo entero. Para obtener conocimiento directo e inmediato de este secreto, no necesitamos cargar a la mente reflexionando sobre ninguna de las diversas teorías religiosas o científicas sobre el origen del universo, sino que solo necesitamos escudriñar la consciencia, que es la fuente de la que y el espacio en el que todos los pensamientos y este universo entero surgen, permanecen momentáneamente, y después se sumergen de nuevo. Tanto el «Génesis» como el «Big Bang», que ciertos grupos de gentes creen que explican la aparición de este universo, acontecen en la mente a cada momento, con la formación de cada uno de los pensamientos.