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Extractos - Juan Bautista Gracia

La canción del yogui del asfalto

Introducción

Por Juan Bautista Gracia

En el momento presente, es difícil encontrar seres humanos que se hagan preguntas profundas, que cuestionen la información recibida, que estén interesados en conocer la verdad acerca de ¿Qué soy yo? Y ¿Qué es todo esto que experimento?

Vivimos una época en la que perseguimos obstinadamente el placer instantáneo y corremos detrás de cualquier iniciativa que nos proponga disfrute sensorial.

No hay tiempo para reflexionar, discernir, cuestionar.

Aceptamos de manera sumisa el modelo social diseñado por los Egos dominantes, en el que no hay cabida para la investigación existencial. El individuo se encuentra atrapado en un «modus vivendi» de alienación materialista, convenientemente regulado por el propio sistema.

La inseguridad y el miedo están presentes detrás de las alegrías superfluas, que esconden momentáneamente el vacío existencial del individuo.

Mientras la espiritualidad tradicional continúa plácidamente dormida en un ensueño trascendental, el Ego progresista empuja al individuo hacia una situación de desconexión con sus raíces, estimulando su adherencia a determinadas ilusiones colectivas, que le hacen olvidar, por un tiempo, su desarraigo profundo.

Para ello proponen un sinfín de alternativas, como pueden ser los variados tipos de sexualidad, las terapias exóticas para lograr la salud eterna, los incontables aparatos de pantalla táctil, todo tipo de viajes exóticos, espiritualidad a la carta, etc., un catálogo que crece diariamente y mantiene adormecido al individuo impidiéndole despertar y comprender la verdad de sí mismo y del universo.

Llegados a este punto, debemos recordar que todo lo que conocemos o experimentamos es debido al Ego y antes de su aparición, de nada podemos hablar.

¿Cuándo surge este sentimiento de individualidad?

Si echamos la vista atrás, podemos asociarlo con los primeros recuerdos…ya que ellos implican la existencia de un «yo» que los ha experimentado y, por tanto, los recuerda. En el pasado de la humanidad, no podemos asegurar cuándo tiene lugar este hecho, pero, en la actualidad acontece alrededor de los 3 y 5 años.

Es decir, a partir de ese momento cada uno de nosotros sentimos que somos «un yo que experimenta algo».

Esta dualidad Sujeto/ Objeto es la esencia del yo individual.

Por ello, podemos asegurar que antes de la aparición del Ego, ninguno podemos decir cosa alguna.

Así pues, del cuerpo, de la familia, de todas las experiencias sensoriales, de la mente, del cerebro… es decir, de la totalidad de los conocimientos que podemos poseer ahora, no podemos decir cosa alguna, antes del Ego.

Y, ¿Cómo definir Eso que es anterior al Ego? No podemos ponerle nombre, ni limitarlo ya que no es un objeto que podamos experimentar, pero para referirnos a Él, en la argumentación, lo llamamos el Origen o la Unidad.

Y bien, ¿Cuándo aconteció la aparición del Ego en nuestra especie? Si analizamos el devenir evolutivo del ser humano, podemos señalar que comenzó a expresarse más claramente, cuando abandonamos la vida nómada propia de nuestra situación de recolectores cazadores, y comenzamos a asentarnos de manera permanente. El sentimiento de individualidad, que había permanecido en una cierta latencia hasta entonces, se manifestó claramente, provocando con su desarrollo lo que hemos venido a llamar civilización.

Todo parece indicar que, en un principio, en los seres humanos no se había desarrollado suficientemente la individualidad y nos sentíamos formando parte inseparable del continuum impersonal de energía inteligente, que conocemos por la palabra griega Physis o por la sanscrita Cit Sakti.

Pero, con la aparición del Ego, se manifestó claramente una ruptura con ese Principio subyacente de la existencia Una.

A partir de ese momento, cada yo individual, comenzó a asociarse a un campo experimental limitado, conocido como «mi mundo», separándose de la situación original de comunión con la Totalidad una.

Esta brecha hizo que nos sintiéramos ajenos al continuum existencial y, por consiguiente, inseguros e insatisfechos. Con el Ego, se rompe el estado de Unidad.

La Consciencia unitaria se trasforma en Consciencia individual, con su dualidad Sujeto/ Objeto, que conlleva la ilusión de separatividad y con ello, al aparecer el espacio y el tiempo, la inseguridad y el miedo.

Aquí estoy «yo» y allí «lo otro».

La Consciencia total, se convirtió en individual y desde entonces el Ego se encuentra asociado al sufrimiento.

Este estado de separación con el continuum de energía inteligente ha ido creciendo con el avance de la civilización. Esto hace que el individuo viva apresado en una falsa realidad, el mundo del Ego o Ilusión, separado de la plenitud consustancial a la existencia Una.

El Ego, perdió el contacto con su Identidad verdadera, al identificarse con un campo de experiencias contenidas en un limitado cuerpo-mente. El Ego se apega a esta realidad impermanente o mundo de la Ilusión y vive inmerso en el desasosiego.

En India describieron esta situación de la individualidad como Avidya, palabra que denota engaño, confusión.

Sin olvidar la larga tradición oral, mediante la que se transmitieron los conocimientos durante siglos, podemos señalar que, en los Upanishads más antiguos, hacia el siglo VIII ac., aparece escrito por primera vez el término sanscrito Avidya, utilizado por los primeros rishis, (seres humanos que conocían su identidad verdadera) para referirse a esa situación en la que el individuo se siente separado de la Totalidad. Esta Ignorancia mantiene al ser humano en la Ilusión o Maya, al hacerle creer que existe la individualidad con su mundo material, separado de la realidad única o Brahman.

Los rishis también explicaron la manera de liberarse de esta confusión, aportando Vidya o conocimiento de nuestra identidad verdadera a los buscadores sinceros. Para ello, propusieron la Shadana, procedimiento para obtener un «ego maduro» en el cual pueda fructificar la Enseñanza trasmitida.

Estos individuos eran conocidos como Shadakas.

Por tanto, podemos considerar que, desde la época de los asentamientos, cuando el Ego comenzó a expresarse claramente, venimos arrastrando una ruptura que ha ido creciendo con el paso de los siglos.

Esta brecha, causa de la alienación, es debida a la ilusión de creer que existe un yo individual, Ego o Ahamkara, olvidando que «todo yo individual es la expresión del Uno, y que, por consiguiente, no existe como tal».

Ahora bien, siempre hubo seres humanos que mantuvieron presente la comprensión de la Realidad Una, aunque la mayoría se vio dominada por el oscurecimiento que provoca su ignorancia.

Los rishis fueron trasmitiendo de manera oral y más tarde escrita, la Enseñanza para despertar de la Ilusión a todo aquel que la solicitase.

Estos «buscadores de la verdad» o Shadakas, se caracterizan por tener un interés profundo en conocer cuál es nuestra verdadera identidad y qué es este mundo que experimentamos.

El éxito en esta búsqueda significa superar la oscuridad de Ahamkara, causa de emociones y acciones confusas, recuperando así la conexión con la Consciencia total, de la que verdaderamente nunca estamos separados.

Un Shadaka, dedica atención y esfuerzo para ablandar su Ego, para que, con una vida sencilla y dedicación diaria, ausencia de orgullo y humildad, la semilla de la Enseñanza pueda crecer en su interior, limpiándole de la confusión y aportándole la claridad de la Iluminación.

Este éxito en la Sadhana, lo podemos entender como la liberación del engaño de Ahamkara, que dice «yo soy el hacedor», al comprender que «no hay alguien que haga algo», sino que todo acontece de manera impersonal.

El Ego es una ilusión temporal, que crea toda la realidad ilusoria, en la que el individuo vive apegadamente.

En la infancia, ¿Dónde está el Ego? Cuando dormimos, ¿dónde está el Ego? Mientras el Ego está activo, vivimos en la Ilusión. Cuando, mediante la comprensión desaparece, la individualidad entiende que sólo existe la Unidad, la única Realidad. Si la comprensión es clara y firme, ya no podemos volver a quedar apresados en la Ilusión, aunque el Ego siga activo de manera funcional para manejarnos en la vigilia.

Esta Canción Advaita está dedicada a las mujeres y hombres de «Ego maduro», que caminan por el sendero del autoconocimiento, para servirles de ayuda y llegar a la meta, que es comprender que sólo existe la Unidad.

Juan Bautista Gracia. Biólogo por la U.P.V. Investigador del despertar de Kundalini en el Dep. de Procesos Básicos y su Desarrollo, Facultad de Psicología Universidad del País Vasco. Ha publicado: El Teatro Mágico del Mundo (1990), El Poder de la Relajación (1994), Yoim el Buscador de la Verdad (2003), Yoga y Relajación para: todos (2005), El Sendero de la Meditación (2011), Psicología para Despertar (2019).

Fuente: Juan Bautista Gracia. La canción del yogui del asfalto.