Ruta de Sección: Inicio > Artículos >Extractos > Artículo

Extractos - Tres Iniciados

Planets

El Todo

Por Tres Iniciados

«Debajo y detrás del universo del tiempo, el espacio y el cambio
se encuentra siempre la Realidad Sustancial,
la Verdad Fundamental».
El Kybalión

«Sustancia» significa «aquello que subyace a todas las manifestaciones externas; la esencia; la esencialidad; la cosa en sí misma», etc. «Sustancial» significa «realmente existente, el elemento esencial, el ser real», etc. «Realidad» significa «el estado de ser real, verdadero, duradero, válido, fijo, permanente, actual», etc. Por debajo y detrás de todas las apariencias o manifestaciones externas debe haber siempre una Realidad Sustancial. Esta es la Ley. El hombre, al considerar el universo del cual él es una unidad, no percibe nada más que cambios en la materia, en las fuerzas y en los estados mentales. Percibe que nada Es realmente, sino que todo está DEVINIENDO y CAMBIANDO; que nada permanece inmóvil, que todo está naciendo, creciendo y muriendo, que tan pronto como una cosa alcanza su auge, comienza a declinar; que la ley del ritmo está en constante actividad. No hay realidad, cualidad duradera, futuro o sustancialidad en ninguna cosa; nada es permanente, excepto el cambio. Ve que todas las cosas evolucionan a partir de otras y se convierten en otras en una constante acción y reacción, flujo y reflujo, construcción y derribo, creación y destrucción, nacimiento, crecimiento y muerte. Nada perdura salvo el cambio. Y si es un hombre reflexivo, se da cuenta de que todas estas cosas cambiantes no son más que apariencias o manifestaciones externas de algún poder subyacente, de alguna Realidad Sustancial.

Todos los pensadores, en todas las naciones y en todos los tiempos, han reconocido la necesidad de postular la existencia de esta Realidad Sustancial. Todas las filosofías dignas de este nombre se han basado en esta idea. Los hombres han asignado diversos nombres a esta Realidad Sustancial: algunos la han llamado «divinidad» (entre otras muchas denominaciones); otros la han llamado «la infinita y eterna energía»; otros han tratado de llamarla «materia», pero todos han reconocido su existencia. En definitiva, esta Realidad Sustancial es autoevidente: no precisa de argumentos.

En estas lecciones hemos seguido el ejemplo de algunos de los más grandes pensadores del mundo, tanto antiguos como modernos —los Maestros herméticos—, y hemos asignado a este poder subyacente, a esta Realidad Sustancial, el nombre hermético del «TODO», término que consideramos el más completo de los muchos aplicados por el hombre a Eso que trasciende todo nombre y término.

Aceptamos y enseñamos la visión de los grandes pensadores herméticos de todos los tiempos, así como la de aquellas almas iluminadas que han alcanzado planos superiores del ser, todos los cuales afirman que la naturaleza interna del TODO es INCOGNOSCIBLE. Esto es inevitablemente así, ya que nada, salvo el TODO mismo, puede comprender su propia naturaleza y su propio ser.

Los hermetistas creen y enseñan que el TODO, en sí mismo, es y siempre será INCOGNOSCIBLE. Consideran que todas las teorías, conjeturas y especulaciones de los teólogos y metafísicos acerca de la naturaleza interna del TODO no son más que esfuerzos infantiles de mentes mortales por captar el secreto del infinito. Tales esfuerzos siempre han fracasado, y siempre fracasarán debido a la naturaleza misma de la tarea. El que persigue tales indagaciones da vueltas y más vueltas en el laberinto del pensamiento, hasta que se extravía de todo razonamiento, acción o conducta sanos y queda completamente incapacitado para el quehacer de la vida. Es como la ardilla que corre frenéticamente sobre el molinillo de su jaula, dando vueltas y vueltas sin llegar a ninguna parte, y al final permanece prisionera justo donde estaba.

Y aún más presuntuosos son aquellos que intentan atribuir al TODO la personalidad, cualidades, propiedades, características y atributos de ellos mismos, atribuyendo al TODO las emociones, sentimientos y características humanas, incluso las cualidades más mezquinas de la humanidad, como son los celos, la susceptibilidad a la adulación y la alabanza, el deseo de ofrendas y adoración, y todas las demás reminiscencias de los días de la infancia de la raza. Tales ideas no son dignas de hombres y mujeres adultos, y están siendo rápidamente descartadas.

(Llegados a este punto, puede ser oportuno señalar que hacemos una distinción entre religión y teología, y entre filosofía y metafísica. La religión, para nosotros, significa la comprensión intuitiva de la existencia del TODO y de nuestra relación con él; mientras que la teología caracteriza los intentos de los hombres de dotar de personalidad, cualidades y características al TODO, recoge las teorías humanas sobre los asuntos, voluntad, deseos, planes y designios del TODO, e incluye la asunción del papel de la teología como «intermediaria» entre el TODO y la gente. Para nosotros, la filosofía es la búsqueda del conocimiento de las cosas cognoscibles y pensables; mientras que la metafísica es el intento de llevar la investigación por encima y más allá de los límites y a regiones incognoscibles e impensables, conllevando la misma tendencia que la teología. Y, en consecuencia, tanto la religión como la filosofía representan para nosotros aspectos que están arraigados en la realidad, mientras que la teología y la metafísica parecen cañas rotas enraizadas en las arenas movedizas de la ignorancia y que no ofrecen más que el más inseguro apoyo para la mente o el alma del hombre. No insistimos en que nuestros estudiantes acepten estas definiciones; las mencionamos solo para mostrar nuestra posición. De todos modos, en estas lecciones se hablará muy poco de teología y metafísica).

Pero si bien la naturaleza esencial del TODO es incognoscible, hay ciertas verdades conectadas con su existencia que la mente humana se ve obligada a aceptar. Y un examen de estos informes constituye un tema propicio de investigación, sobre todo porque concuerdan con los informes de los iluminados de los planos superiores. Y a esta investigación invitamos ahora.

«Eso que constituye la Verdad Fundamental —la
Realidad Sustancial— está más allá de todo nombre
verdadero, pero los sabios lo llaman el TODO».
El Kybalión

«En su esencia, el TODO es incognoscible».
El Kybalión

«Sin embargo, el informe de la razón debe ser
acogido con hospitalidad y tratado con respeto».
El Kybalión

La razón humana, cuyos reportes debemos aceptar en tanto que pensemos, nos informa de lo siguiente respecto al TODO, y ello sin intentar disipar el velo de lo incognoscible:

  1. El TODo debe ser todo cuanto realmente existe. No puede existir nada fuera del TODO pues, de no ser así, el TODO no sería el TODO.
  2. El TODO debe ser INFINITO, pues no hay nada más que defina, confine, fije, limite o restrinja al TODO. Debe ser infinito en el tiempo, O ETERNO, pues debe haber existido siempre y de continuo, ya que no hay nada más que lo haya creado, y algo nunca puede provenir de la nada, y si alguna vez «no hubiera sido», siquiera por un momento, ahora no «sería». Debe existir continuamente por siempre, porque no hay nada que lo destruya, y nunca puede «no ser», ni siquiera por un momento, porque algo nunca puede convertirse en nada. Debe ser infinito en el espacio y ser omnipresente, pues no hay lugar fuera del TODO; no puede ser sino continuo en el espacio, sin ruptura, cesación, separación o interrupción, pues no hay nada que rompa, separe o interrumpa su continuidad, ni nada con que «rellenar los huecos». Debe ser infinito en poder, o ABSOLUTO, pues no hay nada que lo limite, restrinja, contenga, confine, perturbe o condicione; no está sujeto a ningún otro poder, pues no hay otro poder.
  3. El TODO debe ser INMUTABLE, o no sujeto a cambio en su naturaleza real, pues no hay nada que produzca cambios en él, nada en lo que pudiera cambiar ni a partir de lo cual pudiera haber cambiado. No se le puede añadir ni quitar nada, ni incrementar ni disminuir, ni puede ser mayor ni menor en ningún aspecto. Debe haber sido siempre y debe permanecer por siempre tal como es ahora, el TODO, pues nunca ha habido, no hay ahora y nunca habrá ninguna otra cosa en la que pudiera transformarse.

Siendo el TODO infinito, absoluto, eterno e inmutable, debe deducirse que cualquier cosa finita, cambiante, fugaz y condicionada no puede ser el TODO. Y como no hay nada fuera del TODO en la realidad, entonces todas y cada una de esas cosas finitas deben ser como nada en realidad. Ahora bien, no hay que dejarse confundir ni asustar; no tratamos de presentar la ciencia cristiana bajo la apariencia de filosofía hermética. Hay una reconciliación de este estado de cosas aparentemente contradictorio. Ten paciencia, la alcanzaremos a su debido tiempo.

Vemos a nuestro alrededor lo que se denomina «materia», que constituye el fundamento físico de todas las formas. ¿Es el TODO solo materia? En absoluto. La materia no puede manifestar la vida o la mente, y puesto que la vida y la mente son manifestados en el universo, el TODO no puede ser materia, porque nada es más elevado que su propia fuente, nada se manifiesta en un efecto que no esté en la causa, nada evoluciona como un consecuente que no esté implicado como un antecedente. Y, además, la ciencia moderna nos dice que en realidad no existe la materia, que lo que llamamos materia no es más que «energía o fuerza interrumpidas», es decir, energía o fuerza de baja vibración. Tal como ha señalado un escritor reciente, «la materia se ha fundido en el misterio». Incluso la ciencia material ha abandonado la teoría de la materia y ahora descansa sobre la base de la «energía».

Entonces, ¿es acaso el TODO mera energía o fuerza? No; no es energía o fuerza en el sentido en que los materialistas usan esos términos, pues esa energía y fuerza son cosas ciegas, mecánicas, desprovistas de vida o mente. La vida y la mente nunca pueden surgir de la energía o la fuerza ciegas por la razón que acabamos de exponer, es decir: «Nada puede elevarse más alto que su fuente, nada surge a menos que esté implicado, nada se manifiesta en el efecto a menos que esté en la causa». Y así, el TODO no puede ser mera energía o fuerza porque, si lo fuera, entonces no habría cosas tales como la vida y la mente en la existencia, y sabemos perfectamente que tales cosas existen porque nosotros estamos vivos y estamos usando la mente para considerar esta misma cuestión, al igual que lo saben aquellos que afirman que la energía o la fuerza lo es todo.

¿Qué hay entonces más elevado que la materia o la energía que sepamos que existe en el universo? ¡La VIDA y la MENTE! La vida y la mente en todos sus diversos grados de desarrollo. «Entonces —cabe preguntarse—, ¿se está afirmando que el TODO es vida y mente?». «¡Sí y no!» es nuestra respuesta. Si se trata de la vida y de la mente tal como las conocemos los pobres mortales, decimos «¡No!». El TODO no es eso. «Pero ¿a qué clase de vida y mente nos estamos refiriendo?».

La respuesta es: «Nos referimos a la MENTE VIVA, muy por encima de lo que los mortales conocen por esas palabras, pues la vida y la mente son más elevadas que las fuerzas mecánicas o la materia; es MENTE VIVA INFINITA, en comparación con la vida y la mente finitas». Nos referimos a lo que las almas iluminadas quieren decir cuando pronuncian reverentemente la palabra «¡ESPÍRITU!».

El TODO es mente viva infinita. Los iluminados lo denominan «¡ESPÍRITU!».