Libros - Juan Arnau
Ātman
Presencia del origen
Tres son los actores de la representación cósmica: consciencia, mente y cuerpo. La consciencia, una y vacía, es cósmica. De ella participan todos los seres. La mente se extiende a lo largo y ancho del universo y se arremolina dando forma a infinitos cuerpos. Cada individuo, cada organismo psicofísico, es el centro del mundo y descansa sobre el fundamento sólido de una consciencia inmaterial. Esa es la presencia del origen (ātman) de la que habla este libro. Los seres son la expresión de la consciencia original, que ha deseado manifestarse y vivir la aventura de la diversidad a través de diferentes mentes y cuerpos. Consciencia, mente y cuerpo forman una unidad indisoluble, un continuo dinámico en perpetua transformación que llamamos «evolución cósmica» y cuya creatividad solo es posible gracias a la presencia del origen en cada célula, en cada átomo del universo.
El universo es el conocimiento que se conoce a sí mismo. Dios no es el creador del universo, sino su único actor, el único obrero (bráhman). Vive el universo a través de todos los seres (y entonces se lo llama ātman). Cada ser vivo oculta un brillo, una semilla de eternidad, propensa tanto a la luz como a las tinieblas. Para acceder a lo Real, el individuo debe recorrer el camino inverso al de la manifestación cósmica: del cuerpo a la mente y, de esta, haciéndola diáfana, a la consciencia. Ese es el itinerario del conocimiento genuino, la «solución india». Un legado universal que la India ofreció al mundo.
«El ego no es más que un pensamiento. Cuando buscas su origen, desaparece.»
«La liberación no es algo que lograr, solo el reconocimiento de lo que siempre ha sido.»
(Ramana Maharshi)
Juan Arnau
Astrofísico y filósofo, especialista en el pensamiento oriental, ha sido investigador en las universidades de Míchigan, Benarés y Barcelona, y en la actualidad lo es de la Universidad Complutense de Madrid. Defensor del humanismo en la era de la distracción tecnológica.
Ha escrito, entre otros libros, Manual de filosofía portátil (Premio de la Crítica Valenciana y finalista del Premio Nacional de Ensayo en el 2015), La fuga de Dios, La meditación soleada y Materia que respira luz. Para Atalanta ha traducido del sánscrito la Bhagavadgīta y las Upanisad.
Detalles del libro:
- Título: ĀTMAN
- Subtítulo: Presencia del origen
- Autor: Juan Arnau
- Editorial: Ediciones Atalanta
- Año de edición: Marzo 2026
Preludio
El origen está siempre presente. Esa es la solución india. Honrar el presente, que es la sede del origen. El ahora es lo divino. La nostalgia del pasado y el proyecto de futuro, el logro y la frustración, lo eclipsan. Impiden sumergirse en la presencia viva del ahora. Pero lo divino está siempre ahí, discreto, a la espera de reconocimiento. Una presencia unificadora y creativa, que se recrea con nuestra atención, que mantiene la ilusión cósmica, el pulso del mundo, el juego de la existencia. No somos todavía individuos. Lo seremos cuando nos unamos a esa presencia infinita que nos lleva y cuyo principio fundamental es el amor. Noticia admirable, divina compañía. El sentimiento de presencia es quizá el mayor logro de la contemplación. Una atención que, paradójicamente, es causa y efecto, principio y fin
La palabra ātman tiene su origen en las palabras sánscritas para «aliento» y para «corazón». Puede significar «esencia», «naturaleza», «carácter». En las upanishad pasa a significar el espíritu inmanente: el Sí mismo, que reside en el interior de cada ser. El ātman es el núcleo de la persona, aunque no puede identificarse con el cuerpo ni con la mente. El ātman no se ve afectado por el placer ni por el dolor, tampoco por el pecado o la virtud, la alegría o la tristeza. El ātman no es ni siquiera el alma, que es la que disfruta o carga son los efectos de las acciones pasadas. El ātman está ahí, y, aunque no es posible conocerlo, sí se puede vivenciar. Esa es la respuesta india al enigma de la existencia. Los sabios hindúes creen en la identificación plena con lo divino. Los esclarecidos védicos mostraron el camino, y ese camino sigue abierto en la India de hoy. Aunque es inefable, los que lo han vivenciado han tratado de describirlo. Un espíritu inmanente que está en todas las cosas. Un espíritu envolvente que las abraza (y entonces se lama brábman). Las upanisad enseñan la identidad última de ātman y bráhman. Bráhman trasciende la noción de ser y no ser, de mente y materia. Śamkara lo describió con palabras eternas: es la consciencia no-dual e incondicionada, lo único plenamente real, consciencia pura y sin imperfecciones, dichosa, sin principio ni fin. Participar del ātman es gozo interminable, eterno, feliz, más allá de las distinciones de lo manifiesto, innombrable, imperecedero, indiviso, más allá de la elucubración mental. Es la luz que se ilumina a sí misma e ilumina el resto de las cosas. No está en el séptimo cielo ni en un lugar lejano. El ātman está en el ahora. Y la vida se nos escapa sin reconocerlo.
La India aspira a liberar la mente y alcanzar un estado de consciencia serena y sin ataduras. Un estado de pureza, sabiduría y paz interior que permita unirse con el ātman y participar plenamente de él. Según una creencia antigua del yoga, solo podemos conocer lo falso. Lo que solemos llamar «conocimiento» no son sino imaginaciones. Imaginaciones útiles, imaginaciones humanas, representaciones que crean la ilusión del significado. La palabra sánscrita que da cuenta de ese tipo de conocimiento es vikalpa. Un término esencial que puede significar: (1) «opción, alternativa»; (2) «variedad, multiplicidad»; (3) «duda, indecisión; (4) «conceptualización, pensamiento, elucubración, construcción mental»; (5) «imaginación». Para el yoga, vikalpa es un proceso mental que no tiene correlato real y depende del lenguaje que utilicemos. Apunta a algo que no existe y, sin embargo, es fundamental para cualquier disciplina de conocimiento. El tiempo mismo es vikalpa, como lo son el espacio o la causalidad; también las matemáticas o la filosofía, ciencias creadoras de conceptos. Vikalpa establece diferencias donde, en el fondo, no las hay. Es la magia del lenguaje. Todas las ciencias viven de esa magia.
Dicen los físicos que un quark no puede vivir aislado. Pero ¿hay algo que pueda hacerlo? Hoy vivimos una nueva fe, la creencia en la literalidad de las ciencias. Se considera que lo que las ciencias descubren no son híbridos «naturaleza-cultura», como diría Latour, sino que existe un correlato real (natural) con sus enunciados (cultura). Para el sentido común moderno, decir que las ciencias son imaginaciones sería un disparate. Ese es el mito en que vivimos. Pero la noción de vikalpa (como advirtieron Schopenhauer, Niels Bohr y Bruno Latour) apunta a una idea esencial de este libro: cada teoría crea su propia base empírica. Y esa base la sostiene. He ahí la magia circular de las ciencias, que se construyen, por así decir, desde el tejado. Ese tejado es la imaginación. De la imaginación a la teoría, de la teoría a los datos empíricos (yendo hacia abajo) y de los datos empíricos a la teoría (yendo hacia arriba). El círculo perfecto.
Los sabios hindúes llevan siglos ejercitándose en una contemplación sin vikalpa. Donde la ciencia y el arte, hijas de la imaginación, no estén presentes. Y no porque estas no sean valiosas, sino por la aspiración de vivenciar aquello que las ha hecho posibles. De esa búsqueda habla este libro.
