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La Traición Primordial
Una entrevista con Huston Smith
Por Jeffrey Mishlove Texto PDFNota introductoria
El presente documento ofrece una traducción íntegra al español de la entrevista Primordial Tradition, realizada a Huston Smith por Jeffrey Mishlove.
Huston Smith fue una de las figuras más relevantes del estudio comparado de las religiones en el siglo XX y un referente contemporáneo de la filosofía perenne.
La traducción se ha realizado con criterios de fidelidad conceptual y terminológica, respetando el carácter oral del diálogo y evitando interpretaciones añadidas.
El interés de esta publicación es facilitar el acceso en lengua española a una fuente primaria de carácter dialogado, relevante para el estudio de la tradición primordial (filosofía perenne), la metafísica de las religiones y el diálogo entre espiritualidad y modernidad.
La Tradición Primordial
Pensar está permitidoConversaciones en la frontera del conocimiento y el descubrimiento
con el Dr. Jeffrey Mishlove
Cortesía de Intuition Network
Jeffrey Mishlove, Ph.D.: Hola y bienvenidos. Nuestro tema de hoy es «La tradición primordial», la filosofía perenne o el hilo conductor que une y conecta todas las religiones y tradiciones espirituales de todas las culturas y épocas de la humanidad. Me acompaña el profesor Huston Smith, antiguo profesor de filosofía y religión en el MIT y la Universidad de Siracusa, actualmente afiliado a la Unión Teológica de Posgrado en Berkeley, California. El Dr. Smith es autor de Religions of Man (Las religiones del mundo*), un libro clásico que ha vendido más de dos millones de copias, así como Beyond the PostModern Mind (Más allá de la mente posmoderna) y Forgotten Truth (La verdad olvidad). Bienvenido, Huston.
* Las religiones del mundo (The World’s Religions) es una edición completamente revisada y actualizada de Religions of Man (Las religiones del hombre).
Huston Smith, Ph.D.: Gracias.
Mishlove: Es un placer tenerlo aquí.
Smith: El placer es mío.
Mishlove: Cuando hablamos de la tradición primordial, el término implica algo que se remonta más allá de la historia registrada, hasta las raíces más antiguas de la humanidad.
Smith: Es cierto. Tiene esa resonancia —y está pensado para tenerla— de algo atemporal; y añadiría, además, no espacial, porque no solo ha estado siempre, sino en todas partes. Así, la forma más sencilla de entender lo primordial es que no depende ni del lugar ni del tiempo.
Mishlove: En cierto sentido, entonces, trasciende nuestra noción sobre el universo físico como algo limitado por el espacio y el tiempo.
Smith: Es cierto. Ese universo —el mundo espacio-temporal— se inscribe dentro de la tradición primordial, pero no la agota. Existen ámbitos que van más allá de lo físico.
Mishlove: Así que, en cierto sentido, podría decirse que nuestra visión científica moderna —con su filosofía materialista y toda nuestra tecnología—, desde su perspectiva, podría entenderse adecuadamente como integrada dentro de esta tradición primordial más amplia.
Smith: Con la llegada de la ciencia moderna, creo que hemos descubierto un método casi perfecto para conocer los ámbitos físicos de la realidad. El peligro es que el entusiasmo por lo que estamos descubriendo y por lo que somos capaces de hacer en ese ámbito desvíe nuestra atención de otras regiones de la realidad, que continúan existiendo con independencia de que les prestemos atención o no.
Mishlove: Creo que resulta admirable que en una época —y a lo largo de nuestra historia hemos tenido guerras religiosas y conflictos entre casi todos los grupos religiosos— usted sea capaz de ver el hilo común que los vincula, que los unifica a todos. Y supongo que eso tiene que ver con esta noción de ir más allá del mundo temporal mismo.
Smith: Sí, eso forma parte de ello, sin duda, pero fue realmente mientras escribía el libro Las religiones del hombre, en el que me propuse trazar retratos, por así decirlo, de las principales tradiciones religiosas perdurables. Al redactar esos capítulos me fue llamando cada vez más la atención la presencia de temas recurrentes que parecían aflorar una y otra vez, como ecos. Eso condujo al libro posterior, La verdad olvidada en el que, por así decirlo, intenté pasar un tamiz por las grandes tradiciones religiosas y ver qué emergía en forma de denominadores comunes que las atravesaban a todas.
Mishlove: Una de las cosas que señalas es que, mientras que en el marco mental científico tendemos a vernos a nosotros mismos en una especie de mundo intermedio —entre los vastos ámbitos del espacio y el mundo microscópico de átomos, células y moléculas—, en la tradición primordial nos encontramos en un mundo intermedio diferente.
Smith: Así es. El mundo intermedio en el que la ciencia nos sitúa a veces se denomina el macromundo, que se encuentra entre el micromundo de lo increíblemente pequeño y el megamundo de lo increíblemente grande. Pero todos esos son, si se piensa bien, distinciones de espacio. Son cuantitativas, mientras que en la tradición primordial —una vez más— se nos sitúa también en un mundo intermedio, pero allí el orden de medida es la cualidad. Estamos en medio de un mundo que es un mundo intermedio, pero también, en cierto modo, un mundo medio: cincuenta por ciento felicidad, cincuenta por ciento dolor; cincuenta por ciento conocimiento, cincuenta por ciento desconocimiento. Se sitúa, de nuevo, a medio camino entre lo que en las cosmologías tradicionales se presentan como los cielos, incomparablemente mejores, y los infiernos, que también —por desgracia— son incomparablemente peores. Pero el punto interesante es la diferencia cualitativa, mientras que la ciencia nos ofrece casi la misma estructura, aunque en términos cuantitativos en lugar de cualitativos.
Mishlove: Supongo que debido a que la ciencia se ha convertido en un tema tan dominante en nuestra cultura moderna, a menudo tendemos a descartar los mundos religiosos —los cielos, los infiernos, los mundos de los demonios y los espíritus— por considerar que, bueno, no podemos probarlos, no podemos medirlos, por lo tanto son irrelevantes, no existen, no son científicos. Sin embargo, puede ser que los métodos de la ciencia simplemente no tengan nada que decir al respecto. Eso no significa que no sean importantes para nosotros.
Smith: Bien, creo que tiene toda la razón. El hecho de que la ciencia de la acústica no pueda abordar la noción de belleza no implica que Brahms no sea bello. Y algo muy parecido ocurre en este caso. La ciencia, en general, puede captar distinciones cuantitativas, pero las cualitativas —como la belleza o el espíritu— se le escapan realmente, del mismo modo que el mar se escurre entre las redes de los pescadores.
Mishlove: En última instancia, parece que la mente humana está íntimamente ligada a estos mundos espirituales.
Smith: Bueno, ahí es donde realmente vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Si hablamos del mundo vivido, se trata del mundo cualitativo, ¿sabe? El mundo cuantitativo está ahí, pero el mundo en el que transcurren nuestras vidas es este: el mundo de los altibajos, de las alegrías y las penas, de las decepciones. Así que es realmente en la dimensión cualitativa donde se vive nuestra vida.
Mishlove: A veces me he preguntado si nuestros propios pensamientos no serán, en el fondo, lo mismo que los espíritus. Quiero decir, ¿de dónde vienen a veces nuestros pensamientos? A menudo parecen tener una energía propia. ¿Le suena eso demasiado descabellado?
Smith: A ver, déjame pensar. ¿Nuestros pensamientos provienen de los espíritus?
Mishlove: O quizá nuestros pensamientos sean espíritus, en cierto modo. Cada uno de nuestros pensamientos, o al menos muchos de ellos.
Smith: Ya veo. Bien, creo que lo que diría la tradición primordial es, concretamente, que existe un continuo entre nuestros pensamientos y —¿cómo decirlo?— un ámbito psíquico de la realidad. Y nuestras mentes, por así decirlo, nadan y se mueven dentro de esa dimensión psíquica o espiritual de la realidad, del mismo modo en que nuestros cuerpos nadan o se desplazan en el mundo físico natural. Así que pienso que, en ese sentido, existe una afinidad y una continuidad entre nuestros pensamientos y, si quieres llamarlos espíritus como la realidad objetiva de la cual nuestros pensamientos serían el aspecto subjetivo, pues sí, eso podría decirse.
Mishlove: Bueno, lo está expresando de una forma mucho más elegante que yo. Uno de los términos que acaba de mencionar, continuidad, es interesante, porque cuando nos adentramos en el reino de lo infinito, como hace la tradición primordial, existe la sensación de que toda la creación es una continuidad, desde lo más sublime hasta lo más horrible, y que la creación en sí misma, o los reinos de la evolución, el mundo intermedio, es un mundo en el que todas las posibilidades se expresan de una forma u otra.
Smith: Hay una prodigiosidad, casi una prodigalidad del ser, en el sentido de que todos los recovecos y rincones de la posibilidad parecen necesitar ser llenados de alguna manera.
Mishlove: La cuestión del alma es importante.
Smith: Del alma. Parece que está empezando como Platón. Hablemos del alma. Bien.
Mishlove: El alma es algo que... Bueno, recientemente vi un libro que hablaba de cómo ya no existe el alma; hemos acabado con el alma en la cultura moderna. Es como si fuera una noción pintoresca y arcaica, que ahora es innecesaria, y estamos mucho mejor sin ella.
Smith: Me hace pensar en la última vez que vi a Su Santidad el Dalai Lama. Estaba en una conferencia en Bombay sobre ciencia y religión, y había un par de premios Nobel de ciencia allí, uno de ellos era George Wald, de Harvard. El Dalai Lama pronunció el discurso inaugural y elogió a los científicos por lo que habían hecho por la humanidad. Pero luego dijo: «Sin embargo, además del mundo físico, el mundo material, existe el mundo invisible». Dijo: «Puede que esto les resulte incómodo a ustedes, los científicos, pero no importa, existe de todos modos». Me gustó la forma directa en que lo expresó. Y eso se aplica al alma. Es evidente que el alma no aparece en ningún escáner cerebral ni en ninguna herramienta de diagnóstico de los psicólogos, pero eso no significa que no exista. Simplemente hay diferentes regiones de la realidad, y ciertos instrumentos son excelentes para captar ciertas dimensiones. Bueno, la radio y la televisión son un ejemplo perfecto. El hecho de que ciertas ondas no se capten en un buscador de frecuencias determinado no significa que esas ondas no estén ahí. Esta sala está llena de ondas que simplemente no son visibles en este momento.
Mishlove: En su libro describe que el intento de encontrar el alma, de examinarla, es algo parecido a intentar ver los propios ojos dando un paso atrás.
Smith: Esa es otra forma de verlo, sí, es muy cierto, muy cierto.
Mishlove: Y, sin embargo, así como antes describíamos la mente como nadando en ese mar de actividad espiritual, el alma anhela algo más, según entiendo: algo más que los ámbitos del cielo y del infierno, algo más cercano a lo divino.
Smith: A lo divino y lo infinito. Creo que eso es cierto. Creo que el alma es, al mismo tiempo, la sede última de nuestra individualidad. Es lo que le hace a usted, Jeffrey Mishlove, distinto de cualquier otra persona que haya existido o que vaya a existir, y sin embargo permanece constante a lo largo de toda su vida. Eso es una cosa. Pero también posee un tropismo, una especie de dinamismo interno, por el cual está siempre tendiendo más allá de todo lo que haya alcanzado hasta ahora, y no dejará de hacerlo hasta que, según se nos dice, finalmente pierda su individualidad al fundirse con lo infinito.
Mishlove: Entonces es una comprensión según la cual todos mis anhelos, todos mis deseos —no solo los míos, sino los anhelos de todo el mundo— son, en última instancia, los anhelos del alma. Y quizá intentamos satisfacernos mediante el progreso profesional o a través de la obtención de riqueza material, pero, en el fondo, estas cosas no son más que, supongo, pobres sustitutos de lo que el alma realmente desea.
Smith: Está muy bien expresado: eso es lo que creemos que queremos. Pero el hecho de que, cuando lo obtenemos —sea lo que sea, por maravilloso que resulte—, aun así no logre satisfacernos por completo, es una evidencia de que, en última instancia, no era eso lo que realmente queríamos. Es el símbolo, podríamos decir, de lo que en verdad deseábamos.
Mishlove: Supongo que por eso muchas tradiciones religiosas hablan de la necesidad de soltar el deseo: de que los deseos, de algún modo, interfieren en el verdadero camino espiritual.
Smith: Es un tema muy complejo y delicado, el de los deseos. Pueden ser expresión de codicia, apego y aferramiento; pero tanto el budismo como el hinduismo —que son, en este punto, los más estrictos al hablar del deseo— reconocen sin embargo que existen algunos deseos que son maravillosos: el deseo de ayudar a los demás, el deseo de crecer y llegar a ser más de lo que uno ha alcanzado hasta ahora, entre otros. Por eso, cuando abordamos el tema de los deseos, tenemos que cribarlos y separar aquellos que nos ayudan de los que nos perjudican.
Mishlove: En su libro La verdad olvidada usted cita un pasaje maravilloso del poeta sufí Yalal ad-Din Rumi. Describe cómo un amante siente un ardiente deseo de besar. Pero aquello que se besa podría ser simplemente barro; después de todo, el cuerpo está hecho de barro. Hay, sin embargo, otra cualidad, una cualidad de belleza que los dioses crean y que es el verdadero objeto de nuestro deseo, y que existe independientemente del barro en el que está encarnada; y eso es lo que en realidad estamos buscando.
Smith: Se ha acercado mucho. Ojalá pudiéramos recordar de memoria esos versos, pero dicen algo así como que la amada afirma: «Era eso —es decir, lo último— lo que buscabas y a lo que te dirigías cuando tocaste mis labios, no estos labios de barro». Un poema hermoso.
Mishlove: Ese poema, esa idea, capta realmente —supongo— la noción de los anhelos del alma, los anhelos que todos, en última instancia, tenemos.
Smith: Así es. Y, en cierto sentido, todo deseo que perseguimos es, en realidad, la búsqueda de eso Ultimo, que se nos manifiesta en fragmentos a través de objetos concretos que creemos estar alcanzando —y que efectivamente alcanzamos—, pero en realidad estamos buscando aquello que está más allá de ellos; solo que, en ese momento, eso es todo lo que logramos ver.
Mishlove: Otro término que usted ha utilizado y que, de algún modo, apunta a esto es la noción de ser. Me llamó la atención que en un momento usted dijera que un asesino a punto de matar a alguien puede ser una persona que está a punto de actualizar su ser de alguna manera. Me pregunto si podríamos hablar de la relación entre el ser y los anhelos del alma.
Smith: Bien. Existe una relación entre la realización y el grado de ser. Es una relación sutil, pero la captamos cuando distinguimos entre un ser auténtico y uno inauténtico. Una vida inauténtica es, de algún modo, una vida parcial, encogida, reducida; mientras que la noción de una vida auténtica tiene una cualidad expansiva. La noción de ser recoge precisamente eso; de modo que el ser infinito —como dicen los hindúes, aunque también se encuentra en otras tradiciones— es asimismo sabiduría infinita y dicha infinita. Es esta amplitud de todas las virtudes lo que, en última instancia, la noción de ser reúne y concentra.
Mishlove: Hay una sensación, supongo, de que cuanto más nos acercamos a lo divino, más sentido adquiere nuestra vida; de que cada momento queda impregnado no solo de significado, sino también según usted sugiere, de poder.
Smith: El poder también está ahí. En realidad, todas las virtudes avanzan al unísono. Así, mayor sabiduría, mayor poder, mayor belleza y mayor dicha: todas ellas se elevan concomitantemente hacia la meta en la que pierden su distinción y se funden por completo en aquello que, llegado ese punto, está más allá de las palabras.
Mishlove: Y, sin embargo, hay una paradoja, ¿no?, en el hecho de que el buscador, impulsado por estos anhelos y aspiraciones del alma para alcanzar esa cercanía con Dios, de algún modo nunca puede llegar a alcanzarla plenamente. Uno es siempre un buscador, nunca un alcanzador, desde la posición del alma, desde la posición de la separación de nuestra identidad.
Smith: Eso probablemente sea cierto en esta vida, pero todas las tradiciones señalan una continuidad envuelta en misterio, que probablemente la propia naturaleza de nuestra mente nos impide imaginar. Sin embargo, si no detenemos la imagen en la muerte física, entonces hay una consumación. En Occidente se habla de la visión beatífica; y algunos la conciben de manera dualista. La imagen beatífica implica que hay algo que nos cautiva, pero el observador permanece separado de ello. Otros enunciados utilizan imágenes como: «La gota de rocío se funde en el mar resplandeciente», momento en el cual, por supuesto, la gota pierde su identidad separada y se vuelve una absoluta unidad con lo último.
Mishlove: Y ese sentido de unicidad, ese sentido de unidad, trasciende incluso los anhelos del alma, supongo.
Smith: Exactamente. Es como cuando los ríos han llegado al mar. Así que no creo que, en última instancia, este anhelo continúe para siempre. Creo que llega un momento en el que trasciende el tiempo y queda, finalmente y por completo, satisfecho.
Mishlove: ¿No hay una afirmación sufí según la cual el buscador nunca puede satisfacer sus anhelos, pero que solo quienes buscan encuentran?
Smith: Sí, sé a qué se refiere. Hay un dicho sufí que dice: «No puedes buscarlo encontrándolo, pero solo aquellos que lo buscan lo encuentran». Lo que quiere decir es que por nuestros propios esfuerzos no podemos hacerlo, y sin embargo nuestros esfuerzos son necesarios en la acción, que es más que nuestra propia acción.
Mishlove: Muchas personas, en todos los ámbitos de la vida, que no son buscadores conscientes parecen tener vislumbres de esta unión, de estos estados de satori.
Smith: Claro.
Mishlove: Les ocurren de manera espontánea.
Smith: Maslow incluso los llamó «experiencias cumbre» (peak experiences), y, por supuesto, admiten todo tipo de grados y niveles; pero al menos son indicios —intimaciones— de una misma realidad, creo yo.
Mishlove: Supongo que la diferencia es que, si la persona está conscientemente en ese camino, sacará más provecho de estas experiencias, de estos dones de la gracia, quizá, cuando se presentan.
Smith: Creo que comprenderán un poco mejor su naturaleza, sí.
Mishlove: Como filósofo usted mismo, como alguien que ha explorado la tradición primordial, supongo que una parte importante de su propia cosmovisión habrá sido condicionada por experiencias de este tipo, que quizá le hayan ocurrido espontáneamente, o tal vez a través de su esfuerzo intelectual o de otras disciplinas.
Smith: Bueno, experiencias en cierto sentido. Creo que es útil distinguir entre experiencia y discernimiento. El discernimiento es un tipo de comprensión. Y, ya que habla de mí, hablaré en primera persona. Creo que, de alguna manera, he tenido la suerte de tener la capacidad de discernir lo que los místicos de todas las culturas han estado diciendo, y de sentir que es cierto. Ahora bien, es diferente experimentar realmente, se podría decir a plena luz del día, las realidades avanzadas con las que se encuentran los místicos. Y en ese aspecto no hago grandes afirmaciones. He tenido algunas experiencias —distintas del discernimiento— he tenido algunas experiencias, pero son del tipo más común y corriente.
Mishlove: Cuando hablamos de la experiencia última, supongo que se trata de una experiencia de unión, ¿no es así?
Smith: SÍ.
Mishlove: De una sensación de identidad con aquello que está más allá del espacio y del tiempo, con lo infinito.
Smith: Exacto.
Mishlove: Y cuando se la considera desde las distintas tradiciones, a menudo se la describe como algo indescriptible, ¿no es cierto?
Smith: Sin duda lo es, en el sentido de que cualquiera que haya tenido esa experiencia se da cuenta de lo inútiles que resultan las palabras para transmitirla a otros. Pero eso no significa que no se pueda hablar de ella durante horas, porque no se trata de una ruptura absoluta. Uno puede hacer lo mejor que puede, pero no encaja en las categorías ni en el lenguaje de nuestra experiencia ordinaria. No es simplemente una experiencia diferente; es un tipo distinto de experiencia.
Mishlove: Y, sin embargo, en cierto sentido es el fundamento básico del que emerge toda nuestra experiencia.
Smith: Creo que eso es cierto.
Mishlove: Parece un buen punto para cerrar, en el sentido de darnos cuenta de que donde terminamos es donde comenzamos.
Smith: Así es. Nuestro final está en nuestro comienzo.
Mishlove: Bien, doctor Huston Smith, ha sido un verdadero placer tenerlo nuevamente conmigo.
Smith: Igualmente.
Mishlove: Muchas gracias por acompañarnos.
Smith: De nada.
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Referencia del texto original
Smith, H. (s.f.). Primordial Tradition [Entrevista con J. Mishlove].
Disponible en: https://religioperennis.org/documents/smith/PrimordialT.pdf *
* Traducción propia al español, realizada en el marco de un trabajo de investigación y divulgación sobre filosofía perenne y espiritualidad con fundamento desarrollado por Paula César para la Escuela Espiritualidad con Fundamento.