José Antonio Vázquez Mosquera
No-dualidad y narcisismo espiritual
Luces y sombras de un nuevo paradigma
Por José Antonio Vázquez Mosquera 5 de diciembre de 2025En las últimas décadas, numerosos buscadores y buscadoras espirituales perciben que nos hallamos ante un momento kairológico, un tiempo cualitativamente distinto que exige renovar el modo de vivir la dimensión espiritual.
La rigidez de las instituciones religiosas, excesivamente ocupadas en la gestión de su influencia cultural y en la defensa de su identidad doctrinal, ha oscurecido la vivencia mística que, paradójicamente, constituyó su mayor fuente de inspiración. Y, en el extremo opuesto, el mercado espiritual global ha ofrecido una amplia gama de propuestas ―heredadas en gran parte de la Nueva Era― que, aun con elementos valiosos, suelen ser superficiales, descomprometidas o abiertamente narcisistas.
En este contexto, se ha difundido en occidente un discurso espiritual que se autodenomina corriente no-dual, y se inspira en las espiritualidades orientales no-duales, si bien, es una reinterpretación del adualismo oriental con elementos típicamente occidentales como el evolucionismo. Esta corriente llama la atención no solo por su creatividad teórica y su aparente fuerza transformadora, sino también por los riesgos que la acompañan y que, de no discernirse adecuadamente, pueden convertirse en verdaderas trampas del ego espiritual moderno.
El atractivo de la no-dualidad en tiempos de ruptura
La corriente no-dual occidentalizada contemporánea suele expresar que no estamos únicamente ante un cambio de paradigma religioso, sino ante una evolución de la conciencia. Según esta visión, la mente humana estaría transitando de un modelo cognitivo dualista a otro no-dual en el que el sujeto dejaría de identificarse con su ego separado y reconocería su unidad esencial con la Conciencia o con la Realidad profunda de todo lo que es.
Esta visión cautiva porque:
- denuncia los límites del hiperracionalismo occidental, agotado por su tendencia prometeica y voluntarista;
- integra silencios, prácticas contemplativas y lenguajes mistagógicos que hoy se necesitan;
- y ofrece un horizonte espiritual donde la rigidez religiosa, el moralismo y la literalidad dogmática pierden fuerza.
La no-dualidad occidentalizada aparece no solo como una técnica meditativa, sino como una antropología espiritual: el ser humano ya no es un sujeto frente a un Dios separado, sino expresión de una unidad más profunda que todo lo sostiene.
Este lenguaje resuena tanto con tradiciones orientales ―advaita, taoísmo, dzogchen― como con el corazón mismo de la mística cristiana: Meister Eckhart, Juan de la Cruz, la Nube del no saber, la tradición hesicasta o incluso la visión trinitaria de Ramón Llull y de Panikkar, para quienes la plenitud de la realidad es relacional y no monista.
Bondades de la visión no-dual occidentalizada
La fuerza de esta corriente no radica únicamente en su novedad, sino en su capacidad de recuperar aspectos esenciales de toda sabiduría espiritual. Entre sus aportaciones más valiosas encontramos:
La crítica al ego autocentrado
Esta no-dualidad occidentalizada profundiza la invitación universal a vivir desde una identidad más honda que la narrativa psicológica del yo. Esta desidentificación del ego ―si se entiende correctamente― puede abrir a la compasión, a la ecuanimidad y a un compromiso menos voluntarista y más gratuito.
La recuperación de la práctica meditativa
En un mundo saturado de ruido, la revalorización de la contemplación, del silencio y de la atención plena constituye un bien innegable. Muchos cristianos descubren en la meditación una vía de retorno a una espiritualidad experiencial que había quedado relegada.
La integración intercultural
Esta referencia a la no-dualidad puede operar como puente entre espiritualidades cristianas, budistas, hindúes, sufíes y seculares. En un contexto globalizado, esta matriz permite un diálogo genuino, no defensivo, con múltiples tradiciones.
La espiritualidad como transformación integral
La auténtica práctica no-dual conduce ―al menos en su formulación clásica― a una ética de la compasión activa: si el otro es expresión de la misma aventura del Ser, la injusticia no es solo un problema ajeno, sino una ruptura de la unidad que soy.
Crítica al literalismo religioso
La no-dualidad ayuda a deconstruir imágenes rígidas de Dios, del pecado, del sufrimiento o de la salvación, facilitando una hermenéutica adulta de los símbolos. Esta desmitologización, bien entendida, no destruye la fe; la purifica.
Estas bondades explican que muchos buscadores y buscadoras espirituales, cansados del dogmatismo, encuentren en esta propuesta un lenguaje espiritual honesto, vital y liberador.
Puntos ciegos: reduccionismos y confusiones internas
Pero todo paradigma emergente corre el riesgo de absolutizarse. Y es aquí donde conviene un discernimiento honesto. A partir de la experiencia histórica de la mística y del análisis de autores críticos ―entre ellos Raimon Panikkar, Abhishiktananda, Teilhard de Chardin y distintas tradiciones contemplativas― se pueden identificar varios peligros:
Confusión entre experiencia no-dual y expresión cultural de dicha experiencia
La no-dualidad es una experiencia fundante, no un paradigma cultural específico. Cuando se identifica la no-dualidad exclusivamente con una espiritualidad transreligiosa, se incurre en un reduccionismo.
Las tradiciones místicas de todas las religiones son no-duales en su núcleo, aunque expresen su experiencia mediante símbolos, liturgias y doctrinas específicas. Los grandes místicos ―Eckhart, Teresa, Juan, Rumi, Kabir― no abandonaron sus religiones: transformaron sus religiones desde dentro.
Evolucionismo espiritual ingenuo
La idea de una humanidad evolucionando linealmente hacia la no-dualidad puede derivar en un elitismo espiritual. La experiencia no-dual no es una fase tardía de la evolución psicológica: es una posibilidad humana universal, presente en toda época y cultura.
Teilhard de Chardin recordaba que la evolución llega a un punto en que es trascendida por la conciencia. La mística opera precisamente en ese umbral.
Monismo disfrazado de no-dualidad
Muchas formulaciones contemporáneas ―inspiradas en versiones simplificadas del advaita― tienden a negar la alteridad: «si hay relación, hay dualidad». Esto conduce a una visión en la que solo el Uno es real, mientras que la diversidad es ilusión.
Panikkar lo corrigió magistralmente: advaita no es «no-dualidad» sino «adualidad». La experiencia mística incluye la dualidad en un nivel más hondo de unidad. La alteridad es constitutiva, no un error. En el cristianismo, esto se expresa en la Trinidad, donde la unidad plena solo se da en el diálogo eterno de las personas divinas.
Espiritualismo quietista o «enfermedad zen»
Cuando la experiencia no-dual se reduce a estados meditativos o a silencios interiores, se corre el riesgo de caer en un:
- rechazo de la historia;
- desresponsabilización ética;
- desconexión de la comunidad;
- pérdida del compromiso social.
Muchas tradiciones advierten lo mismo: la iluminación no consiste en permanecer en estados alterados, sino en perderlos y volver al mercado, a la vida cotidiana, donde la no-dualidad se realiza verdaderamente.
Narcisismo espiritual
Aquí encontramos el riesgo más actual y probablemente más grave. El narcisismo espiritual aparece cuando:
- la desidentificación con el ego se convierte en la identidad («yo no tengo ego, los demás sí»);
- la meditación se vuelve un refugio de autoindulgencia;
- se afirma que «todo es conciencia» para evitar el conflicto y el sufrimiento histórico;
- o se usa un lenguaje elevado para desactivar críticas necesarias.
Este narcisismo es sigiloso: siempre cree estar por encima del narcisismo.
Silencio, meditación y compromiso: una tríada inseparable
Una de las tensiones más fuertes entre la corriente no-dual occidentalizada contemporánea y la tradición mística clásica ―también la cristiana― es la relación entre contemplación y acción.
La no-dualidad, bien entendida, no se agota en la meditación.
- El silencio es un comienzo, no un fin.
- La meditación prepara el corazón, pero no reemplaza el compromiso.
- La iluminación no evita el dolor del mundo, lo vuelve más urgente.
Abhishiktananda insistía en la necesidad de superar incluso la propia «no-dualidad» entendida como estado psicológico. La experiencia profunda no puede convertirse en objeto de búsqueda obsesiva; de lo contrario, se transforma en una sofisticada forma de autoafirmación.
El maestro Zen Linji lo describía de otra forma:
«Si encuentras al iluminado (Buda), mátalo», es decir, no te aferres a ningún estado, ninguna identidad espiritual, ningún yo «despierto».
La mística cristiana coincide:
- Juan de la Cruz habla de «noche».
- Eckhart de «desapropiación».
- La tradición cisterciense de «pobreza fecunda».
- El Evangelio, simplemente, del «grano de trigo que cae en tierra».
La verdadera experiencia no-dual se mide por la capacidad de volver al mundo con un corazón entregado.
No-dualidad y política: unidad que no anula la justicia
Uno de los peligros más visibles del narcisismo espiritual es la despolitización. Bajo la premisa «todo es Uno», algunos concluyen que:
- el conflicto social es ilusorio,
- las injusticias no son relevantes,
- la acción política es «de baja vibración».
Esta postura no solo contradice la experiencia mística tradicional, sino que es éticamente insostenible.
La auténtica no-dualidad:
- no borra el sufrimiento ajeno, lo vuelve responsabilidad propia;
- no exige neutralidad moral, sino compasión activa;
- no evade los conflictos, los ilumina desde dentro.
El nuevo paradigma espiritual que muchos intuyen solo será posible si combina:
- experiencia mística profunda,
- compromiso social real,
- y noviolencia activa,
como enseñó Gandhi, como vivió Merton y como atestiguan tantos movimientos espirituales de liberación.
Hacia una espiritualidad pluralista y relacional de la liberación
La renovación espiritual que muchos buscan no puede limitarse ni al paradigma post-teísta ni al paradigma no-dual entendido de forma excluyente y reduccionista.
La propuesta post-teísta, aunque valiosa en su hermenéutica contemporánea, se vuelve reductiva cuando afirma que el teísmo o la religión institucional son necesariamente alienantes. Por otro lado, la corriente no-dual se vuelve reduccionista cuando supone que solo una espiritualidad transreligiosa puede acoger la experiencia mística plena.
El nuevo paradigma debe ser inclusivo, pluralista, relacional.
- La no-dualidad no excluye lo religioso.
- El teísmo no excluye la experiencia de unidad.
- El pluralismo no elimina la crítica necesaria.
- La acción política no rompe la contemplación.
La tarea histórica es integrar, no polarizar.
La no-dualidad como experiencia fundante de un tiempo axial
Muchos autores hablan de que vivimos un nuevo «tiempo axial», un momento donde las estructuras del mundo moderno se tambalean: crisis climática, crisis de cuidados, polarización política, identidades frágiles, transformación tecnológica. Ante este escenario, se vuelve urgente una revolución espiritual, como advirtió Thomas Merton.
Pero dicha revolución no vendrá:
- ni solo de la meditación,
- ni solo del activismo político,
- ni solo de la crítica teológica.
Vendrá de la convergencia entre mística, compromiso y diálogo. Una mística:
- no monista,
- no quietista,
- no narcisista,
- no elitista,
sino relacional, compasiva, transfiguradora.
Esta espiritualidad deberá integrar:
- lo premoderno sano (sabiduría simbólica, tradición),
- lo moderno sano (crítica, libertad, ciencia),
- lo postmoderno sano (pluralismo, autoconciencia, diálogo).
La experiencia no-dual ―bien comprendida― no es la superación de la dualidad, sino su fundamento. No niega la mente, la historia, el lenguaje, la relación; los ilumina desde dentro. Por eso Panikkar recordaba que si los caminos desaparecen, también la cumbre desaparece.
La no-dualidad auténtica no destruye la diferencia, la acoge en su interior.
No disuelve la persona, la transfigura. No elimina la alteridad, la celebra.
Y, sobre todo, no conduce al aislamiento espiritual, sino a una comunidad universal de compasión, donde todas las personas somos responsables de todo, como nos recuerda Dostoievski en los hermanos Karamazov.
Hacia una no-dualidad humilde, encarnada y dialogal
La corriente no-dual es hoy una de las propuestas espirituales más vigorosas de nuestra época. Sus bondades son: profundiza la experiencia mística, integra tradiciones, critica la rigidez religiosa, libera de la tiranía del ego y puede inspirar una ética de la unidad y la compasión.
Pero sus peligros, por el modo como se está explicando y popularizando, también son reales: monismo encubierto, elitismo espiritual, evolucionismo ingenuo, quietismo, antiintelectualismo y narcisismo disfrazado de iluminación.
La tarea, entonces, no es desecharla, sino discernirla y madurarla.
La no-dualidad que necesitamos hoy debe ser:
- relacional (no monista ni solipsista),
- humilde (no narcisista),
- encarnada (no evasiva),
- socialmente comprometida (no indiferente),
- pluralista (no exclusivista),
- dialogal (no anti-religiosa).
Solo así podrá contribuir a ese nuevo paradigma espiritual que no elimina lo anterior, sino que lo integra, lo depura y lo eleva. Un paradigma capaz de sostener la diversidad sin fragmentación, la unidad sin uniformidad y la trascendencia sin fuga del mundo.
Porque, al final, la experiencia no-dual no consiste en escapar de la vida, sino en reconocer en toda vida la Presencia que todo lo sostiene. Y desde ahí, construir juntos una cultura más justa, más consciente y compasiva.
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Bibliografía
- Anónimo. (2005). La nube del no saber. Siruela.
- Abhishiktananda. (1974). Saccidānanda: A Christian Approach to Advaita. ISPCK.
- Caplan, M. (2004). El espejismo espiritual. La Llave.
- Dostoievski, F. (2021). Los hermanos Karamázov. Alianza.
- Eckhart, M. (2010). Sermones y tratados. Trotta.
- Forman, R. K. C. (Ed.). (1990). The problem of pure consciousness. Oxford University Press.
- Fujiwara, R. (1993). The recorded sayings of Linji (R. F. Sasaki, Trans.). University of Hawaii Press.
- Juan de la Cruz, San. (2011). Obras completas. BAC.
- Merton, T. (2003). La experiencia interior: La mística de Oriente y Occidente. Trotta.
- Panikkar, R. (1993). Intuición cosmoteándrica. Trotta.
- Teilhard de Chardin, P. (2004). El medio divino. Trotta.